Kintto Lucas - rodelu.net |
1 de octubre de 2006
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Delmira
Kintto Lucas* Quincenario Tintají / Quito
Montevideo, 1914.
Fuegos: Las llamas surgen de su cuerpo, de su mirada,
de sus manos, de su corazón. Queman: Sus palabras son
como flechas que se meten en todos los sentidos de
quien las lee. Cuerpos: La locura de dos vidas en la
cama, atrapa, contagia la piel, como contagia la
imagen de su decir-amar-sentir. Ella: Decidió
escandalizar a los pacatos montevideanos del siglo
recién comenzado. Como la magia de la humedad y la
semilla, es el arte del amor y la palabra, decidió
mojar todos los surcos y quemarse entre el aroma de
sus versos: "Eros, yo quiero guiarte, padre ciego/
pido a tus manos todo poderosas/ su cuerpo excelso
derramado en fuego/ sobre mi cuerpo desmayado en
rosas/ la eléctrica corola que hoy desplego/ brinda el
nectario de un jardín de esposas/ para sus buitres en
mi carne entrego/ todo un enjambre de palomas rosas/
...viérteme de sus venas, de su boca/ así tendida, soy
un surco ardiente/ donde puede nutrirse la simiente/
de otra estirpe sublime, loca".
Delmira: "Su decir es una poesía del cuerpo, pero del
cuerpo como campo agónico de lo erótico", dijo Idea
Vilariño. Riesgos: Fue condenada por su poesía del
cuerpo, por los morales, como Alfonsina, por ese
escándalo de su decir-hacer-pensar. Metáforas: "El
sueño, el ensueño, la situación indecisa entre el
sueño y la vigilia, desrealiza, permite un
distanciamiento que, sumado al lenguaje metafórico y
al símbolo, hace posible una doble postulación, le da
un espléndida libertad", vuelve a decir Idea Vilariño.
Adiós: Duro, como piedra en la mirada del alma, como
el alma sin mirada, como la mirada sin cuerpos, como
cuerpos sin fuego y sin agua, como agua sin semilla...
Así nomás fue la despedida, apurada por el hielo de un
marido que decidió frustrar la libertad, que no quiso
oír: "...ningunos labios ardieron/ como su pico en mis
manos/ ninguna testa ha caído/ tan lánguida en mi
regazo/ ninguna carne tan viva/ he padecido o gozado/
viborean en sus venas/ filtros dos veces humanos/ del
rubí de la lujuria/ su testa está coronada/ y va
arrastrando el deseo en una cauda rosada/ agua le doy
en mis manos/ y el parece beber fuego/ y yo parezco
ofrecerle/ todo el vaso de mi cuerpo/ y vive tanto en
mis sueños/ y ahonda tanto en mi carne/ que a veces
pienso si el cisne/ con sus dos alas fugaces/ sus
raros ojos humanos/ y el rojo pico quemante/ es solo
un cisne en mi lado/ o es en mi vida un amante.../ al
margen del lago claro/ yo le interrogo en silencio/ y
el silencio es una rosa/ sobre su pico de fuego/ pero
en su carne me habla/ y yo en mi carne le entiendo/ a
veces toda soy alma y a veces toda soy cuerpo".
Delmira Agustini. Revolucionó el ambiente literario
del Río de la Plata a comienzos del siglo. Actualmente
está considerada como una de las pioneras de la poesía
erótica latinoamericana. Como Alfonsina Storni, su
contemporánea argentina, fue muy criticada por sus
creaciones, "demasiado osadas" para la época. En 1914,
el hombre que había sido su marido la citó en una
pieza de alquiler y allí la mató de dos tiros, luego
se mató. Al día siguiente, los diarios montevideanos
publicaron la foto del cuerpo desnudo de Delmira,
caído sobre la cama. Casi ninguno censuró al marido.
Si bien la leyes del gobierno de José Battle y Ordoñez
habían hecho adelantar al Uruguay, dándole el voto a
la mujer y permitiéndole divorciarse por su voluntad,
las mentes de muchas gentes siguieron condenando todo
eso y nunca aceptaron la libertad de Delmira, o de
alguna otra mujer.
* Este texto pertenece al libro Mujeres del Siglo XX,
de Kintto Lucas, Editorial Abya Yala, Quito, 1997 (Varias ediciones)
27 de septiembre de 2005
Kintto Lucas
Escritor y periodista uruguayo radicado en Ecuador
Tintají Informa
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