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21 de noviembre de 2007
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Biografía de Joe Hill 1879-1915
Joe Hill, sueco, trovador e internacionalista
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Joel Emmanuel Hägglund nació en Gävle (Suecia) el 7 de octubre de 1879. Su
padre, Olof, era un trabajador ferroviario que tuvo nueve hijos, de los cuales
Joel fue uno de los seis que lograron sobrevivir. La familia Hägglund eran
feligreses devotos de la iglesia protestante, en la que aprendieron música. Joel
tocaba el órgano, el piano, el acordeón, el banjo, la guitarra y el violín. En
alguna ocasión comentó que disfrutaba más tocando el violín que comiendo.
Su padre murió en 1887 y su madre en 1902. Los hijos tuvieron que vender el
hogar familiar y la familia se disolvió. Joel emigró a Estados Unidos en
compañía de Paul, uno de sus hermanos, bajo el nombre de Joseph Hillström. Llegó
a Nueva York en octubre de 1902.
Los hermanos Hägglund habían estudiado inglés en Suecia. Tenían una imagen
idílica de Estados Unidos como la tierra prometida, el paraíso idílico de la
prosperidad para todos. Pero, nada más llegar, el emigrante sueco se dio de
bruces con la evidencia. Tuvo ocasión de conocer a fondo la realidad capitalista
más salvaje, al recorrer Estados Unidos de costa a costa desde Nueva York hasta
Hawai, como hobo en los trenes de carga o de polizonte en los barcos,
trabajando en las minas, en la industria maderera y como estibador de los
muelles. Su ingenuo mito se rompió pronto por las duras condiciones de trabajo y
la salvaje explotación que padecían los trabajadores inmigrantes.
Se estableció finalmente en California y cambió otra vez su nombre por el de
Joe Hill. En 1910 se afilió al sindicato IWW, los wobblies y fue uno de
los dirigentes de la huelga de los trabajadores del muelle de San Pedro, en
California. En 1912 le apalearon dejándole una cicatriz durante un mitin en San
Diego.
El sindicato IWW comenzó a utilizar la música para atraer la atención de
trabajadores en reuniones sindicales e incluso en las esquinas de los barrios
obreros. Hill compuso canciones revolucionarias que aparecían en los periódicos
del sindicato, Industrial Worker y Solidarity. La fórmula del
IWW consistía en poner estrofas pegadizas y combativas a las canciones populares
y a los himnos que cantaban los trabajadores. Hill solía decir que un libro es
bueno, pero pocas veces se lee más de una vez, mientras que una canción se
aprende de memoria y se repite continuamente. Ésa era la fuerza de la música
como instrumento de lucha obrera.
El sindicato recopiló todas esas melodías, publicando un folleto titulado
Red Songbook (Libro rojo de canciones) con un repertorio de
himnos para cantar en las manifestaciones y piquetes de huelga. De ellas 13 eran
composiciones de Hill, que las llamaba canciones para aventar las llamas del
descontento. Entre las canciones más conocidas estaban The preacher and
the slave (El predicador y el esclavo) y Casey Jones, the
union scab (Casey Jones, el esquirol) que se convirtieron luego en
temas populares internacionalmente conocidos. The preacher and the
slave era una parodia del himno del Ejército de Salvación al que Hill le
cambió la letra para convertirla una canción de combate. La segunda, Casey
Jones, fue escrita en apoyo a una huelga de 35.000 ferroviarios en el
estado de Illinois.
Estas canciones tuvieron una extraordinaria importancia,
ya que la mayor parte del proletariado estadounidense era inmigrante y apenas
hablaban inglés ni ningún otro idioma común. Obreros que trabajaban en la misma
empresa no se podían entender entre sí. En 1912 durante una huelga en Lorenzo
(Massachusetts) los trabajadores hablaban 44 idiomas distintos y los
capitalistas hicieron todo lo posible por dividirlos hostigando a unos contra
otros. Los trabajadores inmigrantes eran de tan diverso origen étnico que las
barreras linguísticas les impedían comunicarse. Sin embargo, todos entendían las
canciones de Hill y su música sirvió como factor de unidad y de solidaridad.
Hill era un decidido partidario de la incorporación de las mujeres
trabajadoras a la lucha de clases. El 29 de noviembre de 1914, escribió al
editor de Solidarity:
Desgraciadamente Estados Unidos descuida a las mujeres
trabajadoras, sobre todo en la costa oeste, y por lo tanto hemos creado un
animal con una sola pierna, un monstruo de sindicato, y nuestros bailes y
manifestaciones tienen algo de anticuado y de artificial porque se han
reducido a una cuestión monetaria; también están privados de la vida y la
inspiración que sólo la mujer puede producir. A causa de su lucha
sindical los capitalistas dejaron de contratarle en California, y tuvo que
trasladarse a Utah, donde comenzó a trabajar en unas minas cerca de Salt Lake
City. Allí ayudó a organizar en 1913 una huelga en la empresa United
Construction Company.
Poco después de esta lucha, un antiguo policía, John B. Morrison, fue
asesinado junto con su hijo Arling de 17 años en un atraco a la tienda de
ultramarinos de su propiedad en Salt Lake City. Le dispararon dos individuos que
penetraron en ella enmascarados. Su hijo trató de repeler la agresión y, aunque
logró herir a uno de ellos, fue también abatido por los disparos. Un segundo
hijo consiguió escapar escondiéndose en la trastienda.
Morrison siempre había manifestado que había dejado de ser policía porque le
habían amenazado debido a alguna detención que practicó.
En la misma noche del asesinato, el 10 de enero de 1914, Hill había sido
atendido por Frank McHugh, un médico de ideas socialistas, a causa de una herida
de bala en su hombro izquierdo en su consulta de Murray. Hill le dijo a McHugh
que había sido herido en una pelea por una mujer. Además, el médico pudo
comprobar que Hill iba armado con un revólver.
A pesar de sus ideas socialistas, el médico denunció a Hill a la policía al
leer a la mañana siguiente la noticia del doble asesinato en la tienda de
Morrison. De acuerdo con la policía, le tendió una trampa a Hill, citándole en
su consulta tres días después de la cura, durante la cual le dio un sedante para
que la policia pudiera detenerle más fácilmente.
La policía ya conocía sus actividades sindicales. Relacionar el asalto a la
tienda con la herida de Hill era lo más sencillo, así que aprovecharon la
oportunidad para deshacerse de él. Lo detuvieron inmediatamente rompiéndole los
huesos de una mano de un golpe. Hill rechazó confesar cómo se hizo la herida y
tampoco dio el nombre de la mujer con la que había pasado la noche para evitar
comprometerla, porque estaba casada. Se quedó sin coartada, aunque arriesgaba
una condena a muerte, ya que Hill fue acusado del doble asesinato de Morrison y
su hijo.
Durante los 22 meses que pasó en la prisión, Hill siguió escribiendo
canciones, incluyendo la que él consideraba su mejor composición, Rebel
Girl, dedicado a la mujer proletaria:
Hay muchos tipos de mujeres en este extraño mundo, como todos
sabemos. Algunas viven en grandes mansiones, y visten finos trajes.
Hay reinas y princesas de sangre azul que tienen un encanto labrado de
diamantes y perlas. Pero la única mujer de pura sangre es la muchacha
rebelde.
¡Es la muchacha rebelde! ¡Es la muchacha rebelde!
Para la clase obrera ella es una perla preciosa. Proporciona valor,
orgullo y alegría al muchacho rebelde que lucha. Ya teníamos
muchachas, pero necesitamos más en el sindicato IWW que lucha por la
libertad con una muchacha rebelde.
Sí, ella tiene callos en las manos de trabajar, y su vestido quizá no
sea muy fino. Pero un corazón está latiendo en su pecho. que es
auténtico para ella y para su clase. Y los capitalistas temblarán de miedo
cuando ella lance su desafío de odio. Es una mujer única, de pura
sangre: ¡Es la muchacha rebelde!
En el
juicio contra Hill en Salt Lake City, los testigos que estaban en el exterior de
la tienda del ex-policía habían oído decir a uno de los asaltantes que estaba
herido. Pero ninguno pudo identificar a Hill como uno de los asesinos. Tampoco
estaba claro cómo Hill había ido herido desde Salt Lake City, donde ocurrió el
atraco, hasta Murray, donde le atendió el médico.
Dos jóvenes abogados se ofrecieron para defender gratis a Hill y de ese modo
hacerse famosos. En realidad actuaban de acuerdo con el fiscal para lograr su
condena, pero el juez Morris Ritchie rechazó excluir a los abogados del caso.
Entonces Hill rechazó defenderse activamente en el juicio. La suerte estaba
echada de antemano.
Antes que Hill, otros 12 sospechosos habían sido ya detenidos, acusados del
doble asesinato y otras cuatro personas en Salt Lake City fueron atendidos de
heridas de bala aquella noche.
La bala que hirió a Hill no fue encontrada en la tienda, ni tampoco era de
Hill la sangre que se encontró en la tienda. El asalto no tenía como objetivo el
dinero y a uno de los asaltantes se le oyó decir: Ya te tenemos.
Además, los asesinos no se llevaron ni dinero ni comestibles de aquella tienda.
La defensa adujo, por tanto, que el móvil del asesinato había sido la venganza y
que Hill no tenía ninguna conexión anterior con Morrison.
Los dirigentes del IWW denunciaron que la detención de Hill era un ataque
directo al movimiento sindical. Los capitalistas del oeste, especialmente los
empresarios mineros del cobre de Utah, conspiraron para quitarse de enmedio a
Hill con ayuda de Harry MaCrae, director de una agencia privada de detectives.
Incluso el gobernador del estado, William Spry, admitió que deseaba utilizar el
caso para frenar a la calle que ruge y para despejar el Estado de
sujetos sin ley y agitadores del IWW.
A pesar de ello fue declarado culpable de asesinato y condenado a muerte. Le
dieron a elegir entre ser ahorcado o fusilado.
Mientras, Bill Haywood y el IWW lanzaron una campaña para impedir aquel
linchamiento legal. Elizabeth Flynn, la sindicalista a la que Hill dedicó
Rebel girl, le visitó en prisión y fue una de las más ardientes
defensoras de la revisión del proceso. En julio de 1915, 30.000 miembros del IWW
australiano exigieron al gobernador William Spry la liberación de Hill.
Resoluciones similares llegaron del gobierno sueco, de las Trade Unions
británicas y de otros sindicatos europeos. El propio presidente de Estados
Unidos, Woodrow Wilson, también entró en contacto con Spry y le pidió por dos
veces la revisión del asunto. La petición fue sistemáticamente rechazada.
Cuando Hill oyó la noticia, envió un mensaje a Bill Haywood: Adiós Bill.
Muero como un verdadero rebelde. No pierdas el tiempo con el luto.
Organiza. Desde entonces esta frase se ha convertido en un grito de guerra
del proletariado norteamericano: No pierdas el tiempo con el luto.
¡Organiza!
Lo ataron a una silla y pusieron un corazón de papel blanco sobre su pecho
para que un pelotón de fusilamiento de cinco mercenarios no fallara su puntería.
Era el 19 de noviembre de 1915.
En Chicago asistieron 30.000 obreros a su funeral, uno de los más concurridos
de Estados Unidos. Las palabras de homenaje y despedida se leyeron en nueve
idiomas distintos.
Antes de morir escribió un poema, Mi último deseo, en el cual
consignaba su voluntad postrera, que sus camaradas llevaron luego a la práctica:
Mi voluntad es fácil de decidir: no dejo nada para repartir.
Mis parientes no necesitan quejarse y gemir. "El musgo no se aferra a
un canto rodante". ¿Mi cuerpo? ¡Ah! Si pudiera elegir lo reduciría a
cenizas, y dejaría soplar las felices brisas para que las llevaran a
donde germinan las flores. Quizá entonces las flores que se marchitan
volverían a la vida y brotarían de nuevo. Éste es mi último y postrer
deseo: Buena suerte a todos, Joe Hill. Las cenizas de Hill se
depositaron en pequeños sobres y el Primero de Mayo de 1916 fueron dispersadas a
los vientos en cada uno de los Estados de la Unión. Esta ceremonia también se
llevó a cabo en otros países.
Joe Hill personifica la más pura tradición de la canción revolucionaria.
Quería componer canciones para aventar las llamas del descontento, y lo
consiguió. Nunca grabó discos, pero los 53 temas que compuso se siguieron
cantando en los piquetes de huelga, en las reuniones sindicales, en los mítines
y en las manifestaciones. No conservamos su voz, pero sí sus canciones que, aún
hoy, forjan los emblemas de la unidad y la solidaridad entre todos los obreros.
La antorcha que él prendió sigue encendida.
En 1925 Alfred Hayes escribió un poema sobre Hill que más tarde, adaptada por
Earl Robinson y cantada por Paul Robeson, llegó a ser
muy conocida: I dreamed I saw Joe Hill last night (Anoche soñé que
veía a Joe Hill). En los años 30 los mineros de Gales (Gran Bretaña) la
adoptaron como himno propio durante sus huelgas. Paul Robeson volvió a
cantar este tema ante los obreros suecos en 1949 en medio de lágrimas y rabia
por el crimen. Joan Báez incluyó esta canción en el repertorio que interpretó en
el festival de Woodstock en 1969 ante 300.000 asistentes.
I dreamed I saw Joe Hill last night Alive as you or me
Says I, But Joe, you're ten years dead I never died, says he I
never died, says he In Salt Lake, Joe, says I to him Him standing
by my bed They framed you on a murder charge Says Joe, But I ain't
dead Says Joe, But I ain't dead The copper bosses killed you, Joe
They shot you, Joe, says I Takes more than guns to kill a man
Says Joe, I didn't die Says Joe, I didn't die And standing
there as big as life And smiling with his eyes Joe says, What they
forgot to kill Went on to organize Went on to organize Joe
Hill ain't dead, he says to me Joe Hill ain't never died Where
working men are out on strike Joe Hill is at their side Joe Hill
is at their side From San Diego up to Maine In every mine and mill
Where workers strike and organize Says he, You'll find Joe Hill
Says he, You'll find Joe Hill I dreamed I saw Joe Hill last night
Alive as you or me Says I, But Joe, you're ten years dead I
never died, says he I never died, says he. |
Anoche soñé que veia a Joe Hill vivo como tu o como
yo. Yo le decía: pero Joe ¡llevas diez años muerto! Nunca he
muerto, respondía él Nunca he muerto, respondía él. En Salt Lake,
Joe, le decía yo. Él estaba en mi cama. Ellos te condenaron por
asesinato y Joe respondía, pero yo no he muerto y Joe respondía,
pero yo no he muerto. Los patronos del cobre te mataron, Joe Joe,
te dispararon, le decía yo. Hace falta algo más que armas para matar a
un hombre, respondía Joe, yo no he muerto respondía Joe, yo no he
muerto. Y estaba allí, tan grande como fue su vida, sonriendo con
sus ojos. Decía, ¿qué se olvidaron de asesinar? ¡La organización!
¡La organización! Joe Hill no está muerto, él me habla Joe
Hill nunca morirá: donde el proletariado esté en huelga Joe Hill
está a su lado Joe Hill está a su lado, de San Diego hasta Maine,
en cada mina y en cada molino, donde los trabajadores luchen y se
organicen nos dice: encontrarás a Joe Hill nos dice: encontrarás a
Joe Hill. Anoche soñé que veía a Joe Hill Vivo como tú o como yo
Yo le decía: pero Joe ¡llevas ya diez años muerto! Nunca he
muerto, respondía Nunca he muerto, respondía. |
Tras la gran depresión de 1929, las canciones de Hill siguieron ganando el
corazón del proletariado norteamericano, especialmente la canción Pie in the
sky, que llegó a convertirse en un verdadero himno en todas las huelgas:
Si los trabajadores tomamos conciencia podemos parar todos los
trenes que corren, y cada buque sobre el océano podemos atar con
fuertes cadenas. En la antigua República Democrática de Alemania, el
compositor Erich Siebenschuh y el libretista Barrie Stavis compusieron en 1970
una ópera en su memoria. También el gran director sueco de cine Bo Widerberg
realizó una película en 1971 narrando la vida y el asesinato de Joe Hill. En
Suecia la ciudad de Gävle ha erigido un monumento que honra a su ilustre hijo al
que el hambre obligó a emigrar y al que la codicia capitalista asesinó porque
pretendía unir a sus hermanos obreros en un mismo puño solidario.
Joe Hill no fue el último. La historia del movimiento obrero norteamericano
es una historia de asesinatos más o menos legales. Tras él llegaron los
anarquistas Sacco y Vanzetti en los años veinte, luego le correspondió al
matrimonio Rosenberg en los cincuenta y a Martin Lutero King y Malcom X en los
sesenta. Ellos sólo son los casos más conocidos.
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