| LA
JORNADA de México - 27 de Octubre de 2001
Estados
Unidos y Afganistán:
Una
guerra injusta
James
Petras
Veinticuatro
de octubre de 2001. La investigación de los actos terroristas del
11 de septiembre continúa, el bombardeo de Afganistán continúa
y sin embargo sigue faltando evidencia que vincule a Bin Laden con una
conspiración internacional. A pesar de que la policía ha
recibido 350 mil llamadas que reportan sospechosos y circunstancias extrañas
ante las autoridades, y aunque la policía federal y local ha arrestado
a 830 sujetos, el gobierno confiesa que ninguno de los sospechosos tiene
nexos con los actos del 11 de septiembre.
Mientras la propaganda de guerra
se enfoca sobre el talibán afgano y en la búsqueda de Bin
Laden, el presunto autor intelectual, los investigadores estadunidenses
y alemanes buscan en Hamburgo un punto posible de incubación de
la conjura para atacar objetivos en Estados Unidos. La razón es
que siete de los sospechosos principales estudiaron en escuelas técnicas
por varios años, y la mayoría se conoció mientras
vivía y estudiaba en Alemania. La pesquisa de la Interpol y de cientos
de agencias policiacas en Norteamérica, Europa y otros sitios no
ha podido presentar evidencias que conecten a los sospechosos con las bases
militares o las redes internacionales del Al Qaeda afgano. Miles de horas
de búsqueda e interrogatorios, cientos de arrestos y el gasto de
decenas de millones de dólares para procesar conversaciones telefónicas
grabadas, la intervención de correos electrónicos, faxes
y otras formas de comunicación, no muestran evidencias de una red
internacional.
La hipótesis de una conspiración
dirigida por Bin Laden es, a juzgar por las pruebas presentadas, nula.
En la presentación del caso contra Bin Laden en el Reino Unido,
Tony Blair tuvo que admitir explícitamente que la evidencia "no
podría asegurar un juicio en la corte". El talibán parece
tan seguro de que no existen pruebas contra Bin Laden que ha ofrecido entregarlo
a Washington siempre y cuando el juicio se efectúe en un país
alterno.
¿Qué significa que
no haya evidencia suficiente para identificar una red terrorista vinculada
al 11 de septiembre?
De acuerdo con las reglas elementales
de la lógica, la respuesta más directa y simple es que no
existe tal red implicada en el crimen. Durante casi dos meses la Oficina
Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) ha insistido
en que "es inminente un nuevo ataque masivo". No ha pasado nada. No hay
nuevos complots ni se ha identificado a nuevos conspiradores. Una vez más
debemos aceptar la posibilidad de que los perpetradores de los sucesos
del 11 de septiembre no sean parte de una red internacional; por lo menos
Washington no ha podido verificarlo.
Pero existen varios fragmentos de
evidencia, bastante sugerentes, que no han sido explorados y que podrían
guardar relación con las pesquisas. Un reporte significativo, que
fue pasado por alto, señala que al menos cinco de los principales
sospechosos pudieron haber recibido entrenamiento en bases militares estadunidenses
en los noventa, y tres de ellos estuvieron después en Chechenia.
¿Eran acaso agentes dobles, trabajando a favor y en contra de Estados
Unidos al mismo tiempo? ¿Acaso Estados Unidos entrenó a terroristas
árabes para desestabilizar la influencia Rusia en la estratégica
Chechenia? Aclarar la relación de Estados Unidos con los cinco sospechosos
que pudieran haber recibido entrenamiento militar, contribuiría
a la investigación y tal vez explicaría la presteza de Washington
en acusar a Bin Laden y al talibán.
Muchos de los sospechosos ingresaron
en Estados Unidos con visas de negocios de entradas múltiples (no
de turistas ni de estudiantes), las cuales son mucho más difíciles
de obtener. La pregunta es: ¿se llevó a cabo alguna revisión
rutinaria de antecedentes? Si no, ¿por qué? ¿Por qué
se otorgaron visas de negocios para una visita prolongada a individuos
sin acreditaciones de negocios? Son éstas preguntas importantes.
Las respuestas podrían abrir líneas de investigación
totalmente nuevas.
Por varias razones vitales, se necesita,
urge, una nueva investigación, independiente, sobre los hechos del
11 de septiembre. Para empezar, los bombardeos masivos sobre la población
civil y militar de Afganistán están descuajando a la mayoría
de los 27 millones de afganos y les impide recibir cualquier ayuda alimentaria.
El hambre crece y los cientos de muertos podrían volverse millones
en poco tiempo. Casi dos tercios de los 27 millones de afganos son grupos
muy vulnerables: mujeres y niños. Además, los bombardeos
estadunidenses violan los principios fundamentales de las leyes internacionales
que subyacen a las relaciones entre los Estados. Sentar el precedente de
acciones militares unilaterales sin justificación jurídica
no puede sino conducir a un caos internacional y a un conflicto generalizado
y permanente.
Un tribunal internacional independiente
podría exigir pruebas contundentes y, en ausencia de éstas,
determinar que la guerra carece de legitimidad, procediendo a movilizar
el respaldo de la opinión pública en favor de un cese inmediato
del bombardeo.
El 23 de octubre de 2001, el prominente
diario británico
The Guardian invocó importantes razones
extra judiciales para la premura estadunidense en bombardear al talibán.
Para 1998, una compañía petrolera con sede en Houston, Texas,
Unocal, cercana a Cheney y a Bush, invitó al talibán a Estados
Unidos; ahí se les paseó y se les propuso transportar crudo
del Mar Caspio a los puertos de Pakistán vía Afganistán,
es decir, sin pasar por Rusia o Irán. El acuerdo fue bloqueado debido
a las fuertes objeciones presentadas por las feministas y los ambientalistas.
El derrocamiento del régimen
talibán por parte de Estados Unidos podría reabrir este acuerdo
de un oleoducto ?que implica miles de millones de dólares? entre
Unocal y un nuevo régimen de coalición pro estadunidense.
La guerra ha servido como pretexto
para reconcentrar e incrementar la riqueza. Se impulsan en el Congreso
estadunidense recortes tributarios por 100 mil millones de dólares
que favorecerán a 1 por ciento de la población. Treinta y
siete mil millones de dólares adicionales para gastos militares
enriquecen al complejo industrial militar. Cualquier crítica a las
legislaciones de "vía rápida" o fast-track que facilitan
acuerdos internacionales de comercio se califican de "socavamiento de los
esfuerzos de guerra".
La teoría de la "conspiración
terrorista internacional" que justifica la guerra sirve a los intereses
de los poderosos grupos económicos que se beneficiarán de
"la guerra global" y de la concentración del poder presidencial.
Cuestionar el mito de la conspiración es cuestionar la guerra y
las políticas que sitúan miles de millones de dólares
en las poderosas corporaciones estadunidenses.
Propongamos otro escenario: se constituye
una corte internacional independiente que decide rechazar, con base en
la ausencia de pruebas, los cargos de conspiración internacional
y finca causa probable para un veredicto de culpabilidad limitada ?que
se circunscribe a los directamente implicados en los actos de violencia?.
¿Cuáles serían las consecuencias posibles? Disminuiría
el respaldo con que cuenta el gasto de guerra entre la opinión pública.
Se impugnaría y debatiría en el Congreso toda reducción
tributaria que favorezca a los ricos. Se colapsaría la llamada "Alianza
Global". Washington tendría que concentrarse en indagar las fuentes
internas del terrorismo con ántrax. Estados Unidos tendría
que tomar medidas para contrarrestar la profundización de la recesión
económica.
Los afganos tendrán que vérselas
con los escombros y la destrucción que se le infligió a un
pueblo a causa de un "error de identidad". Es muy probable que muchos afganos
perezcan de hambre o enfermedades; toda una generación de gente
joven, aquellos que sobrevivan, estarán descuajados de sus raíces
y en su memoria colectiva quedará grabada la imagen de la destrucción
masiva. De entre los escombros y la desesperación surgirán
jóvenes militantes que serán profundamente hostiles a Estados
Unidos y a Europa Occidental. En Afganistán, la siguiente generación
de "condenados de la tierra" conformará, con toda seguridad, un
nuevo y más radical movimiento que atraviese el Medio Oriente y
más allá, y que dará forma a una conflagración
política global. El siglo XX nos enseñó que las guerras
procrean revoluciones.
Traducción:
Ramón Vera Herrera
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