| La
Hoja Latinoamericana
James
Petras y la globalización
Luis
Alsó Pérez
En su trabajo
Centralidad del Estado en el mundo actual, James Petras postula,
como su título indica, la prioridad de esta institución como
marco de lucha en el actual escenario imperialista, que, a su juicio, no
ha cambiado sustancialmente. Se enfrenta de este modo a muchos teóricos
de la izquierda que afirman que desde ella no puede lucharse contra unas
empresas multinacionales (EMN) y un capital financiero globalizados, para
los que los estados no suponen ya ninguna barrera. Creemos que Petras –con
el que tantas veces hemos coincidido- ha cometido esta vez un grave error
de análisis.
La globalización y el Estado-nación
De acuerdo con la teoría marxista,
la infrastructura económica determina la superestructura política;
si la una está globalizada, la otra lo estará también,
aunque formalmente aún no lo parezca. De hecho está emergiendo
un superestado capitalista mundial y una estructura de clases sociales
globalizada. En esta línea –frontalmente contrapuesta a la de Petras-
William I. Robinson, autor marxista, desarrolla (ver su trabajo La globalización
capitalista y la transnacionalización del Estado), en base a
una concepción materialista del Estado, estas tres proposiciones
interrelacionadas: 1) la globalización económica tiene su
contrapartida en la formación transnacional de clases y en la emergencia
de un Estado Transnacional (ETN) que ha venido a existir para funcionar
como la autoridad colectiva para la clase global gobernante; 2) el estado
nacional no retiene su primacía ni ha desaparecido, sino que se
ha ido transformando y ha sido absorbido en esta estructura mas amplia
del ETN; 3) este ETN emergente institucionaliza una nueva relación
de clases entre capital global y trabajo global. Este concepto de Estado
Transnacional global equivale al de "Imperio" del tambien marxista T. Negri,
al que Petras ataca directamente. Está en fase emergente y no está
institucionalizado, sino que opera a través de instituciones internacionales
como FMI, BM y OMC (por ello se habla, en los ámbitos antiglobalización,
de "gobierno mundial en la sombra"). Negri, por su parte, basa su tesis
de la desaparición del estado-nación tradicional en la pérdida
de las tres características de soberanía: política,
cultural y militar, absorbidas por el Imperio. Petras admite esta pérdida
pero, sorprendentemente, llega a la conclusión opuesta: esas cáscaras
vacías de los estados recolonizados siguen siendo para él
lo "central".
Al igual que estos dos autores, y
en contra de lo defendido por Petras, pensamos que los estados-nación
son, como ámbitos de lucha y como instrumentos, entes devaluados
y anacrónicos, ya que la infraestructura económica y la superestructura
política reales los desbordan. Salvo en unos pocos en los que se
asienta el núcleo del Imperio, las grandes decisiones políticas
y económicas que condicionan a la inmensa mayoría son tomadas
en el exterior de ellos. Pero Petras, sorprendentemente, niega la mayor;
contra toda evidencia, niega que la infraestructura económica esté
hoy globalizada o, al menos, lo considera "extremadamente dudoso". Ignorando
incluso la realidad de mercados comunes como el TLC norteamericano y la
UE europea, hace esta insólita afirmación: "los mercados
no trascienden los estados, sino que operan en sus fronteras". El propio
concepto de empresa multinacional –que él maneja continuamente-
queda así vacío de significado.
Los movimientos antiglobalización
Al negar la globalización neoliberal,
Petras niega la validez de la luchas contra ella que proliferan en todo
el mundo, considerando que están desenfocadas y son una pérdida
de tiempo. Y lo hace en base a tres falsos argumentos, esgrimidos también
por algunos dogmáticos:
1º) las luchas antiglobalización
desvían a las masas de la lucha dentro de los estados. La realidad
es que ambas luchas no son contradictorias sino complementarias; su lema-
similar al del movimiento ecologista- puede formularse como "luchar localmente
coordinándose globalmente". De hecho, no conocemos ninguno de estos
movimientos que no luche localmente, poniendo en marcha incluso avanzadas
estructuras paralelas (p.e. los movimientos que operan en el estado norteamericano
de Oregón, que tanto protagonismo tuvieron en Seattle).
2º) la lucha se dirige contra
instituciones (las IFI) que no representan un poder en sí, sino
que son meros instrumentos de las multinacionales. Curiosamente Petras
no aplica la misma reflexión a los estados-nación recolonizados,
sino que los considera "centrales". Pero es que, además, en eventos
como los de Seattle, Praga o Génova no se hacen sólo algaradas
mas o menos "publicitarias", sino que se anudan lazos internacionales que
luego fructifican en foros mundiales para la elaboracion de alternativas,
como el Foro Social de Porto Alegre. Por otra parte, los movimientos antiglobalización
no son tan ingenuos como para creer que las IFI son organismos independientes;
cuando las denuncian, están denunciando en realidad a las multinacionales
que están detrás de ellas; es decir, al "gobierno mundial
en la sombra" que antes mencionamos.
3º) al calificar a los movimientos
antiglobalización de "seudo izquierda" se contradice a sí
mismo. Así, por ejemplo, el MST brasileño, anfitrión
del Foro de Porto Alegre y miembro de la organización mundial contra
la globalización "Vía Campesina", es saludado por él
en otros trabajos como un ejemplo alentador del resurgir de una nueva izquierda
en Latinoamérica. Para los dogmáticos Porto Alegre fue tambien
un encuentro reformista.
Claro que las multinacionales tienen
patria. Desde luego, no pueden estar ubicadas en el espacio sideral, pero
el capitalismo como sistema no la tiene (a no ser que Petras considere
a las multinacionales entidades patrióticas). Afirma que T. Negri
"exagera la autonomía del capital respecto del Estado", cuando lo
que realmente ocurre es que él hace lo contrario. Postular la centralidad
del estado respecto de las multinacionales, subordinando éstas a
aquel, equivale a negar la realidad y a invertir a Marx, priorizando la
superestructura política sobre la infraestructura económica,
como si aquella fuera la determinante. Error impropio de un marxista, pues,
como ya dijimos, es la infraestructura económica la que determina
la superestructura política y no al revés. Este error se
explicita cuando Petras afirma textualmente: "ninguna EMN (o grupo de ellas)
ha tenido, por sí misma, el poder y la autoridad para transformar
la economía y estructuras sociales que permiten al capital circular
masivamente en los mercados exteriores". Con esta afirmación, Petras
postula una autonomía decisiva del Estado respecto de los poderes
económicos, negando, pura y simplemente, que el estado sea un instrumento
de clase. Olvida que el AMI-Ronda del Milenio fue elaborada por las multinacionales
al margen de los parlamentos de los estados, para imponerse a estos coartando
su libertad legislativa (si no han conseguido imponerlas aún plenamente
ha sido por la movilizaciones protagonizadas por esas organizaciones antiglobalización
que él desvaloriza). Olvida asimismo que los Planes de Ajuste Estructural
(PAE) son brutalmente impuestos a los estados por unas IFI instrumentalizadas
por la EMN y el capital financiero.
La recolonización imperialista
En otra parte de su trabajo Petras se
apoya en el intervencionismo militar de los estados imperialistas (en Irak,
Balcanes, Colombia, etc..) para resaltar la centralidad del estado; para
él el imperialismo sigue operando como en los viejos tiempos. Aparte
de insitir en el error de generalizar un privilegio del reducido grupo
de estados imperialistas, lo militar es, como subraya M. Chossudowsky,
sólo un recurso de última instancia. Cualquier observador
imparcial de la historia reciente puede constatar como la recolonización
imperialista ha tenido lugar básicamente con sofisticadas armas
económicas, a través de instituciones internacionales (BM,
FMI y OMC) manejadas por él, y no por la fuerza de las armas. ¿Se
puede afirmar, por otra parte, que son autónomos los propios ejércitos
del norte capitalista? ¿ no están acaso "globalizados" –absorbidos-
por una OTAN que, bajo la égida de EEUU, ha desplazado a las NNUU?.
Decir que el intervencionismo de ejércitos lacayos como los de España,
Grecia o Portugal – en realidad la mayoría de los ejércitos
europeos- prueba la centralidad del estado es casi una chiste. Lo que demuestra,
por el contrario, es la centralidad del superestado imperial y la absoluta
marginalidad de la inmensa mayoría de los estados nacionales.
Apoderarse del aparato del Estado
para derrotar al neoliberalismo puede seguir siendo una condición
necesaria, pero en absoluto suficiente; simplemente porque, como ya hemos
señalado, tanto su estructura económica como politica forman
parte de otra mayor que la trasciende. Por ello, personajes tan relevantes
como Fidel Castro o el comandante Marcos afirman que hoy la liberación
será global o no será. Postular, como hace Petras, el ámbito
del estado-nación como primordial y reducir el ámbito internacional
a un simple marco de solidaridad entre estados, a la manera tradicional,
es un error garrafal que enfrenta a Petras con la mayoría de los
analistas de izquierda (no sólo con Toni Negri y W.I. Robinson,
sino también con otros como Samir Amin o el propio N. Chomsky) .
No es de extrañar que desde esta visión miope desvalorice
las luchas de los movimientos antiglobalización. Ni siquiera menciona
el Foro de Porto Alegre, saludado por la izquierda mundial como el mayor
encuentro antimperialista de la historia reciente. Curiosa y contradictoriamente,
Petras, en un trabajo anterior (ver Apuntes para comprender la política
revolucionaria actual), se apoya en la emergencia de estos movimientos
antiglobalización para refutar a intelectuales que, como Perry Anderson,
afirman que la lucha anticapitalista sufre un profundo reflujo en relación
con el pasado.
La nueva dimensión del Estado
El error básico de Petras deriva
de no entender que lo que la teoría de la globalización postula
no es la desaparición pura y simple del estado-nación, sino
sólo la del estado tradicional como espacio económico y político
autónomo. El Estado sigue formalmente existiendo, pero se ha transformado
en un ente distinto, con unas nuevas funciones: las de servir de agencia
ejecutora de la política del ETN. Este fenómeno es lo que
W.I.. Robinson (v. su trabajo citado) llama "la transnacionalización
del Estado". El Estado no desaparece porque le sigue siendo útil
al Imperio: transformado, transnacionalizado, cumple ahora la función
de implementar en su demarcación territorial la globalización
neoliberal y reprimir cualquier atisbo de rebeldía. Como dice W.I.
Robinson: "estos estados neoliberales (.....) proveen servicios esenciales
al capital. Los gobiernos nacionales sirven como correas de transmisión
y como filtros para la imposición de la agenda transnacional".
Petras no tiene en cuenta, además,
un dato fundamental: que la globalización económica es, sobre
todo, una globalización financiera. Es decir, una de las características
diferenciales de la globalización respecto de la etapa imperialista
precedente es la financierización de la economía;
esto es, la liberalización y el predominio absoluto del capital
financiero sobre el productivo. Un capital financiero que se desplaza de
una parte a otra del globo, sin trabas ni fronteras, a velocidad informática.
Es el capital financiero el que determina la estrategia económica
de las grandes corporaciones multinacionales para asegurarse una alta rentabilidad
bursátil. Lo financiero ha devenido un campo económico autónomo,
generador de enormes beneficios sin relación con la productividad
real (lo que se conoce como la burbuja financiera). ¿Puede
extenderse a él la afirmación de Petras de que "los mercados
no trascienden los estados sino que operan en sus fronteras" sin caer en
el mas absoluto disparate?. Por supuesto que no, y es por ello que Noam
Chomsky -dando a entender que la fase imperialista actual es cualitativamente
nueva- afirma: "la liberalización financiera ha creado un senado
virtual que gobierna el mundo".
Medios de comunicación y sociedad
civil
Por otra parte resulta curioso observar
como Petras, que no es en absoluto un dogmático, se alinea con muchos
dogmáticos (para los que nada ha cambiado sustancialmente desde
los tiempos de Lenin) en la falta absoluta de consideración de otro
aspecto fundamental que imprime carácter al nuevo escenario: la
globalización de los medios de comunicación, concentrados
cada vez en menos manos. El antes llamado "cuarto poder" – cuando ni siquiera
existía la televisión- es hoy un poder tan formidable que
es capaz de moldear las conciencias y lo hábitos, fabricando verdades
y mentiras, "buenos" y "malos", de acuerdo con sus intereses. Si a ello
le añadimos los sistemas de vigilacia y espionaje global (como la
red Echelón), el proyecto de privatización del espacio radioeléctrico
(que, al decir de Jeremy Rifkin, podría acabar con el último
atisbo de soberanía del estado nación) podemos afirmar que
el actual escenario se parece más a la pesadilla orwelliana que
al imperialismo de principios del siglo XX.
Sólo cabría hablar
de "centralidad del Estado" en unos pocos países de la Triada capitalista.
Petras extrapola lo que es un privilegio de unos pocos estados para hablar
del centralidad del Estado en general. Ese núcleo es muy reducido,
ya que como dice F.Chesnais (ver ¿Una nueva fase del capitalismo?):
"estos países ejercen un enorme control, no sólo sobre los
países mas débiles, sino tambien sobre los países
capitalistas avanzados que implantaron el nuevo régimen de liberalización
financiera con retraso". Lo cual relativiza mucho las supuestas contradicciones
intercapitalistas que Petras intenta resaltar. En puridad, se podría
hablar de la centralidad de los Estados Unidos, donde se concentra no sólo
el poder militar, sino también el grueso de las multinacionales
e instituciones financieras que constituyen la base del poder imperial.
Arremete asimismo Petras – coincidiendo
de nuevo con los dogmáticos- contra el concepto de sociedad civil,
porque, en su opinión, enmascara la lucha de clases. Esto es otra
secuela inevitable de su incomprensión del fenómeno de la
globalización, pues la polarización de la riqueza y el poder
en una cada vez más reducida minoría, hace que practicamente
el grueso de la sociedad (incluyendo no sólo clases medias y pequeño
empresariado, sino tambien buena parte de la antigua clase capitalista
nacional) se sienta expropiado por ella. En la medida que esa minoría
expropiadora está cada vez más internacionalizada, podemos
empezar a hablar con propiedad de una sociedad civil mundial, de
cuya progresiva insurrección dan fe esos heterogéneos movimientos
antiglobalización que se manifiestan en Seattle o se reunen en Porto
Alegre, y que Petras no acaba de comprender. Estamos asistiendo, en suma,
a una progresiva proletarización y alienación del grueso
de la sociedad, nacional y mundial. De la misma manera que el concepto
sociedad
civil no enmascara, sino que amplifica el de lucha de clases, el concepto
globalización tampoco enmascara el concepto tradicional de
imperialismo, sino que lo presupone y lo amplía (los teóricos
del movimiento antiglobalización lo definen como "un salto cualitativo
del imperialismo" anteriormente existente).
En su obcecación por negar
cambios estructurales en el modelo productivo que sirvan de apoyo a la
teoría de la globalización, llega a hacer la insólita
afirmación de que la revolución informático-robótica
no ha determinado un aumento de la productividad. El hecho, cotidianamente
constatado, de que muchas empresas multinacionales, boyantes en beneficios,
puedan desprenderse de decenas de miles de empleados "sobrantes" en todos
los continentes, queda convertido, de la mano de Petras, en un enigma indescifrable.
Petras, simplemente, niega el paro estructural del capitalismo moderno,
generado por un incremento de la productividad que, al no repercutirse
en una reducción de la jornada de trabajo, genera ese "empleo sobrante".
La deslocalización de las
multinacionales
De sorpresa en sorpresa, Petras niega
la deslocalización de las grandes empresas multinacionales y la
interpenetración de su capital, exagerando las contradicciones intercapitalistas
que, aunque existen, no son, ni mucho menos, determinantes. Demostrar,
como hace Petras, que la multinacionales pueden hacer lo que hacen gracias
al aparato del Estado es una petición de principio. En los países
imperialistas el Estado no es sino el Estado de las multinacionales.
Es impensable que pudiera ser otra cosa, ya que sus gobiernos –al igual
que los de los estados de la periferia- son impuestos directamente o indirectamente
por ellas; frecuentemente son simples ejecutivos suyos reciclados (la diferencia
entre Clinton y Bush es simplemente la diferencia entre las multinacionales
que les apoyan).Y lo mismo ocurre con los altos cargos de las IFI. No cabe
hablar, pues, de la centralidad de una institucion que ha devenido un simple
instrumento de las EMN.
En otra parte de su trabajo, Petras
esgrime la ascensión dentro de la periferia (Tercer Mundo, dice
equivocadamente, pues el fenómeno se da tambien en el segundo) de
"una nueva clase capitalista transnacional" (CCT) para explicar–a través
de una alianza de ésta con el capital financiero internacional-
lo que " se conoce por error como globalización". Pero esta nueva
burguesía ascendente -tambien analizada por W. I, Robinson en el
trabajo antes reseñado- no surge por generación espontánea,
sino como un subproducto del poder de las multinacionales, que las cooptan.
En realidad –como Robinson demuestra- estas CCTs han desplazado a las viejas
burguesías nacionales para constituirse como burguesía transnacional.
Como el propio Petras reconoce, las CCT se convierten en los pivotes de
la implementación de las políticas imperialistas, de la "recolonización
" de la periferia del Imperio. Esto, lejos de negar la globalización,
la confirma al poner en evidencia el vaciamiento de la soberanía
–y del dinero- de los estados a través de gobiernos lacayos ligados
a esas CCTs. Dicho de otra forma, el surgimiento de las CCTs -y su alianza
con el gran capital- no es, como afirma Petras, el origen de un fenómeno
"mal llamado globalización", sino su consecuencia.
El papel de ATTAC
Abundando en la descalificación
de los movimientos antiglobalización –y coincidiendo de nuevo con
los dogmáticos- en una reciente entrevista, Petras descalifica a
la organización ATTAC como instrumento de lucha contra el capitalismo,
porque, según él, se limitaba a postular una tasa –tasa Tobin-
a las transacciones financieras, sin plantearse la destrucción del
capitalismo. Al igual que en el caso de Porto Alegre, al deslegitimar las
luchas sectoriales, porque no plantean para pasado mañana "la toma
del Palacio de Invierno", descalifica de un plumazo a todo el rico y plural
movimiento antiglobalización, un frente antimperialista internacional
que actúa desde el sectores tan variados como el campesinado o el
indigenismo, y cuyo espectro ideológico abarca desde la socialdemocracia
clásica al anarquismo, pasando por el marxismo mas ortodoxo. Nos
encontraríamos entonces con que el único frente de resistencia
antimperialista válido es el formado por los viejos y agonizantes
partidos comunistas, asaz escuálido (algunos de los cuales, por
otra parte, participan ya en los movimientos contra la globalización,
sin que ello les suscite mayores problemas). No sólo quedan también
descalificados como mixtificadores figuras tan emblemáticas de la
lucha antimperialista como la plana mayor de ATTAC (Ramonet, Susan George,
Bernard Cassen) sino comunistas tan calificados como el premio Nobel de
literatura José Saramago, que forma parte del comité de apoyo
de ATTAC- España.
Estimamos que Petras ha sido víctima
de una reacción "defensiva" (muy frecuente, por otra parte, en veteranos
militantes de izquierda cuando les cambian el decorado) que ha perturbado
su comprensión del nuevo escenario. Su injustificada alarma acerca
de que los nuevos conceptos y análisis, supuestamente heterodoxos,
desorienten y confundan a las masas y dejen las manos libres al capitalismo
internacional no se corresponde en absoluto con la realidad. Los que militamos
desde hace algunos años en estos movimientos contra la globalización
neoliberal sabemos cómo conocen perfectamente la lucha en que están
enfrascados. No se les oculta, para nada, que se trata de una confrontación
a vida o muerte contra el imperialismo de las multinacionales y el capital
financiero, cuya opresión constatan, día a día, en
sus diferentes facetas y ámbitos. Pese a su composición plural
-como representantes de esa emergente sociedad civil mundial- los
que se manifiestan en Seattle, Praga o Génova estan lejos de ser
gente confundida o manipulada. Aunque no blandan en sus manos las obras
completas de Marx o Lenin, basta leer sus escritos para comprobar que no
son, ni mucho menos, unos ingenuos. Por ello, ese "senado virtual que gobierna
el mundo" no se siente precisamente feliz con sus movilizaciones -supuestamente
desviadas e inocuas para los dogmáticos- sino que empieza a criminalizarlas
y a reprimirlas despiadadamente. Lo dicho no desvaloriza, en modo alguno,
la valiosa aportación que, en otros aspectos, James Petras ha venido
haciendo a la izquierda mundial con sus meritorios trabajos.
Concluímos con las mismas
palabras con que el citado William I. Robinson su artículo, que
recomendamos como reflexión a todos los dogmáticos anclados
en el pasado: "Defender la relevancia de Marx y la continua vitalidad del
materialismo histórico no es decir que todo lo que Marx haya dicho
es todavía aplicable a las condiciones que enfrenta la humanidad
en el nuevo milenio. Por el contrario, cualquier proposición de
ese tipo llega a ser un dogma intelectualmente estéril y politicamente
incapacitador. El argumento de Marx y de Engels de que el proletariado
de cada país debe, por supuesto, resolver sus problemas con su propia
burguesía hoy está fuera de época. Su burguesía
es ahora transnacional; cada burguesía nacional es, al mismo tiempo,
la burguesía del proletariado de numerosos países. Las clases
populares en la edad de la globalización necesitan transnacionalizar
sus luchas. La movilización de la burguesía transnacional
desde arriba sólo puede ser contrarrestada por una movilización
transnacional desde abajo. Las clases trabajadoras y populares cuyo punto
de apoyo había sido el estado nacional, necesitan y deben transponer
hacia el espacio transnacional sus manifestaciones y su capacidad para
plantear demandas al sistema. Esto significa desarrollar los mecanismos
–las alianzas, las redes, las acciones directas y las organizaciones- que
permitan una resistencia transnacional. Esto también significa desarrollar
una ideología y política socialista transnacional que tenga
en la mira al Estado Transnacional como terreno a disputar". |