LA
JORNADA de México 31
de Mayo de 2002
¿Quién
gobierna
el mundo?
James
Petras
Una
gran cantidad de libros y artículos sobre globalización,
corporaciones globales e imperio se ha publicado sin que exista la más
mínima noción de la estructura real del poder mundial. El
análisis de un estudio reciente del Financial |
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Times (suplemento,
10 de mayo de 2002) sobre las 500 compañías más grandes
del mundo, con base en criterios de valor, país y sector, viene
a poner fin al debate en torno a la globalización del imperio o
imperialismo. El Estado-nación, en este caso los estados imperiales,
no sólo están lejos de desaparecer, sino que además
son cruciales para identificar y entender los centros neurálgicos
del poder político y económico.
Casi 48 por
ciento de las empresas y bancos más importantes del mundo son de
Estados Unidos y 30 por ciento son de la Unión Europea; solamente
10 por ciento pertenece a Japón. En otras palabras, casi 90 por
ciento de las corporaciones más grandes que dominan los sectores
de la industria, los bancos y el comercio son estadunidenses, europeas
y japonesas. El poder económico se concentra en estas tres unidades
económicas geográficas, y no en conceptos vacíos como
"imperio" sin imperialismo o corporaciones multinacionales "sin territorio".
Dentro de este sistema el poder económico imperial de Estados Unidos
sigue siendo dominante. Esto resulta claro si examinamos de cerca los sectores
económicos clave.
Cinco de los
10 bancos principales son estadunidenses, así como seis de las 10
empresas farmacéuticas y biotecnológicas, cuatro de las 10
compañías de gas y petróleo más importantes,
nueve de las 10 compañías líderes de seguros y nueve
de las 10 principales empresas generales de comercio al por menor. El sector
de las aseguradoras es el único en el que la Unión Europea
se lleva la mejor parte del pastel con respecto a Estados Unidos (por un
margen de cinco a cuatro). El poder imperial estadunidense está
diversificado a lo largo de varios sectores económicos, pero particularmente
la fuerza dominante la tienen en las finanzas, la industria farmacéutica
y biotecnológica, de la información y el software, y el comercio
al por menor. Dicho de otra forma, las gigantescas compañías
estadunidenses poseen una red poderosa que controla los sectores de la
"nueva economía", las finanzas y el comercio. La concentración
del poder económico de Estados Unidos se hace más evidente
si se consideran las 10 principales empresas del mundo: 90 por ciento son
de origen estadunidense; de las 25 principales, 72 por ciento son propiedad
de Estados Unidos; de las 50 más importantes, 70 por ciento son
de ese país, y de las cien líderes, 57 por ciento también.
Africa y América
Latina brillan por su ausencia en la lista. Y los llamados "tigres asiáticos"
cuentan con tres empresas en la lista de las 500 más grandes, esto
es, contribuyen con menos de uno por ciento.
Las implicaciones
de esta concentración del poder son relevantes. Ningún país
del denominado Tercer Mundo puede darse el lujo de "liberalizar" sus mercados,
ya que Europa y Estados Unidos se lo impiden debido al control que logran
ejercer con la superioridad y concentración de sus recursos. Así
pues, es falso el argumento liberal según el cual el libre comercio
aumentará los niveles de "competitividad" de las economías
en vías de desarrollo. En segundo lugar, la concentración
del poder no es meramente producto de la eficiencia, la gestión
y el knowhow, sino que es resultado directo de las políticas estatales
de Estados Unidos y Europa. Por ejemplo, el Congreso de Estados Unidos
acaba de aprobar (mayo 2002) un monto de 182.28 mil millones de dólares
para subsidiar la agricultura estadunidense durante la próxima década,
en contradicción con las propuestas de "libre comercio" que Washington
tanto gusta defender. Las implicaciones para los tomadores de decisiones
en el Tercer Mundo son claras: deben proteger y subsidiar a sus productores
privados o públicos para compartir el pastel de los mercados, dentro
y fuera de sus países, tal como los poderes imperiales lo hacen.
La concentración
del poder económico mundial en las empresas y los bancos de Estados
Unidos y, en menor medida, de la Unión Europea no significa que
los mercados mundiales son competitivos, sino que en buena medida son definidos
por los monopolios de ambos poderes que los dominan. Los flujos financieros,
farmacéuticos, software y de seguros los determinan las 10 empresas
líderes de origen estadunidense y europeo. Los mercados mundiales
se encuentran divididos entre 238 empresas y bancos estadunidenses y 153
europeos. Esta concentración de poder es la que imprime a la economía
internacional su carácter imperial, junto con los mercados que controlan
las materias primas que se roban (80 por ciento de las principales compañías
petroleras y de gas son de propiedad estadunidense o europea) y el trabajo
que explotan.
La idea del
movimiento antiglobalización de que "otro mundo es posible" debe
enfrentar esta monopolización del poder y los países imperiales
que la defienden. La única manera de democratizar la globalización
es socializar estos gigantes monopolios donde quiera que operen, o bien
soportar la presión económica y las amenazas que tanto perjudican
a las economías locales.
Los países
imperiales, particularmente Estados Unidos, tienen serias dificultades
para sostener su imperio por diversas razones. El costo militar es una
de ellas. El presupuesto militar de Estados Unidos ha au-mentado en casi
20 por ciento para 2002-2003 y las reducciones en los impuestos de los
ricos que estimulan las inversiones foráneas han conducido a un
déficit presupuestario y a mayores recortes en el gasto social,
todo lo cual conlleva desestabilización fi-nanciera y política.
Más importante aún, la concentración del poder económico
en empresas y bancos de Estados Unidos se ha basado en las inversiones
extranjeras, las ganancias y las rexportaciones hacia Estados Unidos vía
los subsidios. El resultado es que el creciente imperio económico
proyectado en el exterior ha afectado negativamente la balanza de pagos
estadunidense, de tal manera que el déficit comercial de este país
en este año se acerca a los 500 mil millones de dólares.
La economía
de Estados Unidos depende esencialmente del flujo masivo de fondos provenientes
de los inversionistas del exterior para financiar ese déficit. En
otras palabras, a medida que el imperio crece, la "república" se
hunde en crisis más profundas, alejada de sus empresas competitivas
e incapaz de limitar las importaciones de bienes de consumo. Esta contradicción
no puede resolverse fácilmente debido a que el liderazgo político
está totalmente comprometido con la construcción de su imperio
y la única concesión que está dispuesto a hacer a
su economía interna es darle más subsidios y más protección.
Esto no hace sino incrementar la tensión y los conflictos con sus
competidores imperialistas en Europa y sus regímenes clientes de
exportación en el Tercer Mundo.
La solución
que ofrece el gobierno de George W. Bush a esta contradicción que
existe entre el crecimiento imperial y la decadencia interna es la conquista
de países ricos en recursos vitales. La presencia de Washington
en la zona petrolera del Caspio o sus planes de invadir a Irak son parte
del plan de extraer riqueza para financiar el déficit. El Acuerdo
de Libre Comercio para las Américas forma parte de esta estrategia:
al monopolizar los mercados latinoamericanos Estados Unidos puede reducir
sus déficit comerciales y capturar sectores financieros y comerciales
jugosos. El Plan Puebla-Panamá es el prototipo de esta nueva estrategia
imperial; se trata de incrementar las exportaciones estadunidenses directamente
a México, mientras que las maquiladoras se trasladan a mercados
laborales más baratos en China, Vietnam, e India.
Si bien es
cierto que el control imperialista de Estados Unidos es todavía
una realidad, lo cierto es que los fundamentos de este poder son frágiles
y se enmarcan en un orden mundial sumamente polarizado. La emergencia de
movimientos anticapitalistas masivos y una caída del dólar
pueden eventualmente provocar la caída del imperio.
Traducción:
Marta Tawil
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