| LA
JORNADA de México - 21 de Agosto de 2002
Se busca
un secretario
de Naciones
Unidas íntegro
James
Petras
Muchos progresistas
alrededor del mundo consideraban a la Organización de Naciones
Unidas (ONU) como la mejor institución
capaz de resolver conflictos y servir la causa de la justicia, libre del
control de los intereses del poder. Dentro de la ONU, el secretario general
era visto como una persona justa, íntegra y, sobre todo, independiente
de la persuasión de las grandes potencias. Para muchos izquierdistas
posmodernos, como Toni Negri, la ONU era el nuevo modelo de la gobernabilidad
mundial.
La historia reciente nos enseña
una lección diferente: la bancarrota de la ONU como institución
de paz y el declive moral de la oficina del secretario general bajo Kofi
Annan. Una y otra vez, hemos constatado cómo la ONU permanece pasiva
y colabora ante escenarios de guerras de agresión, limpieza étnica
y genocidio económico.
Para ser precisos, en decenios previos
la ONU estaba lejos de ser una organización perfecta y su secretario
general normalmente era una persona que evitaba los enfrentamientos con
las grandes potencias, particularmente con los países miembros de
la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Pero
en los años 70 y hasta inicios de los 80, la Asamblea General consistentemente
criticó las desigualdades existentes entre el norte y el sur del
planeta, y propuso un nuevo orden en el que el tercer mundo recibiera la
ayuda técnica y financiera necesaria para su desarrollo económico
y social. Entonces, el secretario general Kurt Waldheim se negó
a sucumbir a la presión estadunidense y llegó a adoptar una
política sensata hacia regiones como Medio Oriente, al oponerse
a la ocupación israelí y respaldar una solución que
derivara en la creación de dos estados. Incluso el predecesor de
Kofi Annan, Boutros Ghali, que inicialmente recibió el apoyo de
Washington, se opuso a la ocupación israelí y favoreció
una conferencia de carácter multilateral que involucrara a Europa.
Así, y no obstante sus demás posturas de carácter
pro occidental, Washington se opuso a la relección de Ghali.
Kofi Annan fue un candidato preseleccionado
por Washington para ocupar el asiento del secretario general. Presentado
como "representante de Africa", Annan fue electo gracias a la fuerte intervención
estadunidense, sus amenazas y chantajes a sus clientes y receptores de
ayuda africanos y latinoamericanos. No contó con una base independiente
de apoyo político, fue un virtual desconocido para el público
general, pero era bien conocido en Washington como un candidato moldeable
con el que se podía contar para llevar a cabo las órdenes
que se le dieran en todas las situaciones de importancia para Estados Unidos.
Fiel a su vocación, el señor Kofi se ha ganado el título
de El mensajero en los círculos estadunidenses, por su habilidad
para transmitir las órdenes de Washington a la comunidad internacional.
Bajo el secretariado de Annan, varios
funcionarios clave, que han criticado las políticas de Estados Unidos
en términos humanitarios, han sido forzados a dimitir; se han condonado
guerras agresivas y Naciones Unidas ha proveído de fuerzas de ocupación
militar ("mantenedores de la paz") para consolidar sus victorias imperiales.
Bajo Annan, alrededor de un millón de iraquíes han muerto,
ya que se ha rehusado a condenar el embargo y ha forzado la renuncia de
dos vicesecretarios generales de la ONU a cargo del programa "petróleo
por comida", quienes calificaron el embargo dirigido por Estados Unidos
como un desastre humanitario. Con Annan, la ONU ha cubierto crímenes
contra la humanidad cometidos por Estados Unidos y su aliado Israel.
Su historial habla por sí
mismo: cuando Estados Unidos armó el embargo contra Irak, Annan
lo administró al permitir a Naciones Unidas cubrir un programa que
impedía a Irak reconstruir su infraestructura básica para
el suministro de agua potable, alimento y productos farmacéuticos.
Más aún, permitió al equipo de inspección de
Naciones Unidas, infiltrado por espías estadunidenses, adquirir
información utilizada en los bombardeos de Estados Unidos. El anterior
jefe del equipo de inspección de armamentos en Irak (1991-1997),
Rolf Ekeus, recientemente confirmó que Annan decidió desalojar
a los inspectores de la organización internacional cuando Washington
le informó que estaban planeando bombardear Bagdad. Más tarde
Annan repitió la mentira de Washington, según la cual Irak
había violado las disposiciones del equipo de inspección.
Desde entonces, Annan se ha negado a negociar la naturaleza del proceso
de inspección, y sigue repitiendo las "no condiciones" de Estados
Unidos, a pesar de admitir que había habido espionaje durante la
misión previa.
Dos funcionarios civiles internacionales
distinguidos, Denis Haliday y Hans Von Sponeck, quienes fungieron como
coordinadores humanitarios en Irak entre 1997 y 2000, durante el mandato
de Annan, renunciaron en señal de protesta contra la prolongación
del embargo y la aquiescencia del secretario general.
Bustani, un brasileño destacado
a cargo de la supervisión de la Comisión de Naciones Unidas
contra la producción de armas químicas y biológicas,
acusó a Estados Unidos de encabezar una campaña de desprestigio
en su contra. Annan estuvo de acuerdo con que se le remplazara.
Mary Robinson, anterior primera ministra
de Irlanda y reconocida humanitaria, fue forzada por Washington a dimitir
de su cargo como titular del Alto Comisionado de los Derechos Humanos de
la ONU. Annan le dio las gracias por sus servicios y dio la bienvenida
a su remplazo.
Durante los ataques estadunidenses
y de la OTAN en Yugoslavia, Annan nunca alzó la voz para criticar
el bombardeo a blancos civiles -hospitales, infraestructura hidráulica,
estaciones de televisión. La misión de Annan por parte de
la ONU en Kosovo no logró que se previniera el asesinato de más
de 2 mil personas y la deportación forzada de 200 mil habitantes
no albaneses por parte de la KLA después de la guerra. Por el contrario,
coloreó su retórica ensalzando la naturaleza humanitaria
de la guerra de la alianza atlántica.
A medida que la oposición
contra la Organización Mundial del Comercio crecía y el Foro
Social Mundial en Porto Alegre atrajo la atención del mundo, Annan
voló a Davos, Suiza, donde afirmó el respaldo total y sin
precedentes de Naciones Unidas al "libre mercado" y la "globalización"
ante una reunión de multimillonarios y funcionarios corporativos.
Nunca antes un secretario general había afirmado de manera tan inequívoca
la defensa de las instituciones económicas más corruptas
y explotadoras de este planeta.
Más recientemente, volvió
a servir a los intereses de sus maestros en Washington al cubrir crímenes
contra la humanidad. Luego de la destrucción de la ciudad cisjordana
de Jenin por parte del ejército israelí, que dejó
un saldo de miles de palestinos sin techo y cientos de civiles muertos
o heridos, Annan envió a Jenin una comisión para "investigar"
los alcances de esa catástrofe humanitaria. Dependiendo de las fuentes
israelíes, ignorando a las agencias palestinas médicas y
humanitarias, la comisión de Annan declaró que no había
habido ninguna masacre, ya que solamente se pudo identificar 53 muertes,
incluyendo 26 civiles. La propaganda de los medios de comunicación
masiva israelíes y estadunidenses negó la masacre en un intento
por desacreditar a los palestinos y las críticas a la violencia
israelí -mientras Annan permanecía hipócritamente
detrás del escenario.
Poco tiempo después, Washington
nuevamente se encontró en serios aprietos por la matanza de civiles
afganos en una aldea. Annan envió otra comisión a Afganistán.
Esta vez los reportes preliminares indicaron que una masacre había
tenido lugar y que las fuerzas de Estados Unidos habían entrado
en la escena del crimen para remover toda evidencia. Cuando dicho reporte
fue filtrado a la prensa, el sirviente fiel de Washington, Kofi Annan,
intervino y el reporte fue modificado para ajustarse a las exigencias de
la administración Bush. El reporte completo nunca fue dado a conocer.
Kofi Annan ha establecido nuevos
estándares para la elección del secretario general de las
Naciones Unidas: servilismo hacia Washington, agilidad al momento de modificar
informes a conveniencia de los poderes occidentales, aquiescencia en el
despido de funcionarios humanitarios dedicados, y ceguera moral ante las
depredaciones imperialistas.
No cabe duda de que Annan ha servido
muy bien los intereses del imperio estadunidense; sin embargo, ha hecho
gran daño a la humanidad, particularmente a los millones de habitantes
en Medio Oriente, el sur de Asia y los Balcanes. Sus frases piadosas y
vacías no engañan a nadie. Bajo su liderazgo, Naciones Unidas
se ha degradado como instrumento de paz y justicia, para convertirse en
un organismo para la guerra, cuyos funcionarios se enriquecen escondiendo
las atrocidades de Washington y sus aliados. En ningún otro lugar
esto es tan evidente como en Kosovo, donde, como se supo, los funcionarios
de la ONU no sólo son los mejores clientes de los prostíbulos
donde se usa a niñas y adolescentes, sino que existe la posibilidad
de que muchos de ellos hayan creado negocios conjuntos con los empresarios
albaneses, liberados de las restricciones del ahora destruido Estado de
Yugoslavia. Sin duda, Kofi Annan se referirá a este hecho como otro
más de los éxitos de las misiones humanitarias de las Naciones
Unidas. ¿Quién nominará a Kofi para el premio Nobel
de la Paz, Rumsfeld o la agradecida KLA?
© James Petras
Traducción: Marta Tawil
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