| Rebelión
- 26 de Diciembre de 2002
Una respuesta a Horacio Verbitsky
Nuevas
Amenazas y Viejos Apologistas
James
Petras
En un artículo,
"Nuevas
Amenazas" publicado en Página/12 (15 de diciembre de
2002),
Horacio Verbitsky hace una serie
de acusaciones insustanciales, ataques personales que son absoluta y totalmente
falsos, en el proceso de oposición a las movilizaciones populares
contra el régimen de Duhalde.
Su método de difamación
personal está dirigido a los partidarios unidos en la batalla popular
a las estrategias militares de los Estados Unidos –una vieja técnica
stalinista, reciclada como la "teoría de los 'dos demonios'".
Verbitsky procede citando un documento
de la Junta Interamericana de Defensa (JID) el cual se refiere a las "nuevas
amenazas" a la dominación de Estados Unidos por las movilizaciones
y los movimientos populares a lo largo de América Latina. El documento
de la JID citado por Verbitsky propone militarizar América Latina
para reprimir las "nuevas amenazas". La "oposición" de Verbitsky
a la militarización es atacar la lucha de los movimientos populares
contra la desnutrición, el desempleo y la pobreza porque facilitan
la represión militar. Él escribe "Facilitar los pretextos
(luchas populares) necesarios a esa decisión (remilitarización)
no parece lo más conveniente para los intereses populares."
En este contexto es comprensible
por qué Verbitsky no considera el 19 y el 20 de diciembre
de 2001, una victoria popular y condena demandas y esfuerzos para construir
nuevas instituciones representativas –esas son "nuevas amenazas" según
las palabras de la JID, o "pretextos" para la remilitarización,
de acuerdo con Verbitsky.
Ambos, Verbitsky y la JID se oponen
a los nuevos movimientos democráticos extra- parlamentarios, uno
en el nombre de la "Seguridad Hemisférica" (léase: Imperialismo
norteamericano) y el otro en nombre de "intereses populares" (léase
un régimen civil corrupto subordinado a los Estados Unidos). Para
la JID el derrocamiento de De la Rúa creó una "amenaza" –y
de acuerdo con Verbitsky, es un "pretexto" para la remilitarización,
mejor es sufrir el robo de miles de millones de dólares de ahorros–:
más de la mitad de la población
viviendo en la pobreza.
Pero Verbitsky no se contenta con
denunciar las luchas populares contra De la Rúa, Duhalde y otros
"pretextos" para la intervención militar. Él no sólo
me denuncia por apoyar las luchas populares en Argentina, él continúa
denunciando mi crítica fundamental al giro hacia la derecha de Lula
en Brasil. Si Verbitsky leyera algo más allá de su columna,
descubriría que en cada diario, desde el Finantial Times de
Londres pasando por el Folha de San Pablo, hasta el Wall Street
Journal, todos los periodistas honrados llegan a la misma conclusión.
Lula se ha inclinado hacia la derecha: poniendo a un banquero neo-liberal
como cabeza del Banco Central, otro liberal en la vice presidencia y otro
en el Ministerio de Finanzas. En segundo lugar, si Verbitsky leyera los
estamentos de los principales sindicatos (CUT, Forza Sindical) y del Movimiento
de los sin tierra (MST), también descubriría que ellos rechazan
el giro de Lula a la derecha, defienden su independencia y están
movilizándose contra su agenda económica y social.
Hay una coincidencia de miradas entre
Petras, MST y CUT sobre el giro de Lula a la derecha y la necesidad de
movilizarse, porque las políticas de Lula y sus elecciones ministeriales
son contrarias a sus promesas electorales a los 50 millones de brasileños
pobres que lo votaron. Ni el MST y CUT brasileños ni las asambleas
populares argentinas y los piqueteros necesitan mi consejo para actuar
y movilizarse, hay más que suficientes líderes locales competentes
para llevar esto a cabo.
Una de las reglas elementales del
periodismo ético es tomar correctamente los datos biográficos
básicos sobre una materia. Verbitsky reclama que yo vivo en "su
confortable casa de Boston". Yo nunca he vivido en Boston. Yo vivo en Binghamton,
Nueva York, una empobrecida ciudad de provincia en un baldío desindustrializado
con las casas más baratas del país. Yo no soy propietario
de una casa. Durante los últimos cincuenta años he militado
en sindicatos, universidades, movimientos comunitarios y solidarios tanto
en Estados Unidos como en América Latina, Europa y Asia. Cada año
soy invitado por diversos movimientos a lo largo de América Latina
a dar conferencias y enseñar. En diciembre de este año, fui
invitado por Evo Morales a un encuentro nacional para discutir el imperialismo
estadounidense en Chapare, Bolivia, ante 500 delegados Cocaleros. Antes
en noviembre, me invitaron los trabajadores petroleros en Esmeralda, Ecuador,
y los trabajadores de la electricidad en México. El MST en Belén,
Brasil me han invitado a participar en un tribunal en mayo del 2003 así
como los piqueteros en Neuquén. Yo voy porque los movimientos populares
me invitan y acepto porque estoy activamente comprometido en su batalla
y quiero aprender de sus experiencias y sus diálogos.
He viajado por el barro y espantado
mosquitos mientras hablaba en los campamentos de los campesinos sin tierras
en Río Grande do Sul; he compartido frijoles y arroz con los zapatistas
en México mientras discutía sobre política; he discutido
y compartido un asado con campesinos activistas en Santiago del Estero.
No necesito disertaciones sobre mis actividades o mi estilo de vida provenientes
de un jurado enemigo de las Madres –pero usted, Verbitsky, tiene mucho
por lo que responder.
Verbitsky, ¿hay algún
problema en aceptar las invitaciones que esos movimientos y la Universidad
de las Madres me hacen? ¿Objeta usted cuando sus sponsors
financieros, los directores académicos de la Fundación Ford,
aconsejan al Departamento de Estado sobre cómo "contener" las "nuevas
amenazas" al imperialismo de Estados Unidos? Verbitsky, ¿por qué
no enfrenta el hecho de que no sabe nada acerca del estilo y la sustancia
de mi actividad política en América Latina en los últimos
cuarenta años? ¿Por qué no discute abiertamente los
nuevos movimientos sociales, en lugar de difamarlos con su reciclada noción
de los "dos demonios"? Quizás así, como escritor conservador,
pero honesto, podría ser reconocido como periodista y no como propagandista.
Traducido para Rebelión
por Gabriela García Cedro
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