| LA
JORNADA de México - 5 de April de 2003
Guerra
total:
resistencia,
ayuda humanitaria
y medios
masivos
James
Petras
A medida
que se prolonga la guerra contra Irak, que la resistencia civil y militar
iraquí
se intensifica, que los ataques
de guerrilleros y milicianos se vuelven más audaces, que las bajas
militares angloestadunidenses aumentan y las líneas de abastecimiento
se vuelven más ralas, el comando civil-castrense de Estados Unidos
incrementa la intensidad de la guerra y pasa de la ofensiva rápida
terrestre promovida por Rumsfeld a la campaña aérea sostenida
que se desarrolló durante la primera guerra del Golfo, a la "doctrina
Powell".
El bombardeo de civiles se ha vuelto
rutinario, tomando como objetivo grandes concentraciones de civiles, en
particular a la luz del día, y barrios de comercio. Las fuerzas
militares reciben órdenes de llevar a cabo misiones de "búsqueda
y destrucción", tristemente célebres en Vietnam, cuyo enfoque
es localizar y destruir hogares civiles, escuelas, hospitales y a cualquier
poblador de áreas en las que se sospecha que se refugian "fuerzas
enemigas". En un país en el que se ha demostrado que más
de 90 por ciento de la población es hostil a la invasión
estadunidense, la política de "búsqueda y destrucción"
hace explícita la naturaleza genocida de la guerra. Las consecuencias
del bombardeo angloestadunidense de blancos civiles desde el aire significan
más coches bombas iraquíes desde tierra. La guerra total
de Estados Unidos contra la decidida resistencia de todo el pueblo iraquí
ha convertido esto en una "guerra de la gente" de todas las naciones contra
la conquista imperial.
La expresión más impactante
es el renacimiento masivo de la solidaridad en todo el mundo árabe
y, por supuesto, más allá. Desde los días del líder
egipcio Abdel Nasser no se habían visto tantos millones de ciudadanos
árabes en las calles, expresando solidaridad y tomando inspiración
de la heroica resistencia popular iraquí. El levantamiento panárabe
ha conducido a un profundo movimiento hacia la democratización de
las naciones árabes: por toda la región surgen nuevas estaciones
independientes de televisión, los periódicos semioficiales
en Egipto y en otras partes han roto con sus regímenes y denunciado
la agresión estadunidense y a los regímenes colaboracionistas
árabes. El plan de Bush de colonizar Medio Oriente se ha vuelto
en su contra: el movimiento panárabe independiente, que gana cada
vez más adeptos y poderío, amenaza con echar los cimientos
de una vibrante sociedad civil, ciudadanos activamente antimperialistas
capaces de derrocar a sus corruptos gobernantes pro estadunidenses y expulsar
las bases militares del Pentágono.
A medida que este movimiento panárabe
se extiende y profundiza, los regímenes clientes de Washington y
los aliados encubiertos comienzan a dividirse. Siria permite que fluyan
alimentos y armas ligeras hacia Irak. Jordania, Saudiarabia y los estados
del Golfo, al verse amenazados por las protestas masivas y la hostilidad
activa de sus pueblos, rectifican y retroceden. Miles de voluntarios árabes,
exiliados iraquíes, emigrantes y no iraquíes forman brigadas
internacionales y cruzan las fronteras para unirse a la resistencia en
Irak.
En Occidente, a medida que los movimientos
de masas llevan su oposición hasta los enfrentamientos en gran escala
y la desobediencia civil, ocurren fracturas en las elites gubernamentales.
En Inglaterra renuncia el ex ministro de Exteriores del Partido Laborista,
Robin Cook; en España, el que fue durante años mentor político
de Aznar rompe con el régimen junto con decenas de funcionarios
locales. En Estados Unidos se resquebraja el sólido apoyo que brindaban
a la guerra los líderes y organizaciones religiosas judíos,
porque judíos opuestos a la guerra confrontan las posiciones de
los recaudadores de aportaciones políticas y los influyentes judíos
derechistas del régimen de Bush.
El 27 de marzo, dirigentes empresariales
europeo-estadunidenses reunidos en Bruselas denunciaron el unilateralismo
estadunidense y sometieron a un severo interrogatorio a un importante asesor
económico de Colin Powell en el Centro Europeo de Políticas.
Los empresarios estaban particularmente indignados porque los contratos
multimillonarios de posguerra para la reconstrucción de Irak se
otorgaron a empresas estadunidenses y se excluyó a las europeas.
Incluso las elites empresariales estadunidenses se quejaron de que sólo
empresas cercanas a la camarilla de Cheney y Rumsfeld fueron escogidas.
Mientras las elites empresariales
de Occidente se disputan los despojos de la guerra, los regímenes
europeos que se opusieron a la agresión unilateral de Washington
han vuelto en parte a su posición subordinada. El 27 de marzo Francia,
Alemania y Bélgica se unieron a otros 22 países para derrotar
una moción dirigida a convocar a una sesión especial de la
Comisión de Derechos Humanos de la ONU en la cual se examinaría
la situación humanitaria del pueblo iraquí sometido a la
salvaje agresión de Washington. Ni en la Asamblea General ni en
el Consejo de Seguridad se prevé la adopción de resoluciones
que condenen la matanza imperialista de civiles iraquíes, pese a
los 80 oradores que desfilaron en el primer día de sesiones. Mientras
miles de millones de personas fuera de la ONU condenan la guerra, la organización
guarda silencio. Esto demuestra que la lucha antibélica es esencialmente
una batalla extraparlamentaria.
El giro del régimen francés
a la derecha es más evidente en las políticas de "ayuda humanitaria".
El 27 de marzo Dominique de Villepin, ministro francés del Exterior,
se manifestó por una rápida restauración del programa
Petróleo por Alimentos de la ONU para dar ayuda humanitaria a Irak.
Sostuvo que Estados Unidos podía administrar el Irak ocupado "bajo
la sombrilla de la ONU para darle legitimidad". Afirmó que la ONU
debería aprobar operaciones humanitarias en el Irak de posguerra,
aunque no las administre. Está claro que los regímenes europeos
aceptan la conquista estadunidense de Irak, pero tienen la esperanza de
asegurarse parte de la riqueza petrolera después de haber expresado
oposición a la guerra.
En la superficie, el tema de la ayuda
humanitaria parece sencillo: proporcionar alimentos, agua y refugio a 23
millones de iraquíes cuyas vidas y medios de subsistencia han sido
destruidos por la guerra estadunidense. Pero las políticas de ayuda
humanitaria van mucho más a fondo y plantean preguntas fundamentales.
¿Será la ayuda humanitaria un instrumento de guerra y conquista,
o es un apoyo desinteresado a las víctimas de una guerra criminal?
¿La ayuda humanitaria es ayuda de verdad? ¿Quién la
entregará, cuál es su destino y bajo qué condiciones?
En primer lugar no es realmente "ayuda":
la fuente de la "ayuda" se deriva de la explotación y venta del
petróleo iraquí que ha sido confiscado por Estados Unidos
y la ONU. Malamente puede ser un acto "humanitario" devolver una porción
de la riqueza robada a un país victimado. La ayuda humanitaria durante
la guerra y después de ella está destinada sólo a
los territorios ocupados por Estados Unidos y se ofrece a las ciudades
y pueblos controlados por el gobierno iraquí a condición
de que se rindan. No es ayuda, sino chantaje. Bajo las circunstancias actuales
la ayuda humanitaria es parte de la estrategia del sitio estadunidense:
bombardear y matar de hambre a la población civil. El cerco militar
y el bombardeo de zonas comerciales y fuentes de agua provocan hambre,
sed y muerte lenta a millones de personas. La ayuda humanitaria se ofrece,
pues, para destrozar la resistencia del sector más vulnerable y
debilitado de la población. En el periodo de posguerra esta ayuda
se utilizará para legitimar lo que De Villepin llama la "solidaridad
trasatlántica" y el dominio imperial estadunidense.
Una verdadera política de
ayuda humanitaria incluiría contribuciones de la ONU: además
del programa Petróleo por Alimentos, un cese del fuego para permitir
el envío de ayuda a toda la población civil, en especial
a la de pueblos y ciudades sitiados. La ayuda humanitaria debería
entregarse a funcionarios iraquíes, a la Media Luna Roja y a grupos
de la sociedad civil para que la distribuyan y no debe ser "etiquetada"
con fines de propaganda. Bush aprobó la iniciativa de la ONU de
ayuda humanitaria, pero la ONU no ha hablado de ninguna política
verdadera de ayuda humanitaria que atienda a las víctimas en las
ciudades controladas por la resistencia iraquí.
Una de las principales razones por
las que temas como la ayuda humanitaria no se entienden apropiadamente
es el papel de los medios masivos controlados por los angloestadunidenses
y sus contrapartes en Europa, Japón y América Latina. La
clave para entender el papel propagandístico de estos medios es
examinar a los que Washington llama "reporteros incrustados": periodistas
integrados con las fuerzas que atacan ciudades iraquíes y sujetos
a censura del comando militar. A los periodistas que trabajan por su cuenta
o para medios independientes no se les permite acompañar a las fuerzas
invasoras. El resultado es la exclusión de reportes sobre las masacres
estadunidenses y de fotografías de civiles muertos y mutilados en
las calles y hospitales de Bagdad y Basora. Lo que se publica es propaganda
angloestadunidense, referente a la captura de ciudades que no existen,
a levantamientos populares ficticios en Basora y a niños iraquíes
que reciben caramelos de los soldados estadunidenses. El Daily Mirror
de Londres fue el único diario que publicó la foto de dos
soldados iraquíes decapitados al lado de una andrajosa bandera de
rendición mientras los soldados "aliados" miran a sus víctimas.
El Pentágono celebra el éxito de sus "reporteros incrustados",
que refuerzan las convicciones de quienes en Estados Unidos y Gran Bretaña
están en favor de la guerra, pues sus "reportes directos desde la
zona de guerra" sirven de propaganda para convencer a los indecisos de
la "autenticidad" de la acción armada... según la experimentan
a través de los ojos y bocas de los generales y oficiales del ejército
conquistador. Los medios amplifican y diseminan la propaganda de Bush/Blair
sobre los abusos cometidos con prisioneros entrevistados por la televisión
iraquí, olvidándose de los miles de prisioneros afganos y
árabes que fueron sofocados y asesinados en contenedores de metal
después de haberse rendido a la Alianza del Norte, apoyada por Washington,
o de los cientos de prisioneros maniatados, enjaulados y vendados de los
ojos en Guantánamo. Los reporteros incrustados repiten como
loros la propaganda estadunidense que habla de abusos a prisioneros, pero
no informan sobre las recientes órdenes de "búsqueda y destrucción"
que abarcan a todos los civiles iraquíes con la consigna de "no
tomen prisioneros". La noción de "reporteros incrustados" -es decir,
la incorporación formal de los periodistas como parte de la maquinaria
propagandística- representa un asalto general a la libertad de prensa
en la sociedad angloestadunidense.
La guerra imperialista ha encontrado
oposición masiva en Irak, y los costos políticos y económicos
han incrementado la oposición doméstica. El presidente Bush
declara que la guerra continuará indefinidamente. Los señores
estadunidenses de la guerra reconocen que no habrá un fin rápido.
Los regímenes de España y Gran Bretaña están
en terrible aislamiento doméstico. Algunos medios pro bélicos
se están yendo hacia la oposición: El País
en España, el Daily Mirror en Inglaterra, y por primera vez
hasta el New York Times ha publicado algunos artículos críticos.
Pero la guerra está demostrando el profundo crecimiento del autoritarismo
en regímenes que apoyan a Estados Unidos. Washington desprecia a
la vasta mayoría de ciudadanos que se opone a la guerra; Bush limita
sus reuniones públicas a las bases militares. Los aliados angloestadunidenses
se reúnen en una isla remota del Atlántico, temerosos del
rechazo público masivo. Las decisiones son tomadas por una camarilla
de gente de confianza: los parlamentos y la sociedad civil quedan excluidos.
El espacio civil está militarizado.
A medida que prosigue la resistencia
iraquí y el terreno de la campaña militar se empantana, que
la oposición doméstica crece y el panarabismo se vuelve realidad,
los extremistas sin control de la Casa Blanca miran hacia la Solución
Final -consultan con los expertos militares israelíes sobre
una "solución tipo Jenin"-: la destrucción masiva con bulldozers,
helicópteros artillados, bombardeo rasante de toda la población
civil de Bagdad. Pero la resistencia iraquí es más fuerte
y está mejor armada que los palestinos, y cuenta con el apoyo de
decenas de millones de manifestantes en Europa y Norteamérica: la
"calle árabe" empieza a movilizarse. ¿Qué vendrá
primero: la captura de Bagdad, el derrocamiento popular de regímenes
clientes, el colapso de la democracia occidental? ¿Vendrán
en consecuencia nuevas guerras o nuevos movimientos revolucionarios?
Lucharemos contra las primeras y
actuaremos para propiciar los segundos. Este 2003 es un año para
vivir en peligro: de crímenes contra la humanidad y de heroica resistencia;
es hora de no rehuir la lucha y de extender nuestra solidaridad hacia el
pueblo iraquí en éste, su momento de la verdad.
Traducción:
Jorge Anaya
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