| lavaca.org
Reportaje
a James Petras
"Kirchner
va a caer entre dos caballos"
El sociólogo norteamericano,
antes de partir de Buenos Aires y luego de visitar Neuquén y dar
varias conferencias en la Capital, formuló su pronóstico:
el nuevo presidente es un jinete incómodamente montado sobre las
demandas de la sociedad y las del poder, que ya empezó su campaña
de debilitamiento. La crisis, entonces, retornará rápidamente.
Así de contundente es este Petras que critica a todos, excepto a
Zanon.
En el segundo subsuelo de un hotel
ligeramente inconcebible, mientras se escucha estruendo de vajilla amontonándose
para ser lavada, el sociólogo norteamericano James Petras estruja
su gorra gris y pronuncia una profecía:
"La crisis argentina volverá
con mucha fuerza en seis o nueve meses. Es inexorable. Kirchner va a caer
entre dos caballos". El nuevo presidente sería un jinete incómodamente
montado sobre las demandas la sociedad y, a la vez, las demandas del poder
que realizará una campaña de debilitamiento. Para Petras,
esa campaña ya la inició el diario La Nación. Y la
cabalgata tiene plazo fijo.
Esa es una de las conclusiones que
sacó de su reciente visita a la Argentina, donde brindó varias
conferencias en las cuales anunció que visitaría la fábrica
de cerámicas recuperada Zanón, en Neuquén: "Voy
para aprender cómo ganar. Porque eso es lo que me interesa. No sufrir
y perder. Y sí luchar y ganar".
Una de las diferencias de Petras
con otras celebridades que visitan a la Argentina, además de sus
ideas y cabalgatas, es el hotel. Lo instalaron en uno de dos estrellas,
el Ayamitre, ubicado -como su nombre lo indica de modo inolvidable- en
Ayacucho y Mitre, Buenos Aires. Por ahí rondan turistas ostensiblemente
ahorrativos: afroamericanos de mirada desconfiada, vecinos paraguayos,
chilenos y bolivianos de compras, y centroamericanos inciertos bajo la
mirada de un conserje integrante de la tradicional colectividad española.
Sirven el desayuno en un segundo subsuelo de fórmica y neón
que sobrevivirá a cualquier bombardeo, donde colapsan todas las
señales radiales y todos los celulares.
Allí Petras con su viejo estilo,
provocador, un poco esquemático y siempre polémico, revisa
su visita que atravesó la primera vuelta electoral, la posterior
fuga y misterio protagonizada por el menemismo, y la situación de
la izquierda y los movimientos sociales.
-¿Por qué está
tan seguro de que la crisis volverá?
-Al principio habrá un repunte.
Lavagna no es tonto. No es tonto. No es Cavallo, no está totalmente
entregado. Va a tratar de lanzar una recuperación económica,
planes para favorecer la industria. Comercio, obras públicas, construcción.
No hay duda de que en algún sentido van a tener un pequeño
repunte, a partir de junio o julio, pero llegando a septiembre, será
el pacto con el FMI. Ese será el primer retroceso del gobierno.
Concesiones.
-Pero Kirchner ha dicho que está
demostrado que se puede vivir sin el Fondo. Y que no quiere presiones.
-(Con una chispa de ironía
en la mirada) Mire. La gente que celebra la salida de Menem está
equivocada. Menem no es persona. Menem es el nombre de la configuración
del poder institucional, económico y financiero, que va a hacer
un contraataque contra las exigencias mínimas de Kirchner.
-¿En qué consistirá
el contraataque?
-No van a pagar impuestos, van a
seguir evadiendo. Los bancos americanos y extranjeros aquí van a
ayudar para que siga la fuga de dinero. No van a aceptar ningún
dirigismo. Nada de dirigir inversiones de largo plazo, fomentar la producción
industrial. Entonces, el proyecto del gobierno depende de la colaboración
capitalista, financiera, sindicatos, Estado: ese es el concepto de que
con disciplina al capital y ajustes a los obreros va a poder lanzar obras
y proyectos. Pero primero, yo creo que los capitalistas no van a aceptar
ningún sacrificio. No están acostumbrados. Y creen que con
la salida de Menem del ballotage van a aumentar la imagen de un presidente
minoritario. Van a tacharlo como débil, y cosas peores. Es una campaña
que ya lanzó el diario La Nación.
Del otro lado, los obreros y los
empleados con su expectativas, no están en posición de someterse
a ningún ajuste más. Creo que Kirchner va a caer entre los
dos caballos, no será parte de un proyecto derechista, ni de uno
progresista.
-¿Y entonces?
-Entonces el peligro en esta situación
es que la izquierda no esté pensando el futuro, planificando un
proyecto político. Podría dar Kirchner un viraje a la derecha
profundizando la crisis y las tensiones sociales, o podría entrar
al escenario una combinación de López Murphy con la base
menemista para una política proto-fascista. Murphy es un fascista
disfrazado, particularmente después de la derrota que sufrió
como ministro. Ya no va a jugar con guantes blancos.
Es un escenario que con algunas
oportunidades para cambiar el sistema, por la debilidad del proyecto de
Kirchner, pero también hay peligros. La mayoría de los progresistas
están haciendo propuestas a Kirchner para que sea un keynesiano
reformista consecuente, pero creo que Kirchner no tiene conciencia de hacer
un viraje hacia un verdadero izquierdismo reformista, sino de conseguir
cambios instrumentales para fortalecer un proyecto de liberalismo con tintes
desarrollistas.
Creo que este proyecto tiene pocas
posibilidades en el mediano plazo. Un repunte de meses, no más.
-Que usted relaciona con las negociaciones
con el Fondo.
-En agosto o septiembre va a ser
el momento de la verdad. Veremos si Kirchner empieza a adaptarse a las
exigencias del gobierno norteamericano, que ya desde el primer día
reclama un ajuste, pagar la deuda. No le dieron ni un momento de respiro.
Ellos creen que, a mayor presión sobre el gobierno, mayor posibilidad
de que le den las espaldas a los que lo votaron o pensaron en votarlo.
Pero la situación más
crítica, política, va a ocurrir a partir de octubre o noviembre.
Eso es más o menos como veo la cosa. Queda un residuo de organizaciones
sociales poderosas. Zanón, los desocupados tienen una fuerza formidable,
hay menos asambleas populares, pero queda una conciencia crítica.
No creo que las facciones del partido injusticialista representen
a la gente. La gran mayoría de los que iban a votar tenían
otro programa. Ni Saa ni Kirchner, que no tenían nada que ver con
las necesidades ni las percepciones del pueblo. Eran el mal menor, para
parar a Menem.
Pero la derechización de
las opciones no significa la derechización de las conciencias.
-Usted dijo que iba a Zanón,
para aprender ¿Qué le pareció la visita?
-Fue muy positiva en todo sentido.
Entre todas las limitaciones que hay, entre el boicot del gobierno, la
falta de créditos y el esfuerzo por estrangular la actividad económica,
hay allí más 300 obreros trabajando con mucha disciplina
y con ventas y producción. Pagan salarios igualitarios de 800 pesos.
Además hay participación de obreros en las asambleas, sus
comisiones, su dirigentes. Todo está en orden.
Faltan otras cosas: más financiamiento,
extender sus redes de comercio, etcétera. Lo que más me impactó
es la unidad de los diferentes sectores sociales. Desocupados, ocupados,
sindicatos de ATE (Asociación de Trabajadores del Estado), CTA (Central
de Trabajadores Argentinos), y todos, profesionales, médicos, abogados,
los que no son de derecha apoyan este movimiento. La iglesia también.
Esta unidad es el mecanismo de supervivencia. Y es una buena lección
para toda la Argentina, porque quiere decir que se pueden unificar fuerzas
y a partir de esa unidad lograr el éxito de los proyectos sociales
y económicos.
-Un argumento es que ese tipo
de consenso es más fácil en el interior que en las grandes
ciudades.
-Eso es una parte de la explicación,
pero no toda, no es la simple geografía. Yo creo que hubo una política
astuta de Zanón que buscó unir fuerzas. No pensaban que eran
la vanguardia de todo. Trabajan junto con los desocupados, no hay esa división
de sindicatos por un lado, desocupados por el otro. Por ejemplo, cuando
golpean a los desocupados, los obreros se movilizan frente a las comisarías
para liberar a los encarcelados.
Todo eso me parece extremadamente
positivo, en contraste con algunas actividades y movimientos en Buenos
Aires donde cada grupo tiene sus piqueteros, sus fragmentos, y no están
a la altura de tener alianzas orgánicas.
-Usted decía que frente
a la crisis, muchos grupos se han preocupado más que nada por aumentar
su número de afiliados.
-Sí. Fíjese que con
Duhalde las desigualdades crecieron, las cifras de pobreza subieron, pero
uno tiene que ver que frente a este fenómeno los movimientos sociales
no estuvieron a la altura de canalizar un proyecto político sumando
fuerzas. A lo sumo, querían que su grupúsculo crezca un poco.
Otro problema: también existía
una ideología casi anarquista, que pensaba sólo en la horizontalidad,
que cualquier líder o programa eran autoritarios, que la perspectiva
política era una imposición inaceptable. Y terminaron por
desorientar a todos, porque se dedicaron a hablar, hablar, hablar, sin
tomar decisiones concretas para actuar particularmente en un proyecto político.
Así, la gente empezó a irse y cada uno trató de buscar
soluciones personales.
Y entonces aparecen los punteros,
con las bolsas de trabajo, para reconstruir redes vinculadas con el gobierno,
cooptando algunos líderes locales, y debilitando la unidad. Todos
estos factores son parte del retroceso.
-Es un laberinto. Los partidos
de izquierda -según usted mismo ha dicho- viven con un balde en
la cabeza: no ven y escuchan sólo sus propios gritos. Por otro lado,
frente a esos grupúsculos -uso sus palabras- que fragmentan todo
lo que tocan, muchos movimientos buscaron ganar autonomía. Pero
ahora usted dice que al hacer eso son anarquistas. No lo entiendo.
-Mire, yo creo que hay un fetichismo
del "que se vayan todos", la autonomía, la horizontalidad, han hecho
tanto o más daño que la izquierda a los movimientos sociales.
-¿"Que se vayan todos"
es fetichismo?
-Es fetichismo porque no entienden
que las asambleas necesitan un liderazgo, necesitan un programa, una visión
del poder, y cuando no, terminan cada cual haciendo pequeños emprendimientos
estilo "oenegés" (organizaciones no gubernamentales) montándose
en una situación de dependencia absoluta de las bolsas de trabajo,
y con sus propios caciques locales que dominan todo en nombre de la horizontalidad.
Yo creo que disolver las asambleas
no fue cosa sólo de los grupos de izquierda. Horizontalidad absoluta,
discusión de cualquier cosa ad infinitum, o solamente buscar soluciones
a los semáforos en las esquinas: yo creo que todo eso terminó
despolitizando a mucha gente, que se alejó de las asambleas que
no servían para resolver problemas. Y la otra cara de la moneda:
si los horizontalistas no tienen ninguna solución, mejor ir al puntero,
que trae una bolsa de comida, o encuentra un trabajo de tres meses. Son
dos lados de la misma cosa.
-Pero Petras: negar la horizontalidad
es negar el debate político a los que están afiliados a un
partido de izquierda.
-No, no. Acá se confunde.
Incluso este inglés expatriado (se refiere al irlandés John
Holloway, autor de Cambiar el mundo sin tomar el poder) que estuvo aquí
en ese grupúsculo de los situacionistas, hablando del "no poder"…
Eso no tiene ninguna influencia en ningún país del mundo,
mucho menos en Inglaterra. No conozco a nadie en el mundo que no quiera
el poder. Una mujer quiere poder para manejar la casa, busca formas para
negociar. Los indígenas cocaleros quieren el poder en Bolivia, los
Sin Tierra luchan por el poder. Y esto otro es la masturbación intelectual
de la pequeña izquierda intelectual de las universidades, con un
fantasma, una idea que no se ubica en la realidad. Pero le van dando vueltas-vueltas-vueltas,
hasta que empiezan a creer sus propias ideas sustituyéndolas por
la realidad.
Este inglés nunca supo nada
de América Latina, no conoce la validez de ningún nacionalismo,
y dice que hablar de imperialismo es "distraer a la gente de la lucha internacionalista".
¿Sabe qué es? Es un
típico británico imperialista, que nunca entiende nada. Parece
de izquierda radical, pero no entiende que la lucha social empezó
en la lucha contra el colonialismo y la dominación. Yo creo que
en este sentido debemos decir que aquí hay que construir las teorías
en función de la realidad de los países.
-Los que hablan de no tomar el
poder se fundamentan en algo tan local como el zapatismo mexicano, y el
subcomandante Marcos. ¿Usted qué opina?
-No, no, es una mala lectura. Los
zapatistas tenían el proyecto inicial de marchar a la ciudad de
México y conquistar el poder. Había una coordinadora de 30
organizaciones armadas en el resto del país, que continuaban debatiendo
el momento, las condiciones… y al final los zapatistas decidieron arrancar
el motor tomando la iniciativa. Lo que pasa es que los otros grupos no
los acompañaron. La marcha a México no funcionó.
Además, el programa original
era antiimperialista, contra el Nafta, y abiertamente declarado socialista:
poder, capital, socialismo. Cuando coparon dos ciudades el ejército
entró en combate y los zapatistas tuvieron que retroceder y quedarse
en un cerco. En ese espacio geográfico limitado, algunas comunidades
indígenas los apoyaron. Marcos convocó a dos conferencias
nacionales para ver si podía montar una organización política
para todo el país. Hubo participación muy entusiasta de hippies,
feministas, homosexuales, algún sindicalista. No tenía bases
sólidas para montar un frente nacional.
Entonces se queda con el frente
zapatista, un grupo de presión y de propaganda, pero nada más.
Frente al cerco y frene al fracaso de no haber podido montar una organización,
Marcos empieza a cambiar su discurso y a adaptarlo a la nueva realidad:
ahora dice que no van a conquistar el poder. Entonces hablamos de los "procesos
limitados", convirtiendo el defecto en virtud, y elaborando teorías
sobre las limitaciones. Los extranjeros teóricos pequeñoburgueses
extrapolaron todo de su contexto y montaron toda esta teoría del
no poder. Pero los zapatistas tienen armas para defender lo poco que les
queda. Es poder. El fusil es poder. Si no quieren el poder, ¿por
qué no desarmarse, o dejar que el ejército entre? No tiene
ninguna lógica.
-El hecho de decidirse por la
autonomía requiere poder.
-Sí, pero lo del zapatismo
es como el cuento de la zorra y las uvas. Como no las podía alcanzar,
decía que las uvas eran amargas.
-Pero Petras, la gente busca alternativas
a los partidos de izquierda, porque también han sido un fracaso.
Insistir en el error es una forma de locura.
-Ahí volvemos al comienzo.
Las prácticas de luchar por el poder a partir de la unidad de sindicatos,
obreros, desocupados, sectores progresistas, existe en Neuquén.
Si utilizamos eso como modelo de cómo hacer política, combinando
lo micro con lo macro, lo social con lo político, las asambleas
con liderazgos de representación, creo que tenemos la base realista
de cómo se debe construir. Ni el sectarismo de la pequeña
izquierda, ni el infantilismo de no querer el poder. Es una construcción
desde abajo, pero con un conocimiento de a dónde quieren ir.
-Ahí está el problema.
Todo lo ocurrido en los últimos tiempos, piquetes, asambleas, fábricas
recuperadas, movimientos: nada de eso surgió de los partidos que
sólo van atrás a alimentarse de eso.
-Estas actividades fueron muy positivas
porque movilizaron y politizaron a mucha gente y pusieron presión
sobre el sistema de dominación tanto partidario como gubernamental
y sobre la burocracia sindical. Es positivo, pero no avanzaron más
allá, hacia un proyecto político apuntando al poder. Era
más un grupo de negación. Y de afirmación sectorial.
Pero fracasó, y hay que aprender la lección. Creo que ahora
hay que presionar al ATE, a los docentes, forzar a que rompan con los partidos
dominantes. Hay que presionar para que se convoque a una formación
política unitaria aunque sea reformista, para el bienestar social
y mejorar los ingresos y bajar la desigualdad.
-Lo que usted dice me suena a
lo que convocó Víctor De Gennaro, de la CTA.
-Pero fue muy confuso y poco consecuente.
Él siempre llama a formar un movimiento, para utilizarlo como un
mecanismo para negociar con los partidos. Pero no pasa nada: es como un
matrimonio que nunca se consuma. No está a la altura de crear algo.
Aquí, el paso próximo
es unir a las fuerzas sociales nuevas y dinámicas con estructuras
de clase obrera, trabajadores, clase media, media baja, empobrecidos, en
un proyecto político que puede ser izquierdismo o reformismo consecuente,
dentro del cual la izquierda pueda dialogar y sostener su visión.
-Usted supone que los movimientos
sociales deberían poder institucionalizarse ¿En un partido
político? ¿O cómo?
-Creo que deben coordinar los roles
dinámicos, trabajo de base, con la estructuración con un
partido que tenga alguna continuidad y que busque una relación con
el poder, con el parlamento, las municipalidades. Hacer una combinación,
como Evo Morales en Bolivia, que lucha cortando caminos, con grandes confrontaciones
casi insurreccionales, mientras en el parlamento está criticando
y denunciando. Con un movimiento que reúne a los cocaleros, los
obreros, los jubilados, con una visión del socialismo, pero con
un gran líder que está metido en todas partes, está
en el parlamento y está en la calle. Está en la asamblea
y dando conferencias de prensa. Y tienen asambleas, pero asambleas con
delegados y dirección, no una asamblea anarco.
-Pero en la Argentina esas delegaciones
y representaciones fueron una estafa o una traición demasiadas veces.
No es que la gente las cuestiona porque se volvió anarquista de
golpe, o porque amaneció con esa ocurrencia.
-Es cierto. Hay peligros en la cooptación.
Pero mucho depende en los mecanismos que tengan las asambleas para descalificar
y reemplazar a los delegados.
-Usted dice que las asambleas
y movimientos deberían hacer un frente en el que la izquierda cumpla
cierto rol. Lo que le van a contestar es que la izquierda tradicional,
apenas existe una posibilidad de ese tipo, tiende a controlarla, y termina
por romperla.
-Ahora en Zanón hay miembros
de partidos de izquierda. Pero son minoría, y la hegemonía
la tienen obreros, sindicalistas, que no son miembros de partidos. Y la
regla de juego es que se acatan las decisiones de las asambleas, y del
sindicato. Está descalificado alguien que empieza a empujar en contra.
Los obreros que están en grupos o partidos sienten la presión
de los compañeros para acatar las decisiones de las asambleas. Yo
creo que si se portan sectariamente serán descalificados y despreciados.
Lo principal es la identidad con la fábrica y con la lucha. Para
mí, es un buen ejemplo de cómo se puede funcionar.
-Empezó hablando de una
crisis futura en la Argentina ¿Cree que hay opción de evitarla?
-No, dadas las configuraciones de
poder y los compromisos que se están elaborando, yo creo que la
economía va a tener un pequeño repunte, pocos meses, y luego
una tendencia hacia abajo. Segundo, yo creo que el gobierno se va a desgastar.
Tercero, van a surgir otras movilizaciones populares. Pero también
la derecha -en particular López Murphy, los Estados Unidos y el
FMI- va a tratar de crear un reemplazo del gobierno. Y todo se va a polarizar
entre la extrema derecha y la izquierda social y política.
Según Petras, que huyó
del subsuelo calzándose su gorra gris de los años '50 cuando
comprendió que la charla se había hecho más larga
de lo previsto, parece haber una oportunidad para la sociedad, siempre
que los que quieran honestamente cambiar las cosas piensen en el poder,
y liberen su ajuar político del abuso de baldes en la cabeza. |