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- 23 de Marzo de 2004
Petras en
la Argentina
“Kirchner
es la nueva derecha”
El sociólogo norteamericano
James Petras volvió a la Argentina donde considera que la pobreza,
el desempleo, la concentración de la riqueza, y la obediencia al
FMI siguen intactos, mientras el gobierno cosecha consenso a bajo costo
en el área de derechos humanos. Cree que muchos piqueteros son los
nuevos punteros oficialistas, y que Kirchner es la nueva cara de la derecha
neoliberal, cosa que se confirmará –augura- en el 2005.
James Petras anda con la agenda abultada,
la espalda encorvada y la mirada con una especie de astuta inocencia para
hablar de temas nada inocentes. “Me tienen que llamar de un programa de
radio” dice, proponiendo cuál será el límite de la
charla. Cuenta que ha estado dictando conferencias y recogiendo materiales
para un proyecto de libro sobre Brasil, Argentina, Bolivia y Ecuador: “Sobre
los alcances y los límites de los movimientos sociales en esos países,
un estudio crítico pero en función de estudios de casos.
Los problemas de capacidad y los de poder político”. Y también
estuvo acumulando información sobre la política del actual
presidente argentino. Dice:
-Kirchner representa la nueva estrategia
de la derecha neoliberal. Creo que forma parte de esa nueva derecha.
-Hace un año usted anunciaba
que el gobierno iba a “caer
entre dos caballos”: las demandas sociales, y las de los grupos de
poder. Que sería un gobierno débil que sufriría una
crisis brutal en septiembre del 2003 al pagar deuda externa. Eso no ocurrió.
-Sí, y se fortaleció.
Yo creo que Kirchner es muy astuto. hizo una política inteligente,
de equilibrista, al satistacer al Fondo Monetario y también neutralizar
a los piqueteros en parte, y capturar a la clase media. El mal cálculo
que hice fue el de precios internacionales de las principales exportaciones
de la Argentina, que tuvieron un gran aumento que facilitaron mayores ingresos
para el gobierno. Y el otro evento no anticipado fue que Kirchner descubrió
un área de bajo costo político y económico pero que
cosechaba muchísimos apoyos: anular las leyes de punto final, y
empezar el proceso judicial contra los militares, y hacer alguna purga
de militares, policías y jueces corruptos, y de gente del anterior
régimen Menem-De la Rúa. Estos cambios son muy populares,
no implican ningún costo para el gobierno, y le permiten ganar importante
apoyo de los organismos de derechos humanos.
Mientras tanto, no han solucionado
en ninguna parte el problema de la pobreza, que queda igual, pero con los
movimientos sociales divididos, fragmentados, y con pocas palancas para
actuar. Lo segundo es la utilización de los planes laborales para
construir una red de nuevos punteros, entre los ex insurgentes en la lucha
popular. Hay varios mecanismos que han usado Kirchner para ganar apoyo.
Frente a lo que existía antes, parece un salvador para mucha gente.
En ese sentido han ganado mucho
con poco. Poco, porque se sigue pagando la deuda, va a pagar a los deudores
privados y va a seguir también apoyando a los agro exportadores.
En eso es una continuación de la política de statu quo, con
algunas modificaciones en el tema de derechos humanos y todavía
no ha mejorado en gran escala a muchos sectores de clase media que igual
prestan apoyo casi incondicional a su gobierno.
El año decisivo para Kirchner
va a ser el 2005, particularmente si los precios y la relación de
precios en el mercado mundial empiezan a caer. Fíjate: no tocó
nada de las empresas privatizadas, principalmente Repsol, ex YPF, donde
ahora con el precio de 36 dólares por barril se podría dejar
de pagar la deuda y financiar una verdadera reactivación con empleos
bien pagados.
-Su definición es: gobierno
simbólicamente progresista, pero de derecha en la práctica.
-Sí, yo creo que falla el
proyecto de estimular a la llamada burguesía nacional argentina,
que tiene 150.000 millones de dólares depositados en el exterior.
Es muy dudoso que vayan a traer este dinero e invertirlo en el país.
Al fallar este proyecto de reactivar a la burguesía nacional, la
única opción para un presidente que se proclama capitalista,
es buscar capital extranjero.
Entonces, si va por este lado, tiene
que crear las condiciones favorables. Frente a las debilidades con que
llegó al poder, elegido por una minoría, frente a levantamientos,
presiones, marchas, cortes de caminos, cuestionamientos, él necesitaba
consolidar su mandato. Esa es la primera fase.
Y la segunda fase, que va a coincidir
con el fracaso de su proyecto hacia la burguesía nacional, va a
mostrar la verdadera cara de Kirchner. Podría empezar a fines del
2004 pero seguro se va a ver en el año 2005.
-El gobierno dice que es lo
opuesto al neoliberalismo.
-Todos dicen eso, hasta que se dan
vuelta. Algunos más rápido, otros menos. El ecuatoriano Lucio
Gutiérrez tardó una semana en lanzar su proyecto fondomonetarista.
Creo que en algunos sentidos, la política fiscal de Kirchner es
bastante conservadora. No hay déficit, tiene excedentes en el comercio,
paga la deuda, y la gente olvida algunas cosas como la dependencia que
tiene de la agro exportación y el petróleo. En lo demás,
es una pura continuación de lo de siempre.
-Pero Petras, esas medidas
de bajo costo a la vez son muy fuertes ¿no muestran la voluntad
de hacer una política diferente?
-Kirchner quiere proyectar la imagen
de un político heterodoxo, pero nunca niega que está a favor
de acuerdos con el capital extranjero, nunca menciona la re-nacionalización
de sectores estratégicos, nunca ha cuestionado su filiación
y cumplimiento con el FMI: ha hecho todo lo que el Fondo pide. Entonces:
¿cuál es la innovación?
Existen estas áreas políticas
más que económicas, pero si uno analiza la distribución
de ingresos, sigue igual. Si analiza la concentración de riqueza,
sigue igual. Si analiza la Bolsa de Comercio, se duplicó en un año
bajo Kirchner. ¿Dónde está la gran diferencia? Yo
no la encuentro. Es menos represivo, eso es cierto. Han actuado contra
las instituciones corruptas en manos de Menem, cosa que aprovechó
para armar una administración compatible con él.
En definitiva la esencia de su proyecto
se basa en la burguesía nacional. Pero no existe esa burguesía
nacional, no existe una rotación empresarial que busque invertir,
que busque promover investigaciones, o estudios de nuevas tecnologías,
no existe una voluntad privada. Puede decirse que bajo esos parámetros
y con esos límites, el gobierno ha hecho algunas cosas interesantes,
pero no suficientes como para dejar de tener una visión de oposición
crítica. Hay que buscar formas de reivindicar a la gente pobre.
Claro que hay algunos que también tienen expectativas con este gobierno.
Pero de fondo. mis entrevistas con gente de base, piqueteros, pobres, es
que nada cambió.
-¿Cómo encontró
a los movimientos?
-Los movimientos son controlados
con los planes laborales y la cooptación de líderes: han
convertido a algunos líderes en los nuevos punteros. Han ganado
gran simpatía en la clase media que ahora está totalmente
separada de los piqueteros. Esa famosa alianza de los piqueteros con las
asambleas barriales… las asambleas barriales casi no existen. Y mucho menos
hay una alianza.
Si tú vas a las marchas por
ejemplo, no hay ninguna persona de clase media. Ni estudiantes. He visto
dos marchas y casi todos son proletarios desocupados con sus familias.
No veo altos, flacos y blancos en las marchas.
Entonces han conseguido aislar y
desorientar a los movimientos, por lo menos en un importante porcentaje.
Quedan grupos piqueteros organizados, orgánicos, pero más
o menos aislados. Está el Polo Obrero, hay otros grupos, pero están
en una lucha defensiva y limitada. Entonces no representan una amenaza
para nadie.
-Esos grupos a la vez no tienen
mucho apoyo. Usted mismo lo ha explicado, al hablar de la izquierda que
usa baldes en la cabeza.
-Sí, sobreestimaron la radicalización
del movimiento, y ahora están en un dilema. Cambió el ambiente
en el país, y ellos no han reconocido la nueva situación,
la nueva política para adaptarse. Están buscando confrontaciones,
pero cuando haces confrontaciones, no puedes hacerlo solo. Estoy de acuerdo
con los que llaman los “duros”, en que este no es un gobierno popular.
Estoy de acuerdo en que deben exigir planes de trabajo. Pero deben también
extender la visión hacia los obreros mal pagados, hacia todos los
problemas que van más allá de los planes de trabajo: educación,
salud. Y tener un programa político, para unirse de alguna forma
frente a esta ofensiva, o se van a caer uno detrás del otro. Si
los movimientos piqueteros que tienen base popular, como la CCC, el Polo
Obrero y otros, no se unifican, si quedan como están, poco a poco
los van a eliminar o reducir a los bunkers.
-¿Percibe ese proceso?
-El gobierno sabe que si reprime
a estos movimientos. puede provocar el apoyo a los reprimidos. Entonces
los medios hacen el trabajo, demonizando la protesta: Clarín, La
Nación, etc. Así se está generando un ambiente para
que cuando Kirchner haga el viraje hacia la política neoliberal
tradicional, tenga ya el clima más propicio para la represión.
Mientras tanto, la tolerancia consigue consenso de la clase media y sectores
de derechos humanos. No necesita reprimir cuando tiene suficiente fuerza
política.
-Parecería otra astucia
de Kirchner: al no reprimir a esos piqueteros, no los unifica, y se van
fragmentando solos.
-Sí, se fragmentan. Y además
no han elaborado un programa para esta nueva coyuntura más allá
de las marchas y cortes de caminos que siguen teniendo vigencia en algunas
situaciones, porque la miseria está todavía presente en todas
partes, y en gran escala: el 50 por ciento.
Kirchner ha consolidado una Argentina
dividida en dos países. Por un lado la clase media acomodada y las
expectativas de la clase media baja, y el otro mundo: el de los pobres.
Incluso ha ganado alguna simpatía entre sectores de los pobres,
a partir de D’Elía y otros.
-Además hay una tradición
del peronismo.
-Sí, pero yo creo que es
importante analizar a los no peronistas que están metidos con Kirchner.
Si es cierto que los punteros están jugando un papel como viejos
peronistas, lo más interesante es la cooptación de ex piqueteros
o piqueteros acomodados, que se han transformado en los nuevos punteros.
Creo que eso es un factor nuevo
del señor Kirchner, que ha montado una máquina heterodoxa
que incluye piqueteros, punteros y el aparato del Estado.
-¿De dónde toman
a los nuevos punteros?
-De todos lados. Sobre todo con
los que ofrecen políticas localistas. Si vas a hacer política
local ¿por qué no ir con el gobierno y recibir financiamiento
para los emprendimientos? Ahí hay un fracaso.
-¿No hay también
un fracaso en los llamados duros? Las marchas sin blancos altos, como usted
dice, y con gente que marcha para poder seguir cobrando sus planes sociales.
-Bueno, pero eso no es un fracaso.
Siguen teniendo una fuerza y potencialidad. No han desaparecido. En el
aniversario del 19 y 20 aparecieron más de 50.000 piqueteros. El
problema es que fueron rotativos.
-Fue un acto triste.
-Pero si juntas todas las fuerzas,
es algo significativo en una sociedad desmovilizada. Entonces hay que reconocer
eso, siguen teniendo una presencia reducida, fragmentada, pero siguen siendo
una referencia a pesar de que ha caído el poder de convocatoria.
Y también existe algo en Zanón y otras fábricas recuperadas,
un liderazgo combativo y clasista que sigue en pie de lucha.
-Pero en Zanón mismo
plantean que ya no se puede seguir con el viejo esquema de sólo
marchar y disputar poder internamente. En ese acto que usted dice a los
obreros de Zanón no los dejaron hablar, en medio de las clásicas
pujas por digitar las listas de oradores.
-Es que hay que hacer una elaboración
de un programa de lucha amplio, y hacer una política, no simples
protestas y actos. En eso estoy totalmente de acuerdo con Zanón
porque no digo que las marchas estén agotadas por siempre, pero
en esta coyuntura, empíricamente, no consiguen cosas y empiezan
a perder relevancia.
-¿Cómo percibe
entonces que de aquí en más seguirán las cosas? Usted
dice: “hay que hacer una política”. ¿Cómo se hace?
-Es que son formidables los obstáculos
de las divisiones internas, no sólo entre las organizaciones sino
dentro de ellas. No es fácil. Yo puedo plantear un programa de recuperación
del petróleo, no pagar la deuda, toda una lista. Pero eso implica
una lucha política con el gobierno vinculando las reivindicaciones
actuales de educación, salud, empleo, con la macroeconomía.
Las dos cosas. Hay que seguir reivindicando exigencias puntuales como conseguir
empleo, pero poniéndolo en un marco que explique porqué hay
problemas. Se deben vincular las cosas con la macropolítica. Y a
partir de eso, por lo menos convocar a una asamblea de todos los grupos
para ver si se pueden juntar en un programa único. Yo tengo algunas
dudas por el izquierdismo infantil que existe en los grupos. Entonces,
si no hay un levantamiento que podría forzar la unidad, yo creo
que la posibilidad de unificar fuerzas políticas aquí es
muy dudoso.
-Ya hubo uno, el 19 y 20, que
ni fue generado por los partidos de izquierda, ni sirvió para que
se unifiquen. Parecería que la realidad política pasa por
otro lado.
-Bueno, ahora me tienen que llamar
del programa de radio.
La agenda manda. La conversación
interrumpida tal vez continúe en cada cabeza y en cada conversación
en estos tiempos que –como todos los tiempos- suelen resultar tan indiferentes
a los pronósticos. |