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de Argentina - 9 de April de 2004
James Petras, sociologo norteamericano
“Kirchner,
un conservador
moderado y equilibrista”
José
Natanson
Luego de
publicar El nuevo orden criminal (Libros del Zorzal), una crítica
feroz a la política exterior norteamericana, el sociólogo
James Petras se encuentra de visita en la Argentina para presentar su nuevo
libro, Las privatizaciones y la desnacionalización de América
latina (Prometeo), un compilado de artículos que realizó
junto a Henry Veltmayer. Polémico y habitualmente enfrentado con
buena parte de la izquierda tanto de su país como latinoamericana,
Petras analiza las posibles consecuencias de un triunfo de John F. Kerry
en las elecciones norteamericanas de noviembre. “Como viene del medio oeste,
quizá tenga menos vínculos con los sectores agrícolas
proteccionistas”, sostiene Petras, que también dialogó con
este diario sobre el gobierno de Néstor Kirchner, al que define
como un “conservador moderado”, y la posibilidad de buscar caminos alternativos.
–¿El triunfo de Kirchner
es un avance o un retroceso?
–Las dos cosas. Se ha avanzado en
relación con los derechos humanos, se ha abierto un paso hacia el
castigo. Al mismo tiempo se ha limpiado a sectores corruptos del Poder
Judicial. Sin embargo, no se han tocado los problemas de pobreza y del
trabajo mal pagado. Aumentó la subcontratación y el trabajo
precario. Desde el ángulo social hay dos fenómenos importantes.
La deuda social profunda, que sigue presente, y el hecho de que se han
neutralizado y cooptado sectores de los movimientos sociales. Se ha debilitado
su capacidad de movilizar y enfrentar. Por eso digo que es positivo en
el sistema capitalista, un esfuerzo para establecer una estabilidad e imponer
una disciplina en la política económica. Y es negativo para
la articulación de las demandas populares.
–¿Kirchner es un emergente
de la crisis social del 2001?
–Como producto de los movimientos
sociales y la insurrección del 20 de diciembre tenía que
venir un equilibrista. Que hiciera compensaciones sociales, junto con las
medidas destinadas a garantizar el pago de la deuda externa al Fondo y
dar grandes estímulos a los agroexportadores. Esta política
de equilibrista ha creado una nueva correlación de fuerzas. Mientras
se fortalece el sector capitalista, principalmente los agroexportadores,
pero también la industria manufacturera, del otro lado se debilitaron
las presiones de abajo.
–¿Cómo definiría
a Kirchner?
–Como un conservador moderado. Se
lo considera de centroizquierda porque en relación con los presidentes
anteriores, como Menem y De la Rúa, parece un iluminado. Si la referencia
son los conservadores extremistas parece progresista. Pero la estructura
económica, la distribución del ingreso, la pobreza, esas
cosas se mantienen. Con la línea actual, con este corto plazo cíclico,
que se beneficia de los altos precios de la exportación y absorbe
capacidad ociosa, no se puede modificar esta línea. Eso se va agotar
pronto. Si bajan los precios de las exportaciones y se absorbe la capacidad
ociosa, este modelo va a entrar en crisis.
–¿Es posible modificar todo
esto en un año de gobierno?
–Sí, pero implica que el
gobierno no funcione en relación con la estructura del poder económico.
Cuando se fortalece el capital y se neutralizan las movilizaciones de abajo,
se fragmenta, divide y coopta al movimiento social, obviamente la fuerza
principal es cada vez más hacia las instituciones del poder económico.
–¿Cómo sería
entonces un gobierno progresista?
–Debería hacer una política
de salario, aumentar la capacidad de consumo para mejorar el mercado interno.
En segundo lugar, debería recuperar sectores estratégicos,
como Repsol. Cuando saluda a Zapatero como gran amigo implica la continuación
de la terrible transferencia de riquezas a Repsol. El dinero que se puede
capturar del petróleo compensa lo que se consigue en mercados financieros
con el pacto con el Fondo. Es obvia la necesidad de recuperar un sector
estratégico, privatizado y extranjerizado en actos ilegales que
limitan la capacidad de crecer. En tercer lugar, orientar las divisas a
la economía productiva. Imponer un régimen de cambio diferenciado
para capturar las ganancias extraordinarias del petróleo, por ejemplo.
Una cosa que ayuda a Kirchner son los altos precios de las exportaciones:
soja, petróleo, granos. Hay super ganancias que se podrían
reinvertir en sectores no agrarios. Recrear una economía mixta,
un plan de bienestar social, de transferencia a los sectores industriales.
Eso se llama una política de centroizquierda.
–Lo que usted plantea parece más
un cambio radical de esquema económico. Reestatizar el petróleo,
como propone, implicaría prácticamente cortar relaciones
con España.
–Y qué importa, si se ganan
2 mil millones. Es preferible invertir 2 mil millones para el 50 por ciento
de los argentinos sin empleo, antes que el abrazo de Zapatero.
–¿Qué importancia
le asigna al acuerdo entre Lula y Kirchner para coordinar políticas
con los organismos internacionales?
–Hay que ver realmente las consecuencias,
porque en ambos países los sectores dinámicos de la economía
aumentaron sus exportaciones a China, Europa y Estados Unidos. La complementación
económica no muestra grandes señales de dinamismo, más
allá del discurso sobre el Mercosur. Si analizamos los sectores
dinámicos están afuera de América latina. Por otro
lado, la política económica de Lula se encuentra en el máximo
punto de subordinación al FMI, con un gran papel del capital especulativo,
que duplicó sus ganancias. La Argentina y Brasil miran a los mercados
financieros y entonces es difícil integrarse. No se puede pensar
en economías productivas integradas si se está a la espera
de lo que va a pasar en el mercado de capital extranjero. Todo lo demás
es folklórico.
–Ese puede ser el caso de Brasil,
pero la Argentina no sale al mercado de capitales, no contrae nuevos créditos
y no comenzó a pagar su deuda con los acreedores privados. Parece
menos pendiente del humor de los mercados.
–Pero hay una anticipo. ¿Por
qué se ajusta a pagar puntualmente al FMI? Porque está en
la mira de ser aceptada en los mercados externos. En menor grado que Brasil,
pero está en esa perspectiva.
–¿Hay algún país
de América latina que usted considere que está siguiendo
un camino diferente?
–Sí, hay dos. Cuba, con una
economía mixta y un programa de bienestar social avanzado, y empezando
en este camino Venezuela.
–Pero Venezuela paga su deuda, negocia
con los organismos internacionales y vende su petróleo a Estados
Unidos.
–Es cierto, sigue dando concesiones
al capital extranjero en función del default de inversiones. No
es una economía mixta sino de bienestar.
–¿En qué se basa su
visión?
–En que aumentó el gasto
en educación, salud, reforma agraria, obras públicas. Pero
falta un gran cambio: la nacionalización de la empresa de petróleo
estatal. Los gerentes que la manejan están muy vinculados con capitales
extranjeros, tanto en la decisión sobre el uso del excedente como
en los subcontratos. Reemplazándolos con nuevos técnicos
se podría ahorrar y desplazar el excedente a proyectos internos.
Es el gran paso de Chávez forzado por la derecha, porque no estaba
en su agenda. Ese es el camino y no el abrazo con Zapatero. En la Argentina
hay mucha expectativa en que la primera fase se profundice hacia lo social,
que mejoren los salarios, que los planes sociales se conviertan en empleo
verdadero. Pero si Kirchner aprovecha que no hay movilizaciones en la calle
y profundiza la política liberal se va a generar un minidesgaste
del gobierno. Pasan los meses y ese gran crecimiento no genera más
empleo.
–¿Qué impacto podría
tener en la Argentina un triunfo demócrata en Estados Unidos?
–Hay que hablar en hechos. Yo odio
a Bush, pero no soy irracional abrazando una alternativa sin considerar
lo que es Kerry.
–¿Y qué es Kerry?
–El libre comercio. Está
vinculado con los sectores bancarios más importantes. Es un gran
defensor del ALCA. De todos modos es posible que, como viene del medio
oeste, tenga menos vínculos con los sectores agrícolas proteccionistas.
Puede entrar en negociaciones con la Argentina y Brasil. Eso es lo máximo:
defender el libre comercio de manera consecuente. No parcialmente, como
Bush. La acusación de Lula es que Bush tiene un doble discurso.
Defiende el libre comercio en lo que está fuerte y el proteccionismo
en lo que está débil. En eso Kerry no está de acuerdo.
Dice que el libre comercio es el mejor sistema para generar prosperidad,
pero hay que permitir que la soja, los cítricos, entren a Estados
Unidos. Si Kerry acepta eso, se van a mejorar las relaciones en base a
un libre comercio legítimo. Sería un beneficio para los sectores
agroexportadores de la Argentina y Brasil, que de todos modos utilizan
poca mano de obra.
–¿Y en cuanto a la política
de seguridad?
–Kerry ha apoyado a Bush en Afganistán,
en Irak, apoyó la ley represiva. Incluso criticó a Bush porque
no hay suficientes soldados en Irak para defender a las tropas y exigió
40 mil soldados más. En la campaña modificó algo su
discurso, con críticas al manejo de la guerra. Pero la propuesta
original era decir que ha fracasado la política porque las tropas
eran insuficientes. En cuanto a Medio Oriente, Kerry se declaró
incondicional con Israel, Sharon y la política israelí, declarándose
un ciudadano de Israel. No hay posibilidad de un arreglo del problema palestino
cuando se es incondicional de una de las partes. |