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FILO, El mundo
de los trabajadores - Año 1 Núm. 02, mayo 2004.
El neoimperialismo
James
Petras
El “Imperialismo”
ha estado con nosotros durante mucho tiempo en sus varias expresiones y
configuraciones. En épocas recientes, por lo menos desde la segunda
Guerra Mundial, el imperialismo se ha asociado con el anhelo estadounidense
de minar el anterior sistema colonial europeo y sustituirlo por un nuevo
grupo de regímenes que son ‘formalmente independientes’, pero de
hecho son estados-clientes de Washington. Este sistema imperial se ha descrito
como “neo-colonialismo” puesto que los líderes locales son vistos
como administradores del Estado al servicio de las multinacionales y bancos
estadounidenses. El “imperio informal” de los EEUU fue construido y sostenido
por tres pilares interrelacionados: 1) guerras e intervención militar,
2) operaciones encubiertas de espionaje 3) fuerzas de mercado, remiendos
financieros de las instituciones financieras multilaterales (FMI, BM) y
las agencias económicas del Estado imperial (Tesoro, Comercio, EXIM
bank, etc).
Las fuerzas impulsoras
de la construcción del imperio estadounidense desde 1950 a 1973,
fueron su complejo industrial militar y los militares. Desde principios
de los años 70 a comienzos de los 80, la expansión imperial
fue estimulada en gran parte por el crecimiento de su capacidad tecnológica
militar, los bancos, las fuerzas militares subrogadas en Nicaragua, Afganistán,
Angola, Guinea Bissau, Mozambique y los regímenes militares de toda
Latinoamérica. De modo más destacado, los colaboradores políticos
importantes en la URSS y Europa del Este, promovidos y financiados por
agencias estatales y privadas, convirtieron las anteriores economías
colectivistas en estados vasallos de los EEUU, integrados y subordinados
a la OTAN y dirigidos por regímenes depredadores íntimamente
ligados a los sindicatos internacionales del crimen aliados con el imperio
estadounidense.
El derrumbe de
los regímenes colectivistas de Europa del Este y Asia Central y
su subsiguiente conquista por medio de depredadores colaboracionistas dio
un gran impulso al anhelo estadounidense, ensanchando su objetivo hasta
'la conquista mundial' - prevista por el “Nuevo Orden Mundial” de Bush
padre después de la guerra del Golfo y la colonización del
espacio aéreo Iraquí y la división de su territorio.
El Imperialismo
recibió el mayor ímpetu con las guerras balcánicas
de Clinton, su arriesgada política nuclear con Corea del Norte,
y la propagación mundial de la doctrina neoliberal. La Rusia de
Yeltsin se convirtió en una casi dependencia de los EE UU y un arco
de socios clientes desde el Mar Báltico (Lituania, Letonia, Estonia)
pasando por Europa Central (República Checa, Polonia, Hungría)
a los Balcanes (Macedonia, Montenegro, Kosovo, Albania) a Asia Central
(Georgia), definió las nuevas fronteras del Imperio de Clinton.
Tomó forma
un "Neoimperia-lismo" construido alrededor de bases militares made in USA,
especuladores financieros de Wall Street, clientes capitalistas depredadores
en los "los países anfitriones" y colaboradores neoliberales en
Latinoamérica, África y Asia.
El final de la
guerra fría fue el principio de una nueva y virulenta estirpe del
imperialismo construido alrededor de un sentido de impunidad, una configuración
de poder unipolar en la cual Washington se vio a sí mismo como el
centro del universo. La política pública del “Nuevo Imperio"
manejado por medio de directrices económicas dadas a los estados-cliente,
chantaje político y amenazas económicas a los “aliados” Europeos
y Asiáticos, así como acciones militares y actividades encubiertas
contra 'estados débiles’.
El “Neoimperialismo"
adoptó una forma y sustancia diferentes con la llegada de George
W. Bush al gobierno y la muerte de la burbuja especulativa de Wall Street.
Las fuerzas motrices que apoyan la presidencia imperial cambiaron de los
banqueros inversionistas de Wall Street al complejo de energía-petróleo
y militar-industrial. Los conservadores partidarios de la economía
de libre de mercado de la era imperial de Clinton fueron sustituidos por
un gabinete dominado por ideólogos militaristas de ultraderecha.
La construcción imperial por medio de los ‘integrantes económicos’
del Estado imperial fue sustituida por los ideólogos de la guerra
permanente, conquistas militares y promotores-colonialistas (eufemís-ticamente
“construcción imperial”).
El “Neoimperialista"
se convirtió conscientemente en "imperialista" – algunos de los
portavoces y publicistas abrazaron abiertamente la denominación
y poder imperial, aún cuando siguen atribuyéndole una misión
"humanitaria".
El Neoimperialismo
en su variante militarista que mira hacia las estrategias de guerra, la
logística militar y la creación de enormes ejércitos
y aparatos de seguridad con cuantioso incremento de los gastos en este
sector.
Los costos económicos
y el deterioro de la situación económica son despachados
sin mutismo: la recesión económica doméstica y la
Euro-Japonesa son ignoradas. Guerra y terrorismo son todo lo que importa.
Se planeó una secuencia de guerras imperiales: Afganistán,
Irak, y otros objetivos señalados - el eje del mal ‘señalado
por el imperio’, integrado en gran parte por estados independientes de
los EEUU.
La relativa autonomía
del componente militar del Estado imperial en relación con la clase
capitalista, particularmente sus sectores industrial y financiero, tiene
un impacto importante sobre la mano de obra dentro de los EE UU y en todas
partes.
El régimen
de Bush está vinculado principalmente a los sectores energía-petróleo
y militar-industrial de la economía pero se asegura el apoyo de
la mayor parte del resto de la clase capitalista por medio de fianzas judiciales,
subvenciones, reducciones de impuestos masivas e intervención por
cuenta de la patronal en conflictos laborales.
El bloque cohesivo
de capitalistas que gira en torno a la agenda del régimen militarista-imperialista
de Bush, está reforzado por el apoyo de grandes empresas a la política
neoliberal promovida en el exterior. Esta política proporciona el
acceso irrestricto a los mercados, compras de lucrativas minas privatizadas,
industrias y bancos y legislación laboral favorable que disminuye
los costos e incrementa los beneficios. Sin embargo, igual que los
negocios alemanes prosperaron en las etapas iniciales de la expansión
imperial Nazi sólo para caer completamente por causa de sus sobredimensionadas
operaciones militares y declinante base económica, también
el imperialismo estadounidense ha acumulado desequilibrios comerciales,
acrecentando los déficits presupuestarios y estancado su base industrial
doméstica hiperdependiente del proteccionismo, subvenciones y cuotas
sobre importaciones. El Imperio crece, pero la República declina
y con ella las condiciones sociales de los trabajadores.
*Especial para Al Filo proporcionado
por el autor. Traducido por Ricardo Martínez.
**James Petras es profesor de la
Universidad de Binghamton, Nueva York y especialista en temas geopolíticos
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