| La
Jornada de México - 21 de Agosto de 2004
La base
económica del poder imperial
James
Petras
Una de las
unidades clave mediante las cuales se ejerce el poder económico
internacional son las corporaciones multinacionales de los estados competidores.
Para determinar las 500 mayores trasnacionales confiamos en los criterios
y cálculos del Financial Times ("Special Report FT Global
500", 27/5/04). Las compañías se clasifican según
el valor de mercado de sus acciones, que se determina multiplicando el
valor de la acción por el número de acciones emitidas. Se
excluyen compañías con gran participación estatal
o familiar. El cálculo se hizo el 25 de marzo de 2004.
Poder económico dominante:
las 500 mayores trasnacionales
Estados Unidos sigue siendo la potencia
dominante en términos del mayor número y porcentaje de trasnacionales
entre las 500 mayores, con 227 (45 por ciento), seguido por Europa occidental
con 141 (28 por ciento) y Asia con 92 (18 por ciento). Tres bloques regionales
de poder controlan 91 por ciento de las mayores trasnacionales. De modo
abrumador, la "globalización" puede verse como un derivado de la
capacidad de las trasnacionales basadas en estos bloques de poder para
mover capital, controlar el comercio, el crédito, el financiamiento
y el entretenimiento.
Casi tres cuartas partes de las grandes
instituciones corporativas se ubican en la esfera de poder Europa-Estados
Unidos. Si bien los consorcios asiáticos tienen una presencia cada
vez mayor y son un posible desafío para las próximas décadas,
a plazo corto y mediano predomina el eje euroestadunidense. El auge de
China e India y la recuperación económica de Japón
reflejan el crecimiento del capitalismo endógeno y la expansión
y conquista de mercados económicos por las trasnacionales euroestadunidenses.
América Latina, Medio Oriente y Africa tienen un total de 11 entre
las 500 mayores. En América Latina sólo Brasil y México
poseen multinacionales de clase mundial, en tanto Africa tiene cero y Arabia
Saudita controla cuatro de las seis de Medio Oriente. Rusia, después
del colapso catastrófico con la transición al pillaje capitalista,
sólo cuenta con siete.
Los continentes y países que
tienen menor desarrollo de trasnacionales de clase mundial han estado bajo
el dominio de los consorcios euroestadunidenses y sus estados imperiales.
La incapacidad de acumular capital endógeno bajo regímenes
clientes que sirven a las trasnacionales euroestadunidenses es causa fundamental
del continuo pillaje de recursos, transferencias de ganancias a bancos
líderes (ubicados entre las 500) y el proceso general de desacumulación.
Las pocas grandes multinacionales que aparecen en Rusia y América
Latina son en su mayor parte empresas estatales privatizadas, resultado
de ahorros e inversiones públicas de anteriores regímenes
estatistas capaces de limitar la presencia de las trasnacionales euroestadunidenses.
Un examen más cercano a la
"punta" de las trasnacionales gigantes ilustra la mayor concentración
del poder en Estados Unidos. Entre las 10 mayores, 80 por ciento son estadunidenses
y 20 por ciento europeas. Entre el 20 por ciento más alto, 75 por
ciento son estadunidenses, 20 por ciento europeas y 5 por ciento japonesas.
Entre las 50 principales, 60 por ciento son estadunidenses, 32 por ciento
europeas, 6 por ciento japonesas y 5 por ciento de otras regiones. La mayor
concentración del poderío estadunidense está entre
las mayores trasnacionales, y se da mayor competencia a medida que se desciende
hacia las filas inferiores.
Estados Unidos posee las mayores
trasnacionales en la industria (General Electric), petróleo y gas
(Exxon-Mobil), software y servicios de cómputo (Microsoft),
productos farmacéuticos (Pfizer), banca (Citicorp), comercio minorista
(Wal-Mart), seguros (American Internacional Group) y hardware de
tecnología de información (Intel). La capitalización
total de esos gigantes es de un billón 979 mil millones de dólares.
Quienes escriben sobre la "decadencia"
del imperio estadunidense pasan por alto el poderío mundial consolidado
de sus ocho mayores trasnacionales. Lo que se llama "globalización"
es en realidad concentración extrema y extensión del poderío
estadunidense, o al menos de un imperio euroestadunidense, complementado
con el gradual surgimiento de consorcios asiáticos. Sin embargo,
más allá de las 500 mayores firmas, la preponderancia de
las trasnacionales estadunidenses se ha reducido y las euroasiáticas
se han vuelto un desafío. Más allá de las 100 mayores,
los consorcios europeos y asiáticos se vuelven importantes operadores
del sistema imperial rebasando sus tradicionales fronteras regionales y
entrando selectivamente en competencia con los estadunidenses en la economía
de sus países de origen.
Dominio concentrado y compartido
La competencia y la complementariedad
en la construcción del imperio entre las trasnacionales de Estados
Unidos, Europa y Asia son evidentes cuando nos volvemos hacia sectores
económicos específicos. Al examinar las 10 firmas principales
en sectores claves encontramos monopolización, competencia
y desplazamiento de consorcios estadunidenses.
Comercio al menudeo. Los minoristas
estadunidenses dominan entre las 10 firmas principales (80 por ciento).
No sorprende, dado que la economía estadunidense se basa en el gasto
de consumo, las burbujas especulativas y los altos niveles de endeudamiento.
Todas las trasnacionales minoristas líderes comenzaron por dominar
el mercado local, acumular capital sobre la base de la intensa explotación
del trabajo mal pagado y no sindicalizado, y después se extendieron
más allá de las fronteras, donde reproducen sus prácticas.
El comercio minorista en Europa y Asia se basó hasta hace poco en
empresas medianas y pequeñas de propiedad familiar.
Tecnología de la infomación
(TI). Estados Unidos domina 80 por ciento de las 10 mayores, en parte a
consecuencia de subsidios estatales iniciales mediante el gasto militar,
el mito del Y-2000 (el "escenario de fin del mundo" que metió decenas
de miles de millones de dólares a las incipientes empresas de TI),
y la burbuja especulativa que se dio en el sector en los 90.
Medios masivos y entretenimiento.
Dominan los consorcios estadunidenses. Casi 80 por ciento de las trasnacionales
más grandes (11 de 14) son de capital estadunidense. Con el desmantelamiento
de los medios públicos a principios del siglo XX y la monopolización
de radio, televisión y cine, las gigantes estadunidenses formaron
conglomerados, comprando a precios de ganga o llevando a la bancarrota
periódicos locales, empresas musicales y culturales, antes de repetir
la pauta en todo el mundo. El crecimiento de medios concentrados y conglomerados
de entretenimiento estadunidenses se logró con la intervención
estatal favorable, la "desregulación" y la promoción, en
tanto que los medios y el entretenimiento sirvieron de brazo propagandístico
extraoficial, abierto o encubierto, de las conquistas imperiales, guerras,
ocupaciones de Estados Unidos.
Complejo militar/industrial.
Las trasnacionales estadunidenses son líderes. De las 11 mayores
firmas entre las 500 principales, nueve son estadunidenses y dos europeas.
El militarismo alimentó la expansión industrial de Estados
Unidos en los 65 años pasados, y si bien lo sacó de la gran
depresión de los años 30, absorbió y desperdició
billones de dólares de financiamiento estatal y debilitó
la presencia del país en la actividad industrial no militar.
Software/servicios de cómputo.
Domina Estados Unidos con seis de las 10 empresas más grandes. Esta
supremacía enfrenta el desafío de Japón y Europa,
cada uno de los cuales cuenta con dos de las otras cuatro. El reto antimonopólico
lanzado desde Europa, el estallido de la burbuja de la TI y los mayores
fondos estatales destinados a la investigación y desarrollo han
conducido a una intensa competencia interimperial, así como a fusiones,
adquisiciones y "prácticas de competencia desleal".
Banca. El capital financiero
y bancario estadunidense ha crecido hasta ser una fuerza líder en
la economía mundial. Sus bancos multinacionales constituyen 60 por
ciento de los 10 principales bancos del mundo, seguidos por Europa (30
por ciento) y Japón (10 por ciento). La banca estadunidense ha crecido
mediante sus créditos a América Latina, Asia y Africa, convirtiendo
sus cuentas por cobrar en activos mediante las políticas neoliberales
de privatización y desregulación de los mercados financieros.
Los bonos de Washington se han beneficiado desproporcionadamente al facilitar
la transferencia de cientos de miles de millones en fondos ilícitos
de líderes corruptos, criminales internacionales y dirigentes empresariales
evasores de impuestos, en especial de América Latina. Los grandes
bancos estadunidenses en el extranjero desempeñan un papel esencial
en la formación de la política imperial, mediante las instituciones
financieras internacionales, promoviendo el neoliberalismo, la desregulación
financiera, programas de austeridad basados en clases sociales y el cobro
de la deuda externa. En menor escala, pero en la misma dirección,
gigantes bancarios europeos influyen en las políticas de la Unión
Europea. Más a menudo, la banca multinacional europea actúa
al unísono con la estadunidense vía el Club de París,
en procura de los mismos objetivos de cobro de deuda mediante políticas
en común.
El reto europeo
Europa es líder en telecomunicaciones,
con 40 por ciento de las 10 mayores trasnacionales, seguida por Estados
Unidos y Asia, con 30. Pautas similares hay en seguros: Europa posee 50
por ciento de los principales consorcios, seguida con 40 por ciento por
Estados Unidos y 10 por Japón. En gas y petróleo Estados
Unidos y Europa tienen cuatro cada una de las 10 mayores, seguidas por
Rusia y Brasil con una cada uno. La misma "paridad" existe en el ramo farmacéutico,
con dominio de Estados Unidos y Europa en las 10 más grandes. En
electrónica y equipo eléctrico las trasnacionales japonesas
en particular y asiáticas en general controlan 70 por ciento de
los 10 mayores productores; Europa 20 por ciento y Estados Unidos tiene
sólo uno de los 10.
La expresión más clara
de la competencia interimperialista se halla en la manufactura ligera y
pesada, metales, transporte, químicos, productos forestales y electrónica.
Entre las mayores firmas de manufactura ligera las estadunidenses representan
44 por ciento, las europeas 48 y las japonesas 8. En manufactura pesada,
de las 100 mayores 32 por ciento son estadunidenses, 30 por ciento europeas,
22 japonesas, 7 de otros países asiáticos y las demás
se reparten entre cinco países. La misma "equidad" de presencia
se encuentra en el boyante sector de "cuidado personal y cosméticos",
en que Estados Unidos y Europa tienen cada uno 33 por ciento de las mayores
trasnacionales, seguidos por Japón con 11 por ciento. El imperio
estadunidense se basa en la fortaleza económica y la debilidad relativa.
Estados Unidos es más fuerte en TI, finanzas y medios masivos, y
más débil en manufactura, seguros, telecomunicaciones y electrónica.
El imperio estadunidense es "competitivo" en el ramo farmacéutico,
y en petróleo y gas.
Es un error referirse a Estados Unidos
como "la potencia global", porque sus fuertes competidores lo han rebasado
o compiten con él en sectores energéticos y productivos claves.
Si bien domina los sectores "visibles" y de "consumo" (medios masivos y
comercio al menudeo), es relativamente débil en manufacturas, telecomunicaciones
y seguros. Su poderío radica en los servicios, no en la producción
de bienes civiles tangibles. Sin las trasnacionales militares-industriales
fuertemente subsidiadas, su presencia en la industria sería menor.
Además, la economía manufacturera ha sido debilitada por
la expansión de sus consorcios hacia otros países, sobre
todo China. Mientras sus actividades económicas en el exterior se
concentran en la construcción del imperio, las trasnacionales mantienen
su base en Estados Unidos, ejerciendo poderoso control sobre la dirección,
las políticas y el personal en el Estado y el gobierno.
La noción de que Europa puede
confinarse a una potencia "regional", como sostiene la doctrina Wolfowitz-Perle,
está del todo desconectada de la abrumadora realidad de Europa como
competidor imperial global de Estados Unidos, con sólida base de
poder en manufactura, finanzas y telecomunicaciones. Además, datos
recientes sugieren que Estados Unidos pierde dominio gradualmente. Datos
correspondientes a 2004 muestran que 30 de sus trasnacionales cayeron de
la lista de las 500 mayores, en tanto sólo 16 ingresaron a ella,
con pérdida neta de 14 o 5 por ciento. Europa más o menos
quedó igual, pero Japón y Asia tuvieron un incremento neto
de 14 entre 2003-2004, es decir, 20 por ciento.
La competencia y desacuerdo entre
políticos europeos y Washington sobre la política comercial
y la guerra en Irak están subordinados a su colaboración
a largo plazo. Además, parte de los conflictos giran en torno de
los ideólogos sionistas del Pentágono que han impuesto la
política en Medio Oriente y la guerra global. En contra de estos
conflictos inducidos ideológicamente, el capital europeo y el estadunidense
se han vuelto cada vez más compenetrados. La economía euroestadunidense
genera 2.5 billones de dólares en ventas totales comerciales y emplea
12 millones de trabajadores en ambos lados (Financial Times, 9/6/04).
En 2003 las trasnacionales estadunidenses invirtieron 87 mil millones de
dólares en Europa, 31 por ciento más que en 2002. Ese año
los consorcios europeos invirtieron 37 mil millones en Estados Unidos,
42 por ciento más que en 2002. Los altos niveles de comercio e inversión
entre los dos mayores centros imperialistas demuestran que los conflictos
y rivalidades son menos importantes que sus intereses económicos
comunes. Pese a estas afinidades estructurales, la camarilla unilateralista
del "primero Israel" ha causado severa tensión en la relación,
y seguirá haciéndolo.
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