| La
Jornada de México - 30 de Octubre
Comicios
sin perspectiva de izquierda
James
Petras
El aspecto
más significativo de las elecciones presidenciales en Estados Unidos
es el desastroso trasvase del espectro político hacia la derecha.
Los conservadores cambios en la Constitución de Estados Unidos,
la legislación social, la política y las leyes internacionales,
así como la experiencia histórica se han convertido en el
lenguaje común de los dos principales candidatos en estas elecciones,
sin que ello haya provocado expresiones de descontento popular masivas
o protestas de intelectuales de la mayoría de la izquierda.
Aunque la Ley Patriótica ha
eliminado de hecho los derechos fundamentales y la seguridad de los ciudadanos
ante detenciones arbitrarias por parte del Estado, ambos candidatos la
han respaldado. La Seguridad Nacional del Estado se ha convertido en el
eje de las campañas de los dos partidos.
Ni los candidatos ni los partidos
han abordado los problemas de los trabajadores afroestadunidenses o latinos,
que han sido excluidos de hecho de los debates públicos. La exclusión
programática de las "minorías" tiene mucha más importancia
que la exclusión del registro de electores de la que tanto se ha
hablado en los medios de comunicación, y la consecuencia, según
estiman los expertos, es que cerca de 60 por ciento de los electores de
esas minorías no sufragarán. Los resultados de la exclusión
de hecho en la participación electoral nacional serán un
poco más altos que los que se produjeron durante la época
de la exclusión legal en el sur.
El tema central del debate económico
entre Bush y Kerry ha sido el déficit presupuestal federal, no la
pobreza, la vivienda, la sanidad, el salario mínimo o los insuficientes
ingresos familiares. Ambos candidatos defienden la austeridad fiscal aunque
pretenden aumentar el gasto militar y, aunque los demócratas anuncian
un pequeño incremento del gasto en educación, su insistencia
en reducir el déficit público y en aumentar los presupuestos
militares convierten sus promesas electorales en una farsa.
No se ha presentado propuesta alguna
de nuevas leyes laborales que faciliten la organización de los sindicatos.
Y, a pesar de la indiferencia absoluta de los candidatos a la presidencia,
la mayor confederación sindical -la AFL-CIO- ha gastado 10 veces
más dinero en el millonario candidato del Partido Demócrata,
John Kerry, que en el trabajo de afiliación de los trabajadores
más pobres durante un año. El denominado "Solidarity Institute"
(Instituto de Solidaridad) invirtió más dinero en la financiación
del golpe de Estado contra Hugo Chávez que en proteger los derechos
de los explotados obreros agrícolas de Estados Unidos.
La última reforma social del
pasado todavía vigente -el programa de jubilaciones del Estado,
la seguridad social (SS)- se va a privatizar: Bush defiende públicamente
la privatización mientras Kerry afirma que la seguridad social está
en "crisis" y precisa de "ajustes". El anterior presidente demócrata,
Bill Clinton, inició el proceso de privatización con el nombramiento
de una comisión de los dos partidos que abrió la puerta a
la privatización "parcial" y propuso la prolongación de la
edad de jubilación hasta los 67 años.
Ante una inminente crisis sanitaria
como la provocada por la epidemia de gripe y la escasez de vacunas, ninguno
de los candidatos ha querido tomar medidas más allá de la
"solución que dé el mercado". A pesar de que millones de
vulnerables estadunidenses enfrentarán la enfermedad y de que niños,
mujeres embarazadas, ancianos y enfermos crónicos morirán,
ninguno de los candidatos ha propuesto que intervenga el Estado para proteger
la salud pública.
Los dos candidatos principales defienden
las guerras coloniales y las ocupaciones, no sólo las actuales en
Irak, Afganistán y Haití, sino las futuras en Irán,
Corea del Norte, Cuba, Venezuela, Sudán y dondequiera que el imperio
exija. Ambos, asimismo, apoyan que Estados Unidos e Israel violen las leyes
internacionales, y apoyan las arbitrarias y masivas detenciones ilegales,
los secuestros y asesinatos extraterritoriales perpetrados por las "fuerzas
especiales", y los ataques militares en lugares habitados por población
civil. Así que la falta de respeto a las leyes se ha convertido
en el Estados Unidos de hoy en requisito para ser "presidenciable".
Las diferencias entre los dos candidatos
se reducen a la forma de gestionar la imagen pública del imperio
y en consultar o no con los aliados europeos. Todo el debate público
presidencial se ha centrado en cómo librar las guerras coloniales,
en cómo acabar con la resistencia popular y en cómo aumentar
la eficacia del ejército, no en los aspectos legales, éticos
o políticos de esas guerras. En otras palabras, el abanico político
ha quedado reducido a un marco ideológico en el que la única
preocupación es la eficacia en el gasto de Estados Unidos y no los
millones de personas sin hogar, los desempleados, y las víctimas
coloniales, muertos y heridos, ni los centenares de miles de familias aterrorizadas
que viven entre escombros en Gaza e Irak.
Apenas ha habido debate sobre la
política en Latinoamérica: los dos partidos respaldan los
planes Colombia y Andino, la instalación de más bases militares
estadunidenses y el ALCA. Las diferencias entre uno y otro candidato se
reducen a que Kerry quiere hacer compatibles una mayor protección
a los poco competitivos productores estadunidenses con el supuesto "mercado
libre" en Latinoamérica.
El actual gobierno de Bush ha codificado,
formalizado y explicitado las políticas liberales en el interior
y las políticas bélicas imperialistas llevadas a cabo por
los presidentes que le precedieron, republicanos y demócratas, de
forma que cada vez que la izquierda opta por el "mal menor" el espectro
político se mueve más aún hacia la derecha.
La actual campaña electoral
tiene lugar mientras se llevan a cabo dos dilatadas guerras coloniales
en las que Estados Unidos se enfrenta a una masiva resistencia, a un continuo
aumento de víctimas y a un alza de los déficits comercial
y presupuestario. Aún así, no existe una oposición
política a esas actuaciones coloniales. El dramático deslizamiento
desde una democracia oficial burguesa a un Estado colonial de seguridad
se ha llevado a efecto sin una oposición política significativa
ni en el interior de los dos partidos ni en los "movimientos sociales".
Desde una perspectiva histórica,
uno de los aspectos más sorprendentes de estas elecciones presidenciales
es el desmoronamiento de la "izquierda" y de los movimientos progresistas
de oposición, ya que más de 90 por ciento de la izquierda
y de los progresistas se han concentrado en la campaña de apoyo
a Kerry.
Los movimientos progresistas estadunidenses
han experimentado un continuado declive desde los días de las masivas
protestas en la calles de Seattle (1999) contra la Organización
Mundial del Comercio, y las manifestaciones multitudinarias de febrero
de 2003 contra la guerra. Ahora, en octubre de 2004, no hay gente en las
calles para protestar. ¿Dónde están todos los que
protestaban? ¿ Adónde se han ido los intelectuales "libertarios"?
Los han encauzado con éxito para apuntalar la candidatura de Kerry,
que está a favor de la guerra y apoya a Sharon. En el corto espacio
de dos años se ha producido la transformación de un movimiento
pacifista masivo y vibrante, que aspiraba a la paz y la justicia, en el
apéndice frívolo de una campaña electoral a favor
de un multimillonario belicista. Esta "transformación" es el resultado
de la falta de coraje y de dignidad de los más destacados líderes
ideológicos de la izquierda y de su miopía política.
"Cualquiera menos Bush" es una "solución" a corto plazo que sacrifica
las posibilidades estratégicas y tácticas de los movimientos
de masas de los años 1999-2002.
Lo más lamentable en esta
capitulación de la izquierda es el hecho de que existe una tercera
opción real: Ralph Nader y Peter Camejo, quienes realizan una decidida
y valiente campaña por todo lo que peleaban los manifestantes de
Seattle y los pacifistas antes de su subordinación a Kerry: la oposición
a las guerras de Irak y Afganistán, la defensa de la soberanía
de Venezuela contra los Kerry-Bush que promovieron el golpe, la encendida
defensa de los palestinos contra el terrorismo de Estado de Israel y la
exigencia de un servicio nacional de salud de cobertura universal. Ante
la oportunidad de unirse a los 2 o 3 millones de votos que apoyarán
a Nader-Camejo, "progresistas", ONG, profesores, periodistas e intelectuales
de Nueva York, Boston, Los Angeles, etcétera, no sólo apoyan
a Kerry, sino que difaman a Nader y Camejo con las más graves descalificaciones
personales. Una izquierda avergonzada por su rendición ante el poder,
trata de destruir a los únicos candidatos que les recuerdan los
principios en los que, al fin cabo, se basa la política de izquierda.
Ni la izquierda ni los progresistas
muestran ningún tipo de oposición cuando Kerry defiende orgullosamente
sus proezas bélicas en la guerra colonial de Vietnam. Los políticos
negros demócratas y conocidos creyentes permanecen mudos mientras
Kerry ignora las reivindicaciones de los trabajadores negros, y concentran
sus esfuerzos en los que denominan "electores de clase media" (blancos).
El movimiento feminista aclama a Kerry, incluso tras haber prometido que
nombrará jueces que están en contra del aborto libre. Ni
las ONG de Seattle, ni los líderes del movimiento pacifista, ni
los del movimiento No en mi nombre han denunciado ninguna de las declaraciones
belicistas de Kerry, ni siquiera ante su propuesta de enviar otros 40 mil
soldados estadunidenses a Irak. Cuando Kerry hizo público su apoyo
incondicional a Israel, en momentos en que Sharon mataba a decenas de niños
palestinos y se estaba investigando a gentes del lobby judío
por espiar en el Pentágono, la izquierda estadunidense permaneció
muda. Cuando las principales organizaciones judías de Estados Unidos
expresaban su apoyo a Bush y a Kerry para convertir en objetivos a Irán
y Siria y para suministrar a Israel bombas de una tonelada, los más
prominentes y prestigiosos intelectuales críticos judíos
mantuvieron sus bocas cerradas o las abrieron para atacar a Nader por sus
críticas al salvajismo de Israel.
Una de las más graves consecuencias
de estas elecciones presidenciales ha sido el espectacular colapso y desaparición
de la izquierda durante el enfrentamiento de los dos candidatos de la derecha.
En elecciones precedentes, incluso entre la izquierda que se decantó
por la oportunista estrategia del "mal menor", se produjeron continuas
presiones de los progresistas para incluir en la campaña electoral
algunos temas sobre la "paz" y las reformas sociales. En la actual, Kerry
ignora por completo a la izquierda, y acepta su apoyo sin siquiera reconocer
su existencia. La izquierda se ha desacreditado a sí misma y ha
hecho lo posible para dar a Kerry un cheque en blanco con el que, si es
elegido, pueda profundizar e incrementar el colonialismo militar y las
políticas retrógradas internas.
Tras las elecciones, la izquierda
no podrá exigir nada a Kerry porque el candidato no les ha hecho
promesa alguna y podría contestar honradamente que los "progresistas"
sabían de antemano lo que iba a hacer: "continuar la guerra (colonial)
hasta conseguir la victoria".
Si aceptamos la discutible afirmación
de que Estados Unidos es una democracia y los candidatos, de forma explícita
y pública, defienden las guerras coloniales, entonces habremos de
admitir que todos los ciudadanos, en especial los intelectuales progresistas
que voten por un candidato belicista, asumirán una grave responsabilidad
personal por las matanzas y el pillaje. Después de las elecciones,
sería indecente proclamar que la devastación colonial que
se lleva a cabo no se hace "en nuestro nombre".
El hundimiento de la izquierda en
Estados Unidos no es una mera cuestión de la campaña presidencial,
ya que tanto si gana Bush como si lo hace Kerry, cualquiera continuará
con nuevos bríos las sangrientas guerras coloniales, tal como han
prometido, y la izquierda habrá perdido su credibilidad y respeto.
Enfrentados a un futuro de guerras, represión y regresión
social, la cuestión que se plantea es cuándo, dónde
y cuánto tiempo pasará hasta que emerja una nueva generación
política que se niegue a ser cómplice de las guerras imperiales
y grite la verdad ante los poderosos sobre Palestina, la resistencia iraquí,
los empobrecidos haitianos, y la necesidad de nuevos movimientos sociales
y políticos en Estados Unidos. |