| La
Jornada de México - 27 de noviembre de 2004
La guerra:
diario de Nueva York
James
Petras
Mientras
observaba los reportes de "noticias" en Estados Unidos sobre el violento
asalto a Fallujah, leía el Diario de Berlín, de William
Shirer, recuento periodístico de la propaganda nazi durante el decenio
de 1930. Los "reportes" de los medios masivos, el estilo, contenido y,
sobre todo, el lenguaje, reflejan los de sus predecesores nazis de hace
70 años hasta un grado que parece cosa de hechicería.
¿Coincidencia? ¡Claro!
En ambos casos tenemos ejércitos imperialistas que conquistan países,
devastan ciudades y asesinan civiles en masa, y los grandes medios, en
teoría privados, son en la práctica apéndices del
Estado que diseminan las más escandalosas mentiras en defensa y
elogio de las "tropas de asalto" conquistadoras, llámense las SS
o los marines. Tanto en la Alemania nazi como en el Estados Unidos
de hoy los medios masivos nos dicen que los ejércitos invasores
"liberan" al país de "combatientes extranjeros", "terroristas armados"
que impiden a la "población" continuar su vida cotidiana. Sin embargo,
sabemos que entre los mil prisioneros hay sólo cuatro extranjeros
(tres iraníes y un saudiárabe); los hospitales iraquíes
reportan menos de 10 por ciento de combatientes de fuera. En otras palabras,
más de 90 por ciento de los combatientes son iraquíes, la
mayoría de los cuales nacieron, fueron educados y fundaron familias
en las ciudades donde luchan.
Como los medios nazis, las principales
cadenas estadunidenses de radio y televisión sólo informan
de lo que llaman "bajas militares", sin mencionar los 100 mil civiles muertos
desde el principio de la guerra y los miles de mujeres y niños asesinados
y heridos en el asalto a Fallujah. Como en la Alemania nazi, los medios
masivos estadunidenses presentan versiones sin confirmar del ejército
de su país, referentes a sanguinarios asesinatos, decapitaciones
y secuestros cometidos por "terroristas extranjeros". El apoyo incondicional
de los medios masivos nazis estadunidenses a los campos de matanza se aprecia
en sus reportes de los bombardeos masivos de zonas urbanas densamente pobladas.
La NBC describía el lanzamiento de bombas de 250 kilos sobre Fallujah
como atacar "una red insurgente de túneles en la ciudad". Y las
casas, mercados, tiendas -las madres y niños que están arriba
de esos túneles- se vaporizan en "niebla rosada" sin que su existencia
sea reconocida por los reporteros y líderes de opinión.
En su famoso ensayo La política
y la lengua inglesa, George Orwell escribió que el "lenguaje"
es una de las principales bajas de las guerras imperiales. El lenguaje
político de la maquinaria asesina estadunidense en Irak y sus propagandistas
incrustados es nada menos que una colección de eufemismos
para servir a sus fines. Casi toda la población no kurda de Irak
se opone al ejército invasor y a su régimen títere,
y sin embargo los medios llaman "insurgentes" a los patriotas que defienden
a su país, minimizando el significado de un movimiento de liberación
de alcance nacional. Uno de los eufemismos más surrealistas es la
constante referencia a las "fuerzas de coalición" para designar
a los conquistadores coloniales estadunidenses y a los mercenarios y sátrapas
que aquéllos dirigen y controlan.
El bombardeo terrorista de casas,
hospitales y edificios religiosos por cientos de aviones y helicópteros
artillados se describió en los medios como "asegurar la ciudad para
que haya elecciones libres". "Liberar la ciudad de insurgentes" incluía
el asesinato sistemático de amigos, vecinos y parientes de todo
habitante iraquí de la ciudad de Fallujah. "Rodear a los insurgentes"
quería decir cortar el suministro de agua, electricidad y atención
médica a 200 mil civiles de la ciudad y colocar a las decenas de
miles que huyeron en riesgo de una epidemia de tifoidea. "Pacificar la
ciudad" implicó reducirla a escombros desolados y envenenados.
¿Por qué Washington
y los medios masivos recurren a mentiras y eufemismos burdos y sistemáticos?
Básicamente para reforzar el apoyo masivo en el ámbito doméstico
al asesinato masivo en Irak. Los medios fabrican una red de mentiras para
dar una apariencia de legitimidad a los métodos totalitarios para
que las fuerzas armadas continúen destruyendo ciudades con impunidad.
La técnica perfeccionada por Goebbels en Alemania y practicada en
Estados Unidos consiste en repetir las mentiras y eufemismos hasta que
sean aceptados como "verdades" e incorporados al habla cotidiana. Al volver
rutinario un lenguaje común, los medios masivos hacen partícipes
a los ciudadanos.
Los intereses tácticos de
los generales, de los comandantes que dirigen la matanza (pacificación)
y de los soldados que asesinan a civiles son explicados (y consumidos por
millones que observan y escuchan) por las autoridades a los obedientes
periodistas y famosos lectores de noticias sin que nadie los cuestione.
La unidad de propósito entre los agentes de la matanza y el público
cotidiano estadunidense se establece mediante "reportes de noticias": los
soldados "pintan los nombres" de sus esposas y novias en los tanques y
vehículos armados que destruyen familias iraquíes y reducen
ciudades a escombros. Se "entrevista" a soldados que vuelven de Irak, los
cuales expresan el deseo de regresar para "estar con su pelotón"
y "borrar a los terroristas".
No todas las fuerzas de combate estadunidenses
experimentan las delicias de asesinar civiles. Estudios médicos
indican que uno de cada cinco soldados que retornan sufre de trauma sicológico
grave, sin duda por atestiguar y participar en matanzas de civiles. La
familia de uno de ellos, que se suicidó en fecha reciente, relata
que con frecuencia hablaba de haber matado a un niño inerme en las
calles de Irak y se llamaba "asesino" a sí mismo.
Aparte de estas notables excepciones,
los medios de propaganda practican varias técnicas para aliviar
la "conciencia" de los soldados y civiles estadunidenses. Una es la inversión
de papeles, consistente en atribuir los crímenes de la fuerza invasora
a las víctimas: no son los soldados quienes destruyen ciudades y
asesinan, sino las familias iraquíes que "protegen a los terroristas"
y "atraen sobre sí el salvaje bombardeo". La segunda técnica
es reportar sólo las bajas estadunidenses causadas por los "bombazos
terroristas", y omitir toda mención de los millares de civiles muertos
por las bombas y artillería del invasor. Tanto la propaganda nazi
como la estadunidense glorifican el "heroísmo" y "éxito"
de sus fuerzas de elite (las SS y los marines) en matar "terroristas"
e "insurgentes": cada civil muerto es etiquetado como "sospechoso simpatizante
del terrorismo".
El ejército estadunidense,
como el alemán, ha declarado a todo edificio civil "almacén"
o "escondite" de "terroristas"; de ahí su desprecio absoluto a todas
las leyes sobre la guerra adoptadas en Ginebra. La práctica estadunidense
y nazi de la "guerra total", en la que comunidades, vecindarios y ciudades
enteras son colectivamente culpables de proteger a "terroristas prófugos"
es, por supuesto, procedimiento militar de rutina del gobierno israelí.
En Estados Unidos se da gran publicidad
al cruel e inusitado castigo a "sospechosos" iraquíes (todo varón
de entre 14 y 60 años de edad) que caen prisioneros: en Time
y Newsweek aparecen fotos de jóvenes a quienes sacan
de sus casas y los empujan descalzos, maniatados y con los ojos vendados
hacia camiones para llevarlos a los "centros de explotación" para
ser interrogados. Para muchos en el público estadunidense esas imágenes
son parte de la historia de éxito: se les dice que son los "terroristas"
que iban a hacer estallar hogares estadunidenses. A los integrantes de
esa mayoría que votó por Bush los medios masivos les enseñaron
a creer que el exterminio de decenas de miles de ciudadanos iraquíes
se hizo por sus mejores intereses: pueden dormir tranquilos mientras
"nuestros muchachos" los matan "allá lejos".
Sobre todo, los medios de propaganda
han hecho todo lo posible por negar la conciencia nacional iraquí.
Todos los días, en todas las formas posibles, se hace referencia
a lealtades religiosas, identidades étnicas, etiquetas políticas
del pasado, clanes familiares y "tribales". El propósito es dividir
y conquistar, y presentar ante el mundo un Irak "caótico" en el
que la única fuerza coherente y estable es el régimen colonial
estadunidense. El objetivo de los salvajes asaltos coloniales y de las
etiquetas políticas es destruir la idea de la nación
iraquí, y poner en su lugar una serie de minientidades gobernadas
por sátrapas imperiales obedientes a Washington.
Este noviembre Fallujah ha sido secuestrada,
violada, arrasada y capturada. En las mezquitas asesinan a prisioneros
heridos. En Nueva York, los grandes malls son un hervidero de compradores.
Los marines han cortado el suministro de agua, alimentos y medicinas
a Fallujah. En todo Estados Unidos, millones de hombres se sientan a ver
el futbol americano en la televisión.
Shirer relata que mientras los nazis
invadían y arrasaban a Bélgica y bombardeaban Rotterdam,
los cafés en Berlín estaban a reventar, la sinfónica
tocaba y la gente paseaba a sus perros en los parques en las tardes soleadas.
Un día de éstos encendí
el televisor para ver el popular programa 60 Minutos, con repeticiones
de las "entrevistas" de Mike Wallace con Yasser Arafat. Como todas las
"estrellas" de los medios masivos, Wallace pasa por alto la invasión
israelí de Lïbano y el asesinato de miles de palestinos ordenado
por Sharon, la ocupación militar de Palestina y la despiadada destrucción
de Jenin y la ciudad de Gaza. Acusa a Arafat de ser un mentiroso, un terrorista
corrupto y taimado. Treinta millones de hogares estadunidenses observan
el repulsivo espectáculo de este apologista del sionismo blandiendo
los "ideales de Occidente", tan útiles para devastar ciudades, bombardear
hospitales y exterminar una nación.
Sí, hay diferencias entre
el recuento de Shirer de la propaganda nazi en defensa de la conquista
de Europa y la apología que hacen los medios estadunidenses de la
invasión de Irak y de la matanza de palestinos perpetrada por el
Estado de Israel: una se cometió en nombre del Führer y la
madre patria, la otra en nombre de Dios y la democracia. Vayan a decir
eso a los cadáveres hinchados que sirven de alimento a los perros
en las ruinas de Fallujah.
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