| La
Jornada de México - 8 de enero de 2005
El imperio
en 2005
James
Petras
Los acontecimientos
mundiales de 2005 serán determinados por los principales sucesos
y tendencias de 2004. En primer lugar, el año pasado demostró
en forma por demás dramática y definitiva que la maquinaria
militar estadunidense puede ser derrotada: la resistencia iraquí
ha probado que el imperio de Washington no es invencible. Con más
de mil 500 muertes en combate, cerca de 25 mil soldados inhabilitados y
más de 35 mil víctimas de graves "enfermedades mentales",
el ejército de ocupación estadunidense es incapaz de llevar
la guerra colonial a una conclusión victoriosa. Las fuerzas coloniales
y sus satélites enfrentan cien ataques diarios en todo el país.
Informes confiables de soldados que regresan a su patria sugieren que la
desmoralización y el desapego cunden por doquier. En contraste,
la resistencia iraquí crece con la entrada en combate de miles de
nuevos voluntarios, de los cuales 95 por ciento son iraquíes.
La resistencia iraquí y la
debilidad del invasor vuelven improbable que Washington emprenda una guerra
importante por tierra en cualquier otro país "enemigo" en 2005 (Irán,
Siria, Venezuela). La fortuna menguante de la guerra colonial y el retiro
cada vez mayor de fuerzas satélites (Hungría, Polonia y Ucrania)
provocarán un debate importante en 2005. Varios prominentes demócratas,
entre ellos Hillary Clinton, así como republicanos y sionistas,
llaman a profundizar la guerra y enviar más soldados: tantos como
100 mil. La mayoría de los críticos "liberales" de Donald
Rumsfeld en el Congreso son más belicosos, más militaristas:
2005 verá mayor involucramiento militar estadunidense en Irak, más
bajas y creciente oposición de las familias de los veteranos y de
los soldados que vuelven del frente, así como del "estadunidense
promedio".
A principios de 2005 la economía
de Estados Unidos seguirá su expansión, basada en el financiamiento
externo y en las ganancias especulativas. La caída vertical del
dólar en 2004 se acelerará este año, lo cual conducirá
a un mayor abandono de las reservas en esa divisa. Podemos anticipar una
crisis importante a mediados de año en la economía dolarizada,
una grave caída en las acciones de empresas estadunidenses y una
venta generalizada de dólares devaluados en Japón y tal vez
también en China. Es probable que esto provoque una crisis económica
general, la cual debilitará las bases domésticas del imperio.
Los conflictos dentro de la elite
estadunidense se intensificarán en escala sin precedente. Los "nuevos
militaristas" (demócratas liberales, neoconservadores y sionistas)
cuestionarán la "debilidad" de George W. Bush y Rumsfeld en Medio
Oriente. Las fuerzas profesionales militares y de seguridad (FBI) desafiarán
el control sionista-neoconservador de la política del Pentágono.
Se producirán arrestos y juicios de líderes del principal
grupo cabildero israelí, el AIPEC, acusados de espiar por cuenta
de Israel, lo cual podría propiciar divisiones en las principales
organizaciones judías. De igual importancia será la intensificación
del conflicto entre los ideólogos neoconservadores del Pentágono
y las principales trasnacionales y bancos estadunidenses en relación
con la política hacia China. Conforme el país asiático
extienda su alcance económico en el mundo para ganar acceso a recursos
energéticos y materias primas, los neoconservadores (y sus aliados
"defensores de los derechos humanos") exigirán una confrontación
política y militar más agresiva. En contraste, los pragmáticos
de Wall Street se darán cuenta de que la compra china de bonos del
Tesoro es crucial para evitar el derrumbe del dólar; las inversiones
estadunidenses en China totalizan más de 300 mil millones de dólares
y 50 por ciento de las exportaciones chinas a Estados Unidos son realizadas
por corporaciones trasnacionales.
La crisis externa militar y económica
y los conflictos internos en la elite estimularán un incremento
en la protesta social de un revigorizado movimiento antibélico.
En cambio, la burocracia sindical seguirá siendo una fuerza aislada,
impotente e inactiva, que representa sólo 8 por ciento del sector
privado. La mayoría de los "intelectuales progresistas" seguirán
protestando contra la guerra en Irak, pero mantendrán su negativa
a enfrentar a los "neomilitaristas", sobre todo entre los sionistas del
Pentágono y los belicistas liberales, como Clinton.
Europa y China continuarán
compitiendo y colaborando con el imperio, obteniendo ventajas con adversarios
de Washington como Irán y Siria, y compitiendo por el control de
recursos estratégicos en hidrocarburos y materias primas. En 2004
China firmó importantes acuerdos de inversión y comercio
con Brasil, Argentina, Venezuela, Bolivia, Chile, Cuba y Rusia, los cuales
garantizan reservas en gran escala y a largo plazo de energía, minerales
y productos agrícolas, y la entrada a sus mercados industriales
y de consumidores. Europa y Japón realizan fuertes inversiones en
Irán, Rusia, Libia y Africa para asegurarse abastecimiento energético.
Esta competencia interimperialista profundiza la dependencia latinoamericana
de su papel tradicional en la división internacional del trabajo,
de proveedor de materias primas e importador de bienes industriales. Así
ocurre en particular en los acuerdos latinoamericanos con China, país
que invierte sobre todo en industrias extractivas no renovables para alimentar
su economía industrial. Estos acuerdos, si bien diversifican mercados,
prolongan el pillaje colonial iniciado por España, expandido por
Estados Unidos y ahora practicado por el recién surgido imperio
global chino.
En América Latina, Washington
continuará enfocándose en Colombia y en una victoria político-militar
contra las fuerzas de la guerrilla popular. Incrementará la presencia
militar mercenaria, ejercerá mayor supervisión directa de
las tropas colombianas de elite y ahondará la colaboración
con los ministerios de Defensa y las fuerzas de seguridad de Ecuador, Venezuela
y Brasil para estrechar el "cerco" exterior a las guerrillas en tanto aplica
una política interna asesina para vaciar de labriegos el campo.
Las trasnacionales petroleras estadunidenses intensificarán su presencia
en la región, sobre todo en México, Venezuela, Argentina
y Ecuador, mediante la firma de importantes acuerdos de exploración
"conjunta", muy favorables a ellas.
En lo político, Washington
continuará presionando al régimen de Hugo Chávez en
Venezuela y al gobierno de Néstor Kirchner en Argentina para que
hagan mayores concesiones en sus políticas doméstica y exterior.
En ambos regímenes, la influencia encubierta estadunidense está
presente en las altas esferas de las fuerzas armadas, los ministerios del
Exterior y las fuerzas de seguridad. Se puede prever que Washington llevará
a cabo una política de "dos vías", consistente en apoyar
a la extrema derecha en el exterior de esos gobiernos (Mauricio Macri,
Carlos Menem y Ricardo López Murphy en Argentina y el pro golpista
Convergencia en Venezuela) y a los llamados "moderados" en el interior.
También continuará
dando fuerte apoyo a los regímenes neoliberales de Brasil, Bolivia,
Peru y Ecuador, pero trabajará estrechamente con la oposición
de derecha. Dada su débil posición militar en el mundo por
la situación en Irak, trabajará más de cerca con fuerzas
militares y de seguridad latinoamericanas para reprimir la creciente oposición
política. Asimismo se enfocará en presionar a Argentina,
Brasil y Venezuela para debilitar sus vínculos comerciales y en
seguridad con Cuba, ya sea mediante pactos bilaterales o "acuerdos de cooperación
en seguridad" con el régimen cliente de Colombia.
El principal desafío a Estados
Unidos y sus clientes políticos en América Latina en 2005
provendrá de una multiplicidad de movimientos sociales nuevos o
renovados: trabajadores organizados en Argentina; trabajadores, desempleados
y grupos campesinos en Bolivia; la nueva central sindical Conluta (Coordinación
Nacional de Luchas) en Brasil, junto con sectores militantes del Movimiento
de los sin Tierra y de los sindicatos de servidores públicos; la
revitalizada Confederación de Nacionalidades Indígenas (Conaie)
en Ecuador y una previsible contraofensiva de los movimientos populares
y guerrilleros en Colombia.
En México, la candidatura
de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia y la formación
de una alianza independiente "transversal" de trabajadores, campesinos
y grupos cívicos podría conducir a una polarización
política que tendría importantes repercusiones. En Venezuela,
es probable una mayor separación entre la base popular del movimiento
chavista y sectores del liderazgo "moderado".
En general, 2005 atestiguará
el "fin de las ilusiones" con las alianzas electorales de "centro izquierda",
y nuevas polarizaciones políticas en Venezuela, Brasil y México.
Washington, atado de manos por las guerras en Medio Oriente y Asia, se
apoyará en sus clientes políticos, como Luiz Inacio Lula
da Silva y Alvaro Uribe, para que conduzcan el balón y, en caso
de emergencia, en las fuerzas locales de seguridad.
Con todo, al inicio del año
nuevo las perspectivas militares y económicas para el imperio estadunidense
son peores que hace un año. Podemos vislumbrar un "año nuevo"
de profundización de la guerra, crisis económica y creciente
acción directa.
En Irak, como en Vietnam, los continuos
reveses conducirán a una intensificación de la guerra: más
soldados, más armas, mayor uso de la tortura, de las matanzas generalizadas
y de la destrucción de la sociedad iraquí. La guerra total
estadunidense convertirá una lucha de liberación nacional
es una "guerra de todo el pueblo". Cada vez más regímenes
clientes de Washington, aislados en el ámbito doméstico y
ante la perspectiva de una gran derrota en Irak, abandonarán la
empresa. Regímenes títeres y elecciones "manipuladas" irán
y vendrán en el país ocupado durante 2005, pero la guerra
cobrará mayor fiereza que nunca y el pueblo estadunidense se verá
forzado a encarar la realidad de que su gobierno no puede lograr la victoria
y no la logrará: que es él, el pueblo, el que paga los costos
de una guerra perdida.
Sin embargo, Washington no dará
marcha atrás: los militaristas civiles han invertido todas sus creencias
ideológicas en Estados Unidos como potencia unipolar invencible.
Los sionistas del Pentágono tienen la consigna de establecer un
poderío israelí indiscutible en la región, aun al
precio de debilitar al imperio estadunidense en el resto del mundo. La
clase política (demócratas y republicanos) y la mayoría
de los generales creen que una retirada -una derrota- alentaría
a otras naciones a desafiar la supremacía estadunidense. La lógica
de Washington en 2005 será que la guerra debe continuar, que la
victoria debe obtenerse sea cual fuere el costo en vidas humanas estadunidenses
e iraquíes. El tesoro y el presupuesto son rehenes de la lógica
de guerra: para defender la imagen de la invencibilidad imperial, hay que
poner al imperio de rodillas.
Traducción: Jorge Anaya |