| La
Jornada de México - 12 de febrero de 2005
Colombia,
EEUU
y la
amenaza a la soberanía venezolana
James
Petras
Entre Colombia
y Venezuela emergió un conflicto diplomático y político
importante por la revelación de que Bogotá emprendió
una operación encubierta en Venezuela que implicó el reclutamiento
de oficiales militares y de seguridad en el secuestro de un líder
izquierdista colombiano. Con la investigación efectuada por el Ministerio
del Interior venezolano y los reportajes y testimonios de periodistas y
otros observadores políticos, quedó demostrado que los más
altos niveles del gobierno colombiano, incluido el presidente Alvaro Uribe,
planearon y ejecutaron esta flagrante violación a la soberanía
venezolana.
Para justificar el secuestro de Rodrigo
Granda, líder izquierdista colombiano, el régimen de Uribe
anunció una doctrina de relaciones exteriores que hace eco de la
del gobierno de George W. Bush: el derecho a intervenir unilateralmente
en cualquier país que según la percepción o el alegato
de Bogotá, aloje o brinde refugio a los adversarios políticos
(calificados por el régimen de "terroristas") que puedan amenazar
la seguridad del Estado. La doctrina Uribe de intervención unilateral
emula el discurso de guerra preventiva enunciado a finales de 2001
por Bush. Es claro que los actos y pronunciamientos de Uribe están
profundamente influidos por la dominación que sobre las políticas
de su régimen ejerce Washington mediante un programa de ayuda militar
expandida de 3 mil millones de dólares y la profunda penetración
de todo su aparato político y de defensa.
La doctrina de ofensiva militar de
Uribe implica varias importantes proposiciones de política:
1. El derecho a violar la soberanía
de cualquier país, incluido el uso de la fuerza y la violencia,
directamente o en cooperación con mercenarios locales.
2. El derecho a reclutar y subvertir
a oficiales militares y de seguridad que sirvan los intereses del Estado
colombiano.
3. El derecho a destinar fondos para
pagar a cazarrecompensas o "terceros" que se involucren en actos violentos
e ilegales dentro del país objetivo.
4. La afirmación de la supremacía
de las leyes, decretos y políticas colombianas por encima y en contra
de las legislaciones del país intervenido.
La doctrina Uribe fue confeccionada
para establecer a Colombia como potencia regional subimperialista, subordinada
a los dictados estadunidenses. Aunque el punto de agresión inmediato
implicó las relaciones entre Colombia y Venezuela, sienta las bases
para la intervención unilateral en cualquier parte del hemisferio.
La doctrina Uribe es una amenaza a la soberanía de cualquier país
del hemisferio: su intervención en Venezuela y la justificación
expresada son un precedente para futuras agresiones.
La doctrina Uribe no es original
-es imitación de los pronunciamientos de los gobiernos de Bush e
israelí. Ambos han adosado un contexto seudolegal para intervenir
extraterritorialmente en otros países.
La adopción e instrumentación
de esta política extraterritorial por Colombia, en su estrategia
de intervención unilateral, no es mera coincidencia. Las fuerzas
de seguridad colombianas reciben entrenamiento y asesoría de las
policías políticas secretas estadunidense e israelí.
De modo más directo, el programa de 3 mil millones de dólares
en asistencia militar pone a Washington en posición de control y
comando en el interior de todos los sectores del Estado colombiano y le
permite determinar la doctrina de seguridad del régimen de Uribe.
Además, desde antes de ascender a la presidencia y mucho antes de
recibir la vasta ayuda estadunidense, Uribe era ya practicante -en gran
escala- de una política que usa escuadrones de la muerte.
Al asumir la doctrina Bush, directamente del Estado que lo patrocina, Uribe
internacionalizó las prácticas terroristas que ha emprendido
en Colombia durante 20 años.
Antes del reciente tropel de secuestros
transfronterizos de alto perfil (Trinidad en Ecuador, Granda en Venezuela),
el régimen de Uribe tiene en su haber frecuentes intervenciones,
secuestros y asesinatos de líderes populares y soldados de países
aledaños, y proveyó de apoyo material y político a
potenciales "golpistas", especialmente en Venezuela. Durante los últimos
tres años, docenas de refugiados colombianos que huían de
los escuadrones de la muerte fueron perseguidos en Venezuela y asesinados
o secuestrados por paramilitares o fuerzas de seguridad colombianos. Durante
un incidente "inexplicable" las fuerzas de seguridad colombianas dieron
muerte a seis soldados venezolanos. En 2004, más de 130 paramilitares
colombianos y otras fuerzas irregulares se infiltraron en Venezuela e incurrieron
en violencia terrorista, para precipitar acciones de los golpistas venezolanos
y estadunidenses. Poco después, las fuerzas de seguridad colombianas
y la CIA intervinieron en Ecuador para secuestrar a un negociador de paz
por las FARC, el principal grupo guerrillero de Colombia.
Lo que es nuevo, y más ominoso,
es que la política extraterritorial de facto de Uribe se
convirtió ya en doctrina estratégica de jure en su
intento por legitimar la intervención militar unilateral. Colombia
ya no pretende estar implicada en una política "encubierta" y selectiva
de violación de la soberanía de otros países, sino
que ahora declara públicamente la supremacía de sus leyes
y su derecho a aplicarlas en cualquier parte del mundo en donde declare,
unilateralmente, que hay un riesgo para su seguridad nacional. El "incidente
Granda" no es sólo un caso diplomático aislado que pueda
resolverse mediante negociaciones bilaterales de buena fe. El secuestro
es parte de una estrategia mayor que implica preparativos -ideológicos,
políticos y militares- para una confrontación político-militar
de mayor escala con Venezuela.
El propósito de la doctrina
Uribe
Enunciar y practicar la doctrina
Uribe tiene varios propósitos. Uno sigue la línea política
de las elites colombianas y del imperialismo estadunidense: derrocar al
régimen de Hugo Chávez para eliminar la oposición
a Estados Unidos a escala mundial y lograr la dominación regional
imperial. Chávez se opone a las guerras estadunidenses en Irak y
Afganistán y a sus planes de invadir Irán. En América
Latina, se opone al pacto de libre comercio de las Américas.
El segundo propósito de la
doctrina Uribe es destruir los vínculos comerciales entre Cuba y
Venezuela, para minar al gobierno revolucionario cubano. La doctrina Uribe
busca también mantener a Venezuela en su papel de exportador de
petróleo exclusivo para Estados Unidos, en momento en que el gobierno
de Chávez ha firmado acuerdos comerciales para diversificar sus
mercados petroleros hacia China y otros países.
Desde la estricta perspectiva de
supervivencia del régimen de Uribe, tal vez lo más importante
es que Bogotá está profundamente perturbado por el impacto
social que, sobre la mayoría de los colombianos que viven en la
pobreza, tienen las políticas de bienestar de Chávez, especialmente
la nueva reforma agraria anunciada y su defensa de las empresas públicas
nacionales (en particular la compañía petrolera estatal)
en el contexto de instituciones libres y democráticas.
El fin más inmediato de la
doctrina Uribe es derrotar a los ejércitos guerrilleros de 20 mil
combatientes que controlan o tienen influencia en la mitad del territorio
colombiano. El propósito de las recientes intervenciones es presionar
a los gobiernos vecinos para que se alíen con los escuadrones
de la muerte colombianos en una campaña regional que resuelva
los problemas internos de las elites colombianas, por ejemplo, diezmar
la oposición a la dominación regional estadunidense. La explosiva
campaña internacional de propaganda "antiterrorista" del régimen
de Uribe es una admisión del fracaso de su campaña de contrainsurgencia
interna. Las acusaciones de Uribe de que el estado venezolano "protege"
o "proporciona un santuario a los terroristas" es patentemente falso. Uribe
no brinda evidencia sistemática.
Terrorismo: propaganda y práctica
El régimen de Uribe es reconocido
universalmente como de los más intensos practicantes del terrorismo
de Estado en el mundo del nuevo milenio. Decenas de miles de campesinos,
activistas de derechos humanos y sociales, sindicalistas y periodistas
han sido asesinados por las fuerzas de seguridad, directamente por militares
o grupos paramilitares financiados por el Estado. Día tras día
y año tras año son victimados muchos campesinos y críticos
del régimen. El terrorismo de Estado es la característica
que define al régimen de Uribe y a la misión estadunidense
de asistencia y asesoría militar. Y no obstante, muy al modo totalitario,
el verdugo terrorista acusa a la víctima de los crímenes
que se cometen en su contra.
En términos políticos
y militares, la doctrina Uribe implica un alejamiento extremo de las normas
de ley internacional reconocidas y un acercamiento a las prácticas
beligerantes de los sátrapas imperiales. Si todos los países
aplicaran la doctrina Uribe, estaríamos ante un mundo de constantes
guerras, conquistas y prolongadas luchas de liberación por toda
América Latina.
En la proclama de intervención
militar que traspase las fronteras nacionales en persecución de
la oposición revolucionaria, hay, en esa doctrina, condición
explícita de beligerancia permanente. Significa que todos y cada
uno de los países latinoamericanos deben limitar su soberanía
según las definiciones colombianas de "seguridad nacional".
Es igualmente grave que la doctrina
Uribe rechace las fronteras reconocidas, lo que significa que Colombia
se arroga el derecho de cruzar los límites nacionales a voluntad,
sin consultar a los países cuyas fronteras viola. De ahí
a no reconocer fronteras nacionales y anexar regiones adyacentes en aras
de razones económicas o de "seguridad" hay sólo un paso.
La noción de guerra ideológica sin fronteras es réplica
exacta del proyecto imperial de Bush, trasladado a la región andina.
Es evidente que Uribe aspira a jugar un papel subimperial en la región
norte de Sudamérica bajo tutela estadunidense.
La doctrina Uribe es rechazo absoluto
de todos los principios de la ONU y violación de las leyes internacionales.
Sirve como punto de avanzada para efectuar maniobras militares conjuntas
entre las fuerzas armadas de Estados Unidos y Colombia que sirvan de escudo
para consolidar el poderío imperial estadunidense en América
Latina. Un "respaldo" al 100 por ciento de la intervención de Uribe
en Venezuela por Washington esconde el hecho de que ésta fue una
operación conjunta, sancionada y aprobada por oficiales militares
y de fuerzas especiales estadunidenses que operan en el Ministerio de Defensa
colombiano.
Colombia, cliente estratégico
Washington le ha brindado más
ayuda militar a Colombia que al resto de América Latina, y sólo
Israel recibe más respaldo estadunidense en el mundo. La estrategia
de Estados Unidos gira en torno a derrotar al movimiento guerrillero masivo
e influyente como primer paso para consolidar su poder en el área
andina y la cuenca del alto Amazonas. Una vez que asegure esa región,
ésta se convertirá en trampolín para invadir Venezuela
y apoderarse de ella y de sus campos petroleros, además de asestar
severo golpe al gobierno revolucionario de Cuba. Estados Unidos, mediante
Uribe, ha triplicado el tamaño de las fuerzas armadas colombianas
en los últimos años, hasta llegar a 267 mil efectivos. Incrementó
con vastedad su potencia de fuego aéreo (helicópteros de
combate y aviones caza) y les proporcionó el armamento tecnificado
más avanzado, con que pueden detectar y rastrear los movimientos
guerrilleros. Sin embargo, pese a masacrar a miles de simpatizantes campesinos
y desplazar a millones más, esta estrategia no ha logrado ventaja
militar estratégica sobre las guerrillas.
El secuestro de Granda es sólo
el "ensayo con vestuario" de un proyecto mayor: escalar las provocaciones
para probar la lealtad, disciplina y efectividad del sistema de seguridad
venezolano. Washington sondea para ver qué tanto puede empujar a
Venezuela a que someta su soberanía y el control de sus fronteras.
El secuestro de Granda y la corrupción
de algunos oficiales venezolanos tal vez sirva para alertar al liderazgo
venezolano de que las amenazas reales a la soberanía nacional emanan
de la doctrina Uribe respaldada por Estados Unidos. La amenaza es real,
es sistémica e inmediata. Uribe cuenta con el apoyo de una potencia
imperial, pero Chávez tiene el respaldo de la aplastante mayoría
de venezolanos que están deseosos de luchar por defender su tierra,
su gobierno y el derecho a vivir como pueblo soberano. El tema de la soberanía
venezolana no es sólo cuestión de maniobras diplomáticas
sino de organizar a la multitud de venezolanos hasta convertirlos en formidable
disuasivo militar contra una agresión armada.
Traducción: Ramón Vera
Herrera |