a
parte central de la confrontación explosiva entre manifestantes, líderes
políticos y gobiernos árabes e islámicos, por un lado, y los regímenes y
editores de Estados Unidos y Europa occidental, por el otro, está arraigada en
los esfuerzos israelíes por polarizar el mundo en su favor y promover
aislamiento, sanciones económicas y/o un ataque militar a Irán. Hay varias
preguntas clave que casi todos los comentaristas y analistas han omitido. Entre
ellas: ¿Quién ordenó publicar los cartones en Dinamarca? ¿Cuáles son los
antecedentes políticos de Flemming Rose, editor cultural del
Jyllands-Posten, quien solicitó, seleccionó y publicó las caricaturas?
¿Quién se beneficia de la publicación y la confrontación entre el Islam y
Occidente? ¿En qué forma está implicado el servicio secreto israelí (Mossad) en
provocar el conflicto entre Occidente y el Islam, y cómo pueden las
consecuencias satisfacer sus expectativas?
Un punto de arranque para analizar la controversia, que ha permitido atacar a
los musulmanes como intolerantes de la "libertad de expresión" occidental, es el
papel que desde hace tiempo cumple Dinamarca como centro principal de las
operaciones del Mossad en Europa. En otras palabras, ¿cómo podría un minúsculo
país escandinavo de 5.4 millones de ciudadanos y residentes (de los cuales 200
mil, menos de 3 por ciento, son musulmanes), renombrado por los cuentos de
hadas, el jamón y el queso, haberse vuelto blanco de la furia de millones de
musulmanes de Afganistán a Palestina, de Indonesia a Libia y en las calles de
ciudades de todo el mundo que cuentan con significativa población musulmana?
La historia es la de Flemming Rose, editor cultural de un popular periódico
danés, que quería ridiculizar la creciente "corrección política" de los europeos
en sus críticas a los musulmanes, la cual comparó con la "autocensura" que había
presenciado en la Unión Soviética, donde nació. Ese ucraniano, editor de la
página cultural del Jylland-Posten, encargó a moneros daneses que le
presentaran una serie de cartones que mostraran al profeta Mahoma como lo
imaginaran. Cuatro de los 12 cartones seleccionados para publicación fueron
ilustrados por los colaboradores de Rose, entre ellos el más polémico, el de la
bomba en el turbante. Desafiando las leyes danesas contra la blasfemia, Rose
publicó los cartones el 30 de septiembre de 2005, y el resto es historia...
Un enorme ataque contra el "derecho sagrado a la libertad de expresión"
surgió en el mundo musulmán, en tanto millones de estupefactos europeos y
estadunidenses corrían a defender sus amadas libertades en esta "lucha de
civilizaciones". En forma prominente se acusó a Siria e Irán de agitar a los
indignados creyentes en las calles de Damasco y Teherán, Beirut y los suburbios
de Gaza. Según Condoleezza Rice, secretaria de Estado, "Irán y Siria se han
salido de cauce para inflamar los sentimientos y utilizar estos hechos para sus
propios fines, y el mundo debe llamarlos a cuentas por ello". Las autoridades
paquistaníes y libias, aliadas de Washington, abrieron fuego sobre los
manifestantes y mataron e hirieron a decenas, y numerosos líderes religiosos
fueron detenidos. Los gobiernos occidentales apremiaron a sus aliados árabes y
musulmanes a evitar más ataques a productos y propiedades danesas y acusaron de
complicidad e instigación a quienes fueron incapaces de contener las protestas.
Todo esto ocurrió por la serie de cartones, o eso nos han contado.
Flemming Rose se cansó pronto de estar rodeado por un equipo de la policía
danesa que lo protegía de ser asesinado y buscó refugio en Miami, Florida.
Centro de operación del Mossad
¿Por qué Dinamarca? Un interesante capítulo del libro By way of
deception, de Victor J. Ostrovsky, ex agente del Mossad, delinea la estrecha
relación entre los servicios de inteligencia daneses y el cuerpo secreto israelí
a lo largo de decenios: "La relación entre el Mossad y la inteligencia danesa es
tan íntima que resulta indecente. Pero la virtud que se compromete con estos
tratos no es la del Mossad, sino la de Dinamarca". Mediante esta relación
especial, el Mossad tiene capacidad de vigilar a toda la población árabe y en
especial la palestina de Dinamarca.
Ante la debacle estadunidense en Irak y la resistencia mundial a un ataque
militar "preventivo" o un embargo económico y diplomático a Irán, Israel
necesitaba volver de revés la guerra de ideas. Tendría sentido que una campaña
dirigida a aumentar las justificaciones para un ataque a Irán y Siria (los
enemigos del día de Tel Aviv) emanara de uno de los más fuertes aliados europeos
de Estados Unidos en la invasión y destrucción de Irak y Afganistán, y cuyo
aparato nacional de inteligencia (conocido afectuosamente como Fertsalach)
estaría ansioso por servir al interés israelí.
Debido a la prolongada penetración del Mossad en las agencias de inteligencia
danesas, y sus estrechas relaciones con los medios de derecha, no es
sorprendente que un judío ucraniano, operando bajo el nombre de Flemming Rose,
con fuertes vínculos con el Estado fuera el centro de la controversia sobre los
cartones. Los nexos de Rose con Tel Aviv se remontan muy atrás de su bien
conocida "entrevista" promocional con Daniel Pipes (2004), el notorio ideólogo
sionista que odia a los árabes. De 1990 a 1995 Rose fue un reportero radicado en
Moscú, ahijado de las oligarquías rusas pro israelíes posteriores al comunismo,
la mayoría de los cuales tenían doble ciudadanía y colaboraban con el Mossad
lavando miles de millones de dólares ilícitos. Entre 1996 y 1999 trabajó
en el circuito de Washington, y luego regresó a Moscú entre 1999 y 2004 como
corresponsal del derechista Jyllands-Posten. En 2005 lo nombraron editor
de cultura, pese a su escaso o ningún conocimiento del campo. En su nuevo cargo
encontró una plataforma para incitar y aprovechar la creciente hostilidad de los
daneses conservadores hacia los inmigrantes de Medio Oriente, en particular los
musulmanes. Usando el formato de entrevista publicó la virulenta diatriba
antislámica de Pijes.
Contexto político
Los cartones de odio al Islam fueron publicados en Dinamarca en septiembre de
2005, cuando los sionistas israelíes y estadunidenses intensificaban su guerra
de propaganda contra Irán. La respuesta inicial de los países musulmanes fue
limitada. La nota no fue recogida por el International Herald Journal
hasta diciembre de 2005. A principios de enero pasado, los katsas
(oficiales de caso) del Mossad activaron a los sayanim en los medios
occidentales y esteuropeos para que reprodujeran simultáneamente las caricaturas
el primero y 2 de febrero.
En prácticamente todos los medios pro occidentales se lanzó una campaña de
condena a las primeras protestas islámicas, relativamente moderadas, y de
inmediato provocaron su intensificación masiva, sin duda alentada por agentes
encubiertos del Mossad entre las poblaciones árabes.
Flemming Rose y el Mossad intentaron una jugarreta más: elevar la tensión
este-oeste. El editor ofreció publicar en "su" periódico cualquier cartón iraní
que hiciera escarnio del Holocausto. El director del diario vetó la "oferta" y
pidió a Rose que se tomara un descanso. Rose se fue a Miami, no a Tel Aviv,
donde habría despertado sospechas de que fuera algo más que un opositor a la
autocensura.
La política del Mossad fue crear un pretexto para polarizar la opinión
pública entre Medio Oriente (y más allá) y Occidente, que aumentara la tensión y
satanizara a los adversarios islámicos. Los cartones de Rose sirvieron
perfectamente a ese fin. El tema podía presentarse como un asunto de libertad de
expresión, un conflicto de "valores.
Nada más lejos de la verdad. Flemming Rose había solicitado y elegido las
caricaturas antislámicas cuando su periódico había rechazado cartones similares
sobre Jesucristo en un contexto anterior. La imagen de "iconoclasta cultural"
que se quiso dar a este empleado de un periódico derechista, que cotidianamente
publicaba "noticias" contra los inmigrantes de Medio Oriente era inverosímil de
entrada. Si bien él comenzó las tensiones internacionales, sus colegas liberales
y neoconservadores y sus camaradas dentro y fuera del Mossad publicaron sus
transgresiones y provocaron la ira del mundo árabe e islámico.
Poco a poco los cartones, los insultos subsecuentes y las calumnias contra
los manifestantes islámicos y sus aliados seculares en Africa, Medio Oriente,
Asia y Europa suscitaron protestas pacíficas cada vez más numerosas y luego
manifestaciones violentas de millones de personas. Los medios occidentales
presentaron imágenes de esos actos, con las cuales lograron crear el miedo y la
aprehensión que buscaban contra los países musulmanes y las minorías en Europa.
La islamofobia ganó impulso.
La victoria democrática de Hamas en Palestina aceleró los esfuerzos israelíes
por convencer a los gobiernos occidentales de insistir en que los regímenes
musulmanes repriman a las "irracionales masas islámicas" o enfrenten la censura
de Occidente.
Más allá de la blasfemia
Los analistas del establishment se han enfocado en los cartones como
la fuente y el blanco de las manifestaciones masivas en el mundo. En realidad
fueron cuando mucho el detonante de toda una serie de acontecimientos de mucha
mayor significación política. Desde el bombardeo de "conmoción y pavor" de Irak
hasta la tortura en masa y la humillación cotidiana a los países ocupados; desde
el arrasamiento de Fallujah hasta la devastación de Jenin y Palestina; desde los
asesinatos cotidianos de palestinos por los ocupantes israelíes hasta la
suciedad embarrada en el Corán en Guantánamo, Israel, Estados Unidos y Europa se
han propuesto demostrar que ningún musulmán está seguro en ningún lado y nada es
sagrado.
Las razones por las que millones protestan contra una caricatura de Mahoma
publicada en un insignificante pasquín derechista escandinavo es que es la
última gota de una serie de violaciones deliberadas de los derechos sociales y
políticos de los pueblos musulmanes, árabes y colonizados. Los medios
occidentales se concentraron en el contenido religioso de los manifestantes,
olvidando que casi todo país donde se han realizado protestas ha estado sujeto a
intervención occidental reciente, al pillaje en gran escala de sus materias
primas y/o a la destrucción de sus derechos seculares: invasión de países;
destrucción de hogares, escuelas, hospitales, sistemas de salud y de agua
potable, despojo de recursos agrícolas y naturales; saqueo de museos,
bibliotecas y sitios arqueológicos, profanación de mezquitas. Y ahora su más
profundo punto de referencia histórica y espiritual, el profeta Mahoma -la más
reverenciada figura religiosa-, ha sido insultado repetidas veces y con
impunidad por arrogantes imperialistas y sus siervos en los medios, apoyados y
financiados por el Estado israelí y sus operativos sayanin en el
extranjero. Es cínico sugerir que musulmanes devotos pudieran profanar con
impunidad la figura de Jesucristo, cuando también eso está prohibido por el
Corán.
La estrategia israelí de poner a Estados Unidos a librar sus guerras se
volvía en su contra. Había necesidad de revivir las tensiones político-militares
que explotó para su ventaja el 11 de septiembre de 2001: de allí la provocación
de Flemming Rose, de allí la amplia y coordinada promoción del hecho, de ahí la
predecible explosión de protesta, la recreación de la tensión en Medio
Oriente... y el avance de la agenda de Israel.
Una vez más, Israel y sus agentes en el exterior han colocado la expansión y
los intereses militaristas de Israel por encima de los intereses de los pueblos
estadunidense y europeos. Sin embargo, una maniobra que pareció tan inteligente
a los Roses del mundo y a sus katsas y dóciles sayanim podría una
vez más volverse en su contra: los alzamientos podrían ir más allá de protestar
contra los símbolos del vilipendio y atacar la sustancia del poder, inclusive a
los procónsules árabes y musulmanes y sus colaboradores en el poder político y
económico euroestadunidense. El próximo cartón controvertido bien podría mostrar
a Moisés guiando a su pueblo hacia el desierto.
Traducción: Jorge Anaya