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el 25 de marzo y el 1º de mayo de 2006, unos 5 millones de trabajadores
migratorios y sus simpatizantes marcharon en unas 100 ciudades de Estados
Unidos. Es la mayor y más sostenida manifestación obrera en la historia del
país. Jamás en toda su trayectoria de 50 años ha sido capaz la confederación
sindical estadunidense AFL-CIO de movilizar siquiera una fracción de los
trabajadores convocados por el movimiento de migrantes. El ascenso y crecimiento
del movimiento está arraigado en la experiencia histórica de esos asalariados,
cuya abrumadora mayoría procede de México, Centroamérica y el Caribe; en la
experiencia de explotación y racismo que enfrentan hoy en Estados Unidos y en el
futuro de encarcelamiento, expulsión y despojo que les aguarda.
El movimiento está empeñado en una lucha política independiente contra los
gobiernos locales y estatales, y sobre todo el nacional. Su objetivo inmediato
es derrotar a la legislación orientada a criminalizar a los migrantes con empleo
y a una iniciativa de "transacción" cuyo propósito es dividir a los trabajadores
recién llegados de los antiguos. La demanda clave es legalizar a todos,
recientes y antiguos. La elección de métodos de acción directa se da en
respuesta a la inefectividad de las actividades legalistas y de cabildeo de las
organizaciones latinas establecidas de clase media y al fracaso total de la
confederación sindical y de sus afiliados en organizar a los migrantes en
sindicatos o incluso construir organizaciones solidarias.
Para entender el crecimiento dinámico de este movimiento en Estados Unidos y
su militancia, es necesario analizar los profundos cambios estructurales en los
ochenta y los noventa en México y Centroamérica.
TLCAN, guerras y mercados libres
A partir de los ochenta, Washington, por conducto del FMI y de los
presidentes de México a su servicio, promovió una política de "libre comercio"
que abrió la puerta a un flujo masivo de productos agrícolas estadunidenses
fuertemente subsidiados, que perjudicaron a los agricultores medianos y pequeños
locales. Las inversiones extranjeras en gran escala en empresas de ventas al
menudeo, la banca y las finanzas condujeron a la bancarrota a millones de
pequeños empresarios. El crecimiento de las zonas industriales de libre comercio
deterioró la legislación laboral y social. Los pagos de la deuda externa, las
privatizaciones corruptas y el crecimiento del empleo precario ocasionaron una
caída absoluta de los salarios, al tiempo que el número de multimillonarios
mexicanos se multiplicaba. Enormes ganancias y pagos de intereses fluyeron hacia
consorcios y bancos estadunidenses.
Los asalariados rurales y urbanos desplazados y empobrecidos pronto siguieron
la misma ruta de las ganancias e intereses. El razonamiento, según los "mercados
libres", era que los libres flujos de capital hacia México deberían venir
acompañados por el libre flujo de operarios mexicanos hacia el vecino del norte.
Pero éste no practicó la doctrina de "libre mercado": aplicó una política de
entrada irrestricta de capital a México y de restricción a la migración laboral.
Las políticas de libre mercado crearon una vasta reserva de trabajadores
mexicanos empleados y desempleados, en tanto las restricciones legales a la
migración los obligaron a emigrar sin documentos. Este enorme flujo no fue sólo
resultado de que los mexicanos o centroamericanos buscaran mayores salarios,
sino de las adversas condiciones estructurales impuestas por el TLCAN, que
expulsaron gente de su lugar de empleo: como la estructura mexicana de libre
mercado era un modelo de acumulación centrado en el imperio, éste se volvió un
imán que atraía a los migrantes en busca de empleo.
El segundo rasgo estructural que determinó la migración masiva de
centroamericanos a Estados Unidos fueron las guerras imperiales estadunidenses
de los ochenta: la masiva intervención militar de Washington a través de
ejércitos que actuaban en su nombre en Nicaragua, El Salvador, Guatemala y
Honduras destruyó la posibilidad de reforma social y economía viable en toda
Centroamérica. Al financiar escuadrones de la muerte y promover actividad
contrainsurgente Estados Unidos empujó a millones de centroamericanos a
abandonar el campo y emigrar hacia zonas de miseria en las ciudades y hacia
México, Estados Unidos, Canadá y Europa. El "éxito" de Washington en imponer
gobernantes corruptos de derecha en toda Centroamérica cerró toda opción de
mejoramiento individual o colectivo en la economía doméstica. La adopción de
medidas neoliberales condujo a un desempleo aún mayor y a una drástica merma en
los servicios sociales, que impulsó a muchos a buscar empleo en el imperio: la
fuente de su miseria.
Legado de lucha
La primera ola de inmigrantes de los ochenta, generada por el colapso
neoliberal y el terror militar, buscó en forma anónima cualquier empleo, aun en
las peores condiciones; muchos escondieron su pasado militante, pero no lo
olvidaron. A medida que el flujo de migrantes ganaba impulso, grandes
concentraciones de latinos se asentaron en ciudades importantes de California,
Texas, Arizona y Nuevo México, lo cual llevó a la creación de una densa red de
clubes sociales, culturales y deportivos y de organizaciones informales basadas
en antiguos lazos familiares, vecinales y regionales. Florecieron nuevas
pequeñas empresas, se incrementó el poder de compra, los niños iban a escuelas
que tenían claras mayorías latinas y numerosas estaciones de radio se dirigieron
a los migrantes en su propio idioma. Rápidamente el sentido de solidaridad
creció por la fuerza de los números, la facilidad de comunicación, la proximidad
de compañeros trabajadores y, sobre todo, la experiencia común de migración
indocumentada y explotación despiadada en las tareas más duras y peor pagadas,
acompañadas por actitudes racistas de los patrones, los obreros blancos, la
policía y otras autoridades públicas.
La decisión del Congreso de añadir la amenaza adicional de prisión y
expulsiones masivas ocurrió al mismo tiempo en que las redes sociales y de
solidaridad dentro de las comunidades latinas se profundizaban y expandían. La
militancia anterior en la resistencia popular contra los escuadrones de la
muerte en El Salvador, el sabor de la libertad y la dignidad durante el periodo
sandinista en Nicaragua y los múltiples movimientos campesinos en México
salieron del clóset y encontraron nueva expresión social en el movimiento de los
trabajadores migratorios.
La convergencia de militancia sumergida o latente y demandas de derechos
laborales y de reconocimiento legal en el nuevo contexto de explotación y
represión creó el ímpetu para la solidaridad social de comunidades enteras. La
participación incluyó familias y barrios y cruzó las fronteras generacionales:
estudiantes de enseñanza media se sumaron a operarios de la construcción,
jardineros, empleados de la industria del vestido y domésticos para llenar las
calles de Dallas y Los Angeles con decenas de miles de manifestantes, con gran
sorpresa de observadores no latinos, ignorantes de ese legado histórico, de sus
poderosas redes sociales y de su decisión de trazar la línea entre la existencia
social y la expulsión en masa.
En suma, no podemos entender la migración laboral masiva sin examinar el
flujo masivo de capital estadunidense hacia México, su impacto destructivo en
las relaciones socioeconómicas y el flujo no regulado de ganancias e intereses
hacia Estados Unidos. Tampoco podemos explicar los flujos de largo plazo de
migrantes de Centroamérica sin tomar en cuenta el envío masivo de armas
estadunidenses hacia las clases gobernantes de la región.
La migración laboral mexicana y centroamericana es resultado directo de la
victoria de la contrarrevolución encabezada por Estados Unidos en la región. En
cierto sentido, el surgimiento del movimiento masivo de migrantes es una
repetición de las luchas anteriores entre el capital estadunidense y el trabajo
mexicano y centroamericano en la nueva arena de la política estadunidense y con
un nuevo grupo de temas. La continuidad de estas luchas se encuentra en las
demandas comunes de autodeterminación y los métodos comunes de acción directa,
lo cual se refleja en la fuerte composición de clase trabajadora o "popular" de
la lucha, y en la memoria histórica de la solidaridad de clase.
Significación del nuevo movimiento
El surgimiento del movimiento de mano de obra migratoria abre un nuevo
capítulo en la lucha de la clase obrera en Norte y Centroamérica. En primer
lugar representa la primera lucha de la clase trabajadora independiente en
Estados Unidos después de 50 años de decadencia, estancamiento y claudicación de
la confederación sindical establecida. En segundo, revela una nueva clase
protagónica como sector líder en el movimiento: el migrante. Mientras los
sectores dinámicos del trabajo organizado en el sector privado (operarios de la
industria automotriz, del transporte, del acero y de los muelles en la costa
oeste) han perdido las dos terceras partes de sus miembros y ahora representan
sólo 9 por ciento de la fuerza laboral privada, más de dos millones de migrantes
expresaron una solidaridad social que no se veía en el país desde los treinta.
En tercero, el movimiento se organiza sin un gran aparato burocrático sindical y
con presupuesto mínimo, sobre la base de trabajadores voluntarios en
comunicación horizontal. De hecho, uno de los factores claves del éxito de la
movilización fue que estuvo en gran medida fuera del control de la jerarquía
sindical, pues una minoría eran miembros de sindicatos. En cuarto, los líderes y
estrategas del movimiento son independientes de los dos principales partidos
políticos capitalistas, sobre todo del abrazo mortal del Partido Demócrata.
Por su independencia política, el movimiento de trabajadores migratorios
salió a las calles, criticó las políticas de ambos partidos y no se limitó a la
acción inútil de los cabilderos en los pasillos del Congreso. El movimiento ha
servido, hasta cierto punto, como un "polo social" que atrae y politiza a
decenas de miles de estudiantes de enseñanza media e incluso universitarios,
sobre todo de origen latinoamericano. Además, se ha activado una minoría de
sindicalistas anglos disidentes, progresistas de clase media y empleados
liberales para colaborar en la lucha laboral. La lucha del movimiento es
política, dirigida a influir en el poder político y contra el dominio del
"capital blanco" dirigido a criminalizar y expulsar a los "trabajadores cafés".
Existen obstáculos políticos al crecimiento y consolidación del movimiento.
Primero, numerosos patrones despidieron a empleados que participaron en la
primera ola de manifestaciones. Trabajadores latinos afiliados a sindicatos
recibieron poco o ningún apoyo de sus líderes. En segundo lugar, después del
éxito de los movimientos, numerosos políticos latinos tradicionales,
trabajadores sociales, consultores profesionales, organizaciones no
gubernamentales y burócratas se treparon a la carreta y buscan desviar el
movimiento hacia los canales convencionales de hacer "peticiones" al Congreso y
apoyar a los políticos del Partido Demócrata, que son "el mal menor".
Por último está el problema del desarrollo dispar de la lucha dentro de la
clase obrera y entre las regiones del país. La mayoría de los empleados anglos
son pasivos, en el mejor de los casos, y probablemente más de la mitad perciben
a los migrantes como una amenaza a sus empleos, salarios y vecindarios. La
ausencia general de una educación antirracista y clasista por parte de la
burocracia sindical dificulta la unión de la clase trabajadora. El reto es que
los migrantes latinos logren salir a construir coaliciones con los negros y
asiáticos, así como con la minoría de sindicalistas anglos avanzados.
Por último existe la necesidad de confrontar la nueva ola de redadas
policiacas en masa en centros laborales y barrios, donde cientos de trabajadores
latinos son copados y expulsados. Hoy día, la policía cerca barrios latinos
enteros para realizar cateos casa por casa. Durante la semana del 21 al 28 de
abril, el jefe neoconservador de la agencia de Seguridad Interior, Michael
Chertoff, dirigió el arresto de mil 100 migrantes indocumentados en 26 estados.
Pese a estos desafíos, el movimiento de los migrantes está en ascenso: el 25
de marzo cientos de miles se manifestaron; el 10 de abril marcharon más de 2
millones, y este 1º de mayo se unirán millones más a las marchas y los paros
laborales. Mientras los políticos reaccionarios se esconden en el Congreso,
urdiendo formas de dividir y conquistar al movimiento, millones de latinos están
en las calles... por sus derechos, su autodeterminación y su dignidad.
Traducción: Jorge Anaya