James Petras - rodelu.net |
10 de marzo de 2007
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La
Jornada de México - 10 de marzo de 2007
América Latina: cuatro bloques de poder
En América Latina hay cuatro bloques de naciones que contienden,
contrariamente al dualismo simplista con que la Casa Blanca y la mayoría
de la izquierda describen el proceso. Cada uno de ellos representa
diferentes grados de acomodo u oposición a las políticas e intereses
estadunidenses, que dependerán de cómo defina o redefina Estados Unidos
sus intereses según las nuevas realidades.
James
Petras
La izquierda radical incluye a las FARC en Colombia, sectores de los
sindicatos y los movimientos campesinos y barriales en Venezuela; la
confederación obrera Conlutas y sectores del Movimiento sin Tierra en
Brasil; sectores de la Confederación Obrera Boliviana, los movimientos
campesinos y las organizaciones barriales en El Alto; sectores del
movimiento campesino-indígena de la Conaie en Ecuador; los movimientos
magisteriales e indígena-campesinos en Oaxaca, Guerrero y Chiapas, México;
sectores de la izquierda campesino-nacionalista en Perú; sectores de los
sindicatos y desempleados en Argentina. Es un bloque político heterodoxo,
disperso, fundamentalmente antimperialista, que rechaza cualquier
concesión a las políticas socioeconómicas neoliberales, se opone al pago
de la deuda externa y en general respalda un programa socialista o
nacionalista radical.
La izquierda pragmática incluye al presidente Hugo Chávez en Venezuela,
a Evo Morales en Bolivia y a Fidel Castro en Cuba. A una multiplicidad de
grandes partidos electorales y a los principales sindicatos y uniones
campesinas en Centro y Sudamérica: los partidos electorales de izquierda,
el PRD en México, el FMLN en El Salvador, la izquierda electoral y la
confederación obrera en Colombia, el Partido Comunista chileno, la mayoría
en el partido parlamentario nacionalista peruano Humala, sectores de los
líderes del MST en Brasil, el MAS en Bolivia, la CTA en Argentina y una
minoría del Frente Amplio y la confederación obrera en Uruguay. Incluida
está la gran mayoría de los intelectuales latinoamericanos de izquierda.
Este bloque es "pragmático" porque no hace un llamado a la expropiación
del capitalismo ni al rechazo de la deuda ni a ruptura alguna de
relaciones con Estados Unidos.
En Venezuela los bancos privados, nacionales y extranjeros, ganaron una
tasa de más de 30 por ciento entre 2005 y 2007. Menos de uno por ciento de
las más enormes propiedades de tierra fue expropiado para otorgarle
títulos a los campesinos desposeídos. Las relaciones del capital con la
mano de obra siguen inclinando la balanza en favor de las empresas y los
contratistas. Venezuela y el presidente Alvaro Uribe de Colombia han
firmado varios acuerdos de cooperación económica y de seguridad de alto
nivel. Mientras promueve una mayor integración latinoamericana, Chávez
busca una "integración" con Brasil y Argentina, cuya producción y
distribución de crudo son controladas por corporaciones multinacionales
europeas e inversionistas estadunidenses. Aunque Chávez reprocha el
intento estadunidense de subvertir el proceso democrático en Venezuela, el
país provee 12 por ciento de las importaciones totales de crudo a Estados
Unidos, es dueño de 12 mil gasolineras Citgo en Estados Unidos y de varias
refinerías. El sistema político de Venezuela es muy abierto a la
influencia de los medios masivos privados, apabullantemente hostiles al
presidente electo y al Congreso. Hay organizaciones no gubernamentales
financiadas por Estados Unidos, una docena de partidos y una confederación
de sindicatos actuando en pro de los planificadores estadunidenses. Casi
todos los funcionarios y miembros del Congreso que están en favor de
Chávez se montaron en su carroza política más por intereses personales que
por lealtad populista. El pragmatismo de Venezuela es un campo muy
lucrativo para los inversionistas estadunidenses, suministra energía de
modo confiable y crea alianzas con Colombia, principal cliente de Estados
Unidos en América Latina.
La retórica y el discurso radical de Chávez no corresponden con las
realidades políticas. Si no fuera por la intransigente hostilidad de
Washington y sus tácticas de continua confrontación y desestabilización,
Chávez parecería moderado. Es obvio que sectores de las grandes empresas
se quejen del incremento en pagos por regalías, dividendos de ganancias e
impuestos. Washington pinta a Chávez cual si fuera un "peligroso radical"
porque compara su política con la de los previos regímenes clientelares de
Venezuela en los años 90. Pero si tomamos los pronunciamientos de política
exterior de Chávez con una pizca de sal, asumimos el cambio en el ambiente
internacional acaecido entre 2000 y 2007 y sus limitadas reformas en
asistencia social, impuestos y otras, de hecho Estados Unidos está ante un
radical pragmático que puede acomodar.
Lo mismo se aplica a la política hacia Cuba y Bolivia. Cuba ha
establecido lazos diplomáticos con casi todos los clientes y aliados de
Estados Unidos en América Latina. Explícitamente le tendió la mano
diplomática a Uribe, rechaza la izquierda revolucionaria de las FARC en
Colombia y respalda en público a neoliberales como Lula da Silva de
Brasil, Néstor Kirchner de Argentina y Tabaré Vázquez en Uruguay, además
de firmar un amplio espectro de acuerdos de adquisición con grandes
exportadores estadunidenses de alimentos. Cuba brinda servicios de salud
gratis (y entrenamiento a miles de médicos y educadores) en un gran número
de regímenes clientes de Estados Unidos, de Honduras a Haití y Pakistán.
Abrió la puerta a inversionistas extranjeros de cuatro continentes en
todos sus principales sectores de crecimiento. La paradoja es que mientras
Cuba profundiza su integración al mercado capitalista mundial en la
emergencia de una nueva clase de elites orientadas al mercado, la Casa
Blanca incrementa su hostilidad ideológica. Esta postura extremista se
emprende también con el régimen de izquierda pragmática de Morales en
Bolivia, cuya "nacionalización" no ha expropiado ni expropiará ninguna
empresa extranjera. Uno de sus principales propósitos es estimular los
acuerdos comerciales entre la elite de las agroempresas de Bolivia con
Estados Unidos.
El tercero y más numeroso de los bloques políticos en América Latina lo
constituyen los neoliberales pragmáticos: el Brasil de Lula y la Argentina
de Kirchner. Muchos son los imitadores de estos regímenes entre las filas
de la oposición liberal de izquierda en Ecuador, Nicaragua, Paraguay y
otros lados. Kirchner y Lula defienden su paquete completo de
privatizaciones legales, semilegales e ilegales. Ambos prepagaron sus
obligaciones oficiales de deuda y buscan estrategias de crecimiento
mediante la exportación de minerales y productos agrícolas, e
incrementaron las ganancias empresariales y financieras restringiendo
sueldos y salario.
Hay también diferencias. La estrategia en favor de la industria de
Kirchner condujo a una tasa de crecimiento que duplica la lograda por
Lula; redujo el desempleo en 50 por ciento, lo cual contrasta con el
fracaso de las políticas de empleo de Lula. En Argentina, el ambiente de
inversión para empresarios y banqueros es favorable para la consecución de
ganancias. Sus principales diferencias con Washington derivan de las
negociaciones en torno a un acuerdo de libre comercio. Mayores
oportunidades de comercio global y una posición mercantil más fuerte les
otorga una posición más fuerte al negociar. Ni Lula ni Kirchner
respaldarán el intento militar estadunidense de derrocar o boicotear a
Chávez, porque trabajan conjuntamente aumentando lucrativas inversiones y
proyectos de petróleo y gas. Reconocen la naturaleza básicamente
capitalista del régimen de Chávez aun cuando rechacen la mayor parte de su
radical discurso antimperialista. Ambos presidentes diversifican sus
socios comerciales y buscan acceder a mercados en China y Asia.
Washington no es hostil con Argentina y tiene una relación amistosa de
trabajo con Brasil, pero no logró extender su influencia a ellos por su
renuencia a entender estos regímenes de libre comercio "nacionalista". Que
Kirchner se empeñe en lograr acuerdos negociados, inversiones reguladas,
recolección de impuestos y renegociaciones de la deuda es visto como
"nacionalista", "izquierdista" y casi intolerable. Washington se preocupa
de que las políticas de libre comercio de Lula exijan que Estados Unidos
ponga fin a sus subsidios y cuotas agrícolas, como lo hace Brasil. Pero
con tal de defender a sus empresas agrícolas no competitivas, Washington
sacrifica en su extremismo la posibilidad de entrar a gran escala y largo
plazo al sector industrial y de servicios de Brasil.
El cuarto bloque político son los regímenes, partidos y asociaciones de
elite neoliberales doctrinarios, que siguen al pie de la letra los
dictados de Washington. Es el régimen de Felipe Calderón en México, que se
prepara para privatizar las lucrativas empresas petrolera y eléctrica. Es
el régimen de Michelle Bachelet en Chile, perenne exportador de minerales
y productos agrícolas, la Centroamérica exportadora de fruta tropical y
plena de maquiladoras. Colombia, que recibe 5 mil millones de dólares en
ayuda militar estadunidense desde finales de los 90. Perú que por más de
20 años ha privatizado toda su riqueza mineral, gobernado ahora por Alan
García, otro cliente de Estados Unidos.
Según Washington y los ideólogos de derecha un "populismo radical"
barre la región, simplificando una compleja realidad para servir a sus
propios intereses. Lo que hay es un cuadrángulo de fuerzas que compiten y
se confrontan en América Latina.
Washington insiste que la influencia subversiva de Venezuela y Cuba
debilita su posición en América Latina. Un factor mucho más importante es
el aumento generalizado de los precios de bienes de consumo, lo que
significa mayores entradas por exportación a la región. Entonces, los
países latinoamericanos dependen menos de las "condiciones" del FMI para
allegarse préstamos, lo que limita aún más la influencia estadunidense.
Mayor liquidez significa poder contar con préstamos comerciales sin
recurrir al Banco Mundial. Los expansivos mercados de Asia, en particular
el aumento de la inversión asiática en las industrias extractivas
latinoamericanas, erosiona aún más el apalancamiento mercantil
estadunidense en la región. Ante la caída de su propia economía en 2007,
es probable que Estados Unidos reduzca sus inversiones y comercio con
América Latina. En otras palabras, tiene menos margen de maniobra sobre
izquierdistas y neoliberales pragmáticos que en los 90. Mal etiquetar a lo
regímenes y exagerar grado y clase de la oposición conduce a la exacerbar
los conflictos. Persistir en la actitud de lograr acuerdos de libre
comercio a escala continental mediante concesiones no recíprocas es perder
la oportunidad de lograr tratos comerciales.
Esto es efecto de una configuración ultraconservadora por parte de los
planificadores estadunidenses y sus principales asesores.
Washington describe burda y malamente la realidad latinoamericana, lee
incorrectamente el contexto regional e internacional actual, pero los
intelectuales de izquierda exageran el radicalismo o la realidad
revolucionaria de Cuba y Venezuela. Pasan por alto la contradictoria
realidad y sus acomodos pragmáticos con los regímenes neoliberales. Con
muy poca perspicacia histórica, continúan creyendo que neoliberales
pragmáticos como Lula, Kirchner y Vázquez son "progresistas", y los
agrupan junto con izquierdistas pragmáticos como Chávez, Castro y Morales.
En ocasiones caracterizan a los partidos y a los regímenes según sus
pasadas identidades políticas izquierdistas y no según sus actuales
políticas elitistas de libre comercio y exportación de agrominerales.
La izquierda debe encarar el hecho de que pese a que el poder
estadunidense declinó, se recupera y avanza desde que las rebeliones de
masas derrocaron a sus clientes en 2000-2002. Quedaron en la nada las
esperanzas de la izquierda en que la victoria de antiguos partidos
políticos electorales de centroizquierda revirtiera las políticas
neoliberales de sus predecesores. Redefinir la conversión de izquierdistas
en neoliberales pragmáticos cual si fuera algo progresista o creara un
contrapeso al poderío estadunidense, es ingenuo y confunde aún más.
El declive de la influencia estadunidense en América Latina no es
lineal: una abrupta caída fue seguida de un repunte parcial. Ningún
ascenso sostenido de la izquierda radical sale al paso de este descenso en
influencia. Los ganadores reales son los izquierdistas y neoliberales
pragmáticos, que llegaron el poder ante la retirada de los neoliberales
doctrinarios y la favorable coyuntura expansiva de las condiciones del
mercado mundial.
Traducción: Ramón Vera Herrera
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