James Petras - rodelu.net |
16 de septiembre de 2007
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La
Jornada de México - 13 de septiembre
Cuba y un hombre perverso
La omisión de tan rara y grande fuerza, entre los logros que desconoce
James Petras, lo lleva a formular críticas que en el mejor de los casos
presenta mutiladas o sesgadas. Lo lleva incluso a algo aún más doloroso, a
perder conciencia de las mentiras que hace suyas. Y, entre sumideros
presuntuosos, lo lleva a posesionarse de su papel y a señalar sin reserva
qué políticas debería haber seguido o debería seguir Cuba. El fenómeno no
es nuevo: ya Jimmy Carter quiso decir a los cubanos cómo deberían hacer la
democracia; hoy James Petras les dice cómo deberían hacer el socialismo.
La figura señera del pequeño y enérgico profesor adquiere rasgos
dramáticos mientras sube al despeñadero. Para comprender lo que le pasa es
mejor citar, tal como aparecen, sus críticas a los dirigentes de la
revolución, sus críticas a las decisiones que han tomado, y las propuestas
que él instruye con firmeza y convicción expertas. Críticas y propuestas
de políticas alternativas lo llevan a l80 grados de una posición
ultrarrevolucionaria. Ponen bajo su firma las mentiras o engaños de los
neoliberales y de los “socialistas de mercado” a quienes él –ya en vano–
critica –“como por no dejar”–, haciendo suyas las palabras (fuera de
contexto) de un comandante histórico de la revolución, recurso que también
emplea para validar algunas de sus críticas con las de Fidel y Raúl
Castro, de quienes toma importantes autocríticas para dar a entender que
ellos apoyan sus disparatadas afirmaciones... y apadrinan la “validez”, o
“confiabilidad” a sus propuestas de políticas revolucionarias,
ultra y contra.
James
Pablo González Casanova/ II y última
Aquí tal vez es necesaria una aclaración en el sentido de que para
mayor confusión alguna o algunas de sus propuestas quizá sean válidas,
como dar mayor importancia a la producción de alimentos de consumo
interno; sólo que en casos como éste, en que uno duda si criticar a James
o no, también piensa uno que sería muy bueno que quienes han tomado las
decisiones sobre política económica y social en Cuba vuelvan a
documentarnos en lo que concierne a las opciones que tuvieron y que
desperdiciaron pudiéndolas aprovechar, y sobre las opciones muy peligrosas
en que organizaron verdaderos plebiscitos para decidir. El mundo verá con
interés cuáles fueron y son los escenarios que en materia de opciones tuvo
y tiene Cuba para resolver unos problemas, sin descuidar otros como el
transporte público o la vivienda, que son objeto de malestar. Pero, de
antemano, es necesario recordar que por mucho que se quiera tener
“condiciones objetivas” para la construcción del socialismo, van a seguir
contando necesariamente las “condiciones subjetivas” de los pueblos
rebeldes, objetivamente empobrecidos, explotados, oprimidos, reprimidos,
desalojados y hasta en proceso de extinción por enfermedades curables, por
bombardeos de aldeas, de recursos y veneros, por hambrunas y furias
religiosas o tribales alentadas y armadas por las fuerzas militares y
paramilitares del imperialismo colectivo y sus asociados.
Para la construcción del socialismo en sociedades de recursos escasos,
bloqueadas y acosadas, será muy importante conocer cómo tomó Cuba opciones
en una situación en que cualquier alternativa que tomara tenía efectos
positivos y también negativos. Mientras tanto, dejemos hablar a Petras.
Tras criticar “los bajos salarios en Cuba que desalientan a una población
muy educada” para trabajar en el cultivo de un producto de consumo
nacional, como es el arroz, escribe que “sin embargo, por razones poco
claras, Cuba rechaza la idea de alentar la inmigración desde países con
excedente de trabajadores agrícolas experimentados, como Haití...” Es
decir, implícitamente, Petras hace una propuesta para aprovechar las
diferencias de que el colonialismo y el capitalismo se aprovechan para
manipular y explotar a los trabajadores, las políticas que se aplican
desde Estados Unidos hasta China, pasando por Europa y Rusia, y otros
estados menores, todos con sus patios traseros.
Petras espeta otra propuesta, tal vez no bien calculada, en la que
afirma que: “con un poco de cemento y una mano de pintura barata se
podrían revitalizar los vecindarios obreros, ahora gravemente
deteriorados”. En cuanto a las críticas que cita de Fidel Castro cuando
dijo en 2005 que el “mercado negro y el robo de gasolina” estaban
afectando gravemente a la economía y la moral en Cuba, saca como
conclusión que “las autoridades gubernamentales y la vigilancia
administrativa no funcionan”, y reconviene al gobierno porque “los
ministros a cargo de la energía, el transporte y el comercio ni siquiera
hayan sido reprimidos públicamente”.
Poco a poco, James Petras cae en sus fantásticas propuestas de
políticas alternativas. Ya plenamente posesionado de su papel, dice al pie
de la letra: “La nueva política de la renta debería promover sectores
estratégicos de la economía. El crecimiento de la agricultura, de la
manufactura y de los sistemas de información aplicada requieren cambios en
la dirección de la política gubernamental y, sobre todo, en la formación
educativa y profesional”. Y esta vez, en creciente apoyo a sus propias
propuestas, se va al otro mundo, al mundo capitalista: “Mientras que la
mayoría de los países asiáticos y latinoamericanos –escribe– iban a la
zaga de Cuba en los años 60, hoy han superado a Cuba en la diversificación
de sus economías, el desarrollo de sectores competitivos para la
exportación y la disminución de su dependencia de un grupo limitado de
productos de exportación. Al añadir valor a sus productos los países
asiáticos han incrementado sus ingresos, lo cual ha redundado en salarios
más altos y un mejor ajuste entre la educación avanzada y las
oportunidades de trabajo...” ¿Petras, James Petras dice esto? Sí, y dice
mucho más. Incluso afirma que Cuba debe abandonar o disminuir su política
de solidaridad con otros países de América Latina y África, a los que
envía médicos y medicinas, y aprovechar esos recursos para atender a su
propia población, que tantas carencias tiene, o para mejorar sus ingresos
comerciales en divisas...
Aquí me detengo para que los lectores vayan directamente* a un
documento dramático y excepcional; dramático, porque en realidad apoya a
los que en la propia Cuba pretenden aplicar las mismas políticas que en
China o Vietnam se han aplicado para restaurar el capitalismo.
Excepcional, porque en el mismo documento, el mismo autor,
ultrarrevolucionario, pasa a preconizar políticas ultraconservadoras y
restauradoras, entre argucias, falacias y engaños que nos recuerdan a esos
hombres de que habla Borges, que ya se murieron y todavía no lo saben.
* Respuesta al artículo de James Petras y Robert Eastman-Abaya “Cuba:
revolución permanente y contradicciones contemporáneas”, publicado en
Rebelión, 24 de agosto de 2007
Notas relacionadas:
Cuba y un hombre perverso - James Pablo González Casanova/ I
La continuada revolución de Cuba - James Petras y Robin Eastman-Abaya
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