| elPeriódico
de Catalunya - 19 de April de 2004
Lucha
contra el nacionalismo
• Bush no combate el terrorismo
en Irak. Guerrea contra una especie de pasión religioso-nacional
William
Pfaff *
Se suele considerar
poco político, e incluso poco patriótico, que un estadounidense
sugiera que EEUU y sus aliados deben meditar con urgencia cómo abandonar
Irak de la manera más constructiva posible. Hay que aceptar que
en Irak no están combatiendo el "terrorismo", ahora están
luchando contra el nacionalismo, lucha que tarde o temprano perderán.
Una combinación
de pasión religiosa con pasión nacional ha acabado creando
la crisis, y sea cual sea su componente de yihadistas exaltados de Afganistán
y aprendices de muyahidin de Birmingham y los suburbios de París,
se trata de un fenómeno nacionalista, de efecto limitado hasta ahora,
pero con potencialidades explosivas para la región. El esfuerzo
militar de los últimos días puede relegarlo, como mucho,
a la clandestinidad durante un tiempo.
ESTE TIPO de
guerra produce, casi inevitablemente, castigos ejemplares de civiles, destrucciones
de casas y represalias contra las familias de los hombres que combaten
la ocupación. Esto puede sofocar la resistencia en un lugar determinado
durante cierto tiempo, pero promueve el odio y ejerce un efecto embrutecedor
sobre las tropas implicadas que pueden desmoralizarse al encontrarse inmersas
en un clima moral de represalias, de devastación de la sociedad
civil y de incapacidad para distinguir entre combatientes enemigos y no
combatientes.
Tales medidas
cuentan con una larga y deprimente historia de guerrilla y resistencia
popular contra los ocupantes. Sirven principalmente para reforzar las pretensiones
políticas de la resistencia y desacreditar las de las fuerzas de
ocupación. Ésta es la paradoja clásica de la guerra
contra el nacionalismo. Sus éxitos a corto plazo tienden a producir
costes a largo plazo. Blair comprende qué fue lo que despertó
al nacionalismo asiático y árabe frente al imperio británico.
EEUU debería saber algo, pues se vio envuelto en una guerra contra
el vietnamita.
El presidente
y el primer ministro confían en sus propias buenas intenciones.
¿No están proponiendo transferir la soberanía a los
iraquís dentro de 12 semanas? Ésta es la segunda ilusión
crucial de los socios de la coalición. Fueron a Irak para derrocar
a un déspota y a su Gobierno. Lo lograron. En Irak, la mayoría
de la población parece estar profundamente agradecida. Pero la coalición
no ha asumido ninguna responsabilidad por lo que ha sucedido después:
ha dejado que la sociedad iraquí se entregara a un pillaje caótico
y ha fracasado en su intento de establecer el orden durante el año
siguiente a la caída de Bagdad.
Los funcionarios
de la coalición aún se proponen transferir la soberanía
a un Gobierno provisional iraquí a finales de junio. Luego debe
iniciarse un proceso político que produciría un Gobierno
federal elegido. Sin embargo, no debe transferirse la soberanía,
sino una autoridad limitada sobre los asuntos internos de Irak que deberá
ejercerse bajo la supervisión de EEUU.
EEUU no pretende
abandonar Irak. El cuartel general de la coalición debe convertirse
en embajada estadounidense con una plantilla de 3.000 funcionarios, la
mayor delegación diplomática estadounidense en el mundo.
Washington espera mantener bases militares permanentes en el país
(uno de los motivos de la invasión), con un acuartelamiento de 100.000
soldados, y supervisar el Gobierno provisional de Irak y el que salga elegido.
Se espera que éste último sea un estrecho aliado de EEUU
y facilite el mantenimiento de una base estratégica en la región.
Decir esto no es hacer una interpretación polémica o conspirativa.
Está en los archivos públicos.
Por definición,
un Gobierno soberano posee un monopolio de fuerzas armadas en el interior
de sus fronteras y ejerce el pleno control de su economía, sus recursos
y sus relaciones exteriores. Nada de todo esto sería así
para el Gobierno iraquí que ahora se proyecta. Que Irak se convierta
en un Estado cliente es el supuesto lógico de una política
exterior estadounidense que, desde finales de los años 80, ha dado
por sentado que, como única superpotencia, EEUU tiene la oportunidad
y la obligación de ejercer una influencia decisiva, y cuando sea
necesario, un poder decisivo en todas las regiones importantes del mundo.
Y lo hace, según sostiene, en interés general.
COMO escribiera
el diplomático e historiador George Kennan, ese supuesto
es "absolutamente inconcebible, presuntuoso e indeseable". Es una política
que con al final sería combatida por todo Gobierno que asumiera
un compromiso con la autonomía nacional. Reforzaría el aislamiento
internacional que EEUU ya experimenta. Acabaría rompiendo la Alianza
Atlántica.
En Irak, conduce
a un conflicto prolongado. ¿Qué hacer? La alternativa es
hacer eso a lo que la coalición se ha comprometido nominalmente:
ceder la soberanía real a un Gobierno iraquí formado bajo
los auspicios internacionales. Las tropas de la coalición deberían
abandonar el país a la mayor brevedad posible. En las circunstancias
de la crisis actual, el esfuerzo más importante radicaría
en convencer a los iraquís de que la coalición pretende delegar
el poder político real a un Gobierno iraquí verdaderamente
soberano, y de que no mantendrá fuerzas militares en el país
si no es bajo invitación de un Gobierno soberano.
William
R. Polk, antiguo funcionario del Gobierno de EEUU y fundador del Centro
de Estudios sobre Oriente Próximo de la Universidad de Chicago,
ha subrayado la importancia de que EEUU deje claro no sólo que abandonará
Irak, sino que durante el periodo en que permanezca "no basará sus
empresas en la economía iraquí o se apoderará del
petróleo ni lo privatizará; y que empezará a suavizar
inmediatamente su poder unilateral permitiendo las actividades políticas
y comerciales serias de otros poderes, y actividades políticas y
de seguridad bajo los auspicios de la ONU".
Se pueden
plantear dos objeciones graves. La primera es que quizá ya sea demasiado
tarde para detener el actual y trágico rumbo hacia un dilatado conflicto
entre las fuerzas de ocupación y la población iraquí.
La otra es si EEUU es capaz de plantearse un cambio político así.
Esta Administración no lo es. Una nueva podría ser capaz
de volver a encauzar su política, aunque no es seguro.
Lo más
útil que podría suceder sería que los aliados de EEUU
dejaran de decirle a Washington que la ocupación de Irak "no debe
fracasar", para decirle que ya ha fracasado. Sólo este cambio de
rumbo político puede salvar a EEUU y sus aliados del fiasco, y a
Irak de la devastación.
* Analista
político estadounidense. Tribune Media Services International.
Traducción de Xavier Nerín
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