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de Catalunya - 10 de Julio de 2004
El burdo
proceso de Sadam
• Las manipulaciones
y censuras de las autoridades militares en el juicio del exdictador vuelven
inviable la pretensión de Estados Unidos de que se acepte un veredicto
iraquí independiente
William
Pfaff *
El proceso contra Sadam Husein
ha comenzado de manera desastrosa, mientras que el juicio contra Slobodan
Milosevic puede dilatarse por su mala salud. Tras un receso para que
Milosevic
pudiera preparar su defensa, por el momento el tribunal penal internacional
estudia si reanuda el proceso obligando al expresidente yugoslavo a coger
un defensor porque podría estar demasiado enfermo para continuar
defendiéndose a sí mismo.
La duración y la complejidad
de las tentativas de la acusación, combinadas con las intervenciones
del propio Milosevic y la utilización del proceso judicial
para que tenga repercusiones políticas en Serbia, ya han suscitado
serias dudas acerca de la utilidad de este juicio y sobre su capacidad
para dictar un veredicto que fortalezca el imperio de la ley en la antigua
Yugoslavia.
Idéntica cuestión
puede plantearse sobre la comparecencia de Sadam Husein en Bagdad,
en una sala de audiencias situada en uno de sus antiguos palacios, convertido
actualmente en el centro de operaciones estadounidense conocido como Camp
Victory.
EL PASADO jueves le leyeron siete
cargos preliminares, pero el proceso judicial estaba tan manifiestamente
controlado y censurado por las autoridades militares de EEUU como para
desmantelar desde el principio la pretensión de que el juicio se
celebra bajo la autoridad independiente del Gobierno provisional de Irak.
Un equipo de oficiales estadounidenses
destruyó las cintas de vídeo de la prensa internacional donde
aparecía Sadam encadenado y borró por completo las
grabaciones de los alegatos legales de 11 miembros de alto rango de su
antiguo régimen. Un oficial vestido de civil les comunicó
a los equipos de cámaras que el juez prohibía que se grabara
el sonido, lo que resultó ser falso.
La consecuencia de todo ello es
que no existe un registro público completo de lo que ocurrió,
al margen de las notas de los periodistas de los pools norteamericano
e iraquí a los que se les permitió asistir. Las cintas de
vídeo censuradas, así como las que finalmente fueron enviadas
a la televisión internacional, se etiquetaron como: "Aprobada por
el Ejército de EEUU". Y después hablan del Irak soberano
y de su sistema independiente de justicia. Esta burda manipulación
resulta incomprensible si se tiene en cuenta lo que podría pensarse
que es el interés obvio de EEUU: que el juicio sea aceptado internacionalmente
como veredicto iraquí independiente sobre Sadam.
El caso sólo puede entenderse
como una evidencia más del desorden y la confusión que actualmente
dominan la política estadounidense con respecto a Irak a medida
que se aproximan las elecciones presidenciales de EEUU. La política
actual de Washington respecto de Irak no es más que política
electoral. La intención de dichos procesos judiciales ha sido advertir
a aquellos líderes nacionales que pudieran sentir alguna inclinación
a cometer crímenes contra la humanidad de que podrían ser
castigados al igual que Milosevic y Sadam Husein.
El aspecto negativo de estos juicios
reside en que han contribuido a confirmar la idea de que vulgares dictadores
y criminales políticos son más trascendentes que las figuras
reales de gran significación mundial. Estados Unidos ha calificado
a Sadam Husein de nuevo Hitler, carnicero de Mesopotamia
y amenaza para la democracia mundial. Pero, de hecho, él era uno
más de una serie de déspotas del Tercer Mundo que al inicio
de sus carreras estaban patrocinados o eran utilizados por EEUU y otras
grandes potencias, siendo favorecidos en las rivalidades regionales que
fueran de utilidad.
SIN EMBARGO, con frecuencia han acabado
abandonados y condenados por sus protectores del pasado. Las mayoría
de las veces (aunque no siempre) empezaron como reformistas sociales populistas,
pasaron por la corrupción y la megalomanía y acabaron dejando
de ser útiles para quienes les apoyaban.
Los predecesores de Sadam Husein
no eran Hitler o el Stalin a quien él tanto admiraba.
Fueron Fulgencio Batista, de Cuba; Rafael Trujillo, de la
República Dominicana; Augusto Pinochet, de Chile; Suharto,
de Indonesia, y el propio Sadam Husein cuando declaró la
guerra, con el respaldo de Estados Unidos, contra el Irán fundamentalista
islámico del ayatolá Jomeini en 1980. Posteriormente
adoptó ideas que le distanciaron de sus amigos en Washington.
La solución adecuada para
los crímenes contra la humanidad, y posiblemente el mejor elemento
de disuasión, podría ser la autorización del Consejo
de Seguridad de la ONU para la ejecución sumaria de los criminales
notorios. Sin embargo, el argumento en pro de la ley no se respeta, aun
cuando el derecho internacional siga siendo materia de tratados
y convenciones, a diferencia de la legislación aplicable de las
jurisdicciones nacionales, que está claramente definida.
El derecho internacional pretende
alcanzar el estatus de jurisdicción internacional de obligado cumplimiento,
pero mientras prevalezca el sistema de soberanía nacional seguirá
siendo, en última instancia, la legislación de los poderosos.
En EEUU, la Administración de George W. Bush ha desoído
la Convención de Ginebra que rige el trato a los prisioneros porque
le conviene y porque no hay jurisdicción internacional capaz de
obligarle a hacer lo contrario.
Su razonamiento es una amalgama
de cinismo e ideología nacionalista, pero, en última instancia,
es falso siempre que Estados Unidos siga siendo una democracia en la que
los valores representados por el derecho internacional hayan sido asumidos
por una parte significativa del electorado estadounidense. El electorado
es el que, en definitiva, sanciona a los líderes por la violación
de la legalidad internacional.
Por esta razón, deben seguir
celebrándose juicios por la guerra internacional y por los crímenes
contra los derechos humanos, a pesar de las debilidades que presentan.
Porque contribuyen a civilizar cada vez más las relaciones internacionales,
como viene sucediendo desde que el jurista holandés Hugo Grotius
realizó la formulación original del derecho de la guerra
y de la paz, en el siglo XVII. Su propósito último es imponer
la ley a los poderosos.
Tribune Media Services International
Traducción de Xavier Nerín.
* Analista
político estadounidense
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