| el
Periódico de Catalunya - 14 de enero de 2005
EEUU
es el problema
• Las elecciones
de Irak deben celebrarse, pero no traerán la estabilidad si no se
retiran las tropas
William
Pfaff *
La idea de que las elecciones de Irak
deberían ser aplazadas invierte, de forma poco convincente, los
argumentos sostenidos hasta el momento. Se suponía que la convocatoria
de elecciones mejoraría las cosas en Irak. Ahora el planteamiento
es que las cosas tienen que mejorar antes de que puedan celebrarse las
elecciones.
El presidente de Estados Unidos,
George W. Bush, y el primer ministro iraquí, Iyad Alaui,
insisten en que las elecciones se celebrarán, según lo programado,
el 30 de enero. Pero se dice que la mayoría del Consejo de Ministros
de Alaui aboga por el aplazamiento, porque la abstención
suní les podría privar de legitimidad, y el presidente de
Irak y máximo dirigente suní, Ghazi Al Yauar, ha pedido
a las Naciones Unidas que examinen la cuestión.
Se suponía que las condiciones
en Irak deberían mejorar después de las elecciones porque
se habrá elegido una asamblea constitucional bajo supervisión
de la ONU y se habrá abierto la vía para una nueva Constitución
y unas nuevas elecciones parlamentarias a finales de este año que
crearían un Gobierno legítimo e internacionalmente reconocido.
Pero se debe recordar que desde
el momento en que se inició la insurrección, los oficiales
estadounidenses, imitados por los líderes iraquís, se han
fijado ciertos objetivos como elementos cruciales en la pacificación
del país. Primero fue la captura de Sadam Husein. Se suponía
que la insurrección se debilitaría, pero evidentemente no
fue así. Luego se produjo la "transferencia de soberanía",
un asunto esencialmente vacío de contenido, llevada a cabo sin ceremonias
ni testigos extraoficiales, dentro de la fortificada Zona Verde.
El siguiente momento crucial fue
la derrota en Nayaf y Bagdad a manos de la rebelión dirigida por
el joven líder shií radical Moktada al Sadr. El mando
estadounidense exigió su rendición o su muerte. Finalmente
se llegó a un acuerdo, negociado por los miembros del consejo shií,
por el cual se suspendían los ataques a cambio de concesiones. Sadr,
con su movimiento intacto, sigue siendo un actor cuya importancia no hay
que infravalorar.
FALUYA fue lo siguiente. Los marines
estadounidenses tuvieron que afrontar un desafío. Supuestamente,
la resistencia suní tenía allí su cuartel general,
conjuntamente con Abú Musab al Zarqaui, el agente de Al Qaeda
en Irak. A la población le ordenaron que evacuara para que los marines
tomaran la ciudad.
Detrás de esta decisión
--que en realidad parece que se tomó en una Casa Blanca enfurecida
por el desafío-- subyace la más antigua de las falacias sobre
la guerra irregular. Ésta es la idea de que un movimiento guerrillero
o una insurrección de resistencia puede ser acorralada y aniquilada
por la potencia de un Ejército convencional. Rara vez sucede.
Las guerrillas de Irak no necesitaron
consultar las obras de T. E. Lawrence (de Arabia), estratega de
la "revuelta árabe" original, para saber que la regla fundamental
de la guerra de resistencia es nunca entablar combate con el enemigo bajo
sus condiciones. No pararse nunca a combatir, excepto para infligir una
cantidad deliberada de castigo a un enemigo convencional pesado y torpe,
y retirarse. Desaparecer siempre, para combatir otro día.
Los defensores de Faluya reaparecieron
en Mosul, Samarra y otros lugares, reabriendo batallas que el mando estadounidense
creía ganadas. Los insurgentes todavía no han abandonado
por completo Faluya, pero la ciudad, en la que antes vivían 250.000
personas, está en ruinas. La mayoría de las casas y las posesiones
que han sido destruidas son de no combatientes sunís.
La cuestión de si habría
que posponer las elecciones en Irak debe responderse con otra pregunta:
¿por qué deberían mejorar las condiciones para la
celebración de elecciones si la tendencia desde el pasado verano
ha sido la de un neto deterioro de la seguridad? El aplazamiento es simplemente
una forma de contemporizar con un fracaso.
Incluso los partidarios de la guerra
no son muy optimistas. Robert D. Blackwill, que fue enviado presidencial
en Irak y consejero de seguridad nacional para la planificación
estratégica, ha escrito, con la intención de tranquilizar
a sus lectores, que "aunque todos los árabes sunís de todas
las edades se unan a la lucha (lo que no sucederá), la insurgencia
no puede ser superior a aproximadamente un 20% de la población de
Irak". El 20% de una población iraquí de 23 millones son
cuatro millones y medio de personas. Hay 150.000 soldados estadounidenses
en el país.
Mi opinión personal es que
las elecciones deberían celebrarse. Esperar no es bueno. Las elecciones
servirán de poco por sí mismas, pero se les prometieron a
los iraquís. En principio son un paso hacia la retirada y la partida
de las tropas estadounidenses y de la coalición y hacia la autonomía
de Irak. Digo "en principio". También podrían ser una salida
real si EEUU y sus socios, tras unas elecciones, incluso con imperfecciones,
fijaran un calendario firme para la retirada de las tropas extranjeras.
LA VERDAD sobre Irak, que nadie que
ostente el poder en Washington o en sus gobiernos aliados puede permitirse
admitir, es que la presencia continuada de tropas extranjeras en el país
no contribuye a una solución, sino que representa el propio problema.
La ocupación crea la resistencia. La salida de la coalición
es una condición necesaria para la estabilidad en Irak. Lo que hagan
las fuerzas existentes en Irak tras la partida de la coalición es
inescrutable. Al menos serán los propios iraquís, y no los
ejércitos extranjeros, quienes se responsabilizarían de su
país. Esto, desde que se produjo la invasión, es lo que la
gran mayoría ha estado pidiendo.
* Analista
político estadounidense
Tribune Media Services International
Traducción de Xavier Nerín. |