William Pfaff - rodelu.net
12 de febrero de 2005
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el Periódico de Catalunya - 12 de febrero de 2005

Bush no puede irse

• Irak está siendo incorporado al plan de un Pentágono obsesionado con la invulnerabilidad global

William Pfaff *
El éxito de las elecciones de Irak resolvió una incógnita pero al mismo tiempo dejó abierta una vía de crisis en las relaciones EEUU-Irak a propósito de la retirada de las tropas estadounidenses.
El bajo nivel de violencia del domingo 30 de enero y la amplia participación electoral abren una nueva interpretación de la naturaleza de la insurrección. Parece haber una escisión entre los insurgentes dispuestos a matar norteamericanos y los que también quieren matar iraquís. Siempre ha habido diferencias entre los combatientes nacionalistas, que quieren que los estadounidenses y sus aliados se vayan, y los insurrectos entregados a una transformación apocalíptica o nihilista de la sociedad. En este caso, los propios conciudadanos iraquís infieles son considerados tan merecedores de ser asesinados como los invasores.
Es de suponer que el domingo 30 los nacionalistas se quedaron en casa, pues no estaban dispuestos a asesinar a votantes iraquís. Si esto es cierto, el ala nacionalista de la insurrección es potencialmente disociable de los fanáticos religiosos y nihilistas. Los nacionalistas quieren que Irak sea de los iraquís. Los otros quieren la transformación global, un nuevo califato islámico que rija el mundo, la implosión de EEUU o alguna otra imposibilidad delirante.
El Washington político bulle con posibles estrategias de salida (Plan B) desde las elecciones de EEUU. Los demócratas, paralizados durante la campaña por su justificado temor de que la marcha estadounidense de Irak inspirara una feroz embestida republicana contra una idea antipatriótica, si no traidora, ahora se han recuperado parcialmente. Siguiendo el ejemplo del senador Edward Kennedy, algunos han descubierto lo obvio: "La presencia militar estadounidense se ha convertido en parte del problema, no en parte de la solución". Sin embargo, Bush ha reiterado que su Gobierno no "saldrá corriendo". También ha dicho que EEUU abandonaría Irak si un nuevo Gobierno se lo pidiera, pero confía en que los nuevos líderes entenderán "la necesidad de la permanencia de las tropas de la coalición" hasta que la insurgencia sea derrotada.

ALGUNOS opinan que si el nivel de tolerancia de los estadounidenses por las víctimas se debilita y la resistencia continúa actuando bajo cualquier nuevo Gobierno iraquí, el presidente podría barajar otras posibilidades políticas. Quiere que los republicanos ganen las elecciones de diputados y senadores que tendrán lugar a mediados de su mandato, y dejar el cargo el 2009 con la cuestión de Irak resuelta. Pero no tiene libertad absoluta. Poderosas fuerzas institucionales e ideológicas actúan en el Gobierno de EEUU desde antes de la invasión.
Sería extremadamente difícil, incluso para Bush, oponerse o dar por terminada la ocupación. En primer lugar, por el interés del Gobierno en dominar los precios del mercado mundial del petróleo a través de la influencia en la producción iraquí.
Un segundo motivo para invadir Irak fue la supuesta necesidad de bases militares permanentes de EEUU que sustituyan a las clausuradas en Arabia Saudí a causa de la opinión religiosa y de las presiones del Gobierno saudí. El supuesto interés estratégico requería su reubicación en Irak, país que se esperaba que se convirtiera en un dócil aliado de EEUU una vez derrocado Sadam. La insurgencia no ha cambiado este interés, sólo lo ha complicado. Una docena de dichas bases ya están en construcción. Portavoces estadounidenses afirman que estas futuras bases iraquís están bajo un contrato de arrendamiento indefinido a EEUU. Pese a la insurrección, la enorme maquinaria del Gobierno norteamericano sigue construyendo bases, como construye una embajada en la Zona Verde de Bagdad propia de un virrey y proyectada para acomodar a unas 4.000 personas.
Irak está siendo físicamente incorporado a un sistema militar global que un Pentágono obsesionado con los peores escenarios posibles y la invulnerabilidad global ha ido desarrollando durante dos décadas. ¿Podría detenerse todo esto, aun cuando Bush quisiera hacerlo? Es difícil de imaginar que lo contemplara, aunque el nuevo Gobierno iraquí exigiera la retirada de EEUU. Por motivos prácticos, sería más fácil cambiar el Gobierno iraquí que el de EEUU.

ANTES de que la Administración de Kennedy llegara a su fin, Robert McNamara sabía que EEUU debía irse de Vietnam, pero la maquinaria política en juego le hubiera devorado si lo hubiera dicho. EEUU estaba comprometido. Fue necesario que transcurriera una década más, una crisis política nacional, derrotas en el campo de batalla y prácticamente un motín en el reclutamiento para forzar la retirada. La misma maquinaria del Gobierno de EEUU se ve comprometida en Irak. Irse ahora quizá sea, o no, concebible para la Administración de Bush, pero podría resultar prácticamente imposible.

* Analista político estadounidense
Tribune Media Services International
Traducción de Xavier Nerín.

 
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