William Pfaff - rodelu.net
19 de octubre de 2005

el Periódico de Catalunya - 17 de octubre de 2005

El descrédito de la tortura

• El Senado de EEUU censura al fin la inmoral práctica de abusos a detenidos alentada por Bush

William Pfaff *
El Senado de EEUU, en una iniciativa dirigida por John McCain, senador republicano por Arizona que siendo prisionero de guerra en Vietnam del norte fue víctima de torturas, dio el primer paso oficial el 5 de octubre para eliminar la mancha que la práctica por parte de la Administración de Bush de la tortura y del trato arbitrario y abusivo de prisioneros ha supuesto para EEUU. Dichas prácticas, que recuerdan las de la Alemania nazi y la Rusia soviética, han sido ahora cuestionadas por 90 a 9, una votación que exige una definición oficial de tortura y unos estándares muy bien definidos para el trato de los detenidos de América, por utilizar la ambigüedad legal de la Administración de Bush, que niega la existencia de la tortura y argumenta que el trato que da a los prisioneros, incluidos los estadounidenses detenidos, depende de la libre autoridad que ostenta el presidente en temas de seguridad nacional.
La Casa Blanca no miente cuando dice que no existe ninguna política de la tortura. Como tampoco existe ninguna política de la Administración de Bush en contra de la tortura. Y en cambio, según amplios y difundidos testimonios de soldados, agentes del FBI y demás responsables legales y de la aplicación de la ley, así como de antiguos prisioneros, el uso de técnicas que el derecho internacional y el juicio del sentido común definen con claridad como torturas (junto con el simple abuso de prisioneros, supuestamente para reblandecerles) está al orden del día.

LA FALTA de una política oficial en cualquiera de estos sentidos es deliberada, y busca crear un vacío legal que haga imposible un procesamiento por torturas. Si no hay ley, no hay violadores de la ley. El voto del Senado busca poner fin a esa condición de irresponsabilidad calculada y a la implícita licencia para la atrocidad que otorga.
Las convenciones de Ginebra sobre el trato de prisioneros de guerra, a las que EEUU está oficialmente adherido, son calificadas por Alberto R. Gonzales, ministro de Justicia de EEUU, como "pintorescas". Las normas vigentes en todos los manuales del Ejército norteamericano sobre interrogatorios, en la práctica han sido desatendidas por ser consideradas como irrelevantes. La tortura está prohibida por la ley federal sobre crímenes de guerra de 1996, y lleva aparejada la pena de muerte. Gonzales mantenía, en febrero del 2002, que el presidente no estaba sujeto a dicha ley, ni a aquélla ni a ninguna ley de EEUU, ni a ningún compromiso internacional que prohibiese la tortura, como tampoco estarían sujetos a ellas aquellos norteamericanos que actuasen en nombre de la autoridad presidencial.
El voto del Senado tuvo lugar pese a la enérgica oposición desde la Casa Blanca. Cuarenta y seis republicanos se unieron a 43 demócratas y a un independiente para votar a favor de establecer estándares uniformes para el interrogatorio de prisioneros y prohibir "el trato cruel, inhumano o vejatorio". El alcance del apoyo bipartidista a la enmienda --con sólo nueve senadores (del total de 100) dando apoyo a la postura del presidente-- indica que un veto presidencial tendría visos de ser derrotado. La votación también parece la prueba de una importante preocupación pública por el abuso a prisioneros, abuso que contravendría la Carta de Derechos (Bill of Rights) de la Constitución norteamericana, y del daño que se hace a las reivindicaciones morales que EEUU hace de sí mismo en el escenario mundial.
La mayoría de gente que se dedica a la aplicación de la ley, a los servicios de inteligencia y a las operaciones especiales estaría de acuerdo en afirmar que la tortura "funciona" hasta el punto de que aterroriza y degrada a la gente (incluyendo a los torturadores), pero normalmente se cuestiona la cantidad de información útil que puede resultar de ella. Grupos como los de los insurgentes en Irak saben muy bien que cuando sus miembros son aprendidos, cualquier conocimiento que pudieran tener sobre la organización y las operaciones de los rebeldes debe inmediatamente considerarse ya comprometida, y los planes y tácticas deben por lo tanto cambiarse.

LA TORTURA puede que consiga hacer hablar a los prisioneros, pero ¿cuánto de lo que dicen es útil? Observadores del FBI en la prisión de Guantánamo escribían en sus informes a sus superiores que la mayoría de los interrogatorios han sido inútiles o contraproducentes, generando poco que no pudiera llegarse a conocer por medio de técnicas interrogatorias convencionales -y de paso, legales.
Lo que es muy difícil de comprender es qué es lo que la Administración piensa que obtendrá por medio de estas prácticas, que lleguen a justificar el enorme precio internacional que EEUU debe pagar por su compromiso con la tortura. La tortura no es meramente una equivocación. Bajo el parecer de muchos profesionales, es una estupidez.

* Analista político estadounidense
© Traducción de Toni Tobella

 
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