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11 de junio de 2006
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el
Periódico de Catalunya - 7 de junio de 2006
La arrogancia de Bush
• La resistencia de los
humillados contradice las ingenuas fantasías del Gobierno de
EEUU
William Pfaff
Analista político estadounidense
La Administración de George Bush podría
descubrir con facilidad que el equivalente en la guerra contra
el terrorismo a la ofensiva del Tet de 1968 en Vietnam ya ha
comenzado, y va a cámara lenta. Lo más probable es que el
resultado sea el mismo, la destrucción de la popular confianza
americana en la guerra y en el Gobierno de Bush. La
violencia diaria aumenta de forma consistente en Irak. Ha
habido denuncias de nuevas atrocidades a manos de las tropas
norteamericanas, empujadas más allá de sus límites por una
incontrolable violencia fratricida iraquí, junto con lo que se
está demostrando ser una incontenible resistencia a la
ocupación gestionada por los norteamericanos. El nuevo
Gobierno iraquí afirma que EEUU ha mentido acerca de las
matanzas realizadas por los marines y quiere su propia
investigación. En Afganistán la resistencia popular
antiamericana estalla tras un accidente de carretera en Kabul,
que provoca rápidamente ataques sobre tropas y enclaves
americanos y extranjeros por toda la ciudad, con más de una
docena de civiles muertos y centenares de heridos. Al sur de
Afganistán, cerca de Pakistán, tropas de talibanes reagrupadas
lanzan importantes operaciones militares contra fuerzas
norteamericanas y aliadas (que pronto se convertirán en tropas
de la OTAN). En Guantánamo, aún más huelgas de hambre, más
alimentación forzosa y más desórdenes, con 75 prisioneros en
huelga. Una aventura, la de Guantánamo, desgraciada, con un
inicio cruel y estúpido, que ahora el Pentágono se ve incapaz
de manejar; una aventura deplorada por británicos y demás
europeos, condenada por oenegés y la ONU. Los norteamericanos
pueden muy bien preguntarse si esta situación les va a
proteger del terrorismo. Y todo ello era perfectamente
previsible (por no decir que había sido ampliamente previsto).
Lo que está ocurriendo en Irak y en Afganistán, con ese
reflejo en Guantánamo, es el resultado de la humillación de
los ocupados por parte de los norteamericanos y sus aliados,
con la consiguiente vergüenza y odio entre los ocupados que
inspiran una resistencia violenta y vengativa. Existe una
excelente narración de este proceso en la revista trimestral
angloamericana Terrorism and Political Violence, de
Victoria Fontán (de la Universidad de Columbia y de la
universidad iraquí de Salahaddin). Fontán cita a un
sargento de la policía militar que le confió en junio del
2003: "No paramos de informar a nuestros superiores de que
esta no es la forma de operar con la gente de aquí, pero hacen
oídos sordos... Quieren que nos pongamos duros... La cadena de
mando nos hace alejarnos de la gente de aquí. Matamos y nos
matan por ello".
PERO LA auténtica fuente de todo es la
ingenuidad de Bush y su gente, según la cual todo el
mundo en todas partes es demócrata por naturaleza y ansía ser
liberado por EEUU. Aún en enero, la secretaria de Estado,
Condoleezza Rice, hacía referencia a la ambición por
parte de la Administración de sustituir el sistema
internacional moderno de soberanías nacionales independientes
por una gran coalición de democracias bajo tutela
norteamericana, arrebatando el mando a la ONU y convirtiendo a
toda la sociedad internacional en democrática. Esta era aún
la fantasía que la Administración se empeñaba en contraponer a
la realidad de que el secreto de las relaciones
internacionales consiste en mantenerse a flote en un mar
proceloso, protegiendo los valores que la civilización ha
conseguido crear contra la destrucción de los dementes, de los
tiranos y de los teóricos, muchos de ellos idealistas pero
indocumentados, que llegan al poder en los distintos
gobiernos. Decepcionados por el idealismo de corte
wilsoniano de Bush, los hombres duros de la
Administración, capitaneados por Dick Cheney, se apoyan
hoy exclusivamente en el poder para conseguir llegar hasta el
2008, momento en que podrán abandonar las vergüenzas de la
política que han apadrinado a los pies de un nuevo presidente.
Siguen creyendo en el poder. La postura de la
Administración fue definida magistralmente por un personaje de
la Casa Blanca que contó a un crítico constructivo,
hace año y medio, que América fabrica la realidad y el resto
del mundo deberá atenerse a las consecuencias. Pero está
resultando ser todo lo contrario. El poder no funciona. La
prueba está en lo que estamos viendo en estos momentos. EEUU
no puede conseguir lo que quiere de Irak y de Afganistán (o de
Somalia, donde interviene de nuevo, apadrinando a grupos
tribales dispuestos a atacar a islamistas). Ahora el discurso
de la Administración deja medio entrever que tiene la
intención de desafiar a Irán. O, por lo menos, a Israel le
gustaría que EEUU desafiara a Irán.
LA MAYOR potencia
del planeta no puede hacer lo que se le antoje. La debilidad
puede ser más fuerte que el poder, cuando --como vemos en Irak
y Afganistán-- se enfrenta a demasiados obstáculos, para
destruir el poder norteamericano. Los aliados no seguirán
cuando consideren que se ha enfilado el camino hacia la
locura. EEUU quiere que más fuerzas de la OTAN se ocupen de
Afganistán. El comandante de la Alianza Atlántica que ya se
encuentra ahí ha advertido de que la OTAN no seguirá el estilo
practicado por los americanos, que no habrá incursiones en las
casas, que no entregará a los detenidos a las fuerzas de EEUU
y que no están en Afganistán para hacer una nueva guerra. Con
este voto de confianza por parte de un general británico en
ese escenario, la guerra sobre el terrorismo tutelada por
Bush se está convirtiendo en un festival unilateral de
una única nación. El votante americano ya se está dando cuenta
de ello.
Traducción
de Toni Tobella.
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