l
anuncio efectuado por ETA declarando un alto el fuego permanente presenta ciertas
características que permitirían considerarlo, con los datos e indicios existentes en el
momento de redactar estas líneas (24 de marzo), como el primer paso de una nueva
andadura hacia la paz en el País Vasco y, por ende, en el resto de España.
Convendrá dejar a los analistas especializados en terrorismo etarra que deduzcan, de los
detalles en la redacción de los dos documentos publicados en el diario Gara y de la puesta en
escena del primer comunicado, si se aprecian o no síntomas de que el talante de los
terroristas ha cambiado respecto a anteriores comunicados de no muy distinto contenido,
pero que no condujeron a ningún fin positivo.
Una primera impresión parece favorable: las exigencias planteadas en anteriores ofertas de
tregua se han atenuado considerablemente en los dos documentos ahora difundidos. No hay
en ellos alusiones explícitas ni a la independencia del País Vasco ni a la autodeterminación
de sus ciudadanos. Se abre así, en cierta medida, una vía al diálogo y la negociación en
terrenos practicables. También los especialistas en este asunto podrán conjeturar cuáles han
sido los motivos que hayan conducido a ETA a dar este paso y deducir, de ello, qué estrategia
de diálogo le convendrá adoptar al Gobierno para alcanzar ese objetivo en el que encontrará
el apoyo de la mayoría del pueblo español: el final del terrorismo etarra.
Pero lo que más importa los ciudadanos - por encima de las averiguaciones de los expertos -
y, en consecuencia, también a los que desde el CIP-FUHEM seguimos con gran interés los
pasos que puedan conducir a una paz definitiva y a la extinción del terrorismo etarra es,
sobre todo, el esfuerzo que todos habremos de hacer para lograr que impere un talante
abierto a un futuro mejor, por encima de la estéril y bronca pugna política en la que está
enfrentada gran parte de la clase política española (y, tras ella, algunos medios de
comunicación y parte de la sociedad) tras el último cambio de Gobierno.
Que el diálogo sostenido y abierto, entre quienes no piensan lo mismo sobre cuestiones de
gran importancia para España, sustituya a la violencia. ¡No más insultos denigrantes en el
Congreso! Razones y no burlas chabacanas. Que la política, en su mejor sentido, recupere el
prestigio que en la sede de la soberanía popular nunca debió perder.
Que el bien común se anteponga a los intereses partidistas y a los cálculos sobre futuros
enfrentamientos electorales. No importa quién obtenga el éxito definitivo en la resolución de
un conflicto que durante más de cuatro décadas viene dificultando la andadura de los
españoles: ese triunfo será de todos nosotros.
El problema político del País Vasco habrá de ser resuelto con las armas limpias de la
democracia, para que la paz sea duradera. Entre vascos de distintas tendencias y opiniones,
y entre ellos y el resto de los españoles. No más anuncios de catástrofes inminentes, de
desastres y desmembraciones, con el solo propósito de entorpecer la acción de gobierno,
sino un esfuerzo común para encontrar terrenos de entendimiento, por escasos que éstos
puedan ser. El esfuerzo merecerá la pena.
El camino está lleno de obstáculos. Es fácil poner palos en las ruedas del vehículo que lleva a
la paz. Lo pueden hacer etarras escindidos, políticos insatisfechos, fanáticos defraudados y
todos los que de la supervivencia del terrorismo de raíz vasca obtenían ventajas y veían
confirmados sus más negros augurios.
Como ha anticipado el Presidente del Gobierno, ese camino será "largo y difícil". Todos
tendremos que ceder en algo en nuestras aspiraciones, porque todos podremos disfrutar, al
final del trayecto, de una situación en la que el conjunto de los ciudadanos veamos un
horizonte abierto a mejores expectativas que las hasta ayer podíamos esperar..