Alberto Piris Alberto Piris - rodelu.net
20 de junio de 2006

Estrella Digital de España - 20 de junio de 2006

Los protagonistas de la guerra (I)

Alberto Piris *
Las brutales represalias de los soldados de EEUU contra la población civil de Hadiza (Iraq), tardíamente conocidas por la opinión pública y ahora sujetas a investigación oficial, pueden ayudar a entender la realidad de la guerra, asunto al que ya se ha aludido antes en esta columna. Esto se facilita escuchando a los que han participado en la invasión y ocupación de Iraq.

En el USA Today del pasado 15 de junio, bajo el título “Combat stress takes a toll” (“La tensión del combate pasa factura”), se reúnen testimonios de especial interés, que deberían hacer recapacitar a todos los que, por lo general con suma ligereza y denodado entusiasmo, apoyan el recurso precipitado a la guerra para resolver conflictos políticos.

Constatando la presencia en Iraq de unos 140.000 soldados que durante más de tres años tienen enfrente a un enemigo implacable, sanguinario y oculto, un comandante, profesor de Ética de la Academia Militar de West Point (EEUU), opinaba que “cuando hay tantas personas, armadas con tanta potencia y sometidas a tanta presión, algo acabará ocurriendo”, y los soldados se enfrentarán con la población civil. Aunque no fuera su propósito, revelaba también cierto maniqueísmo al afirmar: “Puede ocurrir que en una guerra buena sucedan cosas malas”. La ética impartida a los mandos militares de EEUU no parece dedicar mucho tiempo a las sutilezas de toda ciencia social. Las guerras en Vietnam o Iraq serían “buenas”, pero en My Lai y en Abu Ghraib o Hadiza ocurrirían cosas “malas”. Para tanta simpleza no hacen falta profesores de ética militar.

Un psicólogo universitario de California, que ha estudiado las violaciones del derecho internacional por EEUU en la guerra de Vietnam, se manifestaba asombrado por la sorpresa que el incidente de Hadiza ha provocado, porque “esto es lo que ocurre en las guerras”. Pero no aclaraba si cuando Bush y sus asesores decidieron invadir Iraq estaban informados al respecto y si sabían —como él— qué es lo que suele ocurrir en las guerras. Si no lo sabían, son culpables de ignorancia supina; si lo sabían, engañaron a sus votantes y les hicieron cómplices de sus crímenes de guerra.

En el mismo artículo, un médico militar anunciaba que, antes de llegar al asesinato vengativo de civiles, hay muchas otras “pequeñas acciones” que, sin ser divulgadas, permiten liberar la presión que atenaza a los soldados: “Golpear a los paisanos, empujarles en el rostro con la boca del fusil... Algunos se desahogan ejerciendo ese tipo de fuerza”. ¡Menos mal! suspiramos; así matarán menos iraquíes inocentes. Pero nada se dice sobre la opinión de la población civil que sufre esas terapias aliviadoras de los soldados invasores y los efectos que causan en ella. ¿No es un buen modo para fomentar la aparición de futuros insurrectos y terroristas, ávidos de venganza?

De momento, todo parece explicarse porque muchos soldados, como las “chicas de Almodóvar”, se hallan a menudo al borde del ataque de nervios. Así responde un cabo al periodista: “¿Que si estamos próximos a saltar? Sí, en nuestra pequeña vida personal que hemos construido encerrados en las bases”. Y puntualiza: “He visto a mis mejores amigos peleando y amenazándose con navajas, cuando sé que no pretendían matarse. Es un resultado de la tensión que produce el estar en un lugar donde intentan matarte todos los días”.

Prosigue así: “El problema es cómo olvidar esas sensaciones y hostilidades cuando nos armamos y salimos de patrulla afuera”. No lo pueden hacer: “No hay forma de entrenarse para esto. Se trata de luchar por tu vida. El cuerpo actúa haciéndote estar más alerta, más nervioso e irritable que nunca antes en tu vida”. Así que se trata de un reflejo natural, ante el cual la instrucción militar parece fracasar. He aquí un campo de interés para los investigadores en etología bélica y para los que, en las innumerables academias militares de todo el mundo, se esfuerzan por formar combatientes que respeten los códigos internacionales del derecho humanitario.

La realidad es que hoy Iraq es un territorio militarmente ocupado. Los soldados de EEUU no han encontrado allí una acogida similar a la descrita con alborozo en las crónicas militares de la invasión de Italia por las fuerzas liberadoras en la Segunda Guerra Mundial, en el verano de 1943. Si en algún momento pudo haberse conseguido en Iraq análogo efecto, los descomunales errores políticos, estratégicos y tácticos de la coalición invasora lograron impedirlo. De presuntos liberadores, los ejércitos que hoy ocupan Iraq se convirtieron en simples invasores y el terrorismo encontró nuevo terreno fértil para extenderse y aumentar su brutalidad.

La insurgencia combate en Iraq sin líneas de frente ni reglas de conducta. Para los ocupantes, un teléfono móvil en manos de un desconocido puede ser un arma y en un niño puede haber un enlace de la guerrilla. El traductor que acompaña a la patrulla puede ser un espía y el proveedor de verduras para la cocina de la base quizá ayude a corregir el tiro de los morteros. El enemigo se mezcla con la población, se esconde en sus lugares de culto y, con frecuencia, recurre al suicidio como arma de guerra. “Todo a nuestro alrededor es amenazante. En cualquiera de los centenares de ventanas que nos rodean, en cada trozo de basura, en cada persona que te mira dos veces... en todas partes ves un posible enemigo”. ¿Había pensado en esto Bush cuando con tanta ligereza envió a sus soldados a la cruzada universal contra el terrorismo? ¿Estaban sus tropas preparadas para este tipo de guerra?

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* General de Artillería en la Reserva
Analista del Centro de Investigación para la Paz (FUHEM)
 
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