Alberto Piris Alberto Piris - rodelu.net
14 de julio de 2006

Estrella Digital de España - 11 de julio de 2006

La vida grabada

Alberto Piris *
Quizá por una vieja deformación profesional suelo revisar con frecuencia, ahora preferentemente a través de Internet, lo relacionado con las innovaciones tecnológicas (en su mayoría nacidas en EEUU) que puedan suponer cambios notables en el modo de hacer la guerra. Esos cambios no se circunscriben al campo de batalla, sino que a menudo tienen repercusiones inmediatas y decisivas en muchos otros aspectos de la vida social.

Conviene recordar, una vez más, el invento del magnetrón, ese generador de radiofrecuencias extremadamente elevadas, que fue concebido como el corazón de los radares con los que se trataba de descubrir por anticipado las incursiones aéreas enemigas en la Segunda Guerra Mundial y que se ha convertido en un útil elemento culinario dentro de cada horno de microondas doméstico.

Los anteriores inventos que revolucionaron el arte de la guerra (no se escandalice el pacífico lector ante esta expresión: es el nombre que dio Sun Tzu al más antiguo tratado conocido sobre la ciencia bélica en el siglo IV a.C. y el que veinte siglos después utilizó también Maquiavelo en obra similar) consistían principalmente en productos que podríamos llamar manufacturados, desde los estribos, las fortificaciones, la pólvora o los cañones hasta las armas nucleares. Actualmente, el moderno desarrollo de sistemas informáticos de aplicación usual en la vida diaria incide también en las operaciones militares, donde un avión no tripulado puede descubrir un objetivo y destruirlo desde el aire, operaciones todas ellas controladas a gran distancia mediante sistemas no muy distintos a los que permiten trabajar con un vehículo sobre la superficie de Marte.

Asomado, pues, al mundo de la tecnología del futuro he encontrado algo que, relacionado con la informática, no deberían ignorar los lectores porque parece a la vez un portento de la ciencia aplicada y una aberrante maldición que se cierne sobre el futuro de la humanidad: la posibilidad de conservar toda la vida de una persona grabada en un pequeño aparato, para poder repasarla cuando se estime oportuno. Ni qué decir tiene que, de tener éxito, algunas posibles aplicaciones de este invento sugieren un futuro muy sombrío.

El hecho concreto es que la omnipresente Microsoft está desarrollando un proyecto denominado "My Life Bits" (los fragmentos de mi vida), cuya finalidad es obtener un dispositivo con ilimitada capacidad de almacenamiento que permita conservar toda la vida de una persona, incorporando nuevos datos a medida que ésta transcurre.

Existe ya un estadounidense que está actuando de conejillo de Indias, al servicio de esa conocida empresa, pasando a la memoria de su nuevo artilugio informático todo lo que ha escrito (cartas, libros, apuntes), sus fotos, dibujos, conferencias, libros leídos, cine contemplado, música escuchada, conversaciones sostenidas... en fin, todo lo que sus sentidos han percibido.

En el ámbito de este proyecto se están imaginando ya nuevos procedimientos de captación de datos: unas gafas provistas de cámara y micrófono, perpetuamente instaladas, que registrarán todo lo que el sujeto vea, escuche y hable. También se prevén futuros avances, como sustituir las gafas por unas lentillas provistas de microcámara, para que sea más difícil descubrir la capacidad registradora de un interlocutor así pertrechado.

El autor del experimento - se nos anuncia - ya no necesita usar papeles: toda su vida está grabada en un aparato no mucho mayor que un reproductor de música MP3. La cuestión consiste ahora en desarrollar un programa lógico que facilite la recuperación rápida del fragmento que se desee "recordar" dentro de tan ingente cúmulo de datos, problema al que los investigadores de Microsoft están dedicando sus esfuerzos.

No hay que ser muy imaginativo para temer la irrupción de un nuevo y orwelliano mundo, donde las personas lleven registrada la totalidad de su vida en un dispositivo portátil, del que pueden guardarse copias en un ordenador central, naturalmente en manos del Estado. Un ejemplo de posible aplicación: ya no harían falta jueces ni tribunales, pues un programa juzgador buscaría las pruebas, analizando la vida de cada persona implicada en cualquier litigio; valoraría las faltas o delitos y condenaría automáticamente al culpable. Y así, en otros campos de la vida social.

Pero digamos - entre nosotros - que no hay que temer mucho estas apabullantes noticias que nos llegan desde las vanguardias de la tecnología estadounidense. La sempiterna astucia humana enseguida encontraría el modo de engañar al sistema; se comprarían y venderían "vidas ejemplares"; se falsificarían datos y a la sombra de todo ello surgirían nuevos negocios y nuevos empleos. Como sucede a menudo, los tenidos por listillos prosperarían y los ciudadanos serios y responsables son los que pagarían el pato. Muchas tecnologías modernas han producido ya este efecto.

Para no dejarse arrastrar por el pesimismo conviene considerar que, por ahora, parece imposible grabar también los pensamientos. De todo corazón hay que desear que Microsoft sea fulminada al averno si continúa por ese camino, pero siempre que el "Word" con el que escribo estas líneas siga funcionando bien y el "Windows" con el que usted las lee no le falle. ¡Qué le vamos a hacer!


* General de Artillería en la Reserva
Analista del Centro de Investigación para la Paz (FUHEM)
 
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