Alberto Piris Alberto Piris - rodelu.net
25 de octubre de 2006

Estrella Digital de España - 24 de octubre de 2006

Las trastiendas del poder en Bagdad

Alberto Piris *
Cuando en mi comentario de la pasada semana aludí al “Gobierno títere de Bagdad, designado e instalado por EEUU”, a algún lector pudo parecerle exagerada la calificación dada al actual Gobierno iraquí presidido por Nuri Al Maliki.

Para comprobar dónde está el poder real en Iraq merece la pena trasladarse al Centro de Conferencias de la Casa Blanca, para escuchar algo de lo que allí dijo hace unos días el portavoz oficial. En este caso, la rueda de prensa trataba sobre el contenido de una conversación telefónica mantenida entre el presidente de EEUU y el primer ministro iraquí.

Pregunta del periodista: —… usted dice que Maliki está preocupado sobre lo que se habla respecto a un programa de retirada… sobre la retirada de las tropas.

Respuesta del portavoz: —No, él cree en la retirada de las tropas y manifiesta su confianza en que a medida que los iraquíes mejoren sus capacidades…

P: —Bien, pero usted ha dicho que está preocupado por un programa.

R: —Se habló de que se le iban a dar sólo dos meses. Y tuvimos noticias de que esto le preocupaba.

P: —Usted acaba de decir que está preocupado porque cree que los programas [de retirada de tropas] fomentan el terrorismo.

R: —Dijo que estaba preocupado sobre un informe que decía que le íbamos a dar dos meses…

P: —Así que él [Maliki] está preocupado sobre lo que se habla respecto a un programa de retirada o…

R: —No, no es un programa de retirada. La forma en que se ha presentado es que les vamos a dar dos meses o buscaremos a otra persona. Es un programa para su gobierno, no para la retirada.

El hábil acoso del periodista al portavoz dejó las cosas claras: “Les vamos a dar dos meses o buscaremos a otra persona”. Cuando el primer ministro iraquí tiene dudas sobre su permanencia en el poder, en vez de plantear una cuestión de confianza en el Parlamento de Bagdad se la plantea a Bush. Le dan dos meses de plazo para apaciguar el caos iraquí y, si fracasa, le amenazan nada veladamente con su inmediata sustitución: ¿es esa la democracia que se pretende instaurar por la fuerza de las armas en Iraq y, por extensión, en Oriente Medio?

El brillante objetivo inicial de implantar la democracia en Iraq se desvanece ahora entre brumas y engaños, igual que otros falsos objetivos anteriores. Veamos algunos indicios. Un experto diplomático iraquí del anterior régimen ha declarado hace poco: “El creciente número de muertos en Iraq está favoreciendo la aceptación por el pueblo de un golpe militar. Yo diría que un 80% de ciudadanos aceptaría cualquier cosa que aplastase las bandas ‘iraníes’ [alude a las milicias chiíes]”. Ni qué decir tiene que el opinante pertenece a la elite suní, pero el contenido golpista de sus palabras es inocultable.

En el londinense Sunday Times se ha publicado: “La frágil democracia iraquí, debilitada por el creciente caos y una mortandad que aumenta aceleradamente, se ve asediada por voces que piden la formación de un ‘gobierno de salvación nacional’ de línea dura”. Aparte del optimismo que implica hablar de democracia iraquí, por frágil que se considere, estamos ante la vieja llamada al “cirujano de hierro” o al “espadón” que salve a la nación. Nada nuevo, desde una perspectiva histórica más amplia en la que los españoles tenemos ya suficiente experiencia.

Es ingenuo creer que EEUU busca la democracia en Iraq; lo que en verdad busca allí, como en otros lugares, es afianzar sus intereses. Una larga tradición histórica —confirmada en el mismo continente americano— nos muestra que si esos intereses son bien atendidos por inmorales dictadores o por golpistas asesinos, Washington sabe cerrar los ojos cuando es necesario. Recuérdese al presidente Roosevelt —hoy casi un referente ético, en comparación con los que gobiernan EEUU— aludiendo al dictador nicaragüense Somoza: “Es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”.

Se vislumbra, pues, un golpe de estado dado por un militar nacionalista, para intentar poner fin al desbarajuste que reina en un país destrozado por la invasión y posterior ocupación militar. Se supone que contaría con el apoyo militar de EEUU (pues no hay un ejército nacional en Iraq que se pueda alzar en armas, según la fórmula usual), de la CIA y la benevolencia de los regímenes árabes moderados (léase, feudales). Sería muy probable que quien encabezase el golpe estuviese ideológicamente más cerca del hoy procesado Sadam Husein que del actual gobierno. Pero la situación en Iraq ha cambiado mucho y los chiíes no parecen dispuestos —con Irán observando desde la retaguardia— a aceptar, como en el pasado, la dominación política suní.

Las consecuencias son imprevisibles: ¿Guerra civil extendida? ¿Desmembramiento del país? ¿Ascenso de Irán a la hegemonía regional? ¿Agravamiento general de la inestabilidad desde Egipto a Pakistán? Como es ya sabido, no hay ninguna situación tan mala que no pueda empeorar. En algunos ámbitos del poder ocupante en Bagdad, dentro de la zona verde, no hay que aguzar mucho el oído para escuchar el “¡Sálvese quien pueda! y comience la huida”, que no la retirada, dejando detrás un nuevo polvorín con la mecha encendida. Habrá quien recuerde las colas de atemorizados fugitivos abordando los helicópteros en la azotea de la embajada de EEUU en Saigón (hoy, ciudad Ho Chi Minh) en abril de 1975, concluida felizmente la democratización de Vietnam por las armas estadounidenses, frente al peligro comunista. ¡Misión cumplida! que diría Bush.


* General de Artillería en la Reserva
Analista del Centro de Investigación para la Paz (FUHEM)
 
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