Alberto Piris Alberto Piris - rodelu.net
17 de febrero de 2007

Estrella Digital de España - 13 febrero de 2007

Más de lo mismo

Alberto Piris *
Se observa en el panorama internacional una lamentable carencia de dirigentes competentes y a la vez imaginativos, capaces de aportar soluciones nuevas —y por tanto no gastadas y que lleven consigo un rayo de esperanza— a los viejos problemas no resueltos al paso de los años. Sufre el mundo una peligrosa falta de auténticos estadistas con visión de futuro, no obsesionados sólo por la inmediatez de algún proceso electoral que les pueda apartar del poder que ejercen. La fórmula “más de lo mismo” es repetida, fracaso tras fracaso, con una ciega obstinación que muestra la penuria de perspectivas originales que aqueja a los que se empeñan en aplicarla.

Así está ocurriendo en EEUU respecto a Iraq. En la OTAN, con Afganistán. Y en España, con el ex presidente Aznar y su peculiar visión del pasado. Más de lo mismo. Bush cree que con más soldados se solucionará la larga cadena de errores y percepciones equivocadas que ha conducido al caos diario iraquí. Análoga fórmula pretende aplicar la OTAN en Afganistán, donde se encuentra implicada a regañadientes y a instancias del aliado más poderoso, que no supo salir del embrollo que creó. Y más de lo mismo repite Aznar cuando, acumulando mentiras, intenta justificar sus errores del pasado afirmando que todo el mundo estaba convencido de que en Iraq había armas de destrucción masiva. Consideremos por separado estos tres casos.

La llamada “nueva estrategia” de EEUU en Iraq apenas tiene nada de nuevo: más soldados en las calles y más presencia militar en zonas críticas, empezando por la capital. Pero eso apenas contribuirá a desactivar la guerra civil que ya ha estallado entre los iraquíes. Sólo éstos, por sí mismos, podrán pensar en salir de la situación en que se hallan, cuando puedan resolver sus problemas sin injerencias militares foráneas.

Por otro lado, la OTAN en Afganistán está intentando reparar el error más garrafal de la política estadounidense en los últimos tiempos: el de haber iniciado la invasión de Iraq sin haber resuelto la cuestión afgana. En julio del 2004 reproduje en esta columna los comentarios extraídos de un libro publicado por un anterior alto funcionario de la seguridad nacional de EEUU. Era inocultable el asombro de los responsables antiterroristas estadounidenses cuando se enteraron de que Bush pretendía atacar Iraq: “En vez de ir a por todas contra Al Qaeda [en Afganistán] y eliminar los puntos vulnerables de nuestro país, quieren invadir Iraq otra vez… —comentaba un directivo de la inteligencia estadounidense en el 2002—. ¿Sabes hasta qué punto se fortalecerán Al Qaeda y otros grupos similares si ocupamos Iraq? Ahora no tenemos ninguna amenaza iraquí, pero el 70% de los estadounidenses creen que Iraq atacó el Pentágono y el World Trade Center” (Richard A. Clarke, “Contra todos los enemigos”, Taurus, 2004).

Los que estaban realmente bien informados sabían de sobra que en el 2002 no había “ninguna amenaza iraquí” que pusiera en peligro la seguridad de EEUU ni la del mundo. De ahí que se opusieran a la obsesión de Bush por probar su fuerza militar frente a un país agotado por un prolongado embargo económico y al borde de la ruina, fácil presa del ejército más potente del mundo. Forzó la invasión de Iraq y desdeñó prever lo que habría de venir después.

Miente, pues, Aznar al hablar sobre la inexistencia de armas de destrucción masiva en Iraq y afirmar que cuando él no lo sabía “nadie lo sabía”. No es cierto. Muchos lo sabían y lucharon por evitar la contagiosa ceguera del tándem Bush-Blair, al que se unió Aznar para desencadenar, sobre una tupida red de mentiras y falsedades, la guerra que se abatió sobre Oriente Próximo con las funestas consecuencias por todos sabidas.

Bush se equivocó respecto a Iraq y arrastró a Aznar en su confusión. (Asunto aparte es analizar por qué uno engañó y el otro se dejó engañar: perseguían ciertos objetivos políticos y el tiro les salió a ambos por la culata.) Por otro lado, la OTAN está pagando las consecuencias de intentar reparar el error de EEUU, que dejó a medio terminar su lucha antiterrorista en Afganistán. Y Aznar también se confundió al aceptar, sin el menor espíritu crítico —y desdeñando el asesoramiento de los propios servicios españoles de inteligencia—, las patrañas embaucadoras de los otros dos miembros del nefasto trío de las Azores.

“Todo el mundo pensaba que en Iraq había armas de destrucción masiva y no [las] había. Eso lo sabe todo el mundo, y yo también lo sé… ahora”, ha dicho Aznar entre los aplausos de sus correligionarios. Falso. Más de lo mismo. Mentira sobre mentira. No lo sabía todo el mundo. Muchos percibieron el engaño. Aznar fue el más crédulo en la reunión de las Azores, a la que asistió sin poseer la información esencial para poder discutir la cuestión, y tragó el anzuelo lanzado por Bush y Blair. No todos se habían creído las mentiras de Colin Powell ante el Consejo de Seguridad, algunos días antes. El mismo Powell se mostró después humillado por haber sido utilizado de modo tan vergonzoso.

Más de lo mismo es la fórmula garantizada para alcanzar a la larga un repetido fracaso. Un peligroso círculo que sólo la imaginación bien informada puede llegar a romper.


* General de Artillería en la Reserva
Analista del Centro de Investigación para la Paz (FUHEM)
 
PORTADA ALBERTO PIRIS