Alberto Piris - rodelu.net |
20 de marzo de 2007
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Estrella
Digital de España - 20 marzo de 2007
La clonación de la OTAN
Alberto
Piris *
La
presencia de soldados españoles en Afganistán,
donde se sigue librando una guerra contra los
residuos del régimen talibán, inicialmente
derrotado por EEUU tras los atentados del 11-S
pero cuyas raíces sobreviven y se regeneran sin
cesar, lleva a un plano destacado del debate
público en nuestro país la continuidad de esa
presencia. Se discuten incluso, profundizando
más en la cuestión, las razones por las que la
OTAN, a requerimiento de Naciones Unidas, deba
responsabilizarse de una misión que sobrepasa,
con mucho, las funciones básicas para las que
fue creada, tal como están establecidas en el
Tratado del Atlántico Norte, la carta magna de
la OTAN.
Pero a todos se nos alcanza que
el verdadero motivo por el que la OTAN se
esfuerza, estirando al máximo sus recursos en
las tierras afganas, es doble. Por un lado, se
debe a la incapacidad de la ONU para poder
desarrollar con eficacia por sí misma la misión
de mantenimiento y preservación de la paz y la
seguridad que le asigna su Carta fundacional.
Por otra parte, también podría obedecer a la
inexistencia de otras organizaciones regionales
que fuesen capaces de llevar a cabo esa misión.
Dicho brevemente: la ONU carece
de unas fuerzas armadas que puedan atender a
cumplir lo que de ella exige la Carta de
Naciones Unidas y, además, una organización
regional de ámbito exclusivamente europeo y
atlántico, como es la OTAN, creada por razones
ya extinguidas (el enfrentamiento entre los
bloques durante la guerra fría), se ve forzada a
ocupar el lugar que debería llenar alguna otra
organización de seguridad internacional, de
características permanentes, creada ex profeso
para el territorio en cuestión.
La realidad internacional de
hoy muestra que el número de estados fracasados,
que pudieran requerir intervenciones
internacionales de pacificación y
estabilización, va a aumentar considerablemente
en los próximos años, dado el empeoramiento de
las condiciones generales en numerosas zonas de
África, Asia y América. Las intervenciones
improvisadas —como la de la Unión Africana
(heredera de la OUA) en Darfur— tienen pocas
probabilidades de éxito, como muestra la
experiencia y, a menudo, producen más caos que
el que estaban destinadas a aliviar.
Desde el Instituto de Estudios
Estratégicos de EEUU, un destacado analista en
cuestiones internacionales propugnaba no hace
mucho (International Herald Tribune
28-01-2007) la creación de al menos seis
organizaciones internacionales, gemelas o clones
de la OTAN, que satisficieran necesidades
análogas en seis regiones geográficas distintas
que él definía así: Norteamérica, Sudamérica,
África, Asia-Pacífico, Asia Meridional y Oriente
Medio. Proponía, incluso, como sedes de sus
cuarteles generales, las siguientes ciudades:
Colorado Springs (en EEUU, donde ya se hallan
importantes órganos de la Defensa
estadounidense), Brasilia, Johannesburgo, Pekín,
Nueva Delhi y Amán (en Jordania).
Cada una de estas nuevas
alianzas regionales debería estar en condiciones
de desplegar, por tierra, mar o aire, una
brigada de unos 6000 combatientes, en cualquier
punto de su zona de responsabilidad. Debería
contar, además, con apoyos diplomáticos y
económicos para ayudar a la reconstrucción de
los países afectados. Desde la óptica
estadounidense, de donde procede la propuesta,
se considera natural, además, que cada
organización estuviera dirigida por un país
hegemónico en la zona, del mismo modo que EEUU
es el líder indiscutible de la OTAN. A dicho
país le correspondería la mayor participación
económica y militar, y, en contrapartida,
ejercería la dirección práctica de la
organización correspondiente.
Es de temer que esta solución
crease muchos más problemas que los que venía a
resolver. ¿Sería Brasil hegemónico militarmente
en Sudamérica, con la aquiescencia de Argentina
o Venezuela? ¿Impondría sus puntos de vista la
India sobre los de Pakistán en el funcionamiento
de la organización responsable de la seguridad
en el Asia Meridional? ¿Aceptaría Japón sin
desagrado el liderazgo chino en su zona? Las
presiones y las luchas por el poder efectivo en
cada territorio generarían nuevas tensiones, por
mucho que en la propuesta citada se asigne a la
ONU un papel de coordinación de esfuerzos de las
seis nuevas organizaciones propuestas.
Es indudable que la OTAN ha
desbordado el ámbito para el que fue creada, con
los consiguientes desajustes e ineficacias. Pero
en vez de propugnar la creación de nuevos
organismos similares, los esfuerzos habrían de
dirigirse a poner en manos de la ONU esos
mecanismos de coerción necesarios para cumplir
las misiones que tiene asignadas. Pero la ONU ni
en su estructura ni en su funcionamiento
satisface los requerimientos del presente. No es
deseable, pues, tratar de clonar la OTAN y
generar seis instrumentos de dudosa eficacia y
posibles creadores de nuevas tensiones, sino,
una vez más, volver a pensar una ONU, adaptada
al siglo XXI, a la que se asignen misiones
claras y concretas en un mundo que
irremisiblemente tiende a la globalización, y
que disponga, además, de los instrumentos
necesarios para desempeñarlas con eficacia.
* General de Artillería en la Reserva
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