Alberto Piris - rodelu.net |
29 de marzo de 2007
|
Estrella
Digital de España - 27 marzo de 2007
Conferencia con bomba
Alberto
Piris *
La
secuencia televisada a todo el mundo desde
Bagdad el jueves pasado, durante una conferencia
de prensa del secretario general de la ONU, el
surcoreano Ban Ki-moon, ha hecho más que muchas
crónicas publicadas en los medios de
comunicación para transmitir a la opinión
pública la inseguridad general y el caos casi
permanente que reinan en Iraq. Eso, tras cuatro
años de ocupación militar y sin haber olvidado
el gesto soberbio de Bush, al aterrizar sobre un
portaaviones estadounidense para declarar ante
el mundo el primer día de mayo del 2003: “Misión
cumplida”. ¡Ah, si los políticos importantes
dispusieran de asesores que les hicieran
recapacitar sobre las posibles consecuencias
futuras de sus ampulosos gestos y de tantas
declaraciones hechas irreflexivamente, a impulso
de las circunstancias del momento!
Hay que reconocer que la
primera vez que uno experimenta de cerca la
explosión de una granada de mortero pesado (un
ensordecedor y desgarrante sonido, que parece
invadir de repente todo el espacio circundante,
unido al silbido de los fragmentos de la
metralla asesina, que surcan el aire en todas
direcciones) es inevitable un gesto instintivo
de protección, no muy distinto a la reacción de
la gran mayoría de los diputados españoles que
el 23 de febrero de 1981 buscaron resguardo bajo
los escaños del Congreso frente a las balas de
los golpistas de Tejero, que hacían caer
fragmentos del techo como los que el morterazo
desprendió en la sala de prensa de Bagdad.
El Sr. Ki-moon mostró con
sobresalto su poca familiaridad con los
estampidos. Por lo que se ve, su larga y
brillante carrera de casi cuatro décadas de
experiencia diplomática no le ha permitido
conocer, ni siquiera mínimamente, el ruido de la
guerra. Al contrario que el primer ministro
iraquí, quien apenas se inmutó, más habituado,
según parece, al retumbar de los variados
explosivos que estallan a menudo en la capital.
No obstante, se pudo observar cómo los
guardaespaldas locales le rodearon rápidamente,
con gesto protector, mostrando un anormal escaso
interés por la persona del ilustre visitante que
durante el incidente compartía con él la
conferencia de prensa.
Conviene recordar que ésta
tenía lugar dentro de la llamada “zona verde”,
el barrio más protegido de la capital iraquí,
que a modo de ciudadela o torre del homenaje
permanece aislado del resto de la ciudad,
férreamente protegido y sellado, amparando en su
seno a los órganos del Gobierno iraquí, la
mayoría de las instituciones y cuarteles
generales de las fuerzas ocupantes y las
legaciones diplomáticas de los países que
mantienen relaciones con Iraq.
Por la mente del secretario
general pudo cruzar, con un relámpago de temor,
el recuerdo del anterior representante de la ONU
en Iraq, el brasileño Sergio Vieira de Mello,
asesinado en agosto del 2003 en la legación de
la ONU en Bagdad por una tremenda explosión que
mató además a una veintena de personas. A raíz
de ese brutal atentado, la ONU se retiró
materialmente de Iraq, y sólo el anterior
secretario general, Kofi Annan, hizo una breve
visita a Bagdad a finales del 2005. La ONU
volvió a rehacer su presencia en la capital,
instalándose en un complejo blindado dentro de
la propia zona verde (la llamada “zona verde de
la zona verde” en el argot bagdadí), que los
miembros no iraquíes del organismo internacional
jamás abandonan.
Conviene saber que la visita se
había organizado y mantenido en secreto,
precisamente para evitar actos terroristas como
el que se comenta. Tampoco está de más recordar
que un error de apenas 100 m en la puntería del
arma agresora salvó probablemente la vida de los
asistentes a la conferencia. Todo ello revela el
grado de infiltración de los resistentes
iraquíes en las instituciones del Estado, pues
fueron capaces de preparar con rapidez un
atentado de tal magnitud, con ocasión de un acto
que debía permanecer oculto a la opinión pública
hasta después de su conclusión.
Poco antes de la explosión, el
Sr. Ki-moon había declarado que consideraba
conveniente ampliar la representación de la ONU
en Iraq, dado que la seguridad de la capital
había mejorado, según su opinión. Opinión que se
reveló bastante poco fundada sólo unos segundos
después. El proyectil que cayó en medio del
complejo residencial del Gobierno iraquí vino a
mostrar con nitidez que ni el secretario general
de la ONU estaba bien informados sobre la
situación en Iraq ni su buena voluntad tenía el
apoyo de los funcionarios internacionales allí
destacados, probablemente más preocupados por
mantenerse seguros tras las armas de las fuerzas
ocupantes que por conocer la situación del país
desplazándose por él, hablando con sus
habitantes y pisando el terreno de la realidad.
No se pueden pedir milagros a
la ONU, pero tampoco es deseable que dé muestras
tan evidentes de su incompetencia y falta de
información real en zonas de tanta importancia
para la comunidad internacional.
* General de Artillería en la Reserva
|