on
motivo del 50º aniversario del primer paso de la
andadura europea (el Tratado de Roma fue firmado
el 25 de marzo de 1957), se realizó una encuesta
en cinco países europeos (Alemania, España,
Francia, Italia y Reino Unido) y en EEUU, para
conocer cuáles eran las expectativas de la Unión
Europea transcurrido otro medio siglo: esto es,
qué idea tienen los ciudadanos de esos seis
países sobre cómo será la Unión Europea en el
año 2057. Tuvo lugar durante la primera quincena
de marzo y englobó a casi 7000 personas, de las
que unas 1400 residían en EEUU.
El hecho de hacer participar en
la encuesta a ciudadanos estadounidenses puede
deberse, en parte, a que fue patrocinada
conjuntamente por un diario de EEUU
(International Herald Tribune) y un canal
francés de televisión (Canal 24). Por
otro lado, es importante para los europeos
valorar la percepción que se tiene del futuro de
la UE al otro lado del Atlántico, a pesar de la
extendida ignorancia con la que el público de
EEUU suele valorar los asuntos de fuera de sus
fronteras.
Es comprensible la ausencia en
la encuesta de todos los nuevos países europeos
de las últimas ampliaciones, donde la opinión
pública no está lo suficientemente madura (como
no lo estaba la española justo después de
nuestra entrada en Europa) para emitir una
opinión sobre el futuro común. Ausencia que se
compensa con el peso demográfico de los cinco
países elegidos, lo que puede ser representativo
de una notable mayoría europea.
Al preguntar sobre los límites
futuros de la UE sorprende saber que una mitad
de los españoles creen muy probable que dentro
de medio siglo Rusia forme parte de Europa, así
como un 50% de italianos y más de un 30% de los
demás europeos. Perspectiva muy alejada de la
realidad actual rusa, donde la política actual
de Putin no prevé tal opción.
Sobre la más candente cuestión
de la integración de Turquía, son los españoles
los que menos la favorecen (solo un 36% la ve
probable) mientras que en Italia la respalda un
58%. Pocos parecen desear una ampliación europea
que penetre en Asia, vía Rusia o Turquía, pero
son bastantes quienes la consideran inevitable.
El delicado e irresuelto asunto de las fronteras
geográficas europeas subyace en estas
apreciaciones.
Que el euro perdurará como
moneda común europea es una idea compartida por
todos, aunque más por los españoles (93%) que
por los estadounidenses (72%). Muy pocos creen
que pudiera llegar a ser desechado.
En aspectos de índole más
subjetiva, como la calidad de vida, es curiosa
la diferencia que se percibe entre los europeos
nórdicos y los mediterráneos: es alto el
porcentaje de españoles (47%) e italianos (44%)
que esperan que su calidad de vida mejore en el
próximo medio siglo, al paso que menos de un 30%
de franceses, alemanes y británicos así lo
creen. Mucho contribuye a esta percepción el
hecho de que el nivel de vida es todavía
superior en estos últimos países. Por su parte,
los estadounidenses se dividieron casi por igual
entre ambas opciones.
Hay convergencia de opiniones
hacia una Europa futura más ecológica, donde las
energías renovables cobren mayor importancia,
hasta el punto de que incluso en Francia, donde
la energía nuclear es hoy predominante, es mayor
el número de los que se inclinan preferentemente
por la energía solar o la eólica.
Aun sin la participación en la
encuesta de Polonia —esa anomalía europea de tan
difícil asimilación en muchos aspectos— hay gran
coincidencia en pensar que el cristianismo
seguirá siendo la religión dominante en Europa,
con mayoría de alemanes, españoles e italianos
apoyando esta opinión. No obstante, un 22% de
franceses opinan que el islam será probablemente
la creencia más difundida en Europa en el año
2057. Si de religión se pasa al idioma, el
inglés alcanzará el primer lugar como lengua
europea según una gran mayoría, superior al 70%,
en todos los países consultados.
Es verdad que el mundo no se
configura de acuerdo con las encuestas, y ni
siquiera con la opinión de los encuestados. Pero
los resultados obtenidos pueden servir de signos
de aviso sobre las tendencias predominantes a
corto plazo. Es interesante advertir que una
gran mayoría coincide en opinar que la UE
seguirá existiendo de aquí a cincuenta años,
aunque ese porcentaje descienda al 62% entre los
británicos, siempre algo más euroescépticos.
Hay todavía grandes esperanzas
puestas en Europa, a pesar del traspié
franco-holandés de la presunta Constitución
Europea. Este es el principal valor que se
deduce de la encuesta comentada y el que deberán
cultivar con esmero las sucesivas generaciones
de políticos en cuyas manos se va a ir fraguando
esta Europa necesaria, la Europa de los pueblos,
sabia y vieja Europa curtida al paso de muchos
siglos y siempre dispuesta a aprender de los
errores del pasado.