Alberto Piris - rodelu.net |
27 de abril de 2007
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Estrella
Digital de España - 24 de abril de 2007
Pintan bastos en Iraq
A la vista de los resultados, parece que está
fracasando el plan estadounidense de
pacificación forzada de Iraq mediante un aumento
temporal de los efectivos militares, conocido
con el nombre de “surge”, esto es, oleada. Plan
en el que Bush y sus más inmediatos
colaboradores tienen puestas todas sus
esperanzas —¿las últimas?— para salir con
dignidad del caos creado por ellos mismos en
Iraq.
Alberto
Piris *
Ataques de armas pesadas dentro
de la superprotegida zona verde precedieron a la
inesperada penetración de un terrorista suicida
hasta la misma cafetería del Parlamento iraquí,
situado en el corazón de la zona citada, donde
hizo explotar su carga letal. Prosiguen además,
batiendo todos los récords anteriores, las
explosiones de coches bomba que asolan el país y
multiplican la cifra de muertos diarios.
Para complicar aún más el
asunto, el jefe del Estado Mayor turco insinuó
la posibilidad de operar militarmente en el
Kurdistán iraquí, para aplastar la creciente
actividad de los rebeldes kurdos en esa zona
fronteriza con Turquía, operaciones que
producirían un agravamiento de la situación.
Si a esto se une la permanente
y cada vez menos velada amenaza de acción
militar contra Irán, para detener por la fuerza
su programa nuclear, hay que temer que los
últimos coletazos de la política de Bush en
Oriente Próximo, antes de abandonar la Casa
Blanca, puedan multiplicar el caos que
contribuyó a crear con la invasión y ocupación
de Iraq, en medio de un mar de mentiras,
informaciones falsas y errores tácticos y
estratégicos.
Pero el asunto no termina ahí.
Hay que tener en cuenta que, hasta el momento,
la mayor parte de la población chií de Iraq
permanece al margen de la guerra civil que
enfrenta al Gobierno de Bagdad —apoyado por los
invasores— con la minoría suní. La hipótesis más
peligrosa que se considera, entre las muchas
posibles, es la de una sublevación popular chií,
una revolución ciudadana, no muy distinta de la
que expulsó del poder al Sha en 1979, la llamada
“sublevación al estilo Jomeini”. Nada pudo hacer
el monarca iraní frente al poder de un pueblo,
harto de los abusos de su autócrata gobernante,
que se alzó en espíritu y armas contra él,
azuzado por la jerarquía religiosa.
Por otra parte, el llamado
“ejército del Mahdi”, reclutado y dirigido por
el clérigo chií Muqtada el Sadr, permanece como
un poder todavía silencioso, aunque mantiene su
capacidad de movilizar a las masas iraquíes,
como mostró en la multitudinaria manifestación
de Nayaf de hace dos semanas, pidiendo la salida
inmediata de las fuerzas ocupantes.
De nada serviría concentrar en
número creciente fuerzas militares para hacer
frente a este peligro, como de nada le sirvió al
Sha de Irán la represión violenta de su policía
y sus ejércitos frente a un movimiento popular
que, como una marea irrefrenable, se llevó por
delante su trono y acabó a la vez con sus ideas
de progreso y su autocracia. Bush debería
aprender del pasado y el ejemplo de la caída de
Reza Pahlevi, debería ser una lección a estudiar
en el Pentágono y la Casa Blanca, antes de que
la situación se haga irreversiblemente
peligrosa.
La conjunción existente en
Iraq, entre una dirección religiosa respetada
por los combatientes chiíes —como es la del
ayatolá Ali Sistani, dirigente supremo del
chiismo en ese país— y una fuerza militar —la de
Muqtada el Sadr— que aquélla estima necesaria
para alcanzar sus propósitos, puede estar
poniendo al país en una situación parecida a la
que en Irán precedió a la caída del Sha.
Ambos ayatolás coinciden en
varias cosas: su oposición a la ocupación
militar del país, su exaltado nacionalismo y el
prestigio de ambos —a distinto nivel y en
ámbitos diferentes— ante las masas chiíes de
Iraq. Ni Bush ni sus consejeros parecen capaces
de percibir la gravedad de una situación que
puede dar al traste con cualquier intento de
modificar la equivocada política seguida por
EEUU desde que derribó el Gobierno de Sadam
Husein. La pesadilla se haría realidad si
además, como algunos indicios empiezan a
apuntar, importantes sectores suníes se
inclinaran por la solución que proponen de
consuno Ali Sistani y Muqtada el Sadr.
Nubarrones amenazadores se
ciernen sobre Iraq y las fuerzas de ocupación
angloamericanas. Pero sus sombras alcanzan
también a Afganistán, donde para mayor
preocupación de los españoles un contingente
militar de nuestro país comparte con otros
aliados de la OTAN el riesgo de un serio
agravamiento de la situación. Todavía no se han
padecido todas las consecuencias de los muchos y
graves errores cometidos por EEUU en Oriente
Próximo y es difícil anticipar hasta dónde se
puede llegar en esta cadena de violencias y
sectarismos enfrentados.
* General de Artillería en la Reserva
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