Alberto Piris - rodelu.net |
13 de mayo de 2007
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Estrella
Digital de España - 8 de mayo de 2007
Irán, Iraq y EEUU
En
el Golfo Pérsico se está concentrando estos días
la mayor fuerza aeronaval nunca vista allí desde
que se produjo la invasión de Iraq hace cuatro
años. Está constituida por tres potentes grupos
de portaaviones de EEUU (el “Nimitz”, el
“Eisenhower” y el “Stennis”) y apoyada por otro
portaaviones (el francés “Charles De Gaulle”).
Con ellos despliegan numerosos cruceros,
fragatas, submarinos y buques de apoyo, armados
con los más potentes ingenios de la guerra
moderna.
Alberto
Piris General de Artillería en la Reserva
Que Irán está en el punto de
mira de los cazabombarderos y misiles situados a
tan pocas millas de sus costas es algo que no se
puede ignorar en las actuales circunstancias.
Tanto más, cuanto que simultáneamente se han
venido desarrollando en Egipto unos encuentros
internacionales sobre la pacificación de Iraq, a
los que no es ajena la ostensible exigencia
estadounidense de que Irán detenga su programa
nuclear, so pena de sufrir graves consecuencias
“sin descartar ninguna opción” (léase, el
bombardeo).
La diplomacia apoyada por los
cañones es una vieja estrategia de todas las
potencias colonialistas en los dos últimos
siglos. Es de sospechar que se está fraguando el
desarrollo de un nuevo capítulo en esta vieja
historia. Pero puesto que de Historia se trata,
no viene mal recordar dos episodios que afectan
directamente a los tres países más implicados en
el actual conflicto: EEUU, Iraq e Irán.
El primero se produjo en mayo
de 1987, ahora hace 20 años, cuando en las
mismas aguas del Golfo Pérsico, una fragata
estadounidense recibió el impacto de dos
misiles, lo que causó un incendio y graves
averías en la nave, así como la muerte de 37
miembros de la tripulación. El atacante fue un
cazabombardero iraquí que confundió al buque con
una unidad naval iraní. Recuérdese que por
entonces transcurría el séptimo año de la guerra
entre ambos países, guerra en la que el gobierno
del presidente Reagan apoyaba a Sadam Husein
contra el régimen de los ayatolás iraníes.
La reacción de los medios de
comunicación de EEUU fue sorprendente: en vez de
arremeter contra Iraq, el país causante del
incidente, la prensa se volcó contra Irán,
acumulando epítetos a cual más denigrantes.
Reagan declaró: “De ningún modo les consideramos
hostiles [a los iraquíes]. El malo de la
película es Irán”. Miembros del Senado
declararon que Irán era “un beligerante que
carece de normas y de moral” y que “patrocina el
terrorismo y el secuestro de aviones”. ¿No les
recuerda esto a los lectores la retórica que
atribuía a Iraq las culpas del 11-S?
Poco más de un año después se
produjo el segundo incidente que merece la pena
recordar. El “Vincennes”, un crucero
lanzamisiles de EEUU, navegando en aguas
territoriales iraníes, derribó un avión
comercial de este país, produciendo la muerte de
cerca de 300 personas. Sesenta y seis niños
viajaban en el Airbus del vuelo Iran Air 655
aquel fatídico día, hacia una colonia de
vacaciones a la que nunca llegaron.
El Pentágono se excusó
manifestando que el crucero había tenido que
“defenderse” porque sospechó que el piloto del
avión de línea había mostrado la intención de
atacar al buque de guerra o estrellarlo contra
él. Según testimonios de otros buques
estadounidenses, también desplegados en la zona,
el avión comercial estaba en esos momentos
ganando altura y dentro de los límites del
pasillo aéreo habitualmente utilizado.
Pues, para pasmo del lector,
sepa que cuando el “Vincennes” regresó a su
puerto base en San Diego (California), recibió
una bienvenida fervorosa y todos los miembros de
la tripulación fueron condecorados como
participantes en acciones de combate. Según
narra Robert Fisk en su libro The Great War
for Civilization: The Conquest of the Middle
East, el oficial coordinador del combate
aéreo del buque (el responsable de decidir
cuándo y cómo atacar a los posibles objetivos
aéreos) fue condecorado con la medalla de
excelencia naval por “su heroico comportamiento
y su capacidad para mantenerse sereno y
responsable bajo el fuego enemigo”. Los
ciudadanos de Vincennes (Indiana) recolectaron
dinero para erigir un monumento en el pueblo que
da nombre al buque, no a la memoria de los
iraníes inocentes muertos en el incidente, sino
del buque cuyos disparos los aniquilaron.
Con estos antecedentes de un
pasado inmediato, en la misma zona —el Golfo
Pérsico— y entre los mismos protagonistas —EEUU,
Iraq e Irán— ¿qué esperanzas tiene la opinión
pública de saber con certeza lo que ahora pueda
ocurrir? Predomine o no la diplomacia sobre los
cañones, lo que a partir de ahora suceda en Irán
y en el entorno del Golfo Pérsico, estará, como
muestran los dos ejemplos citados, cubierto por
el opaco velo que desfigura la verdad y la
somete a los intereses de las potencias
dominantes.
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