Alberto Piris Alberto Piris - rodelu.net
20 de mayo de 2007

Estrella Digital de España - 15 de mayo de 2007

Una noticia pronto olvidada

Entre todas las noticias —y han sido muchas— que han agitado a la opinión pública la pasada semana, ha habido una que, a pesar de haber recabado cierta atención en los medios escritos y gráficos, fue pronto olvidada, tras la breve ráfaga de horror que provocó el martes pasado. Las multiplicadas informaciones sobre el crispado panorama de la política interior, que ahora entra en el temible periodo de hipercrispación electoral; la retirada de Blair, compensada en parte por su éxito en Irlanda del Norte; los últimos tropiezos de Bush, en su ya larga y confirmada carrera de errores; la detención de una popular cupletista nacional, y hasta los insospechados éxitos de la vela española en las regatas valencianas, han caído sobre la noticia en cuestión enviándola con rapidez a la carpeta de lo olvidado. No debería ser así y no está de más una reflexión al respecto.
Alberto Piris
General de Artillería en la Reserva

Se trata de la lapidación pública de una joven kurda de 17 años, en el norte de Iraq, por motivos —una vez más, ¡ay!— básicamente religiosos. La muchacha cometió el grave pecado de enamorarse de un joven kurdo suní que no profesa su misma religión. Ella “era” —pues murió como consecuencia del castigo— de la secta yazidí (un sincretismo con rasgos de varias religiones) y él sigue siendo musulmán: los hombres no suelen sufrir sanciones en estos casos. Para poder vivir juntos, ella tuvo que renunciar a su religión —ellos no lo suelen hacer nunca— y convertirse al islam. Juntos iniciaron su vida en otra localidad del Kurdistán iraquí.

Cuando un clérigo suní le aconsejó volver a su ciudad natal, sugiriéndole que la familia le había perdonado su fuga y su conversión, se encontró con una recepción no imaginada. Una muchedumbre de unas dos mil personas, dirigida por los miembros más próximos de su familia, la esperaba para aplicarle el castigo que exige su ley religiosa en esos casos: la lapidación hasta la muerte.

Y así ocurrió. El código islámico requiere que “las piedras no sean tan grandes como para matar al condenado con solo una o dos de ellas” y que “tampoco sean tan pequeñas como los guijarros”. ¡Exquisita preocupación para establecer los detalles del castigo! Su finalidad es hacer que éste dure lo suficiente para que constituya un espectáculo digno de ser contemplado por las muchedumbres, naturalmente masculinas.

Es de sobra sabido —y algún musulmán culto lo ha manifestado públicamente— que el islam recurre a muchos procedimientos para mantener la sumisión de la mujer por el terror. “La lapidación se usa hoy día para someter a las mujeres, sobre todo a las de baja condición social” (el lector encontrará un comentario amplio en este sentido en http://ezinearticles.com/?Fact-to-Fiction:-The-Brutal-Truth-about-the-Practice-of-Stoning&id=11574). Conviene tener presente que algunos agentes de la autoridad estaban en las inmediaciones y nada hicieron para impedir la cobarde villanía pública.

Contra lo que algún diario español ha afirmado, los yazidíes no son “adoradores del diablo”; su religión es una mezcla de islam, judaísmo y cristianismo, con rasgos zoroástricos y gnósticos. Apenas medio millón de personas la profesan, en su mayoría kurdos de la zona de Mosul, en el norte de Iraq. Probablemente, su escaso número, en comparación con otras religiones iraquíes, les hace cerrar filas apretadas en torno a sus usos y costumbres.

Es también interesante conocer el comentario de un yazidí a quien la tragedia impresionó profundamente. En un inglés elemental hizo pública a través de internet su opinión sobre lo sucedido. Tras afirmarse como yazidí ortodoxo, escribió un comentario titulado “Los héroes de Bashika” (el pueblo donde se produjo el vil asesinato), ironizando sobre la valentía de una muchedumbre que aplasta a pedradas a una adolescente.

Pregunto a los dos mil hombres que la apedrearon: ¿cuántas veces han tenido sexo con chicas musulmanas? Con las prostitutas de Bagdad y de Sarsink… Todos ellos son tan culpables ante la ley religiosa como la niña apedreada”. Tras citar por su nombre a varias autoridades locales, añade: “¿Por qué ellos pueden tener sexo cuando quieran con prostitutas musulmanas, sólo porque Dios les ha elegido para el cargo que ostentan, y los demás son lapidados cuando esto sucede?”. Y dictamina, tajante: “No son ustedes mejores que las ovejas, que sólo comen, copulan y duermen. Están llevando a mi país y a mi pueblo al desastre y ustedes merecen la muerte más que la pobre muchacha apedreada”. Al menos hay una voz que expresa su disconformidad ante una muchedumbre entusiasmada con el espectáculo.

El texto en inglés del escritor yazidí puede leerse en la publicación Bahzani (www.bahzani.net) y es una muestra de cómo, hasta en las más recónditas y extrañas culturas imaginables, ha penetrado internet con su enorme capacidad de comunicación. Bienvenida sea esa capacidad si permite denunciar al mundo las prácticas que oprimen a tantas mujeres.

 
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