Alberto Piris - rodelu.net |
24 de mayo de 2007
|
Estrella
Digital de España - 22 de mayo de 2007
Otra vez la OTAN
La reciente reunión a alto nivel entre la
secretaria de Estado de EEUU, la Sra. Rice, y el
presidente Putin dejó en el aire muchas más
cuestiones pendientes que las que haya podido
resolver. La principal concierne al futuro de
las relaciones entre Rusia y EEUU, y a cómo
repercutirá la renovada tirantez entre ambas
potencias en los asuntos propios de la Unión
Europea.
Alberto
Piris General de Artillería en la Reserva
Una vez más, la OTAN está en el
eje del problema, y no para resolverlo sino para
complicarlo un poco más. El argumento ruso es
fácil de entender: La OTAN es un residuo del
antiguo enfrentamiento entre bloques, cuya
superación produjo una oleada de optimismo y
esperanza; si la Guerra Fría ha concluido, ¿qué
necesidad tenía la OTAN de ampliar el número de
sus socios, incluso extendiéndolo a los que
fueron antiguos miembros de la Unión Soviética?
¿Sigue viendo la OTAN en Rusia un enemigo
militar a batir? Si es así, es la OTAN y no
Rusia quien atiza los rescoldos de la extinta
Guerra Fría, argumentan desde Moscú.
La cuestión adquiere tonos
esencialmente militares desde el momento en que
EEUU pretende instalar en territorio europeo,
otánico y ex soviético algunos elementos de su
escudo de defensa contra misiles disparados
desde Irán o Corea del Norte. Estos elementos
son un sistema de radar en la República Checa y
unos misiles interceptadores en Polonia. Ambos
gobiernos aceptan con entusiasmo la propuesta,
entusiasmo no menos intenso que el que mostró el
Gobierno español a principios de los años 50,
cuando EEUU sembró de bases militares el
territorio nacional y lo convirtió en un eslabón
más de su estrategia global, a cambio de
reconocer a un régimen antidemocrático, antiguo
aliado de Hitler y Mussolini y repudiado por
muchos países europeos que no lo aceptaban en su
compañía.
La actual estrategia
estadounidense —apoyada por los países europeos
más pro atlantistas— intenta diluir la
conflictividad del despliegue militar propuesto
multiplicando las acusaciones de déficit
democrático en Rusia y acentuando los conflictos
interiores con los que se enfrenta el Gobierno
de Moscú, para teñir a éste con los colores de
una peligrosa dictadura en potencia, o en todo
caso de un imperfecto funcionamiento
democrático. Se hace así digerible la idea de
una OTAN que seguiría siendo el bastión europeo
frente al eterno peligro del Este.
Sorprende que ninguna acusación
similar recaiga, por ejemplo, sobre Arabia
Saudí, cuya feudal monarquía, fiel aliada de
Washington, representa la antítesis de cualquier
idea democrática. Pero la política exterior de
EEUU es así, y desde Washington se contempla con
benevolencia a países que, como Arabia Saudí,
Pakistán o Egipto, se mueven en órbitas muy
alejadas de la más elemental democracia, a la
vez que se zahiere sin cesar al presidente ruso
por sus inocultables rasgos autoritarios.
Dentro de Europa también hay
suspicacias, pues ni siquiera la OTAN está en
condiciones de asegurar que el propuesto sistema
estadounidense de defensa contra misiles sea
capaz de proteger a los países europeos, y se
sospecha que su verdadera finalidad es defender
el territorio continental de EEUU. La Sra. Rice
no lo ha ocultado al afirmar en Moscú que EEUU
debe avanzar en el uso de tecnología moderna
para su propia defensa y al declarar que espera
“que nadie suponga que EEUU aceptará un veto
sobre los intereses estadounidenses de su propia
seguridad”.
Si a esto se une la extendida
percepción de que la OTAN, en conjunto, es una
alianza militar siempre supeditada a los
intereses de EEUU —aunque acepte algunas
discrepancias internas, siempre con sordina—, no
hay duda de que la Alianza Atlántica vuelve a
encontrarse en la misma disyuntiva en que se
hallaba al desaparecer el Pacto de Varsovia.
Eligió el camino de la transformación de sus
misiones y ahora interviene en Afganistán, bajo
mandato de la ONU, pero conservando los lazos
militares noratlánticos, lo que reaviva los
recelos rusos.
El problema de la OTAN sigue
sin resolverse: un organismo cuya función
principal desapareció —la defensa militar frente
a la URSS— pero que persiste en sobrevivir y
crear nuevas funciones adaptables a su
estructura, modificando ésta lo imprescindible
para que las disfunciones sean menos evidentes.
Europa seguirá sin saber encontrar su lugar en
el espacio geoestratégico mundial mientras la
OTAN siga pesando como una losa sobre lo que
deberían ser sus propias decisiones. Los misiles
polacos y el radar checo son dos nuevos
obstáculos que EEUU ha puesto en las relaciones
entre la Unión Europea y Rusia.
Relaciones que pasan por un
punto muy bajo, como lo muestra el nulo
resultado de la reunión bilateral UE-Rusia
celebrada junto al Volga el pasado viernes. Y
aunque la ampliación de Europa a los antiguos
países satélites de la URSS vino a complicar
mucho el entendimiento UE-Rusia, éste es más que
nunca necesario, sin olvidar las importantes
relaciones comerciales y energéticas entre ambas
partes.
|