Alberto Piris - rodelu.net |
12 de junio de 2007
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Al estudiante desconocido
Es costumbre muy extendida erigir monumentos “al soldado
desconocido”, en homenaje a los muchos innominados combatientes que
entregaron sus vidas al servicio de la sociedad a la que defendían, y
cuyos cadáveres no pudieron ser recuperados o identificados. Esta práctica
cobró auge tras la Primera Guerra Mundial, iniciándose en la londinense
abadía de Westminster en 1920. Un año después se instaló la llama perpetua
bajo el espectacular Arco del Triunfo parisino. El obelisco madrileño en
honor a los “Héroes del 2 de mayo” responde también a esa tradición.
Alberto
Piris General de Artillería en la Reserva
No hay, sin embargo, en Iraq monumento alguno en honor
del “estudiante desconocido” que sirviera para recordar a los cerca de 90
muertos y al centenar de heridos que un doble atentado terrorista provocó
en la Universidad bagdadí de Mustansiriya el pasado mes de enero. Imagine
el lector que algo similar hubiera ocurrido en la universidad más próxima
a su domicilio. La indignación producida por tal barbarie hubiera
repercutido durante meses o años en la opinión pública nacional. Los
dirigentes políticos —si hubieran sido capaces de poner fin a sus ásperos
enfrentamientos con motivo del terrorismo etarra— hubieran alzado sus
voces al unísono exigiendo medidas inmediatas. El dolor y el duelo
hubieran durado largo tiempo. Se hubieran arbitrado ayudas y
compensaciones, se hubieran iniciado procedimientos judiciales y toda
España habría compartido, pública y oficialmente, el dolor de los
afectados.
En Bagdad, ni un ministro acudió a visitar el lugar de
los atentados o a dar el pésame a los familiares de las víctimas. Sumido
como está el país en un caos casi permanente, la noticia pasó enseguida a
un plano secundario, para seguir el sangriento ritmo de la actualidad
diaria. Sirva este detalle para valorar en su justa medida la situación
del país desde el que Bush pretendía irradiar democracia y estabilidad
hacia toda la zona. Pero no es éste el asunto que se va a comentar aquí.
La Universidad Mustansiriya sigue activa. Ése es el
verdadero milagro. Los alumnos se preparan para los exámenes de fin de
curso. Miles de jóvenes entran y salen cada día de sus aulas. No han
olvidado los atroces atentados, los cadáveres desfigurados de sus
profesores o amigos, pero eso no les ha amedrentado ni les ha hecho
desistir. Al corresponsal de la BBC allí desplazado confesaba un profesor:
“Los profesores y los alumnos están listos para hacer frente a esta mala
situación; intentan concluir el curso y pasar con éxito los exámenes”.
Con frecuentes cortes de la energía eléctrica, en aulas
sucias y mal mantenidas, los estudiantes bagdadíes se empeñan en sus
tareas. Nadie cree que la nueva estrategia estadounidense para atenuar el
caos iraquí tendrá ningún éxito. Comentaba una alumna: “Temo una explosión
en cualquier momento. Cuando subo al autobús o viajo en un taxi
[colectivo], siempre temo que la persona que se sienta a mi lado sea un
terrorista suicida”. A pesar de eso, día tras día, prosigue sus estudios.
Los atentados de enero fueron atribuidos a terroristas
suníes vinculados a Al Qaeda. La universidad está enclavada en territorio
chií, próxima a la llamada ciudad Sader. Su protección, a raíz de lo
sucedido, está a cargo de las milicias chiíes del Ejército del Mahdi,
cuyos combatientes, de barbas cuidadosamente recortadas, vigilan todos los
accesos al campus universitario.
Todo esto está ocurriendo a pesar de las declaraciones
gubernamentales, respaldadas desde Washington, de que las milicias están
siendo desarmadas a favor de las fuerzas de seguridad estatales. La única
protección de la universidad, frente a la repetición de otro posible
ataque terrorista, es la que proporciona la milicia chií.
Estudiar en esas condiciones es casi un acto heroico.
Muchos alumnos lo tienen asumido sin darle mayor importancia, sabiendo el
riesgo que corren pero conscientes de que están esforzándose en mejorar su
propio futuro.
Su futuro, el de Iraq y, por extensión, el de Oriente
Próximo, no dependerá de las decisiones adoptadas en el Pentágono o en la
Casa Blanca. Estará determinado por la voluntad de esos iraquíes decididos
a sobrevivir a toda costa, apechando con los errores brutales de los
intervencionistas occidentales. Alguna vez podrán vivir en paz, pero
entonces habrán de pasar cuentas —estrictas y exigentes— a esos países
occidentales para los que el petróleo y su estabilidad energética es el
factor que prima sobre casi todo lo demás.
(Coda explicativa: EEUU consume tanto petróleo como China, Japón, Alemania,
Rusia e India juntas).
Publicado en Estrella
Digital de España el 12 de junio de 2007
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