Alberto Piris - rodelu.net |
1 de agosto de 2007
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Un país extranjero apoya la desobediencia civil en España
No mire el lector hacia Moscú cuando lea el título de
este comentario. Y eso, aunque al viejo hábito español (arraigado durante
largos decenios) de atribuir a Rusia todo mal que nos aqueje se le sumen
ahora las abundantes informaciones sobre el mal llamado “agente doble”,
que vendió a los servicios de espionaje rusos ciertas informaciones que
—según el director del Centro Nacional de Inteligencia (CNI)— en nada han
perjudicado a la seguridad de los españoles.
Alberto
Piris General de Artillería en la Reserva
Pues aunque los secretos nacionales no parecen haber
sufrido deterioro por la irregular actuación del ex miembro del CNI que
sucumbió al encanto del también tradicional “oro de Moscú”, los ciudadanos
fuimos sometidos a una campaña de prensa, radio y televisión, cuya última
finalidad parecía ser la de imbuirnos la idea de que nada peligroso nos
había ocurrido, a pesar de haber sido descubierta una oveja negra entre el
rebaño de las blancas ovejas de los espías profesionales. ¿Y si ha pasado
algo? Tarde o temprano acabaremos por saber el porqué de tan intensa
actividad informativa a cargo del órgano central de la inteligencia
nacional. De momento, habrá que dejar un interrogante abierto sobre este
asunto, a la espera de nuevas noticias.
Pero apartemos de momento la vista de Moscú. Ahora se
trata de que un alto dirigente de un país extranjero, de reciente visita
en Madrid, se ha sumado, con sus declaraciones públicas, a cierto sector
de ciudadanos españoles que maquinan, de formas diversas, incumplir una
ley, democráticamente promulgada, que al reorganizar los planes didácticos
en los centros de enseñanza de nuestro país (públicos y concertados)
incluye en ellos una asignatura denominada “Educación para la Ciudadanía”.
Esta asignatura, según una interpretación puramente
confesional —que raya en el fanatismo religioso—, “vulnera los derechos
humanos”, como ha declarado el portavoz de la Conferencia Episcopal.
Sorprendente manifestación de quien, como miembro destacado del máximo
órgano de la jerarquía católica en España, no debería ignorar la histórica
trayectoria de su Iglesia, en sistemática y tenaz oposición, al paso de
los siglos, a cualquier avance en los citados derechos humanos.
Al escribir estas líneas tengo ante los ojos un viejo
catecismo que hube de estudiar en mis años infantiles, del que he
entresacado dos párrafos significativos:
"Los
principios del liberalismo son las libertades de cultos, de conciencia, de
imprenta, de pensamiento, etc., así como las escuelas laicas, el
matrimonio civil, etc.”.
“Todos esos principios son falsos filosófica y teológicamente considerados,
y perniciosos en la práctica… y pueden ser tolerados como un mal menor a fin
de evitar otros mayores”.
La aparente tolerancia del texto (otros la llamarían
hipocresía habitual de la Iglesia católica cuando no disfruta del poder
político) se debe a que el citado catecismo fue editado en tiempos de la
2ª República. Todo rastro de tolerancia desapareció una vez derrotada ésta
por las armas, como es de sobra conocido.
Ocurre que, para apoyar a ese sector de ciudadanos
decididos a incumplir la legalidad, amparándose en su pretendido derecho a
la objeción de conciencia, ha visitado España el secretario de la
Congregación para la Doctrina de la Fe (antes llamada Santo Oficio de la
Inquisición), uno de los más altos jerarcas del Estado de la Ciudad del
Vaticano, con el que España mantiene relaciones diplomáticas de carácter
privilegiado.
¿Se sabe que el Nuncio del Vaticano en Madrid haya sido convocado en el
Ministerio de Asuntos Exteriores para pedir explicaciones por tan evidente
ingerencia en lo que son asuntos propios de los españoles? ¿O que haya
sido llamado a consultas el embajador de España en la Santa Sede, con
análoga finalidad?
Porque para valorar mejor este asunto bastaría con
imaginar qué hubiera ocurrido si cualquier miembro destacado del Gobierno
ruso se hubiera permitido actividades de análogo cariz. ¡Cuántas
vestiduras rasgadas y cuánta santa ira desmelenada en radios y periódicos
sobre la insoportable intromisión de un estado extranjero en nuestra
política interior!
Sirva este ejemplo para cobrar conciencia de la favorable
vara de medir que en España se aplica a todo lo que, aun de refilón, roza
a la Iglesia de Roma, y de la necesidad urgente de normalizar tan anómala
situación.
Publicado en Estrella
Digital de España el 31 de julio de 2007
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