Alberto Piris - rodelu.net |
19 de agosto de 2007
|
Las colonias judías en Palestina
Que el problema de Palestina tendrá que resolverse dentro
del triángulo formado por Israel, la Autoridad palestina y EEUU es algo
que hoy nadie pone en duda. Frente a estos tres actores principales, ni la
Unión Europea, ni Rusia, ni la Liga Árabe juegan un papel comparable. Los
miembros de este segundo triángulo podrían, todo lo más, ser requeridos a
apoyar lo que los tres primeros llegasen a decidir, si alcanzaran alguna
vez un acuerdo para resolver este conflicto.
Alberto
Piris General de Artillería en la Reserva
Por el momento, los tres protagonistas del triángulo
decisivo están en situación poco favorable. El primer ministro israelí
pasa por horas malas y su crédito está bajo mínimos; el presidente
palestino gobierna un pueblo dividido y no concita la lealtad de todos los
palestinos; y Bush, en su larga senda de fracasos, busca desesperadamente
algún éxito que ilumine su próxima retirada de la escena internacional, lo
que le hace más peligroso que eficaz.
La convocatoria de una conferencia internacional de paz,
sugerida por Bush, suscita pocas esperanzas porque, hasta el presente, la
política seguida por EEUU en relación con los territorios ocupados por
Israel no sólo no ha producido resultados positivos, sino que ha adolecido
de una defectuosa planificación, errónea elección de objetivos y
desconocimiento de la situación real, según señalan muchos analistas
políticos, dentro y fuera de Israel.
Pero la razón principal del continuado fracaso de los
esfuerzos pacificadores tiene un nombre: los asentamientos israelíes en
territorio palestino. Asentamientos es su nombre más común, aunque su
verdadera naturaleza es la de “colonias”: las colonias judías en
Palestina.
La organización judía pacifista Peace Now ha
mostrado cómo muchos asentamientos se han extendido ya fuera de los mismos
límites establecidos por Israel, trastornando así las mínimas aspiraciones
territoriales de los palestinos. La política de expansión al otro lado de
las fronteras israelíes es hoy, con toda probabilidad, el principal
obstáculo para un arreglo definitivo.
Ésta es una cuestión que se viene dejando de lado en los
planteamientos abordados por los miembros del “triángulo” decisivo. Muy
pocos creen hoy, en Israel o en Palestina, en la posibilidad de un Estado
palestino fragmentado por una vasta red de asentamientos israelíes,
enlazados por túneles y carreteras prohibidas, erizadas de puestos
militares de control, instalaciones policiales, muros y otros obstáculos a
la libre circulación.
No sólo esta red de asentamientos judíos que cubre el
territorio ocupado de Cisjordania es un obstáculo para la creación del
nuevo Estado. Lo peor es que la situación actual ha llegado a calar hondo
en las mentes de la población de ambas partes, donde muchos consideran a
los asentamientos como algo fatalmente irreversible.
Un buen conocedor del problema, miembro de la
organización A Jewish Voice for Peace (Una voz judía para la paz),
ha afirmado: “Si EEUU no pone a los asentamientos en lugar preferente de
su agenda con Israel, ningún dirigente israelí será capaz de actuar contra
ellos. Los estadounidenses que desean un Israel seguro y el alivio del
asediado pueblo palestino deberían clamar contra los asentamientos,
olvidando todo lo demás. Si éstos permanecen, la solución de los dos
Estados será imposible”.
No se ve, pues, ninguna otra salida. Si los asentamientos
fuesen inamovibles, sólo habría dos opciones: o continuar en la situación
actual, lo que augura un conflicto prolongado y agravado porque el pueblo
palestino no la podrá soportar mucho más tiempo, o suprimir la Autoridad
palestina y volver a la ocupación directa por Israel de los territorios,
como ocurrió ya en el pasado.
Pero si se impide la creación de un Estado palestino
independiente, y el dominio israelí se extiende a todo el territorio,
Israel se enfrentaría a dos opciones opuestas: o convertirse en un estado
secular, abandonando su naturaleza de “Estado Judío” —lo que la mayoría de
la población rechaza—, o verse abocado a aplicar un duro régimen de
“apartheid”, que la comunidad internacional no podría aceptar. Como
tampoco podría aceptar lo que las más exaltadas voces judías han llegado a
proponer, pidiendo la expulsión de los palestinos y la “limpieza étnica”
del territorio supuestamente judío por designio divino.
Muchos son los aspectos que deberán considerarse en
cualquier plan de paz definitivo (Jerusalén, emigrados, indemnizaciones,
comercio, recursos, etc.) pero, hoy por hoy, ninguno de ellos constituye
un obstáculo tan difícil de superar como el grave problema de los
asentamientos judíos en tierras palestinas.
Publicado en Estrella
Digital de España el 14 de agosto de 2007
|