Alberto Piris Alberto Piris
8 marzo de 2009

El Estado palestino, en vía muerta
Tras la elecciones celebradas en Israel el 10 de febrero, Benjamín Netanyahu ha sido encargado de formar Gobierno, no por haber alcanzado su partido el mayor número de escaños sino porque es quien tiene más posibilidades de lograr el apoyo de otros partidos de la derecha y la extrema derecha religiosa, para conseguir la necesaria mayoría parlamentaria.
El pueblo palestino todavía
espera la tierra prometida
     AlbertoPiris
        General de Artillería
        en la Reserva

Entrevistado la semana pasada en la prensa de EEUU, Netanyahu expresó unas opiniones que, por muy benévolamente que se juzguen, suponen poner en vía muerta el proceso de creación de un Estado palestino, proceso apoyado por EEUU y Europa como solución preferente al enrevesado conflicto palestino-israelí.

Al ser preguntado por su opinión sobre la solución biestatal, la respuesta de Netanyahu fue: "Un acuerdo final deberá atender a que los palestinos tengan plena autoridad para gobernar sus vidas. Pero ¿alguien desea que tengan control total de su espacio aéreo, su propio ejército, el derecho a establecer alianzas con otros Estados, como Irán, o el control de sus fronteras, lo que les permitiría importar armas? Yo no lo aceptaré". Resumió su posición afirmando que continuaría manteniendo conversaciones con los palestinos, pero que "si éstos alcanzan la plena soberanía, eso pondría en peligro la seguridad del Estado de Israel".

Entre los que tratan de cerca al que con toda probabilidad va a ser el futuro primer ministro israelí, es comentario habitual señalar que él no se opone a que los palestinos gocen de cierta autonomía en las relaciones internacionales y que incluso aceptaría que pudieran poseer embajadas y establecer vínculos diplomáticos con cualquier país del mundo. Sin embargo, Netanyahu rehúye sistemáticamente utilizar la palabra "Estado" al referirse al futuro del pueblo palestino, porque ésta implica la soberanía y el control de sus propios asuntos militares, lo que nunca aceptará.

No parece nada fácil conciliar la plataforma política del que seguramente será en breve el nuevo Gobierno de Israel con la posición oficialmente adoptada por EEUU y expresada por su Secretaria de Estado, Hillary Clinton, que se basa esencialmente en la fórmula biestatal para garantizar la libertad e independencia del pueblo palestino. Clinton insistió en que, además, deberían cumplirse las condiciones establecidas por el llamado "cuarteto" (Estados Unidos, Rusia, la Unión Europea y Naciones Unidas): el reconocimiento del Estado de Israel, el fin del terrorismo y la aceptación de los acuerdos firmados. Condiciones cuya ambigua interpretación por todas las partes implicadas puede llevar a un nuevo y embrollado laberinto que dificulte o impida el avance del proceso.

El avispero en que se ha convertido la situación política israelí tras las elecciones hace prever un camino erizado de obstáculos. Tzipi Livni, presidenta del Kadima, partido ganador de las elecciones, ha afirmado en el diario Haaretz: "Netanyahu es más extremista que Lieberman, quien no descarta la solución biestatal. Netanyahu no quiere ni hablar de ella". Lieberman, presidente del partido de extrema derecha Yisrael Beitenu, ha afirmado que no le importaría abandonar su propio domicilio, en uno de los asentamientos ilegales construidos en territorio palestino, si con eso se alcanzara un acuerdo paz. Consciente de su posición como tercer partido más votado y, por tanto, clave para decidir la composición del futuro Gobierno, se permite mostrar rostros diversos según la coyuntura. Por un lado, afirma que el problema grave en Oriente Próximo no es el de Palestina sino las amenazas que proceden de Irán, Pakistán, Afganistán e Iraq. Por otra parte, anuncia su aceptación de un proceso, gradual y muy medido, hacia la solución biestatal a la vez que propugna un estricto control de la población israelí de origen árabe, que agravaría su ya difícil situación de discriminación social y política.

Que un extremista como Lieberman pueda aparecer como políticamente centrado en el espectro israelí es una muestra del desconcierto reinante. Desconcierto que pretende calmar la visita a Israel de la Secretaria de Estado de EEUU, quien en cierto modo va a poner de manifiesto la capacidad de la nueva diplomacia en la era Obama. El resultado de las negociaciones entre EEUU e Israel se percibirá, sobre todo, en la composición del Gobierno que forme Netanyahu, que deberá estar constituido forzosamente en los primeros días de abril.

En cualquier caso, todo parece indicar que la bomba de relojería que fue armando el Imperio Británico durante su mandato colonial en Palestina seguirá amenazando la paz en Oriente Próximo y generando muy peligrosas tensiones. Solo el azar de la Historia, con sus imprevisibles vicisitudes, podría mostrar un día cómo el nuevo Imperio, que al otro lado del Atlántico recogió el testigo del orgulloso y decadente Rule Britannia, contribuyó a resolver el conflicto que sus antecesores imprudentemente contribuyeron a crear.


Publicado en EstrellaDigital de España el 3 de marzo de 2009


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