Sergio Ramírez
Actualizado: 4 de Mayo de 2001
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Genio revolucionario inmortal
5 DE MAYO;
CUMPLEAÑOS 183 DE CARLOS MARX
Se celebra un nuevo cumpleaños de la inteligencia transformadora, ejemplificada en la vida y la obra del mayor revolucionario de la historia: Carlos Marx, nacido en Tréveris el 5 de mayo de 1818. Terminado el funeral orgiástico de Carlos Marx y del marxismo, que ocupó gran parte de la última década en el que "posmodernos" bailaron sobre la tumba del antepasado de todos los revolucionarios, se puede afirmar que el marxismo no ha muerto, sino que goza de buena salud y ésa es una verdad del porte de las catedrales que algunos destruyeron y de las estanterías que a otros se les cayeron.

Los aportes de Carlos Marx al pensamiento humano están ligados, indudablemente, a su gran obra científica, pero también a su labor de revolucionario activo. Tempranamente, sostiene que la tarea de la filosofía, que había sido hasta entonces un intento de comprender el mundo, es esencialmente la de "transformarlo". Pero, comprensión y transformación van unidas. No se puede, a riesgo de inconsecuencia, comprender, conocer, sin identificar los factores que inciden más determinantemente en el "funcionamiento" de la sociedad, y en la marcha de la historia. Y esta exigencia metodológica, se enfrenta en el caso de los ideólogos de la burguesía a su complicidad con un orden social que se niegan a calificar de injusto y se empeñan en declarar eterno y, por lo mismo ahistórico. Pero, también requiere la posibilidad de "transformación" de una comprensión previa, un conocimiento acabado y certero de la realidad.

Para llegar a la inteligencia de la historia y de la sociedad, emprende Marx la tarea de someterlas a una crítica provisto del acervo mejor del pensamiento de la humanidad, a la que agrega un imperativo moral y una identificación sin matices con la causa de la clase más avanzada de su tiempo, que sigue siendo el de los actuales revolucionarios: el proletariado, la clase obrera, los trabajadores. Aquellos que no poseen más que su fuerza de trabajo y, por lo mismo, no tienen nada que perder con un cambio revolucionario sino sus cadenas.

Superando la etapa del "socialismo utópico", Carlos Marx identifica en el proletariado el agente de los cambios revolucionarios, y dedica gran parte de su contribución filosófica a liberarlo de la ideología dominante -la de la clase dominante-, para afirmar la posibilidad y el derecho de la clase obrera a constituirse en "clase para sí", dotada de una identidad y un programa revolucionarios.

SU VOZ SUENA CON MAS FUERZA

En efecto, en el presente suena con más fuerza la voz de Carlos Marx, quien en 1848 en el "Manifiesto Comunista" señalaba: "Os horrorizáis de que queremos abolir la propiedad privada. Pero, en verdad (en) vuestra sociedad actual, la propiedad privada está abolida para las nueve décimas partes de sus miembros, existe precisamente porque no existe para esas nueve décimas partes. Nos reprocháis, pues, el querer abolir una forma de propiedad que no puede existir sino a condición de que la inmensa mayoría de la sociedad sea privada de propiedad. En una palabra, nos acusáis de querer abolir vuestra propiedad. Efectivamente, eso es lo que queremos". 

En esta cita es posible descubrir uno de los rasgos distintivos del marxismo que es su vínculo con la práctica. Es decir, relación entre teoría y realidad, entre propuesta y respuesta. En efecto, ¿quién, incluso un declarado "posmoderno", puede cuestionar que la "propiedad privada" produce "privados de propiedad"?. Además, dice, con Engels, en "El Manifiesto del Partido Comunista", que "la historia de todas las sociedades que han existido hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases". En efecto, afirman los autores de "El Manifiesto": "Las tesis teóricas de los comunistas no se basan en modo alguno en ideas o principios inventados o descubiertos por tal o cual reformador del mundo. No son sino la expresión de conjunto de las condiciones reales de una lucha de clases existente, de un movimiento histórico que se está desarrollando ante nuestros ojos". Por lo cual, con palabras de Georges Lukacs, en "¿Existencialismo o marxismo?", se trata, en el caso del marxismo en tanto ideología, de "reflejar (mejor) la evolución objetiva de la historia".

UNA DE LAS CONCLUSIONES FUNDAMENTALES

Entre los aportes principales de Carlos Marx se cuentan "El Capital" y las teorías de la plusvalía. En ellas, los teoremas científicos de lo económico fueron el campo en que se produjo su reflexión crítico-dialéctica que, por debajo de la legalidad económica, pudo hallar un contenido social, una estructura de relaciones entre los hombres: el Movimiento de la Propiedad Privada (1844), y las Relaciones de Producción Capitalista (1857). En estos trabajos surgen múltiples conclusiones. Una de las fundamentales y que, por cierto, tiene proyección en este primer año del milenio, señala que en el trabajo (en la producción), el hombre obliga a un objeto de la naturaleza a influir sobre otro objeto de esa misma naturaleza, conforme a sus propias calidades y leyes de existencia. 

Marx demostró que las formas y las leyes lógicas de la actividad del hombre son efecto (reflejo) de las leyes reales de la actividad material humana, que no dependen en manera alguna del pensamiento, sino de la práctica en todo su tamaño y desarrollo.

La práctica, comprendida de modo materialista, se presenta como un proceso en cuyo movimiento cada objeto, incorporado en él, funciona (se porta) conforme a sus propias leyes, revelando su propia forma y medida en los cambios que ocurren en él. Así pues, la práctica de la humanidad es un proceso absolutamente concreto y, al mismo tiempo, universal. Ella incluye en sí, en calidad de momentos abstractos suyos, a todas las otras formas y tipos de movimiento de la materia y se realiza en conformidad con sus leyes. Por eso las leyes generales del cambio de la naturaleza por el hombre, son también leyes generales del cambio de la misma naturaleza, reveladas con la actividad del hombre, y no prescripciones ajenas a ella, dictadas desde afuera. Las leyes universales del cambio de la naturaleza por el hombre son también leyes universales de la naturaleza, y únicamente en conformidad con ellas el hombre puede modificarlas con éxito. Una vez comprendidas, aparecen como leyes de la razón, como leyes lógicas. Estas leyes guían el movimiento de la realidad objetiva y de la actividad vital humana. En la conciencia subjetiva, ellas actúan como "representante" plenipotenciario de los derechos del objeto, como su imagen ideal universal. "Las leyes de la lógica son los reflejos de lo objetivo en la conciencia subjetiva del hombre", a decir de Marx.

Esta reseña demuestra el valor de la teoría marxista y su enfoque multicausal para explicar e intervenir en la vida del hombre y en su historia. Por lo cual, hace Marx, en su Prólogo a la "Contribución a la crítica de la economía política", una afirmación que ha devenido clásica: "No es la conciencia la que determina el ser, sino el ser social el que determina la conciencia". 

Lo anterior determina que el pensamiento de Marx, que en el siglo recien terminado se tradujo en un proyecto político y social asumido por vastos sectores de la humanidad, siga plenamente vigente. Pues en la conciencia subjetiva del hombre sigue presente la necesidad de construir una sociedad en la que no cabe la explotación del hombre por el hombre.

VANO INTENTO DE DESPRESTIGIARLO

Una de las formas más recurridas por los apologistas del capitalismo, es el intento de desprestigiarlo por su "materialismo". Más allá de la tergiversación que implica el reducir esta categoría a su sola significación ética, vale la pena detenerse en ese "lado moral". Escribe a este respecto José Carlos Mariátegui, en su artículo ""La agonía del cristianismo" de don Miguel de Unamuno" ("Variedades", Lima, enero de 1926 y luego en el número 1 de "Amauta", de septiembre del mismo año): "El "materialismo histórico" es mucho menos materialista de lo que comúnmente se piensa. Un filósofo liberal, un filósofo idealista, Benedetto Croce, le hace a este respecto plena justicia. "Es evidente -escribe Croce- que la idealidad o el absolutismo de la moral, en el sentido filosófico de tales palabras, es premisa necesaria del socialismo. El interés que nos mueve a construir un concepto de la plusvalía, ¿no es acaso un interés moral, social, como se quiera llamarlo? En pura economía, ¿se puede hablar de plusvalía? ¿No vende el proletario su fuerza de trabajo propia por lo que vale, dada su situación en la presente sociedad? Y sin esta premisa moral, ¿cómo se explicaría junto con la acción política de Marx, el tono de violenta indignación y de sátira amarga que se advierte en cada página de "El Capital"?". Y otro escritor, Adriano Tilgher en sus ensayos críticos de marxismo y socialismo, dice, también citado por Mariátegui: "Marx no es un puro economista, ni un puro sociólogo, ni un puro historicista: él no se contenta simplemente con describir la realidad social como era en sus tiempos y con extraer de la observación del presente las leyes empíricas de sus transformaciones por venir: él es esencialmente un revolucionario, cuya mirada está obstinadamente fija en lo que debe ser".

En la profunda crítica que emprende Marx a la sociedad capitalista, devela el funcionamiento de ese modo de producción, basado simplemente en "la explotación del hombre por el hombre". Denuncia que "el capital" no es más que "plusvalía acumulada", con lo que demuele "el piso" en el cual asienta el burgués su "derecho" a disponer de las riquezas. Esos aportes, que son méritos a los ojos de la humanidad, para las clases dominantes son un pecado insoportable. Por eso, trata la burguesía por todos los medios a su alcance -y son muchos, si no todos- de negarlo, desconocerlo o, al menos, relegarlo a un pasado "para siempre superado".

Lo que no puede la burguesía perdonarle a Marx, es el que haya demostrado su carácter histórico, transitorio por tanto, y que haya argumentado irrefutablemente que el orden burgués, el modo capitalista de producción, no sólo no resuelve o supera las contradicciones de clase sino, al contrario, las exacerba hasta el punto de rompimiento para abrir paso a un orden superior: el socialismo.

Desde que, junto a su amigo y compañero Federico Engels, plantara el árbol del conocimiento del mundo real y lo entregara a la clase llamada a "emanciparse de la clase que la explota y oprime" y a "emancipar, al mismo tiempo y para siempre, a la sociedad entera de la explotación, la opresión y la lucha de clases", la historia de las ideas ha transcurrido como un constante diálogo con el marxismo. Tratan de negarlo, y consumen en ello dineros y recursos que con mejor uso podrían contribuir al progreso conjunto de la humanidad. Lo denigran, pero no pueden olvidarlo ni un día porque lo saben su más poderoso adversario. 

El mundo cambia, es cierto. Y es justamente con Marx que se puede tal verdad sin compromisos con interés alguno. Es de la esencia del pensamiento dialéctico -es decir, del marxismo- que la realidad se transforma a partir de sus propias contradicciones. Pero, al contrario de los alegatos infundados con que hoy pretenden someter a engaño a las grandes mayorías que pueblan la Tierra, estos cambios, esta mayor complejidad de las sociedades y estos saltos en apariencia irracionales de la historia, sólo pueden ser comprendidos -y manejados en beneficio de la humanidad ,con el método que inauguró Carlos Marx, y a favor de sus impresionantes descubrimientos. Por todo eso, el marxismo es invencible, y es inmortal este genial revolucionario.
 

Sergio Ramírez
 
PORTADA SERGIO RAMIREZ S.