Sergio Ramírez |
Actualizado:
9 de Septiembre de 2001
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Salvador Allende
UN LUCHADOR DE TODA LA VIDA
El derrocamiento del gobierno de la Unidad Popular en 1973 y la muerte violenta de Allende estuvieron rodeadas de una gran falsa, de cínicas mentiras, de infames calumnias y tergiversaciones, referidas a una imaginaria guerra civil y una falsa violación de la institucionalidad. Montaje necesario para ocultar la verdad: un golpe militar enfilado a paralizar el desarrollo social de un pueblo, destruir a sangre y fuego sus conquistas sociales y el proceso revolucionario y, sobre la sangre, lágrimas, dolor, miseria y explotación, refundar un desenfrenado capitalismo salvaje, que se proyecta hasta el presente con sus nuevo ropaje de neoliberalismo. Sobre falacias, el fascismo y la reacción chilena, con el silencio cómplice de tránsfugas del movimiento popular, montaron una historia oficial. Pero la verdad desde la memoria histórica del pueblo, ha comenzado a abrirse paso: Un poeta anónimo español escribió: ”El fascismo no entierra cadáveres, sino simientes”. Allende está presente en las luchas de hoy. No murió enfrentando al fascismo. Su simiente germina en cada revolucionario consecuente que intenta asaltar las trincheras económicas, ideológicas y políticas del sistema dominante para hacer posible el ”camino al socialismo” por el que Allende tanto luchara. Allende-simiente germina en el corazón del pueblo y se hará flor y fruto para engalanar las esperanzas del pueblo convertidas en realidad. La tierra recogió en su seno la semilla. La verdad se reconstruye. Se reivindica la personalidad de Allende tan injuriada por la tiranía del ayer y por la inconsecuencia y traición de algunos sectores políticos que integraron el gobierno de la UP. Las falacias dictatoriales y el muro de silencio que levantara la inconsecuencia ”renovada” y ”postmodernista” comienzan a desmoronarse. La vigencia de su pensamiento se convierte en banderas de combate que el pueblo nuevamente enarbola en su caminar hacia el horizonte de una sociedad superior. El intento de ”la vía chilena
al socialismo” fue objeto de un complot interno y externo que no logró
opacar un ápice la vigencia del pensamiento de su principal ideólogo
y guía:
Lo que el pueblo admira en Allende
es tanto su generosa lucha como su consecuencia y las ideas socialistas
que animaron su proyección revolucionaria durante 40 años
de entrega a la lucha social.
Todos los actos de la vida de Allende
estaban inspirados por un amor y respeto muy grande por el pueblo y sus
trabajadores:
Su deseo que los humildes, los desamparados,
los humillados, los explotados pudiesen lleva una vida digna, guió
cada uno de sus pasos y acciones políticas:
Su cariño por el pueblo es
la motivación de sus luchas. Su respeto por él es la base
de su conducta ética y política. Los trabajadores son el
actor decisivo de los cambios sociales:
Todos sus sentimiento de respeto
por el pueblo y, por qué no decirlo, su sentido de la historia y
de su papel en ella, eran sentimientos tan fuertes que le daban capacidad
y fuerza para pasar por sobre cualquier concepción idealista y lo
impulsaban a la acción de llevar la revolución hasta el fin:
Fue un conducto del pueblo siempre
dispuesto a luchar para que éste alcanzara posiciones de poder para
crear una sociedad nueva, que él diseñara con apasionamiento
revolucionario. Al respecto dirá:
Durante toda su vida sembró
las semillas de los grandes cambios que necesitaba el país. Nadie
después de Recabarren ha sido tan grande y consecuente educador
revolucionario del pueblo en pos del poder.
Su internacionalismo fue expresión
concreta, que ninguna campaña de injurias y calumnias pudo acallar.
Siendo presidente del Senado, se preocupó por la suerte de los sobrevivientes
de la guerrilla del Che en Bolivia. Asegura su protección y los
acompaña en el viaje aéreo, vía Pascua-Tahiti, a fin
de que puedan viajar seguros a Cuba. Para Allende, la solidaridad internacional
no era pretexto para juzgar, censurar o esgrimir discrepancias, ni menos
para buscar aprobación de los sectores dominantes. Dirá a
su regreso de Tahiti:
Sin alardes retóricos, Allende
rescató la visión continental de Bolívar, agregándole
una concepción Tercermundista, que mantiene vigencia:
Su visión de América
Latina, Africa y Asia era de continentes rectores de sus destinos, liberados
de las cadenas del subdesarrollo:
Contradicción antagónica a resolver y que, según Allende, era tarea ”inseparable del proceso que debía vivir Chile para caminar por la vía democrática hacia el socialismo” Significado y símbolo. El
4 de septiembre de 1970, cuando gana la elección presidencial, Allende
desde el balcón de la Federación de Estudiantes de Chile
señala el significado del triunfo del pueblo:
Ante esta determinación programática,
su compromiso:
La expresión real del compromiso
está en su discurso en el 1o Aniversario del Gobierno Popular. Dirá:
Tras la derrota del proceso revolucionario chileno, se instauró una dictadura militar. Se produjo un corte profundo y prolongado en la historia del país. Esa tragedia ilustra acertadamente hasta dónde son capaces de llegar el imperialismo y la reacción con tal de asegurar su dominio sobre la sociedad. Ante el crimen y la opresión
del ayer dictatorial y la inconsecuencia de los gobiernos civiles posteriores,
se alza la figura de Allende, en el interior del Palacio de La Moneda en
llamas, empuñando una metralleta para defender sus ideas y realizaciones.
Se ha convertido así en símbolo del pueblo chileno y en imagen
mundial representativa de la consecuencia y fidelidad a la patria, a la
revolución y a su pueblo. Cumplió con su promesa de comprometer
hasta con su vida la defensa del programa que su pueblo le había
encomendado ejecutar:
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