Sergio Ramírez S.
Actualizado: 1 de noviembre de 2001
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Chile
DESCUBIERTO NUEVO
CAMPO DE CONCENTRACION
Isla Riesco fue un campo de concentración que funcionó bajo el control del Servicio de Inteligencia Naval (SIN). Los detenidos permanecía en celdas cavadas al interior de profundos pozos. Su existencia se mantuvo en secreto durante años. Ex detenidos denunciaron lo allí ocurrido. Las investigaciones pueden permitir conocer antecedentes de los detenidod-desaparecidos en la Quinta Región y las actividades criminales del ”Comando Conjunto”.

Inmediatamente después del bombardeo a La Moneda (11.09.73), equipos especializados que conformaban un verdadero "comando conjunto", aglutinando agentes de diferentes ramas castrenses, comenzaron a asesinar y detener a los partidarios del gobierno de la Unidad Popular. Desde ese momento se definió una línea común en las detenciones en la zona de Limache. Gran parte de los detenidos quedaron en manos de carabineros de la Tercera Comisaría de esta ciudad, donde comenzaron los tratos vejatorios y las golpizas. Otro grupo tuvo su primer contacto con la represión cuando integrantes del SIN los sacaron desde sus domicilios y trasladaron directamente al el Sanatorio Naval. Mientras que en lo que respecta a la Quinta Zona (Valparaíso), independiente del primer lugar de detención, el paso siguiente, y casi obligatorio, era caer en poder de los uniformados de la base aeronaval de El Belloto. Ahí la detención no superaba el mes y se caracterizaba por la aplicación de torturas. Pero las agresiones no acababan allí. Los detenidos eran enviados al buque Lebú, para posteriormente ser enviados a Pisagua, o bien transportados en helicóptero hasta la Isla Riesco.

Isla Riesco, así llamaba la Armada en 1973 al campo de concentración que llegó a cobijar a 600 opositores a la dictadura militar en Colliguay. Su nombre y los medidas adoptadas para el traslado de prisioneros impidieron conocer su existencia, pero la búsqueda de Jaime Aldoney reveló a la justicia su ubicación: A 950 metros sobre el nivel del mar y en una zona de difícil acceso, ubicada al interior de un fundo en el llano Lliu Lliu, valle de Colliguay, está Isla Riesco, el campo de concentración que dos testigos que han declarado ante la jueza Gabriela Corti identifican como el lugar donde se encontrarían los restos del desaparecido ex interventor de la Compañía de Cervecerías Unidas (CCU), Jaime Aldoney. La existencia de ese recinto de crímenes y torturas no había podido ser comprobada debido a que las personas que estuvieron detenidas allí siempre fueron conducidas con la vista vendada y trasladadas en su gran mayoría en helicóptero. La denominación que se le dio en la Armada contribuyó también a ocultar su rastro, al igual que el hecho que se trató de un centro de tortura y reclusión de tránsito. 

La jueza Corti posee actualmente antecedentes que prueban que desde octubre de 1973 y hasta abril de 1974 este campo de concentración funcionó bajo la dirección de agentes del SIN, los mismos que ordenaban las torturas y asesinatos en la base aeronaval de El Belloto y en el Sanatorio Naval. Además, los testimonios de un ex integrante de la Armada y de un civil que estuvieron en este sitio, cuyas identidades permanecen en reserva por razones de seguridad, han permitido establecer que en ese período estuvieron recluidas ahí 600 personas en una primera etapa, para luego descender rápidamente a 200.
 

ANTECEDENTES DEL CAMPO DE CONCENTRACION

Hace más de dos meses llegó hasta Isla Riesco un equipo especializado de detectives del Departamento Quinto de la Policía de Investigaciones, que revisó minuciosamente los restos de este recinto, desmantelado a fines de 1974 debido a la inestabilidad del terreno, el difícil acceso de vehículos y las inundaciones en períodos invernales.

Actualmente hoy sólo se encuentran en el lugar montículos de tierra y pozos de profundidades de seis y doce metros, señalando un evidente testimonio de la práctica habitual de tortura en ese recinto: los detenidos eran enterrados allí y luego podían volver a respirar el aire en la superficie, cuando uno de los infantes de marina se apiadaba de ellos. 

Las cuatro perforaciones en el suelo, con dimensiones que permiten cobijar varios cuerpos en su interior, provocaron inquietud entre la policía civil, que de inmediato alertó a la ministra Corti de la necesidad de realizar cuanto antes la inspección de este terreno, propiedad de la familia Matte. Sin embargo, la diligencia no se ha podido concretar después de tres intentos fallidos por la carencia de recursos para efectuarla dadas las enormes dificultades de acceso que presenta. 

En el extremo norte del recinto existe evidencia de remoción de tierras con al menos cuatro montículos sobresalientes producto de excavaciones recientes. Si a ello se suma la presencia de bloques de cemento de al menos dos metros de diámetro, el escenario revela indicios que indican que algo se ocultó en el lugar. 

Frecuente era -relatan los lugareños- escuchar durante gran parte del día, pero especialmente en la noche, helicópteros que trasladaban extraños bultos que jamás supieron a qué correspondían.

En un comienzo muchos de los prisioneros que estuvieron en las minúsculas celdas de la Isla, bajo la vigilancia de infantes de marinas, señalaban que habían permanecido en una isla. Lo cierto es que los antecedentes demuestran que se ubicaban en un sitio en extremo húmedo con minas a su alrededor y que estaba bajo la tutela del SIN. 

Hasta diciembre de 1973 los infantes de marina protagonizaron -según relatan los habitantes de la zona- violentos altercados. Era común escuchar simulacros de fusilamientos y habitualmente se veía en el cielo una densa humareda, en extremo sospechosa. Pero tal vez lo que más alerto a los vecinos fue el ir y venir de helicópteros que abandonaban cargas y tomaban otras con rumbo desconocido. Incluso los arrieros aseguran que vieron cómo cientos de personas deambulaban en el patio interior del recinto bajo la atenta vigilancia de las metralletas de los marinos. Luego, cuando los conscriptos de la Armada tomaron el control de la Isla en enero de 1974, hubo una notoria disminución de ruidos de armas. Ya no pasaban tan seguidos los helicópteros y se vislumbraba -aseguran los lugareños- que los prisioneros eran menos. Estos informes y los recuerdos de prisioneros que estuvieron en el lugar, han contribuido a dilucidar el modus operandi de la Armada en la zona y la preponderancia del Servicio de Inteligencia Naval en las actividades represivas coordinadas con Carabineros e Investigaciones.

Aunque eran escasas las posibilidades de salir con vida de Isla Riesco, hubo sobrevivientes que han relatado a la jueza Corti su accidentada permanencia en el lugar; otros en cambio, fueron traslados hacia el buque Lebú y conducidos hasta Pisagua. 

Las investigaciones judiciales aún no personifican la estructura jerárquica de mando en la Isla, pero testigos señalan que muchos de los responsables de El Belloto visitaban frecuentemente este centro y ejercían roles de jefatura. Etre otros, mencionan a Patricio Villalobos Lobos, quien se desempeñó como jefe de inteligencia de aviación naval y es reconocido en El Belloto como uno de los más violentos interrogadores. También destaca quien ocupara el puesto de comandante de esta base aeronaval, Sergio Iván Mendoza Rojas, quien asumió como jefe de plaza de Limache y Olmué. Por último, se indica que el oficial Pedro Pablo Arancibia, alias el "Colorín", participó en las torturas de la Isla Riesco.
 

SE AVANZA POR EL CAMINO DE LA VERDAD

La investigación de la jueza Corti avanza gracias a los testimonios de ex prisioneros que exigen sanciones para los asesinos de Jaime Aldoney, ex interventor de la Compañía de Cervecerías Unidas (CCU) desaparecido el 14.09.73 y de los restantes 88 detenidos desaparecidos que estuvieron en El Belloto, la Isla Riesco y en otros recintos clandestinos de la Armada. Esta investigación debiera permitir aclarar no sólo las causas de detenidos desaparecidos de la Quinta región sino también desentrañar el modus operandis de la Armada que siempre ha asegurado que "no torturó a nadie". E incluso, establecer los vínculos que dieron origen al siniestro”Comando Conjunto”.

El caso del ex interventor de la Compañía de Cervecerías Unidas (CCU) Jaime Aldoney, han permitido a la justicia conocer el complejo organigrama del SIN, que comenzó a operar como ente represivo un día antes del Golpe de Estado de 1973, y su relación con el Comando Conjunto que funcionó en forma pararela a la DINA, incorporando agentes de las diferentes ramas castrenses. En efecto, según el informe Rettig, el SIN comenzó a actuar públicamente meses antes del golpe militar Estuvo a cargo de la investigación y represión de una incipiente organización de suboficiales y marinos de Talcahuano dispuestos a defender al gobierno de la Unidad Popular (UP).

Después del 11 de septiembre de 1973, sus actividades se trasladaron hasta Valparaíso, estableciendo su centro de operaciones en el Cuartel Almirante Silva Palma (que hoy está desmantelado) y en la Academia de Guerra Naval. Mientras en la Octava Región (Concepción) el epicentro de sus actividades represivas fue la Base Naval de Talcahuano, el Fuerte Borgoño y la Isla Quiriquina. 

Las investigaciones que realiza la ministra Gabriela Corti en Valparaíso han establecido que la detención de Aldoney en la Tercera Comisaría de Limache -donde estuvo sólo durante horas- fue realizada por efectivos de la policía civil y uniformada respaldados por un grupo fascista de Limache. Luego, durante su paso por la base aeronaval de El Belloto sufrió torturas aplicadas por miembros de la Armada vinculados al SIN. No obstante, es al salir de El Belloto cuando Aldoney pasa a manos del SIN, entidad que lo traslada clandestinamente a la Isla Riesco. De los 89 casos de desaparecidos que existen en la Quinta Región, sólo la de Aldoney ha permitido lograr mayores antecedentes sobre la represión criminal desatada por la Armada y en especial sobre la realizada por el SIN.

La lista de nombres que lideraban este organismo incluye al comandante de fragata Julio Vergara, Jefe Servicio de Inteligencia Naval, Primera Zona Naval; al comandante Santa Cruz IM del Cuartel Silva Palma; teniente Federico Stigman (SIN); Hernán Quezada Moncada (SIN); Patricio Villalobos Lobos (El Belloto); Hugo Cabezas Videla jefe Estado Mayor de la Armada. Sin embargo, en los testimonios de los sobrevivientes del campo de concentración de Isla Riesco se menciona también al teniente Juan Gonzalez; al suboficial Aguayo; al cabo Soto y al cabo Bustos. 

Los antecedentes demuestran que el SIN comenzó a trabajar en la represión el 10 de septiembre de 1973 cuando las tropas navales rodearon la ciudad de Valparaíso. Alrededor de las 18:00 horas estos mismos equipos se tomaron la zona e instalaron como recinto de operaciones el Cuartel Silva Palma. 

Durante las primeras horas las detenciones afectaron a académicos y personas de las universidades de la Quinta región, pero luego los arrestos masivos afectaron a autoridades de gobierno, sindicalistas y especialmente a trabajadores portuarios. Se instalaron fraudulentas fiscalías de la Armada, en que los mismos torturadores hacían las veces de fiscales en los Consejos de Guerra que afectaron primero a oficiales de la Armada contrarios al Golpe y luego al resto de los detenidos. Pieza clave para que estos movimientos de golpistas se produjeran 24 antes del 11 de septiembre fue la presencia en Valparaíso de oficiales de la Armada estadounidense que participaban en la Operación Unitas.
 

EL SIN Y EL COMANDO CONJUNTO

Gracias al trabajo previo que realizó el SIN para identificar a adherentes al gobierno de la UP se estableció una base de datos sobre el modo de actuar del MIR en la zona. Justamente a raíz de ello, integrantes de la Dirección de Inteligencia de la Fuerza Aérea (DIFA), que luego fue reemplazada por el Servicio de Inteligencia de la Fuerza Aérea (SIFA), solicitaron la asesoría de la Armada en sus tareas represivas. A partir de ese momento se generó un fluido intercambio de información entre los servicios de inteligencia de las FF.AA que sentó las bases del ”Comando Conjunto”, grupo represivo que salió a luz pública en 1975. Al respecto, el informe Rettig constata: "En el período de mayor intensidad de la persecución al MIR, a fines de 1974 y principios de 1975, el Servicio de Inteligencia Naval asumió esta tarea en la zona de Valparaíso. Para lograr su objetivo llevo a efecto detenciones, usando como centro de detención y torturas el Cuartel Almirante Silva Palma de Valparaíso". Añade que "no es muy clara la vinculación entre el Servicio Naval y la DINA, ya que la mayor parte del trabajo de persecución al MIR en la zona de Valparaíso lo realizó directamente la DINA al trasladarse al Regimiento Maipo en el verano de 1975". Aparentemente, el SIN reconoció que la tarea correspondía a la DINA. Hay constancia de que colaboró con ella en la citada operación MIR y que le habría entregado detenidos que se encontraban en su poder.

Además de la participación de oficiales navales en la dirección de la DINA, agentes del SIN se sumaron al Comando Conjunto en febrero o marzo de 1976 y habrían permanecido en él hasta el término de esa agrupación. Este comando es reponsable de la desaparición de al menos 30 personas. Las investigaciones debieran desentrañar el rol represivo de la Armada que siempre ha asegurado que "no torturó a nadie". Afirmación contradictoria con el hecho que ella haya sido la que informó a la Mesa de Diálogo de la desaparición de 13 personas cuyos restos se encontrarían en la Cuesta Barriga.
 


Sergio Ramírez S.
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