Sergio Ramírez S.
24 de noviembre de 2001
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Chile
EL PARAÍSO DE GENOCIDAS
Y VIOLADORES DE LOS DD.HH.
Nuevas querellas criminales contra Pinochet, Contreras y demás sicarios dela dictadura revelan la corrupción del Poder Judicial y la inconsecuencia de los poderes Legislativo y Ejecutivo en la protección de los genocidas. Los crímenes y torturas , según denuncias de un grupo de ex prisioneros del Campo de Concentración de Tejas Verdes, son pruebas elocuentes al respecto.

El ministro de la Corte Suprema Jorge Rodríguez resolvió otorgar la libertad provisional bajo fianza a Manuel Contreras, ex jefe de la Dina, en el proceso de extradición a Argentina por el asesinato del general Carlos Prats y su esposa. El juez fijó a Contreras una fianza de 700 mil pesos. Resolución que debe ser revisada por la Segunda Sala Penal de la Corte Suprema. El jefe de la represión dictatorial ha sido denunciado por el ex agente Michael Townley como uno de los autores intelectuales de los crímenes. Se le imputa ser organizador y jefe de la DINA y coautor del doble homicidio. Además, es sindicado como quien coordinó el atentado desde Chile. Pero, su participación en centenares de asesinatos y desapariciones es encubierta por un corrupto poder Judicial y la inconsecuencia de los poderes Legislativo y Ejecutivo. Al respecto sobran los ejemplos, como su responsabilidad directa en los crímenes, torturas y desapariciones ocurridas en el campo de prisioneros de Tejas Verdes.

Con más de una veintena de testimonios que revelan una vez más la crueldad salvaje que aplicaron los organismos represivos contra los opositores al régimen dictatorial, un grupo de ex prisioneros de la Escuela de Ingenieros Nº 2 de Tejas Verdes presentó recientemente una querella contra el ex director de la disuelta DINA, Manuel Contreras, y de a una decena de oficiales en retiro del Ejército, para  que sean juzgados y  sancionados por violaciones a los DD.HH. En efecto,  los abogados del Codepu Hugo Gutiérrez, Hiram Villagra y Alejandra Arriaza interpusieron una querella criminal por los delitos de asociación ilícita genocida, secuestro y homicidio agravado contra Contreras y Augusto Pinochet. El libelo apunta también a identificar las responsabilidades penales del mayor (r) David Miranda Mardones, segundo jefe del centro y fiscal militar en tiempos de guerra; el mayor (r) Mario Jara Seguel, reconocido como uno de los más crueles torturadores; el médico Vittorio Orvietto Teplinstzk, oficial de sanidad de la Escuela; además de una docena de oficiales, suboficiales, inspectores de Investigaciones y civiles. Todos acusados por los sobrevivientes de Tejas Verdes como autores, cómplices o encubridores de los delitos de detención ilegal y aplicación de tormentos, sancionados en el Código Penal chileno  y por la Convención de Ginebra. 
 

FUNCIONA DESDE EL MISMO 11 DE SEPTIEMBRE
La querella presentada por el Codepu denuncia que "como continuidad de dicha actividad, el Ejército habilita los primeros días de septiembre de 1973 un campo de prisioneros, en las proximidades del Regimiento, el que empieza a destinar para la detención de presos políticos el mismo 11 de septiembre del 1973. No obstante -añade el texto- el período de funcionamiento más activo ocurrió entre enero y mayo de 1974". Mientras que los oficiales del Ejército, que torturaban y asesinaban en a Escuela Nº 2 de Ingenieros de Tejas Verdes, denominaban "Sheraton" a es campos de concentración que se caracterizó por hacer de la tortura una forma de interrogar. Además, en este lugar tuvo su génesis la creación de la DINA. Y, según los antecedentes recopilados por las organizaciones defensoras de los DD.HH, se comprueba que los servicios secretos de los institutos armados (el Servicio de Inteligencia de la Fuerza Aerea (SIFA), la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE) y el Servicio de Inteligencia Militar (SIM), recibieron instrucción en Tejas Verdes, convirtiéndola así en una escuela de torturadores y asesinos. Todo bajo la dirección de Manuel Contreras.

El campo de concentración castrense contaba con 4 torres de vigilancia y unas 14 ”cabañas” (celdas). Dividido en dos patios donde estaban los incomunicados, contaba con siete construcciones (cinco para los hombres y dos para las mujeres) que podían albergar hasta 18 personas cada una. Mientras que la jornada en Tejas Verdes estaba determinada por el espíritu de sobrevivencia de los prisioneros para enfrentar la violencia diaria de sus torturadores. A las seis de la mañana la guardia ordenaba la realización de gimnasia por un cuarto de hora. Luego tenían 5 minutos para lavarse y orinar. Acto seguido, los prisioneros volvían a las "cabañas" donde a las 09.00 horas recibían un cucharón de té y tres panes para el día. Al mediodia disponían de 3 minutos para "degustar" un menú que no ofrecía gran variedad: un cucharón de porotos con tallarines, arvejas con tallarines, sopa de pescado o carbonada. A las 16.00 horas correspondía el baño de 5 minutos y una hora después se repartía la comida (exactamente lo mismo que el almuerzo). Finalmente, a las 20 horas podían ir al baño sólo por 5 minutos. Aunque estas condiciones deterioraban física y psicológicamente, los detenidos las consideraban "buenas" hasta que comenzaban las sesiones de tortura. Estas eran de una crueldad increíble, dignas de los campos de prisioneros de los nazis. En efecto, ante cualquier falta los procedimientos eran brutales. Uno de los más comunes era " amarrar con alambres al detenido, de pies y manos a la espalda, y luego lo exhibían en una de las torres de vigilancia. Durante diez días y diez noches se mantenía este trato", denuncian los querellantes.
 

LAS TORTURAS APLICADAS EN TEJAS VERDES
La tortura era un procedimiento sistemático y ”normal”. Ante la presencia de un fiscal militar, posteriormente encargado de dictar sentencia, se les interrogaba y a la par se iniciaba la sesión de tortura con el "Pau de Arara". Posteriormente se desarrollaba el ahorcamiento "normal" del prisionero hasta que en un cínico gesto "de bondad" se le inducía a pedir sus tres últimos deseos. Si en ese momento no no se autoinculpaba, se retiraba el taburete que lo sostenía y permanecía  colgando por unos segundos hasta quedar al borde de la muerte. La tortura podía continuar con la "operación de testículos". Al prisionero, que estaba en estado de semiconciencia, se le decía que se le iban a extirpar sus testículos. La amenaza no se materializaba, pero se le golpeaba brutalmente en los genitales y se les colocaba a continuación una gran cantidad de hielo, lo que producía la sensación del cercenamiento.

Otros tormentos eran el "ulpo"(amenazarlos con tener que beber e ingerir su propia orina y excrementos); la ruleta rusa; el tirabuzón o la paloma, que consistía en colgarlos de los pies, con las manos atadas a la espalda y la cabeza cubierta con un capuchón, posición en la que recibían golpes de pies y manos; la picana, practicada de preferencia a mujeres pero también a hombres por el ano; el ahogamiento o el submarino (inmersión de la cabeza en agua o heces); aplicación de corriente eléctrica en todo el cuerpo; el fusilamiento; el tonel (introducción del detenido en un barril con piedras que era lanzado en una pendiente); y la vacuna (uso de la droga pentotal para inducir las respuestas a las preguntas). Todas estas prácticas fueron imitadas en otros centros de reclusión tanto de la DINA como de los servicios represivos de los institutos castrenses. Luego de un intenso período de torturas, los prisioneros eran dejados ”descansar” durante 10 días de "reposición", al cabo de los cuales eran trasladados a Santiago o bien hechos desaparecer.

En la segunda etapa de Tejas Verdes, desde abril de 1974 y ya sin la presencia del "Mamo" Contreras, que ha asumido la direción de la DINA, el recinto tomó un matiz "más humano". Los querellantes afirman: "Las variedades de torturas se han limitado. Si bien no han desaparecido, hay una mayor consideración por el caso que lleva al detenido, es decir, no recibe igual trato aquel al que se le acusa de extremista que al simple dirigente o sospechoso", y ello se debe a que la DINA contaba con otros recintos (Londres 38, Villa Grimaldi, José Domingo Cañas y Cuatro y Tres Alamos) para continuar torturando y asesinando.
 

RELATOS DE SOBREVIVIENTE
Los recuerdos de los detenidos en el campo de concentración de la Escuela de Ingenieros Militares de Tejas Verdes reproducen escenas de película de terror. María Núñez Malhue sostiene que será imposible olvidar cómo "Contreras me sacaba a las 3:00 AM y me tiraba al patio del campo, esto lo hizo él varias veces". Y, acto seguido, se iniciaban las sesiones de tortura donde las violaciones y vejaciones a las que era sometida le hicieron muchas veces perder el conocimiento. Relata que tras su detención fue transportada primero en una camioneta de la Pesquera Chile y luego en otro vehículo donde estaba el mayor Jara. Al llegar a Tejas Verdes, conoció la línea de mando: Contreras y Jara ordenaban todas las actividades del recinto.

Las sesiones de tortura se realizaban en el casino de oficiales. Los jefes eran, además de Contreras y Jara, el fiscal Miranda, los tenientes Carevic y Quintana, los suboficiales Ramón Carriel y Acuña, la enfermera Manríquez y otras tres personas. El testimonio de María Nùñez da luces sobre la brutalidad criminal de Contreras y demás torturadores: "… me escupían, me sacaban la ropa a tirones, perdía el conocimiento. Al despertar mi cuerpo no lo podía controlar y estaba bañada en sudor de mal olor, sangré durante nueve días y mi menstruación se suspendió para siempre". Agrega: ”Me sumieron en agua con excrementos, me tiraron baldes con orina y deposiciones”. María Núñez agrega que "en oportunidades me sacaban a altas horas de la noche para atender a niñas torturadas. Atendí a una niña muy bonita que era estudiante del Pedagógico, se llamaba Magaly y estudiaba Castellano; la mataron junto con otra estudiante que la he reconocido en fotos. Las tuvieron mucho tiempo en las torres hacinadas, creo que eran cuatro en total". En otro detalle, que revela el trato bestial con los prisioneros, dice recordar "a ese detenido que le decían Gato. El suplicaba 'No me sienten en el toro'. era una picana de madera. Sus lamentos los siento aún en mis sueños, cómo quisiera terminar de escucharlos".

Los relatos de otros sobrevivientes son similares. La querella también registra los aterradores testimonios de Luisa Estagno Valenzuela -quien debido a los múltiples golpes en su vientre perdió a su hijo con tres meses de embarazo-, Juan Lanata Zanoni, Vladimir Salamanca Morales, Ernesto Salamanca Sepúlveda, Luis Quilodrán Alcayaga, Ramón Quilodrán Alcayaga, y otros, todos señalando a los mismos asesinos y torturadores. Mientras que Carmen Núñez Rodríguez recuerda que la subieron "a un vehículo fiscal de Investigaciones, y me trasladaron con dos personas más, Carmen Radatt y el Doctor Rojas, a la Escuela de Ingenieros Militares. Las personas a cargo eran Manuel Contreras Sepúlveda, y su gente de la DINA, el mayor Jara y (el suboficial) Acuña". En un antecedente inédito, sostiene que existían otros sitios de torturas en Bucalemu y las Rocas de Santo Domingo. En el caso del último se trataba de una casa particular bajo el mando de Jara.

Carmen Núñez, relata: "Me golpeaban en el estómago hasta perder el conocimiento, me colocaban la corriente eléctrica en la boca, cerebro, la vagina. La tortura más dolorosa era cuando me colocaban en la 'parrilla', catre metálico donde me aplicaban electro shocks amarrada, y en la cama elástica, donde se amarraban las manos y los pies para estirarnos al máximo mientras nos golpeaban en el estómago". Agrega que "nos interrumpían el sueño, nos sacaban a cualquier hora a los interrogatorios y no nos dejaban ir al baño. Me desnudaron con la vista vendada y las manos amarradas atrás; esto sucedió más de tres o cuatro veces. Vi matar a Oscar Gómez Farías (detenido desaparecido que, de acuerdo al Informe Rettig, murió debido a la aplicación de corriente eléctrica) y vi torturar a Amador Aguila". Asimismo, reconoce entre entre sus torturadores al mayor Jara, el suboficial Acuña, el cabo Juan Bahamonde y el médico Orvietto.
 

CIERRE DEL CAMINO A LA JUSTICIA
La lista de violaciones a los DD.HH cometidas por Contreras y determinadas por Pinochet es interminables. Sus crímenes de lesa humanidad son innegables. Irrefutables pruebas así lo certifican. Pero, una justicia corrupta y comprometida en la defensa de asesinos es el muro infranqueable que cierra el camino a  procesos reales y a sanciones a los genocidas. Por lo cual, cada día se comprueban nuevas maniobras leguleyas en las dependendencias de los tribunales de justicia para defender a Pinochet y sus sicarios. Ello ocurrirá, sin duda, con la reciente demanda de desafuero de Pinochet, para juzgarlo por su participación en la desaparición de los dirigentes del PC (05.76), conocido como caso Calle Conferencia, solicitada al juez Juan Guzmán, por los abogados Eduardo Contreras y Julia Urquieta.

Ambos juristas demandan que se eleve a la Corte de Apelaciones de Santiago los antecedentes para procesarlo como autor inductor de los secuestros de Jorge Muñoz Poutays; Víctor Díaz López; Bernardo Araya Zuleta; María Flores Barraza; Mario Zamorano Donoso; Jaime Donato Avendaño; Uldarico Donaire Cortés; Elisa Escobar Cepeda; Lenin Díaz Silva y Eliana Espinoza Fernández. A pesar de las pruebas y antecedentes, la justicia protegerá nuevamente a Pinochet. Existen precedentes al respecto. En febrero pasado, la primera sala de verano de la Corte de Apelaciones revocó por dos votos contra uno, el procesamiento de Contreras por este mismo caso. Entre los antecedentes que tuvieron los jueces para revocarlo consta que la causa se inició en el 10o Juzgado del Crimen de Santiago el 31 de julio de 1978, mediante una querella contra Contreras y todos quienes resultaran responsables. Pero el argumento de los magistrados que sirvió para acoger la idea de "cosa juzgada" planteada por la defensa de Contreras está en la sentencia de la causa 553-78, que señala el sobreseimiento total y definitivo el 30 de octubre de 1989. Chile es el paraíso de genocidas y violadores de los DD.HH.

Sergio Ramírez S.
s.ramirez@telia.com

 
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