Sergio Ramírez S. |
30 de abril
de 2002
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1º DE MAYO DE 1886
"Que se escucheEn el Día Internacional de los Trabajadores, millones de asalariados se reúnen en todos los rincones de la tierra. Son jornadas de lucha, de recuento de los combates sociales librados, de evocaciones y homenajes a los mártires de la clase obrera y, también, de análisis de las tareas reivindicativas presentes y futuras. Como una modesta contribución a la reafirmación de esperanzas y combates sociales, algunos pasos en la senda de la memoria histórica de los pueblos del mundo. BREVES ANTECEDENTES HISTÓRICOSEn Chicago (EE.UU), según Henry David, en su obra “El caso Haymarket”, el Departamento de Policía “hacía tiempo que era utilizado como si fuera una fuerza privada al servicio de los patronos”. La mayoría de los agentes policiales, además del pago que recibían del Municipio, percibían dinero también de las organizaciones patronales. Se les había inculcado la idea de que todo huelguista era agente extranjero, y que todos los nacidos fuera del país eran comunistas que tramaban destruir el orden establecido.Los magnates locales de la carne,
de la prensa, del comercio, de las maquinarias agrícolas, los Armours,
Swifts, Medills, Fields y Mc Cormicks, paseaban por las calles de Chicago
arrogantemente como si fuera su feudo, considerándose superiores
a los polacos, irlandeses y alemanes que poblaban la ciudad, enriqueciéndolos
con su trabajo de explotados. El “Chicago Tribune” del 23 de noviembre
de 1875, comentando una reunión de 50 desempleados decía:
“No hay gente más inclinada que la norteamericana a hacer justicia
por sus propias manos. El Juez Linch es norteamericano de nacimiento y
de carácter. Todos los postes de luz de Chicago serán decorados
con el esqueleto de un comunista, si es necesario para evitar que se propague
el incendio y para prevenir cualquier intento subversivo”.
LOS PREPARATIVOS PARA REPRIMIRDurante los dos meses que precedieron al 1 de mayo de 1886, escribe Henry David: “ocurrían repetidos disturbios y era común ver vagones patrulleros llenos de policías armados precipitándose a través de la ciudad...” En marzo y abril subió la tensión, al informarse en los periódicos de Chicago sobre los miles de trabajadores que diariamente declaraban que se adherían a la huelga del 1o de Mayo.A lo largo de marzo y abril, Albert R. Parsons y August Spies, dirigentes sindicales, trabajaron intensamente, como nunca lo habían hecho antes, persuadiendo a los sindicatos locales para que plegaran al movimiento del 1o de Mayo. En marzo, los sindicatos de Chicago de ebanistas, maquinistas, gasistas, fontaneros, moldeadores de hierro, ladrilleros y estibadores resolvieron realizar una huelga el 1 de Mayo, si hasta esa fecha no se les concedía la jornada laboral de 8 horas. A principios de abril 35.000 trabajadores de los corrales votaron a favor de la adhesión al paro. Pocos días después los albañiles, los carniceros, jugueteros, zapateros, empleados de comercio y tipógrafos se unían al ya gigantesco movimiento. En la última semana de abril, el periódico “Bradstreet” calculaba que 62.000 trabajadores de Chicago se habían comprometido a realizar el paro. Se efectuaron dos movilizaciones
importantes, la primera una asamblea de los “Caballeros del Trabajo”, el
17 de abril, que se realizó en el local “Cavalry Armory” que colmó
su capacidad con 7.000 trabajadores, mientras 14.000 escuchaban afuera.
Una segunda, el domingo 25 de abril, en la que Albert Parsons y August
Spies hablaron ante 25.000 trabajadores.
LA GRAN MOVILIZACIONEl 1 de Mayo de 1886 fue un hermoso día en Chicago. Era un sábado, ordinariamente día de trabajo. Pero multitudes de trabajadores riendo, charlando, bromeando y vestidos de domingo, acompañados de sus esposas e hijos, se reunían para el gran desfile en la Avenida Michigan.A los lados de la ruta que seguiría el desfile y en las calles adyacentes, policías armados, agentes del cuerpo de represión y agentes “especiales” buscaban ubicación, listos para hacer “respetar la ley y el orden”. Unos 340.000 trabajadores desfilarían ese día en todo el país. Cerca de 190.000 se habían plegado a la huelga. En Chicago alrededor de 80.000 obreros se habían lanzado a las calles para conquistar la jornada laboral de ocho horas. El desfile se dirigió hacia
el lago Front, punto de reunión para escuchar los discursos de los
oradores. Hablaron en inglés, bohemio, alemán y polaco. Parsons
fue el penúltimo en hacer uso de la palabra. Se refirió especialmente
al poder invencible de la unidad obrera. Spies cerró el acto, su
dinamismo y fogosidad lo hacían el favorito de las muchedumbres,
provocando cerrados aplausos.
LA MASACREEl lunes continuó la huelga en muchos gremios. La policía continuó la represión apaleando a los trabajadores despedidos de la Mc Cormick Harvester, para hacer entrar a trabajar a 300 rompehuelgas. La policía se presentó repentinamente, revólver en mano. Y cuando los obreros se retiraban a la desbandada, según testigos, abrió fuego sobre sus espaldas, mataron a hombres y muchachos que corrían.Se decidió convocar para un
acto de protesta contra la violencia de la policía, para la noche
siguiente en la Plaza de Haymarket. La multitud reunida hacía que
resultara pequeña la plaza. Se produjo un momento de silencio que
permitió oír el rumor de las carreras de los asistentes que
huían para evitar la violencia policial. Un instante después
la oscuridad fue disipada por un enceguecedor relámpago rojo, se
oyó el estruendo de una tremenda explosión. Alguien había
hecho estallar una poderosa bomba. Hubo una terrible confusión.
En la oscuridad, la policía dispara sus armas en todas direcciones.
Muchos de los que huían tropezaban y caían, otros yacían
heridos, la mayoría corría maldiciendo, quejándose
del bárbaro atropello. La policía como enloquecida, continuaba
pisoteándolos y golpeándolos salvajemente. La bomba había
sido arrojada por un agente pagado.
EL ASESINATO DE LOS DIRIGENTESLos dirigentes Parsons, Spies, Fieldem, Michael Schwab, George Engel, Adolph Fisher, Louis Lingg y Oscar Neebe fueron acusados de conspiración en el asesinato de Mathías Degan, el policía muerto en Haymarket. Neebe, sentenciado a 15 años de prisión, único de los acusados que no fue condenado a muerte, decía en el juicio: “Vi que a los panaderos de esta ciudad se les trataba como a perros y ayudé a organizarlos... ¿Es eso un crimen?.Con sangre la clase obrera había conquistado la jornada laboral de 8 horas. Ahora existe una nueva meta, la conquista del poder, como el mejor homenaje a los proletarios del mundo que han caído luchando por sus derechos. Parsons decía: “Soy anarquista, yo soy socialista. Soy uno de esos que piensan que el salario esclaviza, que es injusto, que es injusto para mí, para mi vecino y para mis compañeros...” Spies respondía: “Si usted cree que ahorcándonos puede eliminar el movimiento obrero, el movimiento del cual millones de pisoteados, millones que trabajan duramente y pasan necesidades y miserias esperan la salvación, sí, ésa es su opinión... ¡entonces ahórquenos! Así aplastará una chispa, pero allá y acullá, detrás de Ud. y frente a Ud. y a sus costados, en todas partes, se encienden llamas. Es un fuego subterráneo. Y ustedes no podrán apagarlo”. A la hora de la ejecución cuando el verdugo bajó la máscara sobre el rostro de Spies, éste pronunció una sola frase: “Llegará la hora en que nuestro silencio será mucho más elocuente que las voces que ustedes estrangulan hoy”. Éste es momento más feliz de mi vida” fue la única exclamación de Fisher. Por último retumbó
en la sala la voz de Parsons: “¿Se me permitirá hablar, ¡oh!
hombres de los Estados Unidos? ¡Déjenme hablar, Alguacil Matson.
¡¡¡Que se escuche la voz del pueblo!!!
PARA RECORDAR “Todos los trabajadores deben
prepararse a una última guerra que pondrá fin a todas las
guerras”.
“Sé que es imposible convencer
a los que mienten por oficio: a los asalariados directores de la prensa
capitalista, quienes cobran por sus mentiras”.
“Los obreros nada pueden esperar
de la legislación. La ley es solamente un biombo para aquellos que
les esclavizan”.
“Millones de trabajadores pasan
hambre y viven como vagabundos. Su desgracia común les mueve a comprender
que necesitan unirse, y lo hacen”.
“En este tribunal yo hablo en
nombre de una clase contra otra”.
“He hecho cuanto pude para fundar
la Central Obrera y engrosar sus filas; ahora es la mejor organización
obrera de Chicago; tiene 10 mil afiliados. Es todo lo que puedo decir de
mi vida obrera”.
“Les odio a ustedes, a su orden
y a sus leyes; odio su poder que se sostiene sobre la fuerza. ¡Ahórquenme
por ello!”.
“En los Estados del Sur mis enemigos
eran quienes explotaban a los esclavos negros; en los del Norte, quienes
ansiaban perpetuar la esclavitud de los obreros asalariados”.
Sergio
Ramírez S.
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