| el
Periódico de Catalunya - 8 de julio de 2005
El gobierno del mundo
• El G-8 no tiene voluntad política para suprimir la pobreza y las injusticias que alimentan el terrorismo
Ignacio
Ramonet
Director de
Le Monde Diplomatique
La serie de
criminales atentados en los transportes públicos de Londres,
que tan trágicamente recuerdan los del 11-M del 2004 en
Madrid, han coincidido con el comienzo de la cumbre del G-8 en
Gleneagles, Escocia. Si se confirma la autoría de un grupo
liado a la red Al Qaeda, quedaría claro que no es al G-8 en
tanto que directorio del planeta a quien va dirigido el
siniestro mensaje de muerte, sino a algunos de sus miembros,
en particular a aquellos dirigentes que decidieron o apoyaron
la invasión y la ocupación de Irak. Los atentados de
Londres son doblemente criminales, primero por las víctimas
inocentes que han causado, y segundo porque impiden, de
momento, reflexionar serenamente sobre las grandes injusticias
creadas por la globalización liberal. Injusticias que, en
definitiva, nutren el terrorismo en el mundo. Y tema que, por
una vez, estaba al orden del día de la cumbre del G-8. En
efecto, el programa de trabajo tenía dos principales puntos:
la ayuda al desarrollo, en particular para África; y el cambio
climático. Pocos avances se esperaban en este segundo tema,
y no los habrá mientras el presidente Bush siga
negándose a ratificar el Protocolo de Kioto. Aunque algo se ha
movido. Durante su estancia en Dinamarca, en vísperas de la
cumbre de Gleneagles, George Bush admitió que "la
superficie de la Tierra se ha recalentado y que el aumento de
las emisiones de gases con efecto invernadero provocadas por
la actividad humana contribuye a agravar el problema". En el
comunicado final, sin embargo, los líderes sólo se disponían a
admitir que la comunidad científica internacional está de
acuerdo en que se está produciendo un recalentamiento
climático... Sin atribuir responsabilidades a nadie en
particular, cuando todos sabemos que Estados Unidos es el país
más contaminador del planeta. Aunque recomiendan la puesta a
punto y la adopción de nuevas tecnologías más "limpias" que
permitan economizar energía y produzcan menos dióxido de
carbono. Esta recomendación resulta de una gran
preocupación: a medio plazo, es decir dentro de unos 20 años,
países emergentes como la India o China, que no han firmado el
Protocolo de Kioto y que mantienen como prioridad el
crecimiento a toda costa, producirán gigantescas cantidades de
C02. Esta megacontaminación puede echar por tierra los
esfuerzos de aquellos países preocupados por el cambio
climático. De ahí la necesidad de fijar algún tipo de acuerdo
que permita transferir tecnologías no contaminantes y
financiar métodos de desarrollo no contaminantes. Todo esto no
será posible si los países ricos --y en especial EEUU-- no se
comprometen seriamente a modificar su propia política de
despilfarro energético.
PARA TRATAR de África, y como
coartada en dirección de la opinión pública mundial, habían
invitado a los jefes de Estado de África del Sur, Argelia,
Etiopía, Ghana, Senegal y Tanzania, además de Kofi
Annan, secretario general de la ONU. La idea de Tony
Blair, que presidía este G-8, era reducir la deuda externa
de los países intermediarios, después de haber reducido la de
13 países pobres de África. También proponía aumentar la ayuda
pública al desarrollo (APD) de 25.000 millones de dólares por
año durante el próximo lustro hasta alcanzar el 0,75% del
PNB. El presidente Bush se ha opuesto a ello bajo el
pretexto de que África no sería capaz de absorber tal cantidad
de capitales. Sin embargo, la ayuda propuesta por Blair
es inferior a lo que esta contando la guerra de Irak. Otros
observadores han recordado que Estados Unidos consintió
consagrar, después de la segunda guerra mundial, no el 0,75%
de su PNB, sino el ¡1%! durante cuatro años para ayudar a
reconstruir Europa con el Plan Marshall. Durante la cumbre,
Gerhard Schröder y Jacques Chirac han insistido
en que los países ricos deben aumentar el porcentaje de ayuda
a los países pobres para alcanzar, en 2012, el tan anhelado
0,7% del PIB. Pero también defienden, con el apoyo de los
grandes países del Sur y el de España, la idea de una pequeña
tasa internacional sobre todos los billetes de avión en el
mundo, lo cual permitiría, en 2006, obtener una dotación de
más de 10.000 millones de euros. Suma con la que ya se podría,
de inmediato, empezar a reducir la gran pobreza.
PERO
SI se quiere ayudar de verdad a África (continente en el que
la renta per cápita ha disminuido de 25% entre 1975 y 2003, y
en donde la esperanza de vida ha disminuido hasta niveles de
hace 40 años), los países ricos tendrían que tomar, con
urgencia, cinco medidas. Primero, suprimir definitivamente la
deuda externa (por cada dólar prestado, África ya ha devuelto
1,3 dólares sólo en intereses). Segundo, suprimir las
subvenciones a las exportaciones agrícolas que inundan, a
precios de saldo, los mercados de los países en desarrollo y
destruyen la agricultura local. Tercero, abrir los mercados
agrícolas de América del Norte, Unión Europea y Japón a los
productos africanos. Cuarto, aceptar que los países africanos
establezcan una política proteccionista en favor de sus
producciones locales, tanto agrícolas como industriales, sin
que el FMI o el Banco Mundial los sancione. Y quinto,
reorientar la investigación farmacéutica para curar las
epidemias endémicas de África (cuando hoy, el 90% de ésta está
orientada a mejorar la vida del 10% de la población rica
mundial). Lo recursos abundan y las soluciones existen para
erradicar la pobreza en África y en el resto del mundo, pero
falta la voluntad política. ¿Cuando se acabará de admitir que
suprimiendo la pobreza y las injusticias se elimina una de las
principales causas del terrorismo en el
mundo? |