Ignacio Ramonet - rodelu.net |
4 de setiembre de 2005
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La
Voz de Galicia - 31 de agosto de 2005
Rebeldes a la tele
Ignacio
Ramonet
EN VERANO, en toda Europa, el consumo diario de
televisión desciende. Por ejemplo, según las estadísticas, en España, los
telespectadores dedicaron el pasado julio 19 minutos menos a ver la
pequeña pantalla. Un total de 186 minutos cada día, contra 205 en junio;
mucho menos que la media del año 2004, que fue de 218 minutos (más de tres
horas y media de consumo cotidiano de tele).
Pero lo que está
creciendo en la mayoría de los países desarrollados, es la rebelión contra
el imperio de la televisión. En parte a causa de Internet y del chateo
electrónico que ya atraen a la mayoría de los adolescentes de las clases
acomodadas. Para éstos, la nueva Santísima Trinidad de la comunicación la
constituyen ahora tres medios contemporáneos: Internet, el teléfono móvil
y el i-Pod. La televisión ya no existe. O, si acaso, a través de la
pantalla del ordenador.
¿Se pueden considerar estos jóvenes de
clases media o alta como unos verdaderos rebeldes? En su caso, se trata de
transformar su adicción yendo más allá de la televisión para zambullirse
en el océano de la nueva hipercomunicación. Los que de verdad cada día en
mayor número se sublevan contra el poder hipnótico de la televisión no se
vuelcan sobre Internet sino que prefieren consagrarse a la lectura, a la
música o a la práctica de algún deporte.
Según las encuestas, en
Francia, el 5% de los hogares ha decidido prescindir por completo de la
televisión; y el 63% de los padres estiman que la televisión no
constituye, en ningún caso, un buen medio de educación para sus hijos.
Éste es el motivo principal por el cual el televisor está siendo excluido
del entorno familiar. Para un tercio de los padres franceses, la
televisión ejerce una influencia negativa en los niños. Por eso es
preferible excluir el aparato del hogar. Una decisión que resulta mucho
más fácil de realizar que alejar a los niños del televisor.
En
Canadá, Estados Unidos, y desde hace poco en Francia, las asociaciones de
lucha contra la violencia, la publicidad y el sexo en la tele organizan
cada año «la Semana sin TV». Los activistas de estas asociaciones
consideran que la adicción a la televisión provoca una dependencia
semejante a la que ocasionan las drogas duras, y que, a diferencia de los
demás medios (prensa escrita, radio, Internet) mantiene al telespectador
en un estado de pasividad completa que le impide reflexionar, y
desarrollar su sentido crítico.
Dejar de ver la televisión se está
convirtiendo en una decisión política, pues la imagen social de la
televisión está muy desprestigiada y muy desvalorizada. Por eso, las
características sociológicas de muchos boicoteadores de tele no
sorprenden. El 24% de ellos poseen un diploma de estudios superiores. Lo
cual indica que no tener televisor es ahora un marcador de clase. Y
clasifica al «rebelde» como miembro de las categorías socioprofesionales
más educadas y más cultas.
Para estos neosubversivos, la tele es
una plaga que hay que combatir de manera radical. Algunos aconsejan
adquirir un aparato inventado por Michael Altman, un ingeniero de San
Francisco, el TV-B-Gone (se puede comprar en: www.tvbgone.com): un mando a
distancia universal de rayos infrarrojos del tamaño de un llavero que
permite interrumpir toda difusión de cualquier canal en un área definida.
De esa manera, se puede cortar toda sintonización de televisión en
cualquier lugar público, bar, aeropuerto, centro comercial, sala de
espera. Con las consecuencias y las protestas que imaginamos.
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